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El Forjista

El general Ángel Vicente Peñaloza

 

Capítulo 3 - Después de Caseros

 

 

Producida la batalla de Caseros con la derrota de Rosas, se reunieron nueve gobernadores en San Nicolás de los Arroyos, la provincia de La Rioja representada por el gobernador Manuel Vicente Bustos concurre para firmar el pacto el 31 de mayo de 1852.

Se llegó a un acuerdo de reconstituir la Confederación Argentina, designando a Urquiza como director, estableciendo la igualdad de las provincias y la nacionalización de la aduana, esto último no fue aceptado por la oligarquía portuaria de Buenos Aires continuadora de la política de Rivadavia y el 11 de septiembre provocan una rebelión que desconoce los acuerdos alcanzados, produciéndose la secesión de esa provincia, en tanto que Peñaloza se convierte en uno de los más leales hombres de Urquiza.

El Chacho seguirá confiando en Urquiza aún después de su comportamiento en Pavón donde abandona la lucha y deja librada la Confederación al destructivo accionar de las tropas unitarias.

En La Rioja, el 7 de marzo de 1854 Francisco Gómez reemplazó a Bustos y en diciembre de 1855 Gómez sería elegido como primer gobernador constitucional.

Desde diciembre de 1854 Peñaloza está al mando de las guardias nacionales de la capital provincial y Los llanos, el 7 de julio de 1855 Urquiza lo nombró Coronel Mayor del Ejército Nacional grado que equivalía al de general.

Pero la situación del gobierno provincial se vuelve irregular cuando Gómez se traslada a San Juan dejando a uno de sus ministros a cargo, como la ausencia se hace larga y se desconoce hasta cuando durará, provoca una inquietud popular que se manifiesta en una pueblada realizada el 17 de abril de 1857 que contó con el aval de Peñaloza.

Se designó gobernador a Manuel Bustos, pero al mes siguiente llegó el Dr. Molina que había sido nombrado por Urquiza y asumió la gobernación el 2 de junio, hasta que el 12 de julio se reunió la legislatura y nombraron gobernador a Bustos.

El 19 de octubre de 1857 Peñaloza le envía una carta a Urquiza donde se queja de las designaciones militares realizadas en la provincia, el gobernador decide rechazar seis de las siete designaciones porque “casi todos ellos no habían tomado jamás ni el olor de la pólvora”.

Peñaloza cuestionaba que pasado de los designados que habían alentado la anarquía en la provincia y agregaba “…cábeme en este caso implorar de la benignidad de V.E. mi correspondiente retiro, siendo así que no se pueden recoger los referidos despachos, porque en las aciagas como críticas circunstancias, se arredra mi capacidad para el desempeño de mi ministerio”.  Alegaba que no podía dar garantías para resguardar la tranquilidad con esas designaciones.

A pesar de estas inquietudes Peñaloza siempre fue leal a Urquiza hasta el fin de sus días, en tanto que los enviados del riojano a Entre Ríos siempre fueron recibidos por Urquiza.

A fines de julio de 1858 Urquiza le escribe a Peñaloza invitándolo a que lo visite en San José, este le responde agradeciéndole la invitación y explicándole la razones por las cuales no puede concurrir: “Conozco a mis compatriotas Riojanos; no he querido separarme un palmo de tierra de mi Provincia considerando que tal vez, y sin tal vez, tendría S.E. que fijar la atención en nuevos acontecimientos que yo no he dejado de prever”. Presagiaba algunas acciones tendientes a alterar el orden público.

Su amigo y protector el brigadier Nazario Benavídez es asesinado en la capital sanjuanina el 23 de octubre de 1858, al enterarse Peñaloza parte hacia esa provincia llegando hasta Caucete, para enfrentar a las fuerzas del gobernador Manuel José Gómez, pero estaba presente en San Juan el ministro de Interior Santiago Derqui quien ordena la detención de Manuel Gómez y de su ministro Saturnino Laspiur asumiendo el gobierno el coronel José Antonio Virasoro.

Peñaloza opta por regresar a su lugar de residencia en Guaja, mientras sus enemigos intentan enemistarlo con el gobernador Bustos, lanzando desde los diarios de otras provincias falsas noticias sobre supuestas decisiones del Chacho contrarias al gobernador, hasta ese momento las relaciones entre ambos eran cordiales.

El 25 de diciembre de 1859 le escribe a Urquiza felicitándolo por el triunfo en Cepeda ante las fuerzas de Buenos Aires.

El gobernador Bustos debe sofocar dos rebeliones en diciembre de 1859 y enero de 1860, comandada por Carlos Ángel y su hermano, y por el sargento mayor Martín Corbalán, a raíz de estos sucesos se produce el distanciamiento entre Peñaloza y Bustos, porque los liberales lo acusan de estar en connivencia con los rebeldes, denuncias que fueron atendidas por el gobernador que se hizo eco de esas acusaciones.

Peñaloza congregó a sus hombres y marchó a Patquia desde allí el 4 de febrero de 1860 dirigió al gobernador una extensa comunicación respondiendo a las acusaciones que se le hacían desde el gobierno y le pedía la renuncia al gobernador.

Alegaba que el pueblo no estaba conforme con su administración, el 5 de febrero Bustos presenta su renuncia a la Legislatura que la acepta y designa en su reemplazo a Luis Brac, recién entonces Peñaloza ingresó a la ciudad capital con su ejército.

El 5 de octubre de 1860 cuando ya era presidente de la Confederación Santiago Derqui, éste designó al senador Plácido Sánchez de Bustamante como comisionado Nacional en La Rioja, por esa designación debían cesar las autoridades y convocar a una asamblea de pueblo para nombrar a las nuevas autoridades.

La provincia afrontaba graves dificultades económicas y no recibió el subsidio aprobado por las Cámaras de la Confederación por eso Peñaloza le escribió a Urquiza el 23 de octubre de 1860 donde le dice : “V.E. comprenderá que el señor Presidente Derqui de todos modos quiere hostilizar a esta desgraciada Provincia porque conoce que aquí descuella toda pretensión que tienda a hollar su dignidad, su decoro, porque el pueblo Riojano ha comprendido perfectamente sus derechos y sabrá sostenerlos con altura”.

Sánchez de Bustamante llegó a La Rioja en diciembre y desconoció la legalidad de las autoridades e hizo responsables a las autoridades revolucionarias de cualquier desorden, concluyó su misión dejando más incertidumbres que certezas.

En tanto en San Juan un nuevo gobernador era asesinado, esta vez fue José Antonio Virasoro, el gobierno nacional designó a Juan Sáa gobernador de San Luis para restablecer la normalidad en San Juan.

En tanto Urquiza le escribe a Peñaloza donde le dice “En esta virtud, yo apelo a sus virtudes patrióticas para que auxilie con todo su poder al Comisionado Nacional, a efecto de que éste pueda, desconociendo el ilegítimo gobierno que ha surgido del crimen, procurar el castigo ejemplar de este” Y seguía: “…Le recomiendo esto como uno de los mejores servicios que V. puede prestar por segunda vez al país y esperándolo confiadamente de su patriotismo, me es grato despedirme de Ud. con todo cariño”.

Luego del asesinato de Virasoro, el gobernador en San Juan impuesto por los liberales era Antonio Aberastain, pero Juan Saá lo vence en Rinconada de Pocitos y dispone el fusilamiento de Aberastain.

El presidente Derqui aprueba todo lo realizado por Sánchez de Bustamante en La Rioja y designa a Peñaloza representante del gobierno nacional con el objetivo que organice el llamado a elecciones.

El 22 de marzo de 1861 Peñaloza llega a la ciudad de La Rioja para hacerse cargo del gobierno provincial y convocar a elecciones, designando gobernador una vez que se reunió la legislatura, responsabilidad que decayó en Domingo Villafañe, Urquiza le envía una carta al Chacho felicitándolo por la normalización de la provincia.

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