El Forjista

Sarmiento, el prócer de la oligarquía

 

Capítulo 8 – En su nueva patria

 

Parte para Chile el 19 de noviembre de 1840, en el país transandino se formó una considerable colonia argentina enfrentada al gobierno de Rosas, una idea de la mentalidad que imperaba en esos refugiados puede vislumbrarse en una carta que le envían al general Brizuela, ahí se decía: “Es preciso emplear el terror para triunfar en la guerra. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos. Debe manifestarse un brazo de hierro y no tener consideración con nadie. Debe tratarse de igual modo a los capitalistas que no presten socorro. Es preciso desplegar un rigor formidable. Todos los medios de obrar son buenos y deben emplearse sin vacilación algún, imitando a los jacobinos en la época de Robespierre”.

Sin embargo habría que señalar que los oficiales unitarios no necesitaban de estos sanguinarios consejos  pues ya estaba aplicando esos métodos sin necesidad de ningún incentivo adicional.

Sarmiento coincidía plenamente con la carta y adoptará esos métodos cuando alcance el poder, a fines de 1841 le escribía a su amigo Cortínez: “el año pasado mandamos a Brizuela una larga carta, recomendándole muy encarecidamente que hiciera la guerra por los mismos medios que Rosas, que usara las mismas represalias”.

El más notorio exilado en Chile era el general Las Heras, su relación con el compañero de San Martín, le permitió ser recibido por el libertador cuando viajó a Francia. El sanjuanino escribió un artículo que tituló “12 de febrero de 1817” para referirse a la batalla de Chacabuco en la cual al mando de San Martín el ejército patriota logró el triunfo sobre los realistas en tierras chilenas. En esa nota realizó una encendida reivindicación del Libertador al que algunos chilenos parecían no tener muy presente, al punto que tampoco la prensa recordaba tan importante acontecimiento. El director del conservador diario El Mercurio le hizo un ofrecimiento monetario para escribir varios artículos en ese medio.

En marzo de 1841 Montt fue nombrado Ministro de Instrucción Pública, dejando la cartera del Interior que ocupaba hasta ese momento, Sarmiento es presentado al nuevo funcionario con quién llegó a entablar una duradera amistad y recibió el ofrecimiento de un contrato para poner su pluma al servicio del gobierno. Antes de aceptar realizó una serie de consultas con varios amigos tras lo cual decidió aceptar el ofrecimiento, poniéndose de esa manera al servicio de la oligarquía chilena compuesta por un conglomerado conservador de terratenientes y mineros.

Montt le encarga la redacción del periódico El Nacional del que se editan nueve números con el objetivo de sostener la candidatura de Bulnes, para no provocar conflictos con la Argentina, el ministro le pide que no ataque al gobierno argentino.

Cuando se entera que Lamadrid quedó al mando del Ejército del Norte luego de la muerte de Brizuela y que fue derrotado por Oribe escapándose hacia la cordillera, pide ayuda al gobierno chileno y se dirige prestamente hacia la frontera para salvar a quienes huían, hasta ahí llegó para desplegar una gran actividad en la ayuda de sus correligionarios.

El 14 de enero de 1842 fue nombrado director de la Escuela Normal de Preceptores, la cual fue inaugurada en junio, era un ámbito reducido con dos profesores uno de los cuales también cumplía las veces de director.

En febrero junto a 30 miembros creó una nueva versión de la Sociedad de Literatura para reproducir aquella agrupación con la cual conspiraba en su provincia.

Mantenía un estilo agresivo cuando escribía, disfrutaba discutiendo y la mayoría de las veces se excedía sin medir las palabras ofendiendo impunemente a sus adversarios, un recurso habitual en sus polémicas era colocar en boca de sus rivales argumentos y palabras que nunca habían emitido.

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