El Forjista

Sarmiento, el prócer de la oligarquía

 

Capítulo 9 – Contra la Argentina

 

Hacia fines de 1842 asumió la dirección del periódico El Progreso, aunque en una oportunidad dijo que el medio era de su propiedad luego se mostró que no era así, muy posiblemente fuera subvencionado por el mismo gobierno por intermedio de Montt.

Desde ese nuevo periódico inició una campaña contra la integridad territorial de la Argentina, o sea de su país, proceder vergonzoso que debió llevar como una cruz hasta el final de sus días porque al regresar constantemente se cruzó con argentinos que se lo recordaban.

La campaña desplegada por Sarmiento era para que Chile ocupara el Estrecho de Magallanes, como consecuencia de sus artículos el 21 de mayo de 1843 el gobierno organizó una expedición en que se ocuparon tierras que la Argentina consideraba que le pertenecían. 

Manuel Gálvez marcó un hecho trascendente, mucho de esos artículos fueron deliberadamente excluidos de sus Obras Completas, los editores argumentaron que no existía una colección completa de El Progreso, pero Gálvez indica que eso fue una mentira porque en la edición chilena sí se reprodujeron los artículos antiargentinos.

Tiempo después, desde el periódico La Crónica volvió a defender los derechos chilenos promoviendo una campaña similar, en tanto en su libro Recuerdos de Provincia explicó: ”La ocupación de Magallanes ha salido de los trabajos de El Progreso, como la reivindicación de los títulos de posesión de Chile salió después de las investigaciones de La Crónica”.

Los sarmientitos de hoy y de ayer han tratado por todos los medios de ocultar estas campañas del sanjuanino contra su país y de esa manera lograron imponer la paradoja de convertir a Sarmiento en un prócer “argentino”.

Siguiendo con esta tesitura de renunciar a sus orígenes, cuando el 11 de enero de 1843 Rosas venció a los unitarios en el combate de Arroyo Grande, escribió en El Progreso: “Los argentinos residentes en Chile, proscriptos de su patria, pierden desde hoy la nacionalidad que constituía una excepción y un elemento extraño a la sociedad en que viven” Y sigue diciendo que algunos los que acepten vivir sin libertad regresarán al país pero los otros “deben considerarse chilenos desde ahora”. “Chile puede ser en adelante nuestra patria querida” y para justificarse “el americano se halla en todas partes en su misma patria”.

Esto no les impidió a los liberales argentinos crear un prócer que resignó su condición de argentino y que no dudó en promover el cercenamiento del territorio nacional. Alberdi que primero fue su amigo y luego su adversario afirmó que fue él quién lo convenció de no adoptar la nacionalidad chilena.
Pero a pesar de los servicios que brindó a su país adoptivo, la prensa chilena lo cuestionó reiteradamente, por eso es que en febrero de 1843 decide escribir el libro “Mi defensa”, esta autobiografía le sirvió de base para escribir tiempo después “Recuerdos de Provincia”.

Cuando su amigo Manuel Quiroga Rosas enfermó de tuberculosis, como éste vivía en un hotel Sarmiento le consigue una casa y se instala con él para cuidar de su salud. Pero de igual manera que mostró una excelente predisposición para ayudar a su amigo, cuando llevaba tres años viviendo en Chile se había peleado con casi todos los que había entablado relación al llegar a ese país.

Cuando se trataba de adversarios políticos no necesitaba demasiado para llegar a las trompadas, incluso llegó a echar por la fuerza de una redacción a uno de ellos.

También el gobierno lo convocó para redactar los programas y reglamentos del Liceo, colegio del que fue designado director y del que llegó a ser propietario. Publicó dos traducciones del francés que parecen desmentir su supuesto ateísmo, una de ellas era “Vida de Jesucristo” y otro “Conciencia de un niño”.

En marzo de 1844 elogia a la Compañía de Jesús y a San Ignacio del que dice: “El genio de este piadoso varón comprendió bien la situación del catolicismo y realizó desde luego la idea de asociación más vasta, más profundamente calculada que concibió jamás cerebro humano”.

A mediados de 1844 comenzó una relación amorosa con Benita Martínez Pastoriza, sanjuanina como él, y casada con el chileno Domingo Castro Calvo, de esa relación nació Dominguito.

A fines del mismo año se encontró con Juan Bautista Alberdi con quien mantuvo una buena relación por esos años, hasta el punto que llegó a defenderlo en sus artículos, pero los sucesos políticos lo distanciarán y Alberdi se convirtió en uno de los más consecuentes adversarios del liberalismo extranjerizante de Mitre y Sarmiento. 

El sanjuanino no mostraba ninguna timidez al momento en trenzarse en discusiones, polemiza con “La Revista Católica” pues entre otras cosas se declara a favor que los sacerdotes puedan contraer matrimonio.

Antes del Facundo escribe “El general fray Félix Aldao” para referirse al caudillo mendocino, luego del éxito que alcanzó con esta publicación se decidió a escribir el Facundo. Durante 1844 también escribió “Método de lectura gradual” que fue aprobado en abril de 1845 para que al año siguiente fuera utilizado en todas las escuelas primarias de Chile, con lo cual todos los niños del país comenzaron a aprender a leer con el método sarmientino.

Decide publicar “El heraldo argentino” para poder opinar sobre la política argentina y atacar sin restricciones a Juan  Manuel de Rosas, de este periódico sólo aparecieron dos números porque no despertó ningún interés más allá del núcleo de emigrados argentinos.

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