El Forjista

Sarmiento, el prócer de la oligarquía

 

Capítulo 37 - Sarmiento y la libertad de prensa

 

En 1876 estalló el tercero y último levantamiento de López Jordán que resultó derrotado a los pocos días, Avellaneda decretó el Estado de Sitio en Entre Ríos y por temor al contagio lo extendió a Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes. En Buenos Aires se produjeron detenciones de opositores y se clausuraron tres diarios entre ellos La Nación y La Prensa.

Sarmiento aplaudió la decisión afirmando que él mismo había aconsejado la medida de clausurar los diarios, pues los artículos que determinaron el cierre estaban destinados más contra el sanjuanino que contra el presidente Avellaneda.

Los actuales diarios liberales tienen como prócer mayor a Sarmiento, pero en un artículo que tituló “Prensa libre” escribió: “la prensa libre irresponsable, impecable, es la anarquía organizada con cien cabezas”.

Y seguía diciendo: “Lo que en nombre de la libertad, pues, piden prensa libre para desmoralizar la autoridad del gobierno, ignoran que hay en la República Argentina, conquistada lenta pero sólidamente, la libertad de dejar a los libertadores y caudillos seguir su camino hacia la perdición…”.

Avellaneda convocó a la conciliación nacional pero su llamado estaba dirigido con exclusividad al mistrismo, es decir se trataba de una convocatoria para que las clases dominantes se unificaran. Sarmiento no coincidía con ese llamado pero esta vez, sorprendentemente, optó por callarse la boca, el presidente lo había ascendido a general que era uno de sus más fervientes deseos.

Gálvez hizo una estimación que en 1878, Sarmiento llegó a escribir 122 artículos, la mayoría de los cuales aparecieron en El Nacional, esto da una clara idea de su prolífica actividad como escritor.

En uno de esos escritos trató de justificar sus cuestionadas opiniones sobre la zona de Magallanes, el 19 de julio de 1878 escribió que en 1842 Argentina no estaba interesada en Magallanes por no tener comercio por el Pacífico y que el gobierno no había realizado planteo alguno sobre esa zona.

Tanto se esmeraba por cambiar su imagen con respecto a este tema que reivindicó los argumentos de Felipe Arana, quién había sido Ministro de Relaciones Exteriores de Rosas, diciendo que nuevos documentos hallados en el archivo de la provincia no dejaba lugar a dudas que dicha región pertenecía a la Argentina, además llamaba a no ser demasiado severos con respecto a la posición asumida por Chile en 1843 , que como recordamos él mismo alentó, lo que sí callaba era que esos documentos no eran recientes, ya eran conocidos por Arana y Rosas. Si bien nunca llegó a reconocer su error debió reconocer el patriotismo de aquellos gobernantes que defendieron nuestra soberanía y a los que encarnizadamente había combatido y ayudado a su derrocamiento.

Pero a pesar del intento de borrar su pasado, en 1879 en el Senado volvían a recordárselo, el senador Félix Frías que había sido ministro de su gobierno manifestó: “Él vuelve, al fin de sus años, a sus primeros amores chilenos, cuando tuvo la liviandad de sostener, con suma ligereza, en la prensa de Santiago, que el estrecho de Magallanes no era argentino”.

Llegaba el fin del mandato de Avellaneda y el oficialismo sostenía la candidatura de Roca mientras el mitrismo propuso a Tejedor, en tanto el sanjuanino mantenía la expectativa de otro mandato. En abril de 1879 Roca partió hacia el sur en su campaña contra los indios, la cual concluyó en julio, mientras estaba ausente desde Córdoba se lanza su candidatura, donde era ministro su cuñado Juarez Celman, poco tiempo después también fue proclamada en Buenos Aires.

Mientras el roquismo generaba ciertas expectativas en el Interior, el centralismo porteño sostenía a Tejedor, quién en un acto de soberbia e insolencia le recordó al presidente que éste era apenas un huésped en la ciudad, y que la policía también respondía a la provincia, en el medio del conflicto Sarmiento fue designado Ministro del Interior.

En septiembre regresó a Montevideo Juan Bautista Alberdi luego de 41 años de ausencia, regresaba pobre y viejo, Sarmiento y Mitre eran sus enemigos, ambos lo consideraban un traidor por haberse opuesto a la ignominiosa Guerra del Paraguay, muchos otros argentinos habían pensado de igual manera que el tucumano. Alberdi explicó porqué no había regresado antes: “Yo pensé ir al Plata bajo la presidencia de Mitre, pero me amenazó con que sería recibido a pedradas. También pensé ir bajo la presidencia de Sarmiento, y éste me hizo amenazar con un proceso de traición”.

Alberdi fue elegido diputado por su provincia, Tucumán, pero al llegar a Montevideo se enteró que su adversario Sarmiento había sido nombrado ministro por lo que pensó retornar a Europa, pero amigos suyo decidieron tantear el ambiente y obtienen la opinión que el nuevo ministro le transmitía que su retorno sería bienvenido, esto define su regreso.

Cuando Alberdi llegó a Buenos Aires un secretario de Sarmiento estaba esperándolo y le dio la bienvenida, el tucumano quiere entonces concurrir a saludar al ministro para agradecerle el gesto, así lo hace a los pocos días, ambos hombres se funden en un emocionado abrazo, recordando aquella amistad que habían cultivado en Chile.

Sarmiento no duró demasiado en el ministerio presentó su renuncia enojado por un acuerdo entre mitristas y roquistas para reponer al gobernador de Jujuy al cual el sanjuanino odiaba y que formaba parte de la liga de gobernadores que sostenía la candidatura de Roca.

El 7 de marzo de 1880 desde el diario El Nacional proclamó su propia candidatura, Olegario Andrade le contestó desde el diario La Tribuna: “El señor Sarmiento es un hombre de talento, que ha nacido con el don fatal de la impopularidad”, en Buenos Aires se publicaban 16 diarios sólo uno apoyó su candidatura. Paul Groussac dijo que la candidatura de Sarmiento ha sido recibida “a pedradas y silbidos”.

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