El Forjista

Sarmiento, el prócer de la oligarquía

 

Capítulo 26 – El Chacho Peñaloza

 

La provincia de Santiago del Estero era gobernada por los hermanos Taboada que eran partidarios de Mitre y decidieron invadir Catamarca, el gobierno de esta provincia decide solicitar colaboración a Ángel Vicente Peñaloza, El Chacho, quién partió de inmediato en ayuda de Catamarca, pero antes le escribió a los Taboada invitándolos a negociar una salida no violenta, pero interviene Paunero advirtiéndole que no intervenga y deje que los santiagueños consumen la invasión.

Taboada rechaza la negociación, no dejando otro camino al Chacho y los catamarqueños que enfrentar la invasión, éstos atacan Tucumán logrando una victoria, pero cuando Peñaloza está dispuesto a ingresar a San Miguel recibe la noticia que Catamarca se declaró a favor del régimen impuesto desde Buenos Aires, al ser invadida por el oficial unitario Arredondo, en tanto que Sandes invade La Rioja cuyas tropas se dedicaron a saquear, degollar, incendiar y violar. La casa de Peñaloza en Guaja fue incendiada.

Ante el sangriento accionar de Sandes, el gobernador de La Rioja se declara a favor de Buenos Aires y acusa al Chacho de vandalismo, pero cuando este estaba regresando a la provincia el desleal gobernador optó por huir.

Peñaloza insistió en intentar gestiones para llegar a un entendimiento y evitar un nuevo enfrentamiento, pero los oficiales unitarios persistieron en el hostigamiento buscando acorralarlo, el Chacho presenta combate en San Luis a las tropas enviadas desde Córdoba a las cuales derrota en Casas Viejas, comenzando un sitio a la ciudad de San Luis, que derivó en la firma de la paz con el gobernador de esa provincia, mediante ese acuerdo Peñaloza reconocía al gobierno nacional de Mitre y quedaba a la espera de una prometida amnistía.

Pero los unitarios no acostumbraban a mantener sus compromisos, Arredondo ocupó Catamarca y La Rioja donde repuso a gobiernos liberales y leales al poder porteño, mientras tanto el Chacho en cumplimiento de tratado se retiraba a los Llanos con apenas 50 hombres.

Paunero le envío emisarios a Peñaloza con el objeto de llegar a un nuevo acuerdo, el riojano para mostrar buena voluntad decidió liberar a 25 prisioneros unitarios que habían sido capturados en las batallas y que habían sido tratados con respeto. A continuación Peñaloza le reclamó a los hombres enviados por Mitre que actuaran de igual manera y liberaran a los prisioneros federales. Se produjo entonces uno de los acontecimientos más demostrativos de nuestra historia que el liberalismo ocultó concienzudamente.

Ante el requerimiento de Peñaloza los oficiales unitarios se miraron entre ellos y debieron reconocer que no tomaban prisioneros, todos los detenidos habían sido asesinados. José Hernández dio a conocer este suceso en su magnífica biografía de El Chacho y coloca en boca de éste la siguiente respuesta: “¿Cómo es, entonces, que yo soy el bandido, el salteador, y ustedes los hombres de orden y de principios?”.

A pesar de este suceso, Sarmiento no dudó en llamar “criminal” a Peñaloza, con esas descalificaciones intentaba construir una versión falsificada de la historia, buscando desprestigiar para siempre a quienes intentaron poner límite al autoritarismo porteño. Asesinos convertidos en “próceres” y quienes actuaban y combatían respetando la vida de sus enemigos cuando caían prisioneros fueron definidos como “bárbaros”, así construyeron la historia nuestros liberales.

El 13 de octubre de 1862 los colegios electorales eligieron la fórmula Mitre-Marcos Paz como presidente y vice.

Mientras El Chacho cumple cada uno de los tratados que firma, los criminales generales y coroneles de Mitre aterrorizan las provincias, muchos caudillos provinciales perseguidos concurrían a buscar la ayuda de Peñaloza. Nunca llegó la prometida amnistía y los riojanos quedaron a merced de sus enemigos.

El 16 de abril de 1863, Peñaloza le dirigió una carta a Mitre donde se quejaba de la hostilidad de aquellos gobernadores que respondían al gobierno nacional: “atropellan las propiedades de los vecinos, destierran y mandan matar sin forma de juicio a ciudadanos respetables, sin más crimen que haber pertenecido al partido federal”.

Denunciaba así mismo el asesinato de partidarios suyos: “los pueblos, cansados de una dominación despótica y arbitraria, se han propuesto hacerse justicia; y los hombres todos, no teniendo más que perder que la existencia, quieren sacrificarla más bien en el campo de batalla, defendiendo sus libertades y sus leyes y sus más caros intereses, atropellados vilmente por los perjuros”.

Peñaloza lideró la gesta heroica del pueblo riojano en condiciones de marcada inferioridad de fuerzas, esta campaña abarcó a varias provincias, para reprimirla se movilizaron 8000 hombres muy bien armados y con una buena caballada.

El Chacho en cambio lideraba un grupo de gauchos mal vestidos, apenas armados con lanzas o viejos fusiles, pero con la decisión inquebrantable de no dejarse humillar por la soberbia porteña y con una inmensa confianza en ese caudillo dispuesto a sacrificar  todo por sus paisanos.

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