El Forjista

Sarmiento, el prócer de la oligarquía

 

Capítulo 24 – Pavón, el triunfo liberal

 

Sarmiento firmó el Pacto de Unión en representación de la provincia, por el cual ambas partes se comprometían a llamar a una nueva Convención, él mismo fue designado convencional y viajó para participar de las deliberaciones en Santa Fe, de regreso a Buenos Aires juró la Constitución Nacional.
La Convención no aceptó los delegados de San Juan que era gobernada por José Antonio Virasoro designado por Urquiza luego del asesinato de Benavídez, pero una vez que asumió comenzó a actuar con independencia provocando el cuestionamiento de Urquiza como también de Buenos Aires.

Mitre, Urquiza y Derqui le enviaron una carta a Virasoro solicitándole la renuncia pero la misiva llegó tarde, el 16 de noviembre de 1860 fue asesinado por partidarios de Aberastain quién respondía a Sarmiento. Aquél asumió la gobernación y se declaró solidario con los asesinados.

En tanto, Sarmiento vuelve a las andadas atacando al gobernador de San Luis, Juan Saa, al que llamó “bandido”, lo que provoca una carta de Urquiza señalando que es imposible entenderse con él porque decía que: “llama bandoleros a las fuerzas de la intervención federal y a los bandoleros que asaltaron la casa del señor Virasoro, patriotas”. Muchos federales consideraron al sanjuanino responsable de la muerte de Virasoro ya que fueron sus partidarios quienes lo asesinaron.

En el comienzo de 1861 Juan Saa acampó cerca de San Juan, los sanjuaninos, marcharon a enfrentarlo y se encontraron en la Rinconada de Pocitos el 11 de enero, Aberastain resultó derrotado y el coronel Francisco Clavero dispuso su fusilamiento.

Luego del asesinato de Aberastain, las relaciones de Buenos Aires con la Confederación vuelven a empeorar, otro motivo de irritación era la permanencia de Juan Saa en San Juan y el rechazo de los representantes de Buenos Aires en la Cámara de Diputados. El gobierno nacional le exige a las provincias nuevas elecciones, mientras Buenos Aires decide no pagar un millón y medio de pesos que debía aportar el erario nacional en concepto de ingresos aduaneros.

Nuevamente nuestro prócer se enlista entre aquellos que quieren la guerra, en una carta expresó: “Hay que ir a la guerra, para que los dos partidos tradicionales de la República midan, de una vez por todas, sus fuerzas en los campos de batalla y quede definida para siempre su suerte, y, cualquiera que resulte vencedor, levantaré las manos al cielo porque habré visto cimentada la unidad de la nación”.

Mitre dejó a cargo del gobierno a Manuel Ocampo instalándose en Rojas, Derqui por su parte se trasladó a Córdoba a organizar las milicias que dejó a cargo de Juan Saa, y también designó a Urquiza como general en jefe del ejército nacional, éste al mando de 4000 entrerrianos cruzó el Paraná y se ubicó en las cercanías de Rosario.

Urquiza no estaba muy convencido de la conveniencia de este enfrentamiento, se encontraba cansado de guerras y prefería retraerse a la tranquilidad de su provincia y sus propiedades, tan poco entusiasmo tenía que hasta intentó una negociación con Mitre, situación que enfureció a Sarmiento.

El 22 de agosto se reunieron Derqui, Urquiza y Mitre a bordo del barco inglés Oberon que se encontraba anclado en San Nicolás de los Arroyos, pero el intento fracasó porque los representantes de Buenos Aires pretendían continuar aislados de la Confederación por cuatro años más, manejando la aduana y aportando un monto mínimo a las arcas nacionales.

A pesar del fracaso de las negociaciones, Urquiza insistió en encontrar un acuerdo, lo que fue interpretado por Mitre como un síntoma de debilidad, por que lo que decidió  no esperar más y avanzar sobre las tropas enemigas. Los porteños también intentaron una maniobra tendiente a separar a Derqui de Urquiza, mientras Mitre le propuso al primero de ellos a realizar una alianza contra Urquiza, el ministro Obligado quería convencer a éste de llegar a un acuerdo para enfrentar a Derqui.

El 17 de septiembre de 1861 se produjo la batalla de Pavón, durante la misma Urquiza se quedó sin infantería y Mitre sin caballería, el entrerriano podía seguir combatiendo, no obstante lo cual optó por retirarse, en uno de los actos más sorprendentes de nuestra historia.

Esta batalla definió el futuro del país por varias décadas pues instaló en el poder a la oligarquía porteña que inició un período donde concentró sus esfuerzos en disciplinar por la fuerza a las provincias.

Urquiza que era un gran terrateniente no tenía ambiciones nacionales, se conformaba con administrar sus numerosas propiedades, y posiblemente prefiriera un país gobernado por Mitre y no por Derqui. Trasladó sus tropas a Rosario sin ser atacado por el enemigo y desde ahí se embarcó hacia Diamante en Entre Ríos, por último se dirigió a Concepción del Uruguay donde residía. Mientras tanto un Mitre sorprendido se encontró que había triunfado.

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