El Forjista

Sarmiento, el prócer de la oligarquía

 

Capítulo 20 – La Constitución Nacional

 

El Congreso consagró el 1° de mayo de 1853 una Constitución Nacional que con algunas modificaciones se basaba en la propuesta por Alberdi, circunstancia que en cierto modo implicaba una derrota para Sarmiento, mientras éste recurría al insulto y la calumnia, su adversario utilizaba sólidos argumentos que eran considerados por quienes intentaban organizar el país.

Alberdi le vuelve a contestar con un documento que tituló “Complicidad de la prensa en las guerras civiles de la República Argentina”, en este trabajo definió la actividad del sanjuanino como de “terrorismo de prensa” y continuaba explicando que “Esa prensa cree que un adjetivo es un argumento y que un ultraje es una razón” y concluía la idea: “Esa prensa cree que hoy puede escandalizar a la sociedad y mañana convertirse en cátedra de moral política; que hoy puede firmar sainetes y mañana leyes para la República; que hoy puede dar un curso de insurrección y mañana un curso de disciplina…”.

Además de dar una Constitución al país se designó presidente de la Confederación Argentina a Urquiza sin la participación de Buenos Aires que continuaba desentendiéndose de la suerte del país mientras seguía usufructuando en exclusividad los beneficios económicos de la Aduana.

Sarmiento apoyaba la decisión de Buenos Aires, sin embargo en una carta a Mitre sorpresivamente se declaraba federal por convicción, incluso llegó a elogiar ciertos aspectos de la Constitución sobre todo por su parecido a la de su admirado Estados Unidos, pero cuestionó algunos aspectos como la posibilidad del Poder Ejecutivo de intervenir las provincias o determinar el Estado de Sitio, sin embargo cuando fue presidente aplicó la intervención a las provincias con absoluta discrecionalidad.

En 1854 se autodefine como “provinciano en Buenos Aires y porteño en las provincias”, actuaba como si de pronto se hubiera dado un baño de neutralidad entre los bandos que se disputaban el poder, en ese marco señaló: “Si la Confederación actual es un contrasentido, el Estado de Buenos Aires es un crimen de lesa patria”. Pero estas definiciones no deben producir un espejismo, en cada acontecimiento crucial el sanjuanino respaldó incondicionalmente a la oligarquía porteña.

Una demostración de esto último puede ponerse en números entre enero de 1853 y marzo de 1855 le escribe una correspondencia de 76 páginas al mayor exponente de la burguesía comercial de Buenos Aires, Bartolomé Mitre, con el que mantenía una relación de amistad por aquellos años, esta relación llegó a pasar por momentos de tensiones que rápidamente se olvidaron cada vez que debían enfrentar a los caudillos del Interior.

Por esos años Sarmiento ingresó a la masonería en la Logia Unión Fraternal Número 1 de Santiago de Chile, Gálvez asocia esta decisión a su voluntad de regresar a Buenos Aires, donde todos los hombres influyentes, independientemente del partido al cual adhirieran, formaban parte de la masonería.

El 12 de abril de 1854, Buenos Aires aprueba su propia Constitución que establecía la independencia de la provincia de la Confederación, Sarmiento fue designado diputado pero renunció, en tanto Pastor Obligado fue elegido gobernador, pero la situación política se modificó en enero de 1855 cuando la Confederación y la provincia firmaron un tratado por el cual se comprometían a no desmembrar el país.

Sarmiento que siempre tuvo la ambición de tener un cargo militar le solicitó a Mitre, que había sido designado Ministro de Guerra, que lo designara teniente coronel, también le reclamó que la Universidad le concediera un doctorado honoris causa. Mitre le concedió el cargo militar, luego recibió un consejo del sanjuanino que le recomendaba, en una nueva incoherencia: “No se vuelva porteño, amigo. Seamos argentinos siempre”.  

En marzo de 1855 cuando se enteró que Mitre había sido designado ministro en Buenos Aires, decidió partir de Santiago de Chile para regresar a su país, el 17 llegó a su provincia y luego se trasladó a Buenos Aires.

Su amigo José Posse intercede para que lo nombre diputado por Tucumán, pero él no tenía ninguna intención de apoyar a la Confederación. 
En 4 de mayo de 1855 llegó a  Buenos Aires manifestando su intención de conciliar a ambos bandos, sin embargo en la ciudad-puerto no fue escuchado, al mes de llegar se presenta como candidato a senador pero resultó derrotado.

Otro de sus amigos, Valentín Alsina,  fue designado Ministro de Gobierno en Buenos Aires, una de las condiciones que impuso para aceptar el cargo consistía en que Sarmiento fuera designado a cargo del Departamento de Escuelas.

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