El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 64 - La masacre de Ezeiza

El líder justicialista se disponía a retornar al país esta vez de manera definitiva, por lo que el partido conformó una comisión para organizar el acto de recepción a Perón, en ella había dos miembros vinculados con los sectores más reaccionarios como Norma Kennedy y el militar retirado Jorge Osinde, que era secretario de deportes de Ministerio de Bienestar Social a cargo de López Rega; dos del sindicalismo Lorenzo Miguel y José Rucci y sólo estaba Abal Medina por aquellos sectores con simpatías en las agrupaciones juveniles.

Por su parte Osinde organizó un grupo liderado por Alberto Brito Lima del grupo de ultraderecha Comando de Organización, que en los días previos comenzó a tomar el control de lugares cercanos al lugar de la concentración como el Hospital de Ezeiza y el Hogar Escuela, también colaboran con él, la Juventud Sindical Peronista JSP e integrantes del Ministerio de Bienestar Social. Algunos gremios como SMATA, el sindicato de los trabajadores del Automóvil Club y la UOM formaron parte de ese entramado urdido por Osinde.

El objetivo de ese grupo era evitar por todos los medios que los sectores juveniles tengan predominio en el acto, sin medir las consecuencias de sus actos criminales. Osinde dependía de López Rega y ambos tenían el objetivo de desgastar al gobierno de Cámpora.

Horacio Verbitsky realizó una investigación de los sucesos de ese día que plasmó en su libro “Ezeiza” de la Editorial Contrapunto aparecido en 1985, en este trabajo sostiene que el objetivo de esa alianza entre el lopezrreguismo y el sector sindical comandado por Rucci, este último relegado en las listas de candidatos y enfrentados con el sector juvenil, era derrocar a Cámpora.

El militar retirado les pide a los sectores sindicales que movilicen a sus bases para competir en concurrencia con los grupos juveniles, pero de ninguna manera pueden alcanzar a movilizar las multitudes que se encolumnaban con la Juventud Peronista y sus organizaciones relacionadas, ante la imposibilidad de competir en ese plano se opta por montar una emboscada.

El programa previsto para ese día incluía el traslado en helicóptero de Perón, Isabel, Cámpora y López Rega desde el aeropuerto hasta un lugar cercano al palco, una orquesta sinfónica iba a interpretar el himno nacional y la marcha peronista, se guardaría un minuto de silencio por Eva Perón y los compañeros caídos en la lucha por la liberación, se realizaría una suelta de palomas y por último Perón realizaría un discurso.

El palco fue copado por las organizaciones ultraderechistas como el Comando de Organización (CdeO), la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) y la Concentración Nacional Universitaria (CNU) los cuales se encontraban fuertemente armados.

La concentración fue estimada con una de las mayores registradas en el país, entre un millón y medio y dos millones de personas, por la mañana se produjeron algunos disparos aislados, pero cuando comenzaba la tarde y se aproximaba al palco una inmensa columna de la juventud que venía desde el Sur, desde el palco comenzaron a disparar a mansalva.

Se desató una cacería de militantes juveniles, deteniéndolos y sometiéndolos a torturas en el Hospital de Ezeiza, este hecho fue denunciado por Leonardo Favio designado como animador del evento, quién con su firme actitud logró salvarles la vida a varios de ellos.

El vicepresidente Solano Lima que estaba a cargo del Poder Ejecutivo se comunica con Perón y Cámpora que estaban en pleno vuelo hacia la Argentina y les comunica que por razones de seguridad no es conveniente que el avión aterrice en el aeropuerto de Ezeiza y se decide que lo haga en la Base Aérea Militar de Morón, cerca de las 17 horas el avión aterriza, Perón se traslada a la Residencia de Olivos por decisión de Cámpora donde pasó la noche para luego instalarse en Gaspar Campos.

En el preciso instante que el avión que conducía a Perón de regreso a la Argentina tocaba suelo, la derecha en Ezeiza consuma otro ataque contra la multitud, elevando el número de muertos y heridos, la cantidad de víctimas nunca fueron establecidas con precisión.

Verbitsky señala que la mayoría de las víctimas eran de los sectores juveniles lo que da una idea que no se trató de un enfrentamiento sino de un ataque directo de un grupo hacia sus rivales, este periodista establece la cantidad de muertos en trece y la cifra de heridos en 365.

A la noche Perón dirige un mensaje al pueblo argentino pero sin hacer mención a los incidentes, también se efectuó una reunión en la casa de Abal Medina con la intención de que no hubiese una escalada de violencia, concurren Lorenzo Miguel, no así Rucci, y los dirigentes Montoneros Vaca Narvaja y Roberto Perdía, hubo fuertes discusiones pero todos los concurrentes mostraron su interés en que no se resolvieran las diferencias a los tiros, Lorenzo Miguel reconoce que los militantes de su gremio concurrieron armados pero sólo con intenciones defensivas, idéntica justificación dan los dirigentes montoneros.

Durante los días siguientes se realizaron numerosas reuniones, en algunas de las cuales se produjeron serios altercados entre los sectores enfrentados que se cruzaban acusaciones, Perón se mostró seriamente molesto tanto con Osinde y López Rega como con la dirigencia montonera, Osinde fue desplazado de sus funciones, pero también el líder peronista se mostró sumamente contrariado por la toma de edificios públicos que daban una imagen de anarquía y que perjudicaba al propio gobierno de Cámpora.

En una reunión conducida por Cámpora el día 22 de junio, Abal Medina y el ministro del Interior Righi realizan serias acusaciones contra Osinde a quién se sindica como responsable de los trágicos sucesos del 20, en esa reunión López Rega guarda silencio, sólo Norma Kennedy intenta una defensa del militar. También se decide constituir una comisión conformada por Solano Lima, Puig y Taiana que llega a la conclusión que el principal responsable de la tragedia fue Osinde.

El 21 de junio por la noche Perón se dirige a los argentinos para decirles: “Llego casi descarnado. Nada puede perturbar mi espíritu porque retorno sin rencores ni pasiones, como no sea la pasión que animó toda mi vida: servir lealmente a la Patria, y solo pido a los argentinos que tengan fe en el gobierno justicialista porque ese ha de ser el punto de partida para la larga marcha que iniciamos…La situación del país es de tal gravedad que nadie puede pensar en una reconstrucción en la que no deba participar y colaborar… No hay nuevos rótulos que califiquen nuestra doctrina ni nuestra ideología: somos lo que las 20 verdades peronistas dicen. No es gritando la ‘la vida por Perón’ que se hace Patria, sino manteniendo el credo por el cual luchamos. Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran los muchachos que levantan nuestras banderas revolucionarias”.

Y concluía con una definición que algunos interpretaron como un mensaje dirigido a la dirigencia montonera: “Los que ingenuamente piensan que pueden copar nuestro Movimiento, tomar el poder que el pueblo ha reconquistado, se equivocan”. (1)

El diario oligárquico La Nación salió a pedir la renuncia del ministro del Interior Esteban Righi y del rector de la Universidad de Buenos Aires Rodolfo Puiggrós, pero además justificaba los asesinatos de la ultraderecha peronista: “Había que evitar el copamiento del acto por sectores cuyo fanatismo los ha llevado a reivindicar públicamente para sí la autoría de crímenes horrendos cometidos en los últimos años”.(2)

Las Regionales de la Juventud Peronista que tenían vinculaciones con Montoneros denuncian el accionar de aquellos sectores responsables de la Masacre de Ezeiza señalando a Osinde, la ALN, CdeO, CNU y la JSP, quienes el 20 de junio hicieron una desenfadada exposición y usos de ametralladoras y armas de todo tipo, que los heridos no fueron atendidos y que montaron una sala de torturas en el Hotel de Ezeiza.

El 27 de junio el máximo dirigente del ERP Roberto Santucho aparece por televisión para denunciar que el gobierno se está preparando para reprimir al pueblo y que los empresarios se disponen a enriquecerse a costa de los trabajadores, acusa que el Ministerio de Bienestar Social se convirtió en un cuartel de la CIA y denunciaba el accionar de bandas fascistas, llegando al extremo de señalar al gobierno de Cámpora como enemigo del pueblo y señala a Perón como el jefe de la contrarrevolución en la Argentina, esta declaración además de ir en contra de lo que pensaba la mayoría de la clase obrera dejaba en evidencia el antiperonismo de este sector guerrillero.

Perón efectúa una cordial reunión con Balbín quien mantenía contacto con militares de alto rango y el dirigente radical le transmite la opinión de ellos en el sentido que la asunción de Perón podía poner orden en la vida política argentina.

El 26 de junio el Doctor Taiana es llamado de urgencia a Gaspar Campos donde encuentra a un Perón pálido y de mal aspecto sentado en un sillón, tenía dolores en el estómago, la base del cuello y la axila izquierda. El Dr. Osvaldo Carena ya lo había revisado y había diagnosticado isquemia coronaria, se le impuso un reposo absoluto.
Dos días después volvió a sentir un malestar generalizado, dolor precordial y disnea, al rato se sintió mejor, Taiana se enteró en ese momento que Perón había sufrido un infarto en España, poco tiempo antes de su regreso había estado internado cinco días, incluso en el viaje de retorno había sentido una puntada en el pecho que se consideró propia de una angina de pecho.

Al terminar el mes de junio de 1973 varios edificios públicos continuaban ocupados por militantes que intentaban imponer a directivos afines, en tanto que no cesan los actos provocados por grupos guerrilleros que tenían la modalidad de efectuar secuestros de empresarios para reclamar rescate. El Ministerio de Interior solicita que concluya la toma de establecimientos y le reclama a la conducción de Montoneros que se disolviera y que entregara las armas a lo que la agrupación se niega.

El 4 de julio Perón se reúne a solas con Cámpora, éste le hace saber su opinión en el sentido que Perón debería asumir la responsabilidad de ser presidente, se le comunica la decisión a todos los ministros y el vicepresidente Solano Lima expresa que también está de acuerdo con esa decisión.

Varios testigos de la época han señalado que Perón había expresado reiteradamente su negativa a asumir nuevamente la presidencia, así lo indicó el historiador peronista Fermín Chávez que mencionó que el General le había expresado en varias oportunidades su resistencia a volver a la máxima magistratura.

El diputado Carlos Gallo expresó que Perón se vio obligado a aceptar porque casi todos coincidían que él era la única persona que podía ordenar el país tan convulsionado y con conflictos que parecían solucionarse por la vía violenta.

Taiana también indica que Perón le había expresado que no tenía intención alguna de retornar a la presidencia y contó que unos días antes de su muerte le reconoció que había llegado a la presidencia en una edad demasiada avanzada y que en una de esas se tomaba un avión y regresaba a España.

En tanto quién fuera su delegado personal, Jorge Daniel Paladino, expresó que Perón le había dicho que si llegaba a la presidencia en seis meses se moría.

Solano Lima por su parte no cree que Cámpora haya renunciado por su propia iniciativa, Norberto Galasso explicó que había varios sectores interesados en concluir con el gobierno de Cámpora y su entorno juvenil que preocupaba a grupos conservadores como los radicales y las fuerzas armadas.

El sindicalismo era otro factor que tenía intenciones de finalizar con aquel gobierno y los sectores que auguraban el fin de la “burocracia sindical”.

El vicegobernador de la provincia de Buenos Aires y sindicalista de la UOM Victorio Calabró expresó públicamente que estando Perón en la Argentina él debería ser quien presidiera el país, Rucci por su parte encabeza una manifestación hacia Gaspar Campos reclamando en el mismo sentido.

El 13 de julio al mediodía Cámpora le habla al país señalando: “…siempre tuve la clara y nítida convicción de que el anhelo profundo y enraizado en el alma del pueblo argentino no era ni es otro que el de restituir al general Perón el mandato que le otorgara años atrás y del que fue injustamente desposeído… Ahora que el general Perón está definitivamente en el suelo patrio, ese deseo del pueblo debe tener ocasión de manifestarse…Hoy he presentado al Honorable Congreso de la Nación mi renuncia irrevocable para posibilitar en reencauzamiento de un proceso que fue distorsionado por la incomprensión cuando el FREJULI se vio privado de postular como candidato a la primera magistratura al general Perón…”(3)

La renuncia de Cámpora es acompañada por la del vicepresidente Solano Lima, el presidente del Senado fue enviado a la Conferencia de Países no Alineados por lo que asume la presidencia de manera interina el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Lastiri, yerno de López Rega, quién convoca a elecciones presidenciales. También le es aceptada la renuncia al Ministro de Relaciones Exteriores Puig y de Interior Righi.

Perón exalta la decisión de Cámpora y Solano Lima y remarca que Cámpora siempre había resistido la idea de ser presidente porque sostenía que quién debía asumir esas responsabilidades debía ser el líder del peronismo.

Unos días antes por un decreto del Poder Ejecutivo se le retorna a Perón el uso del grado y el uniforme de teniente general y se declara extinguida la causa iniciada en 1955 por el Tribunal de Honor del Ejército.

El 21 de julio la juventud organiza una manifestación que agrupa a unos 100.000 manifestantes que marchan desde Puente Saavedra hasta la quinta de Olivos donde se encontraba Perón, éste recibe a los dirigentes de las Regionales de la Juventud y les promete designar a una persona de enlace entre ellos y él, pero al día siguiente se enteran desilusionados que la persona era nada más ni nada menos que López Rega.

Cómo las organizaciones rechazan a López Rega, éste responde con otra provocación al designar a un joven que le responde Julio Yessi que había conformado un grupo de juventud minúsculo y con una clara tendencia derechista.

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(1) Norberto Galasso, Perón. Exilio , resistencia, retorno y muerte. Tomo II Colihue 2011 Pag. 1199

(2) Idem Pag. 1202

(3) idem Pag. 1212

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