El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 60 - La muerte de Aramburu

Perón continuaba en Madrid con su vieja costumbre de levantarse temprano, en verano a las cinco de la mañana ya estaba de pie, pero en invierno lo estiraba un poco más y permanecía en la cama hasta las 7, luego de un frugal desayuno realizaba una caminata de unos 5 kilómetros, a veces un poco más, almorzaba y luego se acostaba una siesta, por la tarde dedicaba un tiempo a contestar la correspondencia. También debía dedicar bastante tiempo a las visitas, a medida que el tiempo de la dictadura se acortaba mayor era la cantidad de personas, peronistas o no, que pretendían ser recibidos.

En abril de 1970 aparecen fuertes dolores, su médico Dr. Antonio Puigvert decide que sea internado en Barcelona, esto provoca que pulularan los más alarmantes rumores, pero a los pocos días queda aclarada la afección al anunciarse que fue intervenido quirúrgicamente de un cólico renal y su estado de salud vuelve a ser satisfactorio.

Perón comienza a visualizar con total claridad el ingreso a la lucha, pero esta vez de su lado, de un amplio sector de jóvenes de clase media, sector que durante su gobierno había actuado decididamente en contra de su gobierno, pero que ahora, tal vez los hijos de aquellos harían su ingreso fervoroso a la militancia política en el peronismo, el 24 de junio de 1970 Perón le escribe una carta a los Estudiantes Universitarios de La Plata a los que les dice: “Es auspicioso para la causa de la liberación de nuestra Patria y de su pueblo que la juventud universitaria haya comenzado a comprender la realidad de nuestra situación y la necesidad de ponerse a luchar para resolverla…me alegra saber, por lo que ustedes me dicen, que existe una gran reacción estudiantil…La dictadura militar constituye el mando de las fuerzas de ocupación del imperialismo que está ocupando nuestro país. Si una juventud decidida y valiente no se decide a poner dique a semejante ignominia, deberán vivir en el futuro en una colonia…Hace un cuarto de siglo, los justicialistas hicimos ya el anuncio de lo que podía suceder y luchamos por evitarlo. En ese momento, la juventud universitaria, influenciada por la publicidad foránea y la acción de la traición vernácula, no estuvo con nosotros. Ahora ha tenido que pagar las consecuencias. Menos mal, si comprendiendo el error, se pone ahora a remediarlo”.(1)

 El 29 de mayo de 1970 a la 9 de la mañana dos personas con uniformes militares se presentan en el departamento del general Aramburu, la esposa les franquea el paso, los invita con café y les anuncia que su esposo los atenderá enseguida, luego la esposa sale a realizar algunas actividades, al regresar a unos 45 minutos después no lo encuentra, a pesar que no tenía prevista ninguna salida. Por la tarde se conoce la noticia que Aramburu había sido secuestrado por un grupo guerrillero.

El 1° de junio los diarios informan que una organización armada que actuaba bajo el nombre Montoneros y mediante un comando que se llamaba Juan José Valle procedió a secuestrar a Aramburu para que respondiera por los asesinatos de junio de 1956 y el secuestro del cadáver de Eva Perón, a continuación, se procedería a ejecutarlo.

Tiempo después se conoce que el comando estaba integrado por Fernando Abal Medina, Emilio Mazza, Carlos Gustavo Remus, Mario Eduardo Firmenich, Norma Arrostito, Ignacio Vélez, Capuano Martínez y Sabino Navarro, la edad de sus integrantes oscilaba entre los 21 y 28 años, este operativo significaba el nacimiento de la organización Montoneros.

En Julio de 1970 se realizó el Congreso Normalizador de la CGT, los denominados participacionistas se retiran durante las sesiones, la CGT de los Argentinos, muy debilitada producto de la represión no participa tampoco, se elige como secretario general a José Ignacio Rucci de la UOM y como adjunto Adelino Romero de textiles.

A los pocos días de finalizado el congreso de la CGT es encontrado el cadáver de Aramburu en la localidad de Timote, partido de Carlos Tejedor.

El 27 de agosto es asesinado el dirigente sindical José Alonso que formaba parte del grupo denominado participacionistas que colaboraba con el gobierno, existen dudas sobre los responsables de esta acción.
El 8 de septiembre en William Morris, Provincia de Buenos Aires, mueren los dirigentes montoneros Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Remus en un enfrentamiento con la policía, en el sepelio multitudinario el responso estuvo a cargo de los sacerdotes Hernán Benitez y Carlos Mugica.

Varios meses después, el 9 de febrero de 1971, integrantes de Montoneros le escriben a Perón con la intención de entrevistarlo, le expresan: “En primer lugar, creemos necesario explicar las serias y coherentes razones que nos movieron a detener, juzgar y ejecutar a PEA (Pedro Eugenio Aramburu). Es innecesario explayarse sobre los cargos históricos que pesaban sobre él: traición a la Patria y su Pueblo. Esto sólo bastaba para ejecutar una sentencia que el pueblo ya había dictaminado, pero además, había otras razones que hacía necesaria esa ejecución. La razón fundamental era el rol de válvula de escape que este señor pretendía jugar como carta de recambio del sistema… Es por eso que cuando ellos se preparan para fingir un cambio en el sistema porque la dictadura torpe y descarada ya no la aguanta nadie, nosotros, como en el ajedrez, le comemos la pieza clave para arruinarles la maniobra y obligarlos a jugar improvisadamente”. (2)

Aramburu estaba comenzando a actuar para promocionarse como el reemplazante de Onganía quién estaba en una situación harto difícil producto de las movilizaciones populares que se desarrollaban en el interior del país.  Había intentado establecer comunicación con Perón y unos días antes de su secuestro había declarado que consideraba necesario el retorno al sistema democrático, el mismo que él destruyó con el golpe de Estado. Por estas acciones de Aramburu que lo mostraban en organizando una conspiración es que el gobierno de Onganía aparecía como el principal sospechoso de su secuestro.

La carta de Montoneros seguía diciendo: “Bien, hemos visto la eficacia de nuestro método de lucha para golpear al régimen con la ejecución de Aramburu, el descreimiento popular sobre el sindicalismo como herramienta capaz de conducir un proceso revolucionario, la imposibilidad de que el Ejército pueda generar un proceso de liberación nacional y la insuficiencia del camino electoral para tomar el poder… tenemos clara una doctrina y clara una teoría de la cual extraemos como conclusión una estrategia también clara: el único camino posible para que el pueblo tome el poder e instaure el socialismo nacional es la guerra revolucionaria total , nacional y prolongada, que tiene como eje fundamental y motor al peronismo. El método a seguir es la guerra de guerrillas urbana y rural. Esto no es un capricho, es una necesidad: a carencia de potencia, recurrimos a la movilidad, en fin, no es nada nuevo, pero no por ello deja de ser eficaz”. (3)

Perón les contesta el 20 de febrero: “Estoy completamente de acuerdo y encomio todo lo actuado. Nada puede ser más falso que la afirmación de que con ello ustedes estropearon mis planes tácticos porque nada puede haber en la conducción peronista que pudiera ser interferido por una acción deseada por todos los peronistas. Me hago un deber de manifestarles que si eso se ha dicho, no puedo haber sido sino con mala intención”. (4)

Les señala también que las organizaciones dedicadas a la guerra revolucionaria pueden actuar con absoluta independencia y agrega que no se debe descartar totalmente una salida democrática si bien nadie, tiene expectativas con las acciones de la dictadura.

Les recuerda también que la lucha guerrillera es un medio y que no puede ser nunca un fin en sí mismo y que apoya la idea de golpear y desaparecer, para enfrentar al gobierno dictatorial.

Unos días antes del secuestro de Aramburu un grupo de generales liderados por Alejandro Agustín Lanusse se reúnen con Onganía para solicitarle un cambio de rumbo, el presidente se niega a aceptar condicionamientos y el 8 de junio de 1970 el Ejército se manifiesta contra el presidente, Onganía intenta relevar a Lanusse que era el Comandante en Jefe, pero la Junta Militar integrada por los Comandantes en Jefe de las tres armas, le pide la renuncia a Onganía, durante varias horas se resiste hasta que por la noche y viéndose aislado decide presentar su renuncia.

Al día siguiente la Junta de Comandantes formada por Lanusse, Gnavi por la Armada y Rey por la Aeronáutica se instala en la Casa Rosada, recién el 13 de junio se informa sobre la designación del general Roberto Marcelo Levingston que se despeñaba como representante argentino en la Junta Interamericana de Defensa en Washington.

A este panorama de ebullición política se suma un fenómeno que alarma a los militares, los atentados y acciones de los grupos armados se suceden uno tras otro, el 1° de julio los Montoneros copan la ciudad cordobesa de La Calera, las fuerzas militares repelen provocando la muerte de uno de los guerrilleros, otros seis integrantes son detenidos, el 30 de julio las FAR copan la localidad de Garín, ubicada apenas a 50 km de la Capital Federal.

Además de Montoneros, que de una orientación nacionalista derivaría en el peronismo, también existían como grupos armados las Fuerzas Armadas Revolucionadas (FAR), de orientación marxista, inspiradas en la figura del Che Guevara, este grupo se uniría más adelante a Montoneros, las Fuerzas Armadas de Liberación FAL  también de orientación marxista-leninista, el Ejército Revolucionario del Pueblo, brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores PRT, en una principio de orientación trotskista pero que derivaría hacia el guevarismo privilegiando el accionar militar por sobre el político, esta agrupación absorbió a las FAL.
En octubre de 1970 Levingston reemplaza al Ministro de Economía, Moyano Llerena por Aldo Ferrer, el nuevo ministro intenta una política de defensa del mercado interno, estas medidas irritan al jefe del Ejército Lanusse de una familia oligárquica que defiende el liberalismo económico.

A esa altura los partidos comienzan a reunirse en la denominada La Hora de los Pueblos donde reclaman el llamado a elecciones sin proscripciones, quien participaba en las negociaciones con otros partidos en representación del Perón era su delegado personal Jorge Daniel Paladino quién había reemplazado a Remorino cuando éste muriera en 1968.

El político Oscar Alende denuncia que hay multinacionales interesadas en impedir la aplicación de la política económica de tinte nacional y conspirar contra Levingston, señala a las petroleras, a FIAT, Bunge y Born, SWIFT Deltec y otras.

Apenas unos días antes de la asunción de Lanusse, Cordoba vuelve a ser el centro de la resistencia contra la dictadura, en el que se conoció como El viborazo o el Segundo Cordobazo, en febrero de 1971 había asumido el nuevo gobernador José Camilo Uriburu, sobrino del general golpista que derrocada a Hipólito Yrigoyen, realizando unas declaraciones donde quería dejar en evidencia su voluntad de imponer la paz de los cementerios en la provincia, dijo el militar: “se anida una venenosa serpiente cuya cabeza quizás Dios me depare el honor histórico de cortar de un solo tajo”.

Los sindicatos clasistas de la industria automotriz SITRAC-SITRAM deciden la ocupación de las fábricas, el 12 de marzo se realiza una manifestación que es reprimida por las fuerzas de seguridad produciéndose la muerte de un obrero llamado Adolfo Cepeda, a su entierro concurren 7000 personas.

El día 15 de marzo la CGT de la provincia convoca a un paro con movilización, se produce la movilización de obreros y estudiantes que arman barricadas y enfrentan a la policía, son incendiados autos y negocios, el 17 el gobernador renuncia y la provincia declarada zona de emergencia.

Levinston le pide la renuncia a sus ministros Manrique y Ezequiel Martínez, e intenta lo mismo con Lanusse, pero los mandos se resisten y fuerzan la renuncia del presidente el 23 de marzo de 1971, tres días después asume la presidencia Alejandro Agustín Lanusse, designando en el ministerio del interior a un radical Arturo Mon Roig, evidenciando que la dictadura comienza su repliegue y que intentaba maniobrar para designar a su sucesor.
Perón comienza a mencionar cada vez con mayor frecuencia el tema de la participación juvenil y lo que él llamo trasvasamiento generacional que implicaba que esa juventud que se estaba politizando aceleradamente asumiera responsabilidades en el seno del peronismo: “El trasvasamiento generacional es indispensable para que el Movimiento no envejezca y muera por la acción destructora del tiempo, lo que se evita por la renovación de sus dirigentes. Todo Movimiento político como el Peronismo, lleva implícito un problema generacional: es imprescindible realizar paulatinamente y en su justa medida la renovación de sus cuadros dirigentes”.(5)

Y agregaba: “Es una tarea impuesta por la hora que vive el Peronismo. Hay que dar entrada a la juventud en forma gradual. La juventud debe saber que en política no se regala nada y que el derecho a conducir o encuadrar al Peronismo, hay que ganarlo”.(6)

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(1) Norberto Galasso, Perón. Exilio , resistencia, retorno y muerte. Tomo II Colihue 2011 Pag. 1063

(2) Idem Pag. 1058

(3) Idem Pag. 1060

(4) Idem

(5) Juan D. Perón. Conducción Política Pag. 272 y 273

(6) Idem Pag. 273

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