El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 51 - Los vendepatrias

El prólogo de este libro fue escrito en 1957 en Caracas, dos años después de su otro libro “La fuerza es el derecho de las bestias”, si éste libro podía considerarse una defensa de su gobierno, el nuevo trabajo era una ofensiva contra la dictadura dejando en evidencia que respondía a intereses foráneos.

Prácticamente todos los ministerios de la denominada “revolución libertadora” estaba ocupados por prohombres de la oligarquía y representantes de empresas extranjeras, Bunge y Born, Bemberg, e integrantes de los directorios de bancos y petroleras, formaban parte de ese gabinete donde aparecían apellidos como Bunge, Ygartúa, Morixe, Cueto Rúa, Krieger Vasena o Laurencena.

Había empezado un persistente proceso de destrucción de la industria nacional, se abrían de manera indiscriminada las importaciones compitiendo deslealmente con la producción nacional, comenzaban las restricciones al crédito y se liquidaba el Banco Industrial, quienes habían llegado quejándose por la inflación provocaron que en 22 meses se acumulara un 50%.

Para este libro Perón se sirvió de varios textos de Scalabrini Ortiz al que se le habían clausurado varios medios donde daba a conocer su opinión pero que aún con esa censura seguía difundiendo su ideario patríotico y contrario a la entrega del patrimonio nacional.

Perón respondía a las declaraciones del ministro Cueto Rúa que había dicho que era imprescindible recurrir al endeudamiento externo y al aporte del capital extranjero, afirmando que: “En esta dialéctica capciosa, el capital extranjero aparece como una especie de ungüento curalotodo que se ofrece gratuitamente para eliminar nuestros males. Felizmente, esas argucias chocan contra la inconmovible resistencia del pueblo, que con su inmensa sabiduría intuitiva, ha comprendido que ese aparentemente bien alfombrado camino conduce al reingreso a una situación de endeudamiento, similar a la que soportó el país durante más de un siglo, durante el cual el trabajo y la riqueza argentinos sólo sirvieron para elaborar más capital extranjero invertido en la Argentina”. (1)

Y citando a Scalabrini Ortiz establecía cuál era el objetivo de esta política económica. “En lo substancal se trata siempre de anular todo el progreso conquistado en los últimos veinte años, para que el país vuelva a ser mero productor de carnes, cuero, lana y cereales y complemente así una economía extranjera altamente industrializada”.(2)

A continuación, repasaba uno a uno las vinculaciones de los ministros “libertadores” y sus relaciones con empresas nacionales y extranjeras, veamos algunas:

Eugenio Blanco, Ministro de Hacienda y Finanzas, integraba gran cantidad de directorios de Sociedades Anónimas, entre ellos bancos, compañías de seguros y estancias.

Alvaro Alsogaray, Ministro de Industria, compañía de seguros, mineras y la industria del aceite.

Luis Ygartúa: Ministro de Comunicaciones, vinculado a Bunge y Born, Transradio, Pirelli, Grupo Beccar Varela

Atilio Dell’Oro Maini, Ministro de Educación; relacionado con La Cruz del Sur Cía. de Seguros, Transradio, Guillermo Kraft Impresiones Generales.

Adalbert Krieger Vasena en calidad de asesor económico, y con infinidad de vinculaciones con Cerámica San Lorenzo, Cusenier, Asisi Inmobiliaria. El Comercio Cia de Seguros, Las Carabelas Comercial de Tierras y Bosques, Minera Castaño Viejo, La Universal Cia. de Seguros.

Cita al historiador nacionalista y antiperonista Rodolfo Irazusta que se quejaba por lo caro que le estaba costando al país el apoyo que Gran Bretaña le había prestado a los golpistas de 1955 que según él estaba llegando a los dos mil millones de dólares, en una evidencia más de la ayuda de Inglaterra a la Marina argentina con un pasado que la ligaba más al Imperio inglés que a las tradiciones nacionales.

Perón transcribe un relato de Scalabrini Ortiz que cuenta que el 14 de noviembre de 1955 un marino que era interventor de la revista “El líder” recibió a dos periodistas estadounidenses de las revistas Life y Time, uno de esos periodistas yanquis le dijo al marino ante periodistas argentinos: “Para nosotros la cosa es más simple. Este es un desembarco británico. Ellos proporcionaron las espoletas y el petróleo y se los van a hacer pagar muy caro. Las bombas que cayeron en Plaza de Mayo eran de fabricación británica”. (3)

Los mismos periodistas le preguntaron al marino por qué no habían publicado los cables que los Estados Unidos le habían enviado a Patrón Laplacette y que mostraban la participación británica en el golpe, éste les dijo que se les habían extraviado, los periodistas le recordaron que los habían enviado en otra oportunidad, el marino repitió que esos también los había perdido.

El libro expone contundentemente la participación inglesa en el golpe de estado: “El Imperio Británico ha tenido una participación y una colaboración estrecha en la revolución de los ‘gorilas’ y en la consecución de sus fines, según se demuestra fehacientemente en los hechos y las consecuencias. Que esa participación se manifiesta en la cooperación armada, en la colaboración gubernamental, en las entrevistas del duque de Edimburgo con Rojas en la Antártida y en los pagos que están haciéndose efectivos por esa cooperación”.(4)

Cómo suelen realizar los gobiernos neoliberales, la política de la dictadura apuntaba a endeudarse en el extranjero consumando una dependencia en que los acreedores llegaban a imponer costosas condiciones al país: “La dictadura recibió un país sin un centavo de deuda externa y en sólo un año y medio de su actuación endeudó a la Nación en casi 500.000.000 de dólares. Como esta inclinación a los empréstitos continúe, es de esperar que cuando termine la dictadura su desgobierno, el país esté otra vez endeudado en forma de tener que obedecer a los mandatos foráneos, perdiendo así la soberanía que nosotros defendimos por el pago de todas las deudas que encontramos en 1946 y que alcanzaban los 4.000 millones de dólares”.(5)

Un gabinete repleto de oligarcas le pedía al pueblo argentino sacrificios, así lo hacía saber Perón: “La mentalidad del parásito está siempre inclinada a exigir a los demás sacrificios que él nunca fue capaz de comprender ni de realizar”. (6)

Reproducía algunos conceptos expresados en las directivas generales emitidas en diciembre de 1956 y marcaba el rumbo que debía seguir el peronismo en esas horas tan críticas: “La conducta de absoluta intransigencia es la única compatible con la misión que nos hemos impuesto y los objetivos de nuestra causa. Los que, con cualquier argumento, pretenden apartarnos de ella, son traidores solapados al servicio de la Tiranía. No menos traidores son los dirigentes que, en estos momentos, buscan dividir nuestras fuerzas mediante la formación de partidos neoperonistas o los que trabajan por atarnos al carro de nuestros enemigos políticos, que, insidiosamente, simulan una oposición a la dictadura…La acción gremial debe continuar su eficaz acción de perturbación y preparar la paralización total. La acción insurreccional debe cooperar con las fuerzas gremiales, organizar la revuelta y estar listas para accionar con decisión y heroísmo” concluía diciendo: “El año 1957 debe ser la tumba de los tiranos”. (7)

Casi al final de libro emite una certera caracterización de la lucha que debía afrontar el pueblo argentino con una proclama claramente antiimperialista: “La humanidad conoce dos azotes que la han agobiado en su historia: el imperialismo que, al suprimir la libre determinación de los pueblos, la soberanía de las naciones y la independencia económica de los países los priva de su libertad esencial y las dictaduras que, al suprimir la libertad individual, insectifica al hombre… El imperialismo no se basa ciertamente en el respeto a la libertad de los Pueblos, ni de los hombres. Cualesquiera de sus formas, sean políticas o económicas, son sistemas de esclavitud. Por eso resulta una falsedad que repugna al espíritu, cuando el imperialismo simula la defensa de la libertad individual, mientras se dedica a ejercer la esclavitud colectiva”. (8)

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(1) Juan D. Perón. Los vendepatrias. Pruebas de una traición. Editorial  Freeland 1974, pag 35

(2) Idem pag. 61

(3) Idem pag. 67 y 68

(4) Idem pag. 118

(5) Idem pag. 119

(6) Idem pag. 130

(7) Idem pag. 147

(8) Idem pag. 167

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