El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 45 - Revanchismo y persecución

Más allá de las intenciones de Lonardi de establecer un régimen a medio camino entre el peronismo y el liberalismo, o para usar terminología más moderna, un régimen que transite “por la amplia avenida del medio”, lo incontrastable es que él fue el principal responsable de desatar una ola de persecuciones propia de las más implacables dictaduras.

Lonardi clausuró el Congreso que tenía una inmensa mayoría peronista, intervino los gobiernos provinciales y desplazó a los miembros de la Corte Suprema, sin embargo, no tuvo una actitud de abierta confrontación con los sindicatos, tampoco intervino la CGT en la cual renunciaron sus directivos y se designaron nuevas autoridades bajo la conducción del textil Andrés Framini y el representante de Luz y Fuerza Luis Natalini.

Pero mientras el presidente realizaba discursos de supuesta conciliación, comandos civiles armados asaltaban los sindicatos, colocando al frente a miembros que diez años atrás habían sido desplazados por sus propias bases que preferían a dirigentes peronistas.

Se cometieron incalificables actos de vandalismo con la quema de frazadas y sábanas, destrucción de pulmotores porque pertenecían a la Fundación Eva Perón, los bustos de Eva y Perón fueron destruidos.

El sindicalista Miguel Gazzera contó una anécdota que ilumina sobre la mentalidad que tenían los militares golpistas, particularmente los marinos, cuando estaban esperando para ser recibidos por Lonardi, pasó frente a ellos el almirante Américo Rial y le preguntó quiénes eran cuando le dijeron los miró detenidamente y les lanzó la siguiente frase: “Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este país el hijo de barrendero muera barrendero”.(1)

El gabinete de Lonardi era una muestra acabada de las dos tendencias del golpismo, el liberalismo y el nacionalismo, a esta segunda facción pertenecía el presidente. Fieles al presidente eran el general Bengoa que ocupaba el Ministerio de Ejército, Mario Amadeo el canciller, Atilio dell Oro Maini como Ministro de Educación, J.C. Goyeneche era el secretario de Prensa y Luis Cerruti Costa a cargo del Ministerio de Trabajo.

El sector liberal estaba representado por el ministro del Interior Eduardo Busso, por hombres de la oligarquía a cargo de Finanzas como Roberto Verrier, Cesar Bunge en Comercio y Adalbert Krieger Vasena como asesor, el Ministerio de Marina a cargo de Teodoro Hartung apoyaba a este sector.

El gobierno convocó al economista Raúl Prebisch que al llegar a Buenos Aires se rodeó de personeros económicos al servicio de los sectores oligárquicos y las multinacionales como Áleman, Cueto Rúa, Krieger Vasena, Verrier y Cool Banegas, el asesor tenía la responsabilidad de mostrar una crisis económica inexistente que justificara el golpe de Estado para delinear una política económica que retrotrajera al país a los años 30 de dependencia y entrega.

Contra ese proyecto imperial se levantan las voces del coraje patriótico representadas por Arturo Jauretche y Scalabrini Ortiz, éste escribe un artículo titulado “El gato es mal guardián de las sardinas” y le recomienda a Lonardi que no firme ningún proyecto propuesto por los técnicos de la oligarquía porque tendría nefastas consecuencias para la Nación.

La Marina presiona al presidente para que interviniera la CGT, el Partido Peronista y se clausuren todos los periódicos donde existía una defensa de la causa nacional y popular, Lonardi resistió estos embates, tiempo después Perón reconocerá que Lonardi fue el único adversario leal que tuvo.

El sector liberal presiona constantemente a Lonardi con continuos reclamos para aplicar la mano dura, el 9 de noviembre se ve obligado a entregar a dos de sus más cercanos colaboradores Juan Carlos Goyeneche que ocupaba la Secretaría de Prensa y al ministro de Guerra Justo León Bengoa.

Al día siguiente queda conformada la llamada Junta Consultiva que estaba integrada por los partidos políticos que habían apoyado el golpe de Estado, la formaban Oscar Alende, Miguel Angel Zavala Ortiz, Juan Gauna y Oscar López Serrot por el radicalismo, José Aguirre Cámara, Reynaldo Pastor, Rodolfo Corominas Segura y Adolfo Mugica por los conservadores, Luciano Molinas, Juan José Diaz Arana, Horacio Thedy y Julio Noble por la democracia progresista. Manuel V Ordoñez y Rodolfo Martínez por la Democracia Cristiana, Alicia Moreau de Justo, Américo Ghioldi, Ramón Muñiz y Nicolás Repetto por el socialismo, Horacio Storni y Enrique Ariotti por Unión Federal, sólo estos últimos respondían a Lonardi.

Esta Junta estaba impulsada y respondía al entramado ideado por el vicepresidente Isaac Rojas, que se había constituido en el principal conspirador contra el presidente Lonardi, la Junta pretendía limitar el poder de Lonardi y a su vez intentar darle una orientación que respondiera a las ansias de revancha a la que aspiraban los partidos políticos que necesitaban de la destrucción del peronismo si querían volver a ganar una elección.

El 11 de noviembre el presidente emite un comunicado con la intención de dar una respuesta a los avances de los partidos liberales, decía el comunicado: “…El gobierno está muy lejos de creer que en la Junta Consultiva están representadas todas las corrientes de opinión de la política nacional… No es posible de calificar de antipatriotas o de partidarios de la tiranía a todos los que prestaron una adhesión desinteresada y de buena fe…”(2)

Al día siguiente presenta su renuncia el ministro Eduardo Busso, integrante del sector liberal, también renuncian los miembros de la Junta Consultiva, con excepción de Storni y Ariotti, la argumentación de los partidos es que: “el movimiento revolucionario se desvía hacia tendencias totalitarias reñidas con el anhelo del país”(3)

Esta acción coordinada contra el presidente se completa cuando un grupo de militares le exigen al presidente la renuncia de los ministros de Transporte, Uranga, del recién designado ministro del Interior De Pablo Pardo, y los asesores presidenciales, Juan Guevara y Clemente Villada Achával, éste último cuñado del presidente.

Las pretensiones de los conspiradores eran inaceptables, ya el presidente había cedido entregando las cabezas de algunos colaboradores, pero continuaban con sus exigencias porque su intención era obtener la cabeza del presidente, estaban dando el golpe dentro del golpe.

La hija del presidente, Marta Lonardi señala a dos marinos como los principales instigadores de la conspiración y evidencia sus intenciones: “Rial y Manrique gestaron el golpe… tenían aversión irresistible hacia todo lo que fuera peronismo y disentían con Lonardi en su política de conciliación”.(4)

Años posteriores Manrique hará una carrera como político sin desprenderse nunca de ese odio antiperonista.

El 13 de noviembre por la mañana el general Ossorio Arana le pide la renuncia a Lonardi, señalándole que cuenta con el apoyo de todos los mandos superiores, el presidente derrocado se retira sin firmar la renuncia y expresa públicamente que en ningún momento había presentado la renuncia como pretendían mostrarlo los golpistas, también niega que se retire del gobierno por problemas de salud como hicieron trascender los medios de comunicación.

Ese mismo día a las 18 horas jura el nuevo presidente designado por un puñado de conspiradores el general Pedro Eugenio Aramburu, éste le solicita a Rojas que continíue como vicepresidente y sin mucho esfuerzo convencen a los integrantes de la Junta Consultiva que retiren su renuncia, este organismo de colaboración con la dictadura continuará funcionando hasta abril de 1957.

Ramón Landajo quién ejerciera como secretario privado de Perón contó un interesante encuentro en un aeropuerto con Lonardi luego de su derrocamiento, le dio una carta para entregarle a Perón y le dijo: “El general Perón sabrá perdonar. Él, como yo, hemos sido traicionados por la misma conjura de individuos que ocultando las verdaderas intenciones, serán responsables de días negros para la Patria y de dolor para nuestro pueblo. Dígale que firmemente inspirado en mi sentir cristiano, ruego sepa perdonarme mi equivocación y pecado”.(5)

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(1) Norberto Galasso, Perón. Exilio , resistencia, retorno y muerte. Tomo II Colihue 2011 Pag. 786

(2) Idem pag. 788

(3) Idem

(4) Idem pag. 789

(5) Idem pag. 796

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