El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 29 - El renunciamiento de Eva Perón

La reforma de la Constitución habilitó la reelección del presidente, lo que estaba en discusión era quién sería su vicepresidente, la CGT y sectores de la rama política como Héctor Cámpora lanzan la candidatura de Eva Perón.

La opción que la vicepresidencia fuera ocupada por una mujer levantaba rechazo de varios sectores, uno de ellos fueron los militares, el portavoz de ese descontento fue el Ministro de Guerra, Franklin Lucero, quién se reunió con el empresario y hombre de confianza del presidente, Jorge Antonio y le dijo: “Mire, Jorge, a usted el Presidente lo escucha mucho y sería importante, sería muy importante, que le hiciera llegar nuestra preocupación, la de los amigos de él, porque se habla de la candidatura de la señora para vicepresidente. Eso va caer muy mal en el Ejército y a mí me cuesta un trabajo bárbaro parar eso”. (1)

Tampoco la Iglesia veía con buenos ojos la candidatura de una mujer y muchos menos, una con una fuerte personalidad, hija natural y actriz de profesión, la Iglesia argentina atrasaba mucho y tenía ideas muy conservadoras particularmente con la situación de las mujeres en la sociedad.

Perón en cambio recibió a los sindicalistas que apoyaban esa idea y les dijo que no veía ningún inconveniente en la candidatura de su esposa, sin embargo, los impulsores de la idea no estaban seguros que Eva aceptara.

El 22 de agosto de 1951 la CGT organizó un acto en la Avenida 9 de Julio para lanzar la fórmula peronista que tenía un apellido que se repetía Perón-Perón, fue una de las más importantes concentraciones efectuadas en el país.

El palco estaba emplazado en el cruce de la 9 de Julio con Moreno, Espejo secretario general de la CGT hizo su aparición en compañía de Eva, la recibió Juan Perón con un abrazo, después de entonarse el himno nacional, Espejo lee una declaración donde proclama la fórmula Perón- Perón.

Eva realiza una fervorosa exposición que finaliza con la frase: “Yo siempre haré lo que diga el pueblo…” y agrega “pero yo les digo hoy que prefiero ser Evita porque siendo Evita sé que me llevarán siempre muy dentro de sus corazones…”(2)

Sin embargo, su discurso cargado de la misma pasión de siempre no tenía una definición tajante con respecto a la aceptación de la candidatura, a continuación, Perón hizo una breve exposición, luego Espejo tomó el micrófono y dirigiéndose a Eva le dijo: “Señora: el pueblo pide que acepte su puesto”.

Eva le solicita cuatro días para pensar una respuesta y a partir de ahí se produce un diálogo con el pueblo que comienza a repetir “No, No, No” con la clara intención que Eva aceptara en ese momento la candidatura.
En esas circunstancias Eva dice su inmortal frase: “Yo no renuncio a mi puesto de lucha, yo renuncio a los honores. Yo haré finalmente lo que el Pueblo decida…”. A continuación, les pide que desconcentren y esperen al día siguiente por una respuesta. Interviene Espejo que ante la negativa del público les pide dos horas. Eva concluye diciendo “Compañeros… como dijo el general Perón, yo haré lo que diga el pueblo”.(3)

Las dos horas solicitadas por Espejo se convirtieron en 9 días, pero el público presente se fue con las últimas palabras de Eva en la cabeza y la idea que iba a aceptar, incluso al día siguiente algunos diarios informaron que había aceptado el desafío a presentarse a las elecciones.

Pero el 31 de agosto, Eva Perón leyó un mensaje dirigido al pueblo argentino que decía: “Compañeros: quiero comunicar al pueblo argentino mi decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo de mi Patria quisieron honrarme en el histórico Cabildo Abierto del 22 de agosto… He meditado mucho en la soledad de mi conciencia y reflexionado fríamente he tomado mi propia decisión que en forma irrevocable y definitiva he presentado ya ante el Consejo Superior del Partido Peronista y en presencia de nuestro jefe supremo, el general Perón… Esta determinación surge desde lo más íntimo de mi conciencia y por eso es totalmente libre y tiene toda la fuerza de mi voluntad definitiva…No tenía entonces (recordando el 17 de octubre) , ni tengo en estos momentos , más que una sola ambición, una sola y gran ambición personal: que de mí se diga, cuando se escriba el capítulo maravilloso  que la historia seguramente dedicará a Perón, que hubo al lado de Perón, una mujer que se dedicó a llevarle al presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertía en hermosas realidades, y que a esa mujer el pueblo la llamaba cariñosamente ‘Evita’ … Por eso quiero que estén tranquilos, mis descamisados: no renuncio a la lucha ni al trabajo, renuncio a los honores…”.(4)

Las especulaciones sobre el motivo de la renuncia fueron de lo más diversas, el sacerdote y confesor de Eva Perón, Hernán Benitez, indicó que la renuncia estuvo relacionada a que el mayor interés de Eva estaba centrado en el trabajo social y no en ejercer un cargo como el de vicepresidente.

Marisa Navarro una de las biógrafas más importantes de Eva Perón, afirmaba que la no aceptación estuvo directamente vinculada a la resistencia que existían en la Fuerzas Armadas, según esta versión Perón tomó la decisión y Eva la aceptó.

El radical Hortensio Quijano fue el elegido para acompañar a Perón, pero no llegó a asumir porque murió antes producto de un cáncer. Recién se hicieron elecciones para elegir a vicepresidente en las legislativas de 1954 siendo el elegido el almirante Alberto Tessaire.

Para Félix Luna sorprendentemente no existió ninguna presión militar, fue una especie de parodia armada por Perón y su esposa para que el presidente pudiera elegir a quién quisiera, precisamente Perón no necesitaba recurrir a ninguna maniobra para elegir a quién quisiera, pero  Eva levantaba  resistencias entre los sectores más conservadores que aún apoyaban al gobierno, particularmente los militares y la Iglesia. Esta opinión del historiador es otro de sus intentos para desprestigiar al peronismo y mostrar a ambos como predispuestos a maniobras maquiavélicas.

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(1) Norberto Galasso. Perón. Formación. Ascenso y Caída 1893 1955. Tomo I Colihue 2011 pag. 569

(2) Idem pag. 572

(3) Idem

(4) Idem pag. 572 y 574

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