El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 28 - Conducción Política

En 1951 se inaugura la Escuela Superior Peronista con la intención de brindar un lugar de difusión de la doctrina peronista dirigida a los dirigentes, entre marzo y abril de ese año realizan una serie de charlas, Eva Perón que luego fueron editadas como libro titulado “La historia del Peronismo” y también expuso Juan Perón en lo que fue editado como libro bajo el título de “Conducción Política”.

De estas charlas se puede sacar exactamente la conclusión contraria a la que llega Joseph Page que le atribuye a Perón un enfoque político carente de moralidad al señalar que la forma de evaluar un liderazgo es por el éxito o el fracaso que del mismo resulte, pero la conclusión a la que llega el norteamericano es haciendo una lectura parcial y superficial de este trabajo.

Perón hizo de la conducción política un arte en el que se destacó ahí donde fracasan la mayoría de los políticos, fue un tema sobre el que comenzó a reflexionar desde muy joven cuando emprendió la carrera militar, pero se diferenció de sus camaradas en el sentido que daba suma importancia al consenso que debían prestar quienes eran dirigidos.

A pesar que sus enemigos políticos lo acusaban de tirano su forma de conducir era recabando la voluntad de las personas, de ninguna manera pensaba que los grupos podían ser dirigidos a cualquier lado en contra de sus deseos.

Así lo expresó de manera reiterada: “Algunos creen que gobernar o conducir es hacer siempre lo que uno quiere. Grave error. En el gobierno, para que uno pueda hacer el cincuenta por ciento de lo que quiere, ha de permitir que los demás hagan el otro cincuenta por ciento de lo que ellos quieren. Hay que tener la habilidad para que el cincuenta por ciento que le toque a uno sea lo fundamental.” (1)

Lejos, muy lejos de cualquier atisbo de maquiavelismo, el presidente de la Argentina era consciente de la prudencia con que debía ejercerse la conducción de masas: “Los conductores son solamente hombres, con todas las miserias, aun cuando con todas las virtudes de los demás hombres. Cuando un conductor cree que ha llegado a ser un enviado de Dios, comienza a perderse. Abusa de su autoridad y de su poder; no respeta a los hombres y desprecia al pueblo. Allí comienza a firmar su sentencia de muerte”.(2)

Tal vez haya sido el más grande maestro en el arte de la persuasión por eso intentaba transmitir a otros como podía convencerse a los demás de encolumnarse tras determinados ideales, tal vez la primera lección fuera que no basta con los discursos es imprescindible predicar con el ejemplo: “Yo no persuadía a la gente con palabras, porque las palabras poco persuaden. Yo la persuadí a la gente con hechos y ejemplos. Yo les decía: ‘Hay que trabajar’. Pero yo le metía desde las cinco de la mañana hasta el otro día a las cinco. Fue así como persuadí a la gente, y como estuvo persuadida y tuve el predicamento político necesario me largué a una acción más grande, porque ya tenía el apoyo. Había obtenido la palanca y empezaba a mover el mundo”. (3)

Muchos de quienes alguna vez tuvieron oportunidad de conversar con él, incluidos aquellos que no le tenían simpatía alguna, dieron cuenta de su predisposición y paciencia para persuadir al interlocutor: “Los hombres que actúan en política deben ser siempre manejados por persuasión. Nadie puede actuar si no va convencido de lo que va a hacer es bueno, lo comparte y lo quiere realizar”. (4)

A esta altura corresponde detenerse a una de sus consignas más conocidas y también más felices porque indica que el objetivo está centrado en el bien común de las mayorías: “… todos debemos ser artífices del destino común, pero ninguno instrumento de la ambición de nadie”. (5)

Precisamente porque sus adversarios trataron de mostrarlo en todo momento como una persona ambiciosa, que todo lo hacía por la búsqueda del poder, por el poder mismo, lo que ni siquiera sus más enconados enemigos pudieron negar, es que con el gobierno de Perón quienes también consiguieron empoderarse, para usar una palabra de moda, fueron los trabajadores.

En estas conferencias existió una definición que es necesaria exponer para entender la posición que siempre asumió Perón, esta fórmula, la repetirá hasta el cansancio aún después de alejarse del poder: “Cuando se hacen dos bandos peronistas, yo hago de “Padre Eterno”: los tengo que arreglar a los dos. Yo no puedo meterme a favor de uno o del otro, aunque alguien tenga razón. A mí solamente me interesa que no se dividan. No puedo darle la razón a ninguno de los dos, aunque vea que, evidentemente, alguno de los dos la tiene. Eso sería embanderarme, y si yo me embandero, el arreglo se hace más dificultoso”. (6)

Esta definición será una constante en su estrategia de liderazgo, por cierto, que hubo siempre dirigentes peronistas que intentaron presionarlo para obtener una definición a favor de alguna de las tendencias que convivían en el Movimiento Peronista, muy excepcionalmente lograron una definición de unos contra otros, pero fue lo que permitió conducir un movimiento de masas tan heterogéneo.

Esta manera de conducir dio pie a muy distintas definiciones como bonapartismo, o conducción pendular porque según este criterio algunas veces se apoyaba en la izquierda y otras en la derecha.

Nuestra opinión es que Perón comprendió que la mayoría de las ocasiones la oligarquía y sus aliados imperiales logran derrotar a los pueblos porque consiguen dividir a las fuerzas populares, produciendo enfrentamientos en su seno o logrando la indiferencia de una porción de ellos.

Sólo es posible derrotar a esas poderosas fuerzas mediante la unión de todas las clases populares y conformando un frente que también tenga en su seno distintas tendencias pero que en el momento del golpear lo hagan al unísono.

En la historia argentina hay suficientes ejemplos demostrativos que cuando la oligarquía logra manipular a la clase media los movimientos populares son derrocados o al menos seriamente debilitados.

También existe en este trabajo lo que creemos una explicación de por qué el peronismo ha calado muy hondo en la mayoría de los argentinos al punto que ha perdurado incluso más allá de la vida de su líder, infinidad de veces se ha anunciado el fin de este movimiento y sin embargo, aún hoy los trabajadores siguen rindiendo sentidos homenajes a la memoria de Perón, esta definición realizada en 1951 decía: “Yo he dicho muchas veces que quizá de todo el bien que yo pueda haber hecho a la colectividad argentina, uno es inigualable: el haber desarrollado en el pueblo argentino una conciencia social. Eso ha sido el golpe de muerte para el individualismo negativo en el que hemos vivido durante tantos años. Todo el mundo era enemigo de todo el mundo, y una economía de miseria había creado en el campo económico una lucha permanente en la que, como dice el tango, todos los días había que salir a buscar del ‘peso’ para poder comer. Esa economía ha sido el azote más extraordinario contra la solidaridad del pueblo argentino”. (7)

Como se diría hoy en día, Perón puso la vara muy alta y acostumbró a los trabajadores a un nivel de vida, que siempre sirvió de unidad de medida para evaluar los gobiernos que lo sucedieron y por supuesto por muchas décadas, ninguno pudo mejorar esa marca.

Hacia el final del libro aparecen dos definiciones muy conocidas pero que no pudieron ser puestas en práctica en plenitud “cada peronista lleva el bastón de mariscal en su mochila” y que la organización vence al tiempo.

En cuanto a la primera fórmula, tal vez se hizo realidad cuando el peronismo retornó al llano, pero también fue utilizado por algunos dirigentes para desconocer la autoridad de Perón, lo más grave de esa deslealtad era que escondía un intento de congraciarse con los gobiernos oligárquicos surgidos después del derrocamiento de Perón.

En cuando a que la organización vence al tiempo, debieron pasar muchos años para que el peronismo adoptara el voto para definir sus elecciones internas y buscar liderazgos que puedan conducir al conjunto del Movimiento.

Ir al capítulo siguiente

---------------------

(1) Juan D. Perón. Conducción Política. 1974. Pag 39

(2) Idem pag. 38

(3) Idem pag. 54

(4) Idem pag. 114

(5) Idem pag. 59

(6) Idem pag. 110

(7) Idem pag 217

 

Volver al índice