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El Forjista

Juana Azurduy, generala de Bolivia y Argentina

 

Capítulo 8 - La guerrilla

 

 

Los guerrilleros estaban obligados a moverse constantemente a veces tenían dificultades para conseguir alimentos lo que fue provocando un deterioro en la salud de Juana y sus hijos.

El general boliviano Miguel Ramallo escribió en 1912 el libro “Batallas de las guerras de la independencia” donde al comienzo se disculpa por la imposibilidad de reflejar todos los combates librados en el Alto Perú porque: “Mucho hemos dejado por escribir, porque, lo repetimos, son innumerables los combates de los guerrilleros y sería largo y hasta cansado narrarlos: solo el bravísimo Coronel don Manuel Ascencio Padilla tiene sesenta y dos acciones de guerra, de las que hemos referido muy pocas; los combates del heroico Lanza en Ayopaya son múltiples, así como son innumerables los de Warnes, Arce, Uriondo y tantos otros, entre los que descuella la amazona americana doña Juana Azurduy de Padilla, que como heroína y patriota no tiene rival en el continente. Hay en esta guerra episodios tan admirables que podían ser cantados por la lira del divino Homero, pero ellos desgraciadamente, van quedando no solo oscurecidos, sino olvidados. Por eso hemos escrito este libro”.

Al comienzo de la lucha el matrimonio no acostumbraba matar a los prisioneros como casi siempre hacían los realistas, otros caudillos si lo hacían.

Manuel Ascencio y Juana trataban de evitar la crueldad, incluso en los inicios de la lucha lograron que algunos de los prisioneros a los que les perdonaron la vida cambiaran de bando tal el caso de Manuel Sánchez de Velazco que llegó a ser magistrado de la Bolivia independiente y escribió algunas páginas dedicadas a elogiar a Juana Azurduy, también está el caso del comandante López ya comentado antes.

El matrimonio se entera por un espía que el comandante Pezuela está reuniendo tropas para terminar con ellos, a tal fin ordena al coronel Sebastián Benavente que se encontraba en Cinti para que una sus fuerzas con las del coronel Manuel de Ponferrada quien se hallaba en las proximidades de La Laguna.

Los realistas logran reunir a 300 soldados de infantería y 200 de caballería una fuerza muy superior a la de los guerrilleros altoperuanos que respondían a Padilla y Azurduy.

El matrimonio decide dividirse porque los hijos no pueden seguir este ritmo de constante huida que estaba afectando su salud, Juana se esconde con sus hijos en el valle de Segura acompañada por unos pocos combatientes, y él se dirige hacia los dominios del caudillo Vicente Umaña para unir fuerzas.
A Juana le llega la noticia de Padilla ha sido derrotado en las cercanías de Pomabamba y que el enemigo entró a la ciudad para saquearla e incendiarla cometiendo todo tipo de abusos y maltratos con los habitantes.

Juana considera que el sitio donde se encuentra ya no es seguro y decide internarse en los pantanos del valle de Segura que tiene agua infestada de mosquitos y otros insectos, incluso algunos de sus acompañantes desertan temerosos del paludismo.

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