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El Forjista

Juana Azurduy, generala de Bolivia y Argentina

 

Capítulo 19 - La vida sin Padilla

 

 

Muerto Padilla los guerrilleros deben designar a un nuevo caudillo y deciden que sea Juana pero ella no acepta, cree que es más conveniente que sea Jacinto Cueto por su gran actuación en las últimas batallas y como segundo designan a Esteban Fernández.
Juana convocó a Caipé un joven flechero indígena y le encomienda la tarea de reclutar indios y criollos, el designado cumple la misión logrando la convocatoria de 100 hombres y una decena de las heroicas amazonas, como la fuerza reunida le parece escasa para la tarea que se propone convoca a otros caudillos.

Con la fuerza reunida ataca La Laguna produciéndose una matanza en ambos bandos, pero logrando el objetivo que era recuperar la cabeza de su esposo que estaba expuesta en la plaza, llevarla hasta la iglesia para depositarla sobre el altar y rezar un responso.

Luego ella misma cavó la fosa, como había hecho con las de sus hijos, para enterrar la cabeza de su amado esposo.

La situación de los caudillos en 1817 era desesperante, el sanguinario Aguilera se dirigió a Santa Cruz de la Sierra a terminar con el coronel Ignacio Warnes que salió al encuentro en El Pari a pesar de la inferioridad de fuerzas y libró la batalla más sangrienta desarrollada en el Alto Perú, de los 2000 hombres que intervinieron sólo sobrevivieron 200.

Aguilera se abalanzó sobre Warnes que ya estaba herido y le disparó a quemarropa para luego, cuando todavía vivía, decapitarlo colocando la cabeza en el extremo de una pica a la que expuso por varios meses en la plaza de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, a continuación ingresó en la ciudad matando a gran cantidad de habitantes.
En pocos meses además de Padilla y Warnes también perdieron la vida Camargo, Esquivel y el cura Muñecas.

Las tropas realistas quedaron bajo las órdenes del general De La Serna que había sido enviado desde España a cargo de un importante contingente de refuerzos.

Juana se retiró hacia el sur a la zona de Tarija donde actuaba el caudillo Francisco Uriondo que combatía coordinando sus esfuerzos con los gauchos de Güemes, Uriondo profesaba una gran admiración hacia Juana Azurduy fue así que le dio el recibimiento que la tenienta coronela se merecía.

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