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El Forjista

Juana Azurduy, generala de Bolivia y Argentina

 

Capítulo 1 - Olvido

 

 

La historia oficial, es decir esa versión impuesta por la oligarquía liberal que se enseñó en escuelas y colegios, al menos hasta que con el regreso de la democracia en 1983 se comenzó una tibia revisión, está plagada de tremendas injusticias.

Desde consumados traidores a la patria que suplicaban que una potencia nos viniera a someter hasta entregadores del patrimonio nacional que además tomaban una deuda externa que provocaban la desgracia de varias generaciones, convertidos en próceres a los que se levantaban monumentos y se colocaban sus nombres a calles y avenidas muy largas.

Mientras patriotas que arriesgaron sus vidas para obtener nuestra libertad eran ubicados en el bando de los facinerosos porque eran demasiado “populistas” para la clase dirigente del puerto de Buenos Aires, como ocurrió con el caudillo oriental Gervasio Artigas.

Pero pocas injusticias fueron tan enormes como el imperdonable “olvido” cometido con Juana Azurduy, quién fue una protagonista de nuestra liberación y que además fue una de las personas que más ha sacrificado y padecido para obtener la ansiada independencia nacional.

Varias razones parecen haber conspirado para que nuestra historia oficial haya excluido a Juana Azurduy, porque precisamente nuestra oligarquía tuvo una concepción de Patria Chica en contraposición a la Patria Grande Latinoamericana que defendieron nuestros libertadores, y por eso es muy probable que hayan considerado a Azurduy como “extranjera” por haber nacido en lo que actualmente es Bolivia a pesar que en esa época las Provincias Unidas del Rio de la Plata incluían al Alto Perú, por supuesto que este razonamiento no tiene asidero alguno porque además ella estuvo combatiendo en Salta junto a los valerosos  gauchos de Güemes hasta la muerte del caudillo.

Otra razón a considerar es el de la cuestión racial, Juana era hija de una chola y seguramente eso la haya excluido de la consideración de nuestra oligarquía y los historiadores a su servicio que construyeron con muchas mentiras nuestro pasado, siempre imbuidos de un racismo apenas disimulado que jugó un papel significativo en el momento de repartir los lugares de próceres o ignorados.

Por último, pero no menos importante, casi con seguridad la condición de género haya sido la que mayor peso tuvo a la hora de expulsar a Juana Azurduy de la historia argentina, la guerra era cosa de hombres y que una valerosa mujer, que además no fue la única, haya luchado a la par de los hombres no entraba en la cabeza de mentalidades conservadoras y retrógradas.

Incluso en Bolivia la directora del Liceo de Señoritas de Santa Cruz de la Sierra, Julia Barbery de Molina, advertía en un discurso en 1926: “Doña Juana Azurduy no es una mujer que debe servirnos siempre de modelo a las mujeres; porque no es ése el modo habitual de ser de nuestro sexo[… Se] trata de una de esas mujeres que sólo aparecen muy de tarde en tarde y en tiempos extraordinarios. Así como la religión tiene santos cuyas disciplinas y votos excesivos nos admiran, sin que nos induzcan a imitarlos; así debemos hacer con los caracteres excepcionales y superiores”

Las historiadoras Berta Wexler y María Edit Oviedo hacen referencia a esa doble condición racial y de género que actuaron para que Juana fuera ignorada por una historiografía construida mayormente por hombres blancos: “En este caso, la ruptura de su situación y condición de mujer juega un papel central en la ruptura de la condición colonial que hace que la excluyan del proceso, por eso no fue reconocida por la estructura patriarcal del momento. Además, hay un componente racista; es americana y, por lo tanto, un poco indígena, habla quechua...; entonces, es discriminada por algunos criollos y también blancos”.

Las mismas autoras avanzan aún más al señalar que aún en aquellos casos de mujeres que pusieron en riesgo sus vidas y las de sus seres queridos para obtener la independencia, una vez logrado el objetivo, eran ignoradas en las nuevas instituciones y debían regresar al lugar que la sociedad patriarcal le asignaba, su hogar: “Las acciones revolucionarias de Juana eran espontáneas, no institucionalizadas, y ahí las mujeres cumplían un papel importante pero a la hora de pasar a la institución, a la construcción de un nuevo poder producto del triunfo de las luchas revolucionarias, las mujeres quedaban afuera. Así quedó Juana y todas las mujeres que participaron en la independencia, fuera de las estructuras institucionales de la creación de los nuevos estados.”  

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