El Forjista

Las razones de Eva Perón

Capítulo 33 - El testamento

 

 

 

 

 

 

 

 


 

El 4 de junio de 1952, Perón asumió su segundo mandato, Eva no aceptó guardar cama a pesar que su condición física no era la adecuada para participar de la ceremonia, tomó calmantes y se colocó un tapado de piel que ocultaba una estructura de alambre y yeso que se ubicó en el automóvil para que pudiera permanecer de pie saludando con la mano a las manifestaciones de cariño de la multitud que se volcó a la calles.

Ese mismo día le dejó a Perón una carta sobre la cama donde le decía: “Velé constantemente a tu lado y en mi afán de protegerte contra la infamia, la traición y la maledicencia, me ofrecí yo mismo como blanco de sus dardos. Ellos no sabrán nunca cuánta alegría me proporcionaron cada vez que me herían, porque no te herían a ti”.

Poco después del 4 de junio sucedió una escena que su hermana Erminda relató de la siguiente manera: “Fuimos, y de pie rodeamos su lecho. Nos miraste a uno por uno, y detuviste tu mirada en mamá. Enseguida dijiste sencillamente: -Los he reunido para decirles que me voy a morir”.

El 29 de junio Eva redactó su testamento que se dio a conocer el 17 de octubre de 1952 y que fue incluido como un capítulo de “Mi mensaje”, decía ahí: “Si Dios lo llevase del mundo a Perón, yo me iría con él, porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis ancianos, con mis niños para ayudarlos a vivir con el cariño de mi amor, para ayudarlos a luchar con el fuego de mi fanatismo y para ayudarlos a sufrir con un poco de mis propios dolores…Pero si Dios me llevase del mundo antes que a Perón yo quiero quedarme con él con mi pueblo, y mi corazón y mi cariño y mi alma y mi fanatismo seguirán con ellos, seguirán viviendo en ellos haciendo todo el bien que haga falta, dándoles todo el amor que no les pude dar en los años de mi vida, y encendiendo en sus almas el fuego de mi fanatismo que me quema y me consume como una sed amarga e infinita”.

En ese documento definía lo que debía realizarse con sus bienes: “Quiero que todos mi bienes queden a disposición de Perón como representante soberano y único del pueblo. Yo considero que mis bienes son patrimonio del pueblo y el movimiento peronista, que es también del pueblo, y que todos mis derechos como autora de La razón de mi vida y de Mi mensaje cuando se publique, sean también considerados como propiedad absoluta de Perón y del pueblo argentino… Quisiera que se constituya con todos esos bienes un  fondo permanente de ayuda social para los casos de desgracias colectivas que afecten a los pobres y quisiera que ellos lo acepten como una prueba más de mi cariño. Deseo que en estos casos, por ejemplo, se entregase a cada familia un subsidio equivalente a los sueldos y salarios de un año, por lo menos… También deseo que, con ese fondo permanente de Evita, se instituyan becas para que estudien hijos de trabajadores y sean así los defensores de la doctrina de Peón, por cuya causa gustosa daría mi vida”.

Luego del golpe de 1955, se organizó una exposición con las pertenencias de Eva, en su afán de desprestigiarla, en verdad los golpistas terminaron saqueando sus cosas, las que tenían un destino que ella había dejado explicitado: “Mis joyas no me pertenecen. La mayor parte fueron regalos de mi pueblo. Pero aún las que recibí de mis amigos o de países extranjeros, o del general, quiero que vuelvan al pueblo. No quiero que caigan jamás en manos de la oligarquía y por eso deseo que constituyan, en el museo del Peronismo, un valor permanente que sólo puedan ser utilizado en beneficio directo del pueblo”.

Atilio Renzi recordó algún tiempo después que: “Cuando la señora se empeoró, muchos viajaron al interior en busca de manosantas, brujas y hechiceros. Llegaba gente desde muy lejos para rezar en los jardines de la residencia… El día que fue el padre Benítez a darle la extremaunción, en plena lluvia, la gente se arrodillaba a rezar en la calle. Hasta las habitaciones llegaba el murmullo de las oraciones. Yo pensaba que muchos se iban a agarrar una pulmonía”.

En julio su estado continuó agravándose, el 18 sufrió un coma desde el mediodía hasta las 12 de la noche, Benítez lo vivenció así: “Creíamos que se nos moría. Dos días después estaba anunciada la misa de la CGT. Perón estaba aterrorizado. Temblaba pensando que, durante la misa, donde se congregaría un millón y medio de personas, en ese preciso momento, ella muriese”.

En ese acto se había acordado que Perón llamaría a Benítez si Eva moría, para que fuera éste el encargado de dar la noticia a la multitud, Perón lo llamó mientras se desarrollaba el acto por lo que el sacerdote pensó que Eva había muerto, pero no era así, Perón le dijo “-Ella ha querido oir la misa. Está muy bien. Pero el que estoy mal soy yo, estoy llorando de emoción. Quisiera morirme yo antes que ella”.

Esa convocatoria del 20 de julio la efectuó la CGT y consistía en una misa en el Obelisco con la finalidad de rezar por la salud de Eva, se estimó que la concurrencia llegó al millón de personas a pesar de la llovizna y el frío, la misa fue oficiada por el sacerdote peronista Virgilio Filippo.
  

Ir al capítulo siguiente

Volver al índice