El Forjista

Las razones de Eva Perón

Capítulo 15 - La continuación de la gira

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Luego de 18 días en España la delegación partió hacia Roma, ciudad donde se produjo un pequeño incidente provocado por militantes comunistas protestando por la visista de Eva, debe recordarse que el Partido Comunista Argentino era un enconado enemigo del peronismo.

El 27 de junio concurrió al Vaticano para entrevistarse con el Papa, luego le comentó a Perón: “Me dijo que seguía tu obra, que te consideraba un hijo predilecto y que tu política ponía en práctica de manera más que elogiable los principios fundamentales del cristianismo”.

La entrevista duró 27  minutos, el Papa le regaló un rosario y la Medalla de Oro del Pontificado, pero no el máximo título de Marquesa Pontificia.

Hernán Benítez le había escrito a Perón un tiempo antes: “No quiero disimularle que hallé en el Vaticano una atmósfera opuesta al gobierno de V.E. como le dije en mi anterior (del 23-5) Las oligarquías han arrojado espesas nubes de calumnias y de intrigas. Pero todo ello ha sido superado. Y el éxito de los actos realizados en España colaborará poderosamente a conseguir los honores pontificios…”.

El 28 de junio Eva se encontraba en la embajada argentina donde se realizó una recepción de gala, allí se le entregó una condecoración que el papa le envió a Perón.
En Italia también visitó el pabellón argentino de la Feria de Milán y presenció una ópera 
en la afamada Scala de esa ciudad. En este país también intercedió ante el gobierno para que liberara a 27 militantes comunistas que habían sido detenidos por participar en una manifestación contra su visita. Esta preocupación de Eva por el destino de sus adversarios políticos contrasta con el intento de los historiadores antiperonistas de pintar una Evita vengativa.

Pero también en la gira mostró su interés por intervenir ahí donde había personas padeciendo alguna tragedia, Italia se vio enlutada por la explosión de un barco,  Eva se preocupó por el suceso y dispuso la donación de 1.800.000 liras para asistir a los damnificados.

El 17 de julio regresó a Roma y el mismo día partió hacia Lisboa donde permaneció cinco días.

Posteriormente se dirigió a París donde fue recibida por una manifestación de republicanos españoles que protestaron por el apoyo del gobierno argentino a la España de Franco. El 23 de julio padeció de un desmayo y debió suspender la actividad de ese día.

Aquí donó 100.000 francos a la Federación de Deportados institución que trabajaba con los sobrevivientes de los campos de concentración nazis. Y al enterarse de una tragedia en el puerto de Brest le envió un cheque por 500.000 francos al primer ministro francés.
El Palacio de Versalles que se encontraba cerrado por reparaciones fue abierto especialmente para que Eva pudiera visitarlo.

En su visita a la Catedral de Notre Dame fue recibida por monseñor Angelo Roncalli que luego sería el Papa Juan XXIII, de la entrevista participó Hernán Benítez que escuchó que Roncalli le dijo a Eva: “Siga, Señora, en su lucha por los pobres. Pero no olvide que esa lucha, cuando se emprende de veras, termina en la cruz…”.

Posiblemente estas palabras hayan repercutido reiteradamente en la cabeza de Eva, su decisión  de ayudar a los desamparados la asumió como una tarea que efectuaba con una pasión y con un espíritu de sacrifico en el cual estaba dispuesta a entregar trozos de su vida.

Luego de Francia su destino fue Suiza, en esa visita se tejió el mito que estuvo rondando en mentes contrarias al peronismo, por el cual se decía que Eva habría abierto una cuenta secreta en un banco suizo, sin embargo Liliana Lagomarsino que fue acompañante permanente de Eva desmintió que en algún momento de su estadía se hubiera dirigido a un banco.

En tanto el historiador Joseph Page indicó que esta visita a Suiza realizada por invitación del gobierno de ese país, no contaba con ninguna planificación previa. En este país también un grupo del Partido Comunista protestó contra la visitante argentina.

En un diario suizo apareció un artículo donde se decía: “El encanto de Eva Perón radica más bien en una amplia benevolencia que atrae hacia sí las fuerzas buenas. Por eso no es una mera frase el que ella diga que viene como Embajadora de la Paz y de la voluntad de auxilio”.

El regreso de la delegación se efectuó por barco con una escala en Brasil, el 17 de agosto de 1947 arribó a Río de Janeiro, ciudad donde Eva quedó conmovida por la situación social imperante en las favelas.

Eva participó en la Conferencia Interamericana para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad del Continente, en la reunión se firmó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), tratado que Argentina intentó se cumpliera la Guerra  de las Malvinas en 1982, cuando los Estados Unidos apoyó a Inglaterra en vez de hacerlo con nuestro país como lo obligaba ese tratado.

La recepción a Eva en Brasil fue espectacular, al punto que concentró toda la atención de la Conferencia opacando la presencia del Secretario de Estado norteamericano George Marshall, el mismo que dio nombre al Plan para Europa en la postguerra.

A continuación permaneció un día en Montevideo, llegando a Buenos Aires el 23 de agosto siendo recibida por una multitud y por su esposo, a cuyos brazos se arrojó llorando.

Realizó un discurso donde efectuó una descripción de la  profunda crisis europea: “He recorrido la vieja Europa y he visto desolación, hambre, miseria, angustia, y vuelvo con la certidumbre de que es inútil cerrar los ojos a la realidad y dejar que la oligarquía y el capitalismo nos sigan atacando. Yo he llevado un mensaje de paz de nuestro pueblo, pero es inútil hablar de paz mientras continúen las odiosas diferencias sociales, mientras no haya paz en los corazones y los espíritus. No se puede hablar de paz y decir que los pueblos son soberanos mientras los hombres sean solamente mano de obra en la paz y carne de cañón en la guerra”.

También contrastaba las críticas recibidas con los logros del gobierno peronista: “El capitalismo materialista y la oligarquía me han seguido al Viejo Mundo tratando de difamarme, de que me detuviera y regresara a la patria; pero yo llevaba la plenipotencia de mis obreros y el espíritu de este movimiento peronista, que es orgullo del mundo, por lo cual no podía detenerme, ni la infamia, ni la intriga, ni la calumnia, porque nuestro movimiento ha de triunfar aun fuera de nuestras fronteras”.

Emilio José Abras que formó parte de la delegación expresó: “La gira de Eva Perón por Europa fue triunfal…. Me quedé asombrado por la forma en que ella se desempeñó: parecía que siempre hubiera vivido allá. En París los franceses se quedaron deslumbrados por su presencia, su belleza y simpatía. En Suiza e Italia fueron más indiferentes, pero jamás dejaron de apreciarla. En España la recibieron como una reina… Cuando visitó el museo de Villa Borghese, el canciller italiano ante la vista de obras de Rafael, Tizzinao, Boticelli, le preguntó:
- Aquí vivió la hermana de Napoleón. ¿Se siente emocionada. Señora de Perón, ante tanta obra de arte?
- De ninguna manera –replicó Eva-, simplemente me siento maravillada. A mí lo único que me emociona es el pueblo”.

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