El Forjista

Las razones de Eva Perón

Capítulo 14 - El viaje a España

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

En diciembre de 1946 la mayoría de los países retiraron sus representantes de España por su actitud en la Segunda Guerra Mundial, nuestro país se negó a realizarlo, antes de eso, ambos países habían firmado un convenio para la provisión de cereales a España que estaba pasando por una situación terriblemente difícil, éste país por su parte se comprometía a saldar las deudas pendientes y proveer chapas, plomo, corcho y otros productos.

El gobierno argentino realizó una ayuda sustancial para aminorar el hambre en España, había enviado 400.000 toneladas de trigo, 120.000 de maíz, 20.000 de carne congelada, 5.000 de carne salada, 10.000 de lentejas y 50.000 cajas de huevos. Al año siguiente Perón otorgó un crédito de 400 millones de dólares pagaderos a cuatro años y también le aseguró a Franco la provisión de trigo hasta 1951.

Como muy bien señala Felipe Pigna, la Argentina podía haber esperado algún tipo de reciprocidad en la crisis del 2001, pero José María Aznar le dio la espalda, incluso cerró la posibilidad a algunos argentinos que acudieron a buscar refugio en España. Nosotros agregamos que esto no impide que periódicamente Aznar sea recibido en nuestro país como un héroe por los políticos argentinos de la derecha.

Ambos países habían sido neutrales en el conflicto mundial, aunque por razones muy diferentes, porque el franquismo estaba en deuda con las potencias fascistas que lo habían ayudado a destruir la República Española. Las razones argentinas para no aislar a España era que podía ser el próximo país en ser castigado por los imperialismos triunfantes en la guerra.

Ante la actitud amistosa de nuestro país, Franco cursó una invitación para que Perón visitara España, el canciller Bramuglia estimó que no era conveniente que el presidente hiciera la visita, por lo que Perón decidió que fuera Eva  su representante, Franco prometió darle una recepción propia de un jefe de estado.

Para que la gira no se limitara a España se buscaron otros destinos, que en definitiva fueron Portugal, Italia, Francia y Suiza. Se le encargó al padre Hernán Benítez que se encontraba en España que gestionara una entrevista de Eva con el Papa Pio XII.

El 5 de junio de 1947 se realizó un acto de despedida organizado por la CGT, los cálculos de la concurrencia variaron entre 100.000 y 500.000, ese día un grupo antiperonista interfirió la señal de Radio Belgrano difundiendo una proclama donde acusaban de traidor a Perón. En tanto las mujeres socialistas difundieron un comunicado indicando que no se sentían representadas por Eva Perón y lamentaban que fuera recibida en un país como Francia que tenía a socialistas en el gobierno.

La comitiva que la acompañó estaba formada  Lilian Lagomarsino de Guardo, Juan Duarte, el empresario y amigo de Perón, Alberto Dodero, y Emilio Abras, encargado de la relación con la prensa.

300.000 españoles recibieron a Eva Perón, en la recepción fue condecorada por el gobierno y se dirigió al público hablando de los derechos laborales y de las mujeres, poniendo en apuros en esta oportunidad y en muchas otras a los funcionarios del gobierno reaccionario que tenía una política muy distinta al peronismo.

Eva salteó el protocolo reiteradamente, realizó varias visitas a los barrios más humildes, cada vez que era reconocida se multiplicaban las muestras de afecto. Fue llevada a ver una corrida de toros y no disimuló su desagrado calificándolo de un acto de barbarie. Permaneció en el país ibérico por tres semanas recorriendo varias ciudades.

Tuvo un  pequeño incidente con la esposa de Franco por la tendencia de ésta de calificar de “rojos” a los pobres, Eva soportó que varias veces utilizara ese calificativo hasta que no aguantó más y le recordó que su esposo no era un gobernante elegido por el pueblo sino producto de una victoria militar, en cambio Perón ganó en elecciones limpias y gobernaba pensando en los necesitados.

Recordando el suceso dijo que: “A la gorda no le gustó nada”  pero la española siguió explicándole que los curas podían dar fe de los actos de los ‘rojos’ a lo que Eva respondió: “Señora, cuando se fomentan guerras hay que aguantar los resultados. El general Franco gobierna tras la guerra y es fácil tildar con colores a sus participantes. Nuestros obispos se ocupan de cosas argentinas”.

El resultado de la discusión fue que: “Desde ese día cada vez que podía eludir un compromiso de acompañarme, lo hacía. Claro que yo, cada vez que pasábamos frente a un palacio comentaba: ‘Qué hermoso hospital se podría poner aquí para el pueblo’, porque los hospitales eran una ruina y la pobre gente tenía que atenderse en ellos porque no tenían otra cosa”.

El 10 de junio envía un Mensaje al pueblo argentino desde España donde decía: “Yo hubiese gustado que todos ustedes hubiesen estado junto a mí en el grandioso acto de adhesión a la causa argentina, que ha sido el recibimiento popular de este hermoso Madrid. Este delirio desbordante que hemos recibido prueba ante Uds. y ante nuestro General, de manera definitiva, que España se ha hecho eco de nuestra revolución y de nuestras sostenidas conquistas por el derecho del más débil, del más explotado, del más necesitado”.

También intervino para salvarle la vida a una militante comunista condenada a la pena de muerte por el gobierno español, se trataba de Juana Doña Jiménez conocida como la Segunda Pasionaria que llegó a integrar el Comité Central del Partido Comunista Español. En 1947 había sido condenada al ser acusada de haber fabricado un artefacto explosivo colocado frente a la embajada Argentina para repudiar el apoyo de Perón a España que era interpretada por la izquierda como un  apoyo a Franco.

Cincuenta años después del suceso Jiménez lo recordaba de la siguiente manera: “Quién le escribió a Evita fue mi hijo Alexis. Yo ya estaba condenada, presa en Madrid, con visitas restringidas. A  mi hermana se le ocurrió que el niño escribiera un cablegrama a Eva pidiéndole por mi vida…Empezaba así: ‘Señora Eva Perón, por favor, a mí me han fusilado a mi padre y ahora van a fusilar a  mi madre’ Él mismo lo escribió con su letra… Un día de agosto un funcionario me avisa: le traigo una alegría, la han conmutado…Evita se lo pidió a Franco y Franco no le pudo decir que no… No tuvimos relación. Ni le di las gracias. Quedamos en paz. Para mí fue la vida…  Me habían trasladado a la cárcel de castigo de Guadalajara. Allí me enteré, con atraso, de la noticia de su muerte… Admito que entonces me hubiera gustado enviar un telegrama al menos. Al fin y al cabo, yo vivía por ella”.

Franco aceptó la petición de Eva y la pena de muerte fue conmutada por 18 años de prisión, además fue la última mujer condenada a muerte en España, Jiménez salió en libertad en 1962 y continuó militando en el comunismo, falleció en septiembre de 2003.

Eva también visitó Sevilla, Vigo y Barcelona en todas las ciudades se reunieron multitudes para ovacionarla, en la última de las mencionadas en una concentración efectuada el 25 de junio le dijo a Franco al oído: “¿Quiere un consejo? Cuando necesite reunir una multitud como ésta, mándeme llamar”.

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