El Forjista

Las razones de Eva Perón

Capítulo 13 - ¿Resentimiento o empatía?

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Uno de los argumentos más utilizados para descalificar a Eva fue el de su supuesto resentimiento, el cual según algunos de sus detractores era producto de su condición de hija natural. Ya Arturo Jauretche contestó con sólidos argumentos al responder un texto de Sábato que le atribuía esa característica al peronismo.

En su libro “El otro rostro del peronismo”, Sábato había dicho “el motor de la historia es el resentimiento que, en el caso argentino, se acumula desde el indio, el gaucho, el gringo, el inmigrante y el trabajador moderno, hasta conformar el germen del peronista, el principal resentido y olvidado”.

En septiembre del 1956 desde el exilio en Montevideo Jauretche le envió una carta a Ernesto Sábato donde le contestó: “No, amigo Sábato. Lo que movilizó a las masas hacia Perón no fue el resentimiento fue la esperanza. Recuerde Ud. Aquellas multitudes de octubre del 45, dueñas de la ciudad durante dos días, que no rompieron una vidriera y cuyo mayor crimen fue lavarse los pies en Plaza de Mayo, provocando la indignación de la señora de Oyuela, rodeada de artefactos sanitarios”.

Quienes son permeables a los argumentos de las clases acomodadas suelen llamar “resentimiento” a aquella actitud de los sectores humildes que no aceptan sumisamente el dominio de quienes detentan el poder económico. Nunca se dirá que un empresario explotador es un resentido, o un dictador responsable de miles de muertes lo es, ni siquiera en el caso de un torturador, pareciera que sólo los humildes pueden ser resentidos, aunque tampoco se los califica así a aquellos que siendo pobres no se rebelan ante la injusticia, a esos sí se les puede dar una palmada en la espalda para alentarnos a continuar con ese comportamiento.

Ezequiel Martínez Estrada lanzó sus diatribas contra Eva diciendo: “Ella era una sublimación de lo torpe, ruin, abyecto, informe, vengativo, ofídico, y el pueblo vio que encaraba atributos de dioses infernales. Su resentimiento contra el género humano, propia de una actriz de terceros papeles, se conformó con descargase contra un objeto concreto: la oligarquía y el público de los teatros céntricos”.

Mientras que el historiador José Ignacio García Hamilton se despachó descargando toda su aristocrática retórica: “Evita no tenía mucha educación, seguramente nada más que escuela primaria. Yo diría que ella aparecía como una mujer resentida, mala, con la voz crispada. Ella tenía un aspecto de mujer bondadosa y sus discursos políticos eran de mucha agresión contra los enemigos de la causa; en realidad, yo creo que Perón tenía lo mismo, nada más que lo actuaba de otra forma…”.

Mientras Juan José Sebrelli caía en el chismorreo más detestable: “El papel supuestamente transgresor de Evita no obedeció a una voluntad consciente o deliberada. Su oscuro pasado, los rumores sobre sus amantes, el hecho de ser una actriz fueron las condiciones que la llevaron a jugar el papel de rebelde, muy a su pesar. Lo que hizo ella fue simplemente transformar su fracaso en virtud. Rechazada por el ‘establishment’, no le quedaba otro camino que ser la compañera incendiaria y transgresora…”.

En realidad Sebrelli había escrito un libro elogioso de Eva, luego decidió hacer mérito ante el aparato cultural oligárquico y trató de hacerse perdonar sus pecados de juventud diciendo que: “Aquella lectura marxista de Evita que hice en los sesenta era una extravagancia. Yo era un analfabeto en política”.  Estas auto humillaciones son muy bien recibidas por los personeros de las clases dominantes.  

Creemos que estos intelectuales perdieron el control cuando intentaron definir el papel que jugó Eva en la historia nacional, ninguno de ellos pudo ocultar su desprecio por los sectores populares y lo trasladaron a quién fuera su abanderada. ¿No habrán sido ellos quienes mostraron una alta cuota de resentimiento contra el ascenso de sectores históricamente olvidados?.

Tal vez la palabra que mejor explique a Eva y su incansable actividad a favor de los necesitados sea la de empatía, adoptando la definición según la cual es la capacidad de un individuo de sentir aquello que otro tiene y, por tanto, es la posibilidad de compartir su sufrimiento.

Sin duda las dificultades que debió pasar en su infancia la llevaron a consustanciarse con los problemas de los más pobres, pero creemos que también jugó un papel importante en su definición política y social el haber sido una adolescente que llegó a Buenos Aires a abrirse camino con muy poco dinero en circunstancias muy difíciles y también la incertidumbre por la debió pasar los días previos al 17 de octubre de 1945 cuando se le cerraron muchas puertas, todo eso jugó un papel determinante para que decidiera dedicar su vida a aliviar los padecimientos de los desamparados, los niños, los ancianos, las mujeres, creemos por lo tanto que bajo ningún concepto esa actitud solidaria pueda calificarse de resentimiento.

En febrero de 1947 en un mensaje dirigido a las mujeres Eva decía: “El drama diario es mi propio drama, puesto que lo comparto con todos. La alegría cotidiana, o el problema, son asimismo míos, y nada ni nadie podrá distraerlos de mi lado, para hacer de la compañera Evita una mujer de sensibilidad sin resonancia, ubicada allá donde los vaivenes de la suerte del pueblo o no son contemplados o no llegan jamás”.

En “La razón de mi vida” respondió de manera muy consistente esas acusaciones de resentimiento: “Yo lucho contra todo privilegio de poder o de dinero. Vale decir contra toda oligarquía, no porque la oligarquía me haya tratado mal alguna vez. ¡Por el contrario! Hasta llegar al lugar que ocupo en el Movimiento Peronista yo no le debía más que ‘atenciones’. Incluso algún grupo representativo de damas oligarcas me invitó a integrar sus altos círculos. Mi ‘resentimiento social’ no me viene de ningún odio. Sino del amor: del amor por mi pueblo cuyo dolor ha abierto para siempre las puertas de mi corazón”.

Y tratando de explicar su reacción ante cada acto de injusticia social que la llevaba a actuar casi como una compulsión que no podía reprimir: “Creo que así como algunas personas tienen una especial disposición del espíritu para sentir la belleza como no la sienten todos, más intensamente que los demás, y son por eso poetas o pintores o músicos, yo tengo, y ha nacido conmigo, una particular disposición del espíritu que me hace sentir la injusticia de manera especial, con una rara y dolorosa intensidad”.

Casi al final de La Historia del Peronismo exclamaba, burlándose de las críticas que recibía: “¡Benditas todas la resentidas sociales que se dieran a la tarea de trabajar para construir una humanidad más feliz y llevar un poco más de felicidad a todos los hogares de la Patria!”.

Una de sus misiones consistió en reparar injusticias, que no tenían ninguna relación con la “beneficencia” de la oligarquía por eso no correspondía recibir el agradecimiento, más bien había que pedir disculpas por tantos años de insensibilidad ante el padecimiento de los humildes: “…nosotros pensamos que debemos hacernos perdonar el que tengamos que dar a los ciudadanos argentinos”.

Si repetimos algunos de sus escritos o discursos es porque sus palabras siempre estaban asociadas a un accionar que ella llenó de pasión, en estos párrafos están explicadas las razones de una actividad desbordante que parecía que nunca iba a reposar.   

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