El Forjista

Las convicciones de Erich Fromm

Capítulo 16 - La sociedad industrial

Desde el inicio de la era industrial el hombre ha creído en el progreso ilimitado depositando sus esperanzas en que habría abundancia material, una mayor felicidad para un creciente número de personas y una libertad sin condicionamientos. En tanto el socialismo que surgió como contrario al capitalismo en vez de buscar una vida distinta concluyó por ofrecer un modelo similar al del su adversario pero reclamando que los beneficios llegaran a todos. (1)

Pero la sociedad industrial no cumplió con sus promesas, ni en su versión capitalista ni en la socialista, veamos por qué:

  • La satisfacción ilimitada de los deseos no produce bienestar, y mucho menos es el camino  a la felicidad.
  • El sueño de ser los dueños de nuestras vidas concluyó tan pronto nos dimos cuenta que somos parte de un engranaje de una maquinaria burocrática y que nuestros pensamientos son manipulados por los gobiernos, los poderes económicos y los medios de comunicación.
  • El progreso económico estuvo limitado a un puñado de naciones ricas y existe una brecha que se agranda cada día con aquellas a las que no se les permitió acceder al desarrollo industrial.
  • El progreso técnico ha creado dos terribles peligros: el ecológico y el de la guerra nuclear.

Este sistema industrial se ha asentado sobre dos premisas psicológicas:

  • La meta de la vida es la felicidad la cual se entiende como la obtención del máximo placer que implica la satisfacción de todo deseo o necesidad.
  • La avaricia y el egoísmo son necesarios para que el sistema pueda funcionar.(2)

Las elites gobernantes en distintas épocas y países intentaron encontrar un sentido a la vida en el placer ilimitado, pero los grandes maestros de la vida (en los capítulos relacionados con las influencias ideológicas se mostraron aquellos a los que Fromm consideraba como maestros) nunca enseñaron que el deseo sea una norma ética, ellos diferenciaban entre el deseo que tiene un sentimiento subjetivo y que causa un placer momentáneo y aquellas necesidades enraizadas en la naturaleza humana cuya satisfacción fomenta el desarrollo humano.(3)

La teoría que afirmaba que la vida consistía en satisfacer todos los deseos humanos se consolidó cuando el objetivo de la clase media pasó a ser la ganancia material, en ese período esa clase logró la liberación política pero se perdieron en el camino los lazos solidarios y quedó librada, para bien o para mal, a sus propias fuerzas y capacidades, creyendo que vivir sólo para sí mismo significaba un considerable adelanto.(4)

El deslumbramiento por la tecnología no se produjo en exclusividad en los países capitalistas, también en aquellos denominados socialistas existió el mismo respeto reverencial por la técnica y la ciencia, hasta el punto que intentaron correr en la misma carrera que sus adversarios.

Mucho antes de la caída del Muro de Berlín, suceso que se produjo nueve años después de su muerte, Fromm aseveraba que el espíritu del capitalismo había conquistado los países socialistas o comunistas que terminaron obnubilados  por la maquinaria industrial, iniciando una franca competencia con el capitalismo  en el mismo terreno en que éste había consumado su dominio.

“El socialismo corre el peligro de degenerar en un sistema capaz de lograr que los países más pobres se industrialicen más rápidamente que el capitalismo, omitiendo convertirse en una sociedad en la cual la meta principal sea el desarrollo del hombre y no la producción económica”.

En este corto párrafo se puede encontrar parte de la explicación del fracaso del socialismo en la URSS y sus aliados europeos. El socialismo soviético al aceptar la versión distorsionada del marxismo que sólo percibía un grosero materialismo, perdió de vista la visión humanista de Marx y desarrolló una sociedad alienada de igual manera que las identificadas con el capitalismo. (5)

El planteo que efectuaba Fromm no consistía en restringir la producción de bienes sino plantearse que una vez que se cubrieran las necesidades óptimas de consumo individual se debían canalizar hacia la multiplicación de los medios de consumo sociales como escuelas, bibliotecas, teatros, parques, hospitales, transporte, etc. (6)

Hacia 1968 Fromm afirmaba que la Humanidad se encontraba ante una encrucijada, uno de esos caminos conducía a una sociedad mecanizada donde el hombre no era más que un diente de un engranaje, en este sendero estaba latente la posibilidad de una guerra nuclear, la otra opción era dar lugar al renacimiento del humanismo y la esperanza, donde la técnica estuviera al servicio del ser humano.(7)

El hombre al poner todo su énfasis en la técnica y el consumo material terminó perdiendo el contacto consigo mismo y con la vida. En el camino olvidó valores espirituales y humanistas al concentrarse en las cuestiones materiales. Uno de los mayores síntomas de los males del sistema es que existen sociedades que centran su producción en los armamentos, por lo cual necesitan de guerras continuas para mantener activa la industria.(8)

Dos principios rigen la sociedad tecnológica actual, una de ellos nos indica que si algo es factible de ser producido debe producirse, por eso debe construirse la bomba atómica y realizarse viajes al espacio. El otro nos impulsa a la mayor eficiencia y rendimiento lo cual a veces puede alentar la masividad sin cabida para los rasgos individuales.(9)

Si la factibilidad técnica se convierte en el valor más importante caducan instantáneamente las normas éticas y religiosas. Nuestras normas espirituales deberían basarse fundamentalmente en la idea que sólo hay que producir aquello que sea favorable para los seres humanos y la naturaleza.(10)

Para obtener la mayor eficiencia muchas veces se transforma a los hombres en parte de la maquinaria productiva, convirtiéndolos en personas aburridas, ansiosas, deprimidas y nerviosas. Dentro de esta situación no hay muchas posibilidades para la creatividad desde el momento que se busca deliberadamente que la actividad sea rutinaria y burocrática.

Esta presión sobre el ser humano sometido a una jornada sin atractivos es la causal de muchas enfermedades físicas y psíquicas por lo cual este sistema caracterizado como muy eficiente concluye convirtiéndose en humanamente ineficiente. (11)

Pasemos a describir esta situación con las propias palabras de Fromm: “¿Qué efecto tiene este tipo de organización en el hombre? Lo reduce a un apéndice de la máquina, regido por el sólo ritmo y exigencias de ésta. Lo transforma en un homo consumens, el consumidor total, cuya única finalidad es tener más y usar más. Esta sociedad, produce muchas cosas inútiles y, en igual proporción, mucha gente inútil. El hombre, en tanto mero diente de un engranaje de la máquina de producción, se vuelve una cosa y cesa de ser humano. Gasta su tiempo haciendo cosas en las que no tiene interés, con gente por la que no está interesado, produciendo cosas que no le interesan”.(12)

Las menciones reiteradas de Fromm a la guerra nuclear se debía a que era un tema presente en toda la política de aquellos años dominados por la Guerra Fría entre el bloque que lideraban los Estados Unidos y el que conducía la Unión Soviética, pero no ocurría lo mismo en cuanto a los riesgos por la devastación del medio ambiente dado que en ese entonces  no había demasiada conciencia del tema, pero que hoy aparece como una cuestión fundamental y acuciante, como ya mencionamos Fromm fue un precursor en denunciar este peligro.

Pero consideraba que existía otra posibilidad que consistía en humanizar el sistema de tal manera que esté al servicio del bienestar y el crecimiento del hombre por medio de cambios revolucionarios que se implementarían gradualmente, como resultado de las demandas de un amplio sector de la población y cuya motivación se ubicara principalmente en la razón, el realismo y el amor a la vida. (13)

A pesar de la tendencia imperante, Fromm no se rendía y creía posible construir una sociedad con desarrollo tecnológico y respeto de los valores humanos: “No me cabe duda de que es posible construir una sociedad industrial centrada en el pleno desarrollo del hombre, y no en la producción y el consumo máximo”.(14)

Obviamente se encuentran íntimamente vinculadas la sociedad tecnológica y esa ansiedad por el consumo que se apodera de aquellas personas con ingresos suficientes para incorporarse a ella. Nos decía Fromm que la técnica terminaba convertida en una especie de gran madre que apacigua a sus hijos brindándole nuevos juguetes y alimentos que consumir, donde los medios de comunicación se adjudicaban el rol de cantarnos una constante canción de cuna que nos mantiene adormecidos, en tanto quedamos convertidos emocionalmente en niños, mientras los pechos maternos nos suministran suficiente alimento y nos evitan tener que adoptar decisiones importantes, las cuales serán tomadas por otros, mientras dormimos satisfechos después haber sido provistos de las inservibles novedades de la tecnología de punta.(15)

Sencillamente nos parece brillante esta visión que nos presentaba a la tecnología como una madre alimentado a ávidos hijos, cabe indicar que a pesar de haberlo escrito hace varias décadas esta situación ha llegado a niveles más extremos, baste advertir el furor que causa entre ciertos sectores con el nivel adquisitivo acorde a los precios, la aparición de un nuevo celular, una P.C. con características innovadoras o televisores de última generación.

En la actualidad el hombre vive una relación simbiótica con las máquinas, es parte de ellas y lo hacen aparecer como poderoso, pero sin ellas se siente impotente. En otras épocas el hombre creía que los ídolos les prestaban sus fuerzas, ahora ocurre algo similar con las máquinas, por eso siente una especie de adoración hacia ellas.(16)


En las sociedades industriales el tiempo es el gobernante supremo, el modo de producción requiere que cada movimiento esté programado, la mayor parte de nuestras actividades están comandadas por el tiempo, además se ha establecido taxativamente que el “tiempo es dinero” por eso mismo la maquinaria debe usarse al máximo, en lo posible no debe parar y el obrero debe amoldarse al ritmo de la máquina.(17)

Fromm llamaba “religión industrial” a esa tendencia a convertir a los hombres en meros servidores de la economía y la consideraba incompatible con las enseñanzas del cristianismo. Esta “religión” tenía en Lutero a uno de sus iniciadores y entre sus principales basamentos se encontraba sostenida por el miedo y la sumisión a las autoridades, se cultivaba la culpabilidad por la desobediencia ya fuera al poder religioso como civil, y la desaparición de los vínculos de la solidaridad sustituyéndolos por el propio interés y la rivalidad entre las personas. Lo sagrado en la “religión industrial” es el trabajo, la propiedad y el lucro. (18)

La orientación científica nos permite tener una visión objetiva de la realidad, esto es ver al mundo, a nosotros mismos y a los demás sin la influencia de nuestras ideas y deseos, la orientación científica es uno de los pasos más importantes del progreso humano, pero nos hemos convertido en adoradores de la ciencia. Para algunas personas  ha ocupado el lugar que en otro tiempo tenía la religión, al no poder soportar la incertidumbre buscan en ella las respuestas que les brinden seguridad. (19)

De ninguna manera debe entenderse esta posición como una resistencia al avance tecnológico, señalaba Fromm que es ridículo suprimir los progresos de la ciencia y la técnica, los esfuerzos por liberar al hombre del trabajo más pesado y poner a disposición de la gente los medios para vivir sin padecimientos son indudables logros a los que nadie está dispuesto a renunciar. (20)

Mahatma Ghandi, también convocaba a que la maquinaria industrial se constituyera en una herramienta que liberara al hombre, en vez de ser un instrumento para su esclavitud: “Lo que censuro es el delirio por las máquinas, no las  máquinas como tales. El delirio se refiere a las máquinas que ahorran trabajo. Los hombres continúan “ahorrando trabajo” hasta que miles de obreros quedan sin empleo y son arrojados a las calles para morir de inanición. Quiero economizar tiempo y trabajo, no para una fracción de la humanidad, sino para todos, quiero concentrar la riqueza, no en manos de unos pocos, sino en manos de todos. Hoy las máquinas sólo ayudan a unos pocos a cabalgar sobre las espaldas de millones. El factor impulsor no es anhelo filantrópico de ahorrar trabajo, sino la codicia. Este es el estado de cosas contra el que lucho con todas mis fuerzas”. (21)

Las sociedades prósperas son las más enfermas, el progreso de la medicina se ve compensado por el aumento de gran cantidad de enfermedades psíquicas y psicosomáticas, esto no implica afirmar que el industrialismo sea un problema, sin él no se lograrían los bienes materiales para hacer posible una vida digna, la cuestión es la forma que adquiere esa industrialización, puede ser burocrática o humanista, en la primera opción el ser humano es parte de la máquina, en la segunda se supera la enajenación para lograr una activa participación del individuo en la vida social y económica.(22)

La opción está en la participación y en lo que llamaba una industrialización humanista, a la vez que señalaba que no había que dejarse ganar por aquellas doctrinas que nos dicen que nada se puede cambiar, ni tampoco por las falsas alternativas como la de plantear la idea reaccionaria de volver a una etapa preindustrial.

La alternativa real es el industrialismo humanista que contemple la descentralización, la autogestión, es decir la participación de los trabajadores en la conducción de las empresas, y una actividad industrial responsable y racional en todos los ámbitos. Aclaraba que no necesitaba expropiarse la empresa sino que se debía asegurarse la participación de los trabajadores en la administración de ella. (23) Los caminos seguidos por la Humanidad no parecen haber solucionado los problemas que planteaba Fromm, por el contrario se han agravado, tal vez no haya solución posible si no se los encara con ese espíritu crítico y transformador con que lo hacía el pensador de Francfort aún cuando a primera vista parezca un tanto radical para la mentalidad imperante en la actual sociedad.

(1) ¿Tener o ser?, pag. 21
(2) Ob. Cit., pag. 22
(3) Ob. Cit., pag. 23
(4) Ob. Cit., pag. 24
(5) Sobre la desobediencia y otros ensayos, pag. 32 y 33
(6) Ob. Cit., pag. 34
(7) La revolución de la esperanza,  pag. 9
(8) Ob. Cit., pag. 14
(9) Ob. Cit., pags. 41 y 42
(10) La crisis del psicoanálisis, pags. 98 y 99
(11) La revolución de la esperanza, pag. 44
(12) Ob. Cit., pag. 47
(13) Ob. Cit., pag. 99
(14) La crisis del psicoanálisis, pag. 106
(15) Ob. Cit., pag. 125
(16) Del tener al ser,  pag. 147
(17) La crisis del psicoanálisis, pags. 126 y 127
(18) Ob. Cit., pag. 142
(19) La patología de la normalidad, pags 27, 28 y 79>
(20) Ob. Cit., pag.  95
(21) Humanismo socialista,  pags. 121 y 122
(22) El humanismo como utopía real, pag. 49
(23) Ob. Cit., pag. 74 y 75

Volver al indice