El Forjista

La Revolución según Mariano Moreno 

Capítulo 27 - El Congreso y el fin

 

En la Gaceta, durante varios números, Moreno asentó su opinión sobre el papel que debía cumplir el Congreso que estaba por reunirse de acuerdo a lo que había determinado la junta en el acta del 27 de mayo, así mismo invitaba a los diputados de las provincias que ya habían llegado a la capital a debatir en las páginas del periódico. En estos escritos fue desgranando los problemas que más le preocupaban con la evidente intención de  influenciar a los diputados que iban a participar en el Congreso.

Denunciaba el carácter del imperio español y su conducta hacia las colonias americanas: “... la fuerza y la violencia son la única  base de la conquista, que agregó a estas regiones al trono español, conquista que en trescientos años no ha podido borrar de la memoria de los hombres las atrocidades y horrores con que fue ejecutada, y que no habiéndose ratificado jamás por el consentimiento libre y unánime de estos pueblos, no ha añadido en su abono título alguno al primitivo de la fuerza y la violencia que la produjeron”

Mientras algunos criollos confiaban aún en llegar a algún tipo de negociación con España, para el autor de esas páginas se había iniciado un camino sin retorno, por  eso enjuiciaba tan duramente a la a la metrópoli.

Desde la Gaceta introdujo el tema que a su entender era el principal que debía ser abordado por el Congreso, la ambición del secretario era que la asamblea aprobara la redacción de una Constitución que el paso previo para la declaración de la independencia, esta audacia junto a tantas otras, provocaba verdadero pánico entre sus adversarios que no querían tener un Congreso que fuera constituyente.

Explicando su posición decía: ” Sin embargo, el pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, él debe aspirar a que nunca pueda obrar mal; que sus pasiones tengan un dique más firme que el de sus propia virtud; y que delineado el camino de sus operaciones por reglas que no esté en sus manos trastornar, se derive la bondad del gobierno, no de las personas que lo ejercen, sino de una constitución firme, que obligue a los sucesores a ser igualmente buenos que los primeros, sin que ningún caso deje a estos en libertad de hacerse malos impunemente”.

Reafirmando sus postulados: “Nuestros representantes van a tratar sobre la suerte de unos pueblos que desean ser felices, pero no podrán serlo hasta que un código de leyes sabias establezca la honestidad de las costumbres, la seguridad de las personas, la conservación de los derechos, los deberes del magistrado, las obligaciones del súbdito, y los límites de la obediencia”. “no tenemos una constitución, y sin ella es quimérica la felicidad que se nos presenta”.

Moreno recalcaba la importancia que del Congreso surgiera la decisión de otorgar una Constitución a las provincias recientemente liberadas, por eso se resistía a que la reunión se limitara a elegir a un nuevo gobierno con la participación de los representantes de las provincias. “Así, pues, revestida esta respetable asamblea de un poder a todas luces soberano, dejaría defectuosa su obra si se redujeses a elegir gobernantes, sin fijarles la constitución y forma de su gobierno”

No aceptaba postergaciones, por eso rechazaba los argumentos de aquellos que entendían que era necesario esperar a que el resto de las provincias americanas se liberaran de yugo español lo que significaba una dilación sin plazo, de la independencia que ya levantaba sin disimulos, temía con razón que si se le daba tiempo de reaccionar, el poder español en América se acrecentaría con los refuerzos militares que podían llegar desde la península. En este contexto afirmó: ” Es una quimera pretender que todas las Américas Españolas formen un solo estado”. Esta frase fue interpretada por algunos historiadores, como una negativa a la unidad americana, la conclusión sin embargo no es acertada, pues su oposición se centraba en las postergaciones que el partido de Saavedra imponía sobre las decisiones fundamentales con la constitución y la independencia.

Tal vez percibiendo que se le terminaba el tiempo intentaba apurar determinadas resoluciones, acosado por realistas y saavedristas, aceleraba el ritmo para buscar una rápida salida: “Pueden, pues, las provincias obrar por sí solas una constitución y sus arreglo; deben hacerlo, porque la naturaleza misma les ha prefijado esta conducta, en las producciones y límites de sus respectivos territorios; y todo empeño que les desvíe de este camino es un lazo con que se pretende paralizar el entusiasmo de los pueblos, hasta lograr ocasión de darles un nuevo señor”.

El redactor del Gaceta esperaba alguna maniobra del partido contrario para que el Congreso terminara sin adoptar decisiones de importancia, acorde al criterio conciliador que manejaban sus rivales, por eso alertaba sobre quienes pretendían “paralizar el entusiasmo de los pueblos”.

Desde el periódico intentó una polémica que no se dio, pues los saavedristas esperaron la oportunidad para unirse a los diputados de las provincias para producir un cambio en la relación de fuerzas, de tal forma de terminar con la influencia de Moreno y su gente, para esto no era necesario polemizar, sólo esperar y llegado el momento, actuar.

El 18 de diciembre se realizó la reunión a la que concurrieron los miembros de la Junta que estaban en Buenos Aires y los nueve diputados provinciales. Estos plantearon su incorporación al gobierno, por lo que la Junta quedaría ampliada con esos nueve representantes del interior. Quedaba postergada sin fecha la realización del Congreso, pues el nuevo gobierno cumpliría sus funciones hasta la realización de dicha asamblea. Quedaban así neutralizados los planes de Moreno para discutir una Constitución.

Simultáneamente los diputados descargaron una serie de críticas sobre la Junta como para justificar su inclusión, consideraban imprescindible “restituir la tranquilidad pública que estaba gravemente comprometida por un general descontento con la Junta” y que “el crédito del gobierno estaba quebrado considerablemente, y que no pudiendo ya contar con la confianza pública, que hasta allí había servido de apoyo a sus resoluciones, era necesario reparar esta quiebra con la incorporación de los diputados, que los mismo descontentos reclamaban”.

Esto es lo que dice el acta de la reunión, los diputados al expresarse de esa manera se hacían eco de los sectores criollos más reaccionarios que mostraban un inocultable temor al proceso de cambios profundos que se habían producido desde el 25 de mayo, los siglos de dominación pesaban sobre sus cabezas, poniéndoles muye nerviosos los proyectos y realizaciones que promovía el incansable secretario de la Junta.

Los vocales de la Junta respondieron que los diputados no debían incorporarse al organismo de gobierno pues el Congreso era el fin de la convocatoria y hasta su instalación, los enviados de las provincias no entraban en funciones, además señalaron que la circular enviada al interior por la Junta en los primeros días de la revolución, en la cuál se invitaba a los diputados a incorporarse al gobierno era producto de la inexperiencia, y por último, que el  reconocimiento a la Junta por cada pueblo subsanaba la falta de concurso del inicio.

Pero cuando se procede a la votación los nueve diputados votan juntos por sus incorporación a la Junta. Habían concurrido los representantes de Mendoza, Santa Fe, Corrientes, Salta, Córdoba, Tucumán, Tarija, Catamarca  y Jujuy. Por el contrario, los integrantes de la Junta no votaron de igual manera, mientras Saavedra, Azcuénaga, Alberti, Matéu y Larrea aceptaron la incorporación de los diputados, marcando que no estaban de del todo de acuerdo pero que lo hacían por conveniencia pública. Paso y Moreno se opusieron.

Esta resolución no significaba solamente la negación a convocar al Congreso sino que además, la Junta quedaba convertida en un organismo de gobierno sumamente numeroso que perdería toda la ejecutividad necesaria para adoptar decisiones. Así mismo el aceptar las propuestas de los enviados de las provincias significaba de hecho reconocer las críticas que los mismos realizaban al gobierno y que tenían por principal responsable a Moreno por la crisis que según ellos existía

Moreno afirmó en esa reunión que en realidad el verdadero motivo de la polémica era el decreto del 6 de diciembre del que no se arrepentía y si se lo consideraba responsable de las desgracias que se denunciaban no le quedaba otro camino que renunciar.

Manuel Moreno dijo tiempo después, refiriéndose a estos acontecimientos:  “No siendo otra la causa que los movía a solicitar esta extravagante mutación, que aniquilar el crédito del doctor Moreno en la Junta, debían haberse contentado con la voluntaria cesión que este les hacía del campo disputado y no empeñarse en la prosecución de una medida preñada de las más fatales consecuencias para la felicidad del pueblo y solidez de la nueva causa. Todos los males que podían temerse, han sobrevenido; y al fin, después de llevado el sistema casi al borde del precipicio, los diputados de las provincias han sido despedidos del gobierno, cargados de la mengua de que la época de su mando ha sido la serie de los desastres del país”.

No exageraba Manuel Moreno cuando se refería a los males que trajo aparejado la Junta Grande al sistema de gobierno de la Nación en nacimiento, la falta de un conductor como Moreno producirán derrota tras derrota, las que debilitaron al nuevo sistema. Con la Junta Grande el gobierno perdía toda ejecutividad precisamente en el momento en que la revolución necesitaba de ella.

La inteligente táctica de Saavedra consistió en aliarse a los diputados del interior. Moreno, hombre de sólidos principios, no podía aceptar tantos condicionamientos, difícilmente los diputados aceptaran el Plan de Operaciones del que no habían participado, por lo que la jugada de Saavedra permitía que quedara sin aplicación el plan revolucionario. Por esto Moreno prefirió estar fuera del gobierno donde ya no podían pesar sus opiniones y lo que era más grave, el rumbo de la Junta cambiaría su orientación.

Escribió Ernesto Palacio: “No habiendo Congreso, no había constitución, ni independencia: todo ello prematuro, según el Deán”. El Deán era Funes, enviado por Córdoba y que jugó un papel importante al lado del saavedrismo.

La incorporación de los diputados lograba dos objetivos para los hombres de Saavedra, se evitaba la convocatoria al Congreso y la aplicación del Plan. Quedando anulado el impulso revolucionario que Moreno pugnaba por dar a la Junta, la correlación de fuerzas beneficiaba holgadamente al presidente que dominaba el ejército y a partir del 18 de diciembre también el gobierno. Los aliados de Moreno dentro del gobierno estaban muy lejos, Castelli en el Alto Perú y Belgrano en el Paraguay, sólo Paso permaneció a su lado.

El acta de la reunión del 18 decía lo siguiente: ”Habiéndose explicado de un modo singular contra su persona el descontento de los que han impelido a esta discusión, y no pudiendo ser provechosa al público la continuación de un Magistrado desacreditado, renuncia a su Empleo, sin arrepentirse del acto del 6 de diciembre que le ha producido el presente descrédito; antes bien espera que algún día disfrutará  la gratitud de los mismos ciudadanos que ahora lo han perseguido, a quienes perdona de corazón, y mira su conducta errada con cierto género de placer, porque prefiere al interés  de su propio crédito que el Pueblo empiece a pensar sobre el gobierno, aunque cometa errores que después enmendará, avergonzándose de haber correspondido mal a unos hombres que han defendido con intenciones puras sus derechos”.

Aunque en el acta de la reunión no figuren explícitamente las críticas directas a la persona de Moreno, pues los cuestionamientos de los diputados fueron contra la Junta, da toda la impresión que se vertieron numerosos cuestionamientos a la actuación de Moreno, lo que lo indujo a decidir en la misma reunión, sobre la presentación de la renuncia.

Moreno no podía permanecer un minuto más, luego de verse obligado a renunciar al Plan de Operaciones y al Congreso Constituyente, pues tenía una visión apocalíptica de lo que sucedería si no se cumplía con los pasos que la Junta había aceptado dar unos meses  antes y que consistía en consolidar el proceso revolucionario con medidas políticas y económicas que estaban plasmadas en el proyecto redactado por Moreno.

De todos modos, su personalidad se resistía a aceptar pasivamente los acontecimientos a pesar del profundo dolor que le causaba encontrarse tan sólo, luego de una lucha titánica por la liberación de sus patria. Desde Inglaterra, donde la Junta lo comisionaba, pensaba dar a conocer un documento mostrando su visión de los sucesos que determinaron su renuncia. De esta manera tenía ideado contraatacar, mientras en Buenos Aires continuaban actuando sus partidarios que no eran pocos. Desensillaba hasta que aclare, sabiendo que de continuar en la ciudad hechos sangrientos podían ocurrir.

 

El viaje y la muerte

Para cumplir con la misión en Inglaterra partió el 24 de enero de 1811, a bordo de la nave británica Misletoe, al día siguiente trasbordó a la fragata mercante inglesa Fama, debiendo soportar un temporal que retrasó por dos días el viaje y haciendo temer por el destino de la embarcación.

Moreno estaba deprimido y le comentó a su hermano Manuel y a Tomás Guido que lo acompañaron: ”No sé que cosa funesta se me anuncia en este viaje”. Sus enemigos eran muchos y no podía extrañar que alguien intentara asesinarlo, así lo creía Moreno, sus amigos y familiares.

Hubo algunos indicios que podían preanunciar un posible asesinato. Su esposa recibió uno días después de su partida una caja que contenía un velo y un abanico, ambos de color negro, acompañados de una esquela que le indicaba que pronto los necesitaría pues estaba próxima a convertirse en viuda.

También en Oruro, el sacerdote Azcurra, enemigo de Moreno, al enterarse de su renuncia y del viaje a Inglaterra, recorrió las calles de la ciudad gritando ante testigos:  “Ya está embarcado y va a morir”.

La travesía del Fama estuvo llena de dificultades, las que eran habituales en aquella época, la salud de Moreno se vio resentida por los males de viaje y la depresión que lo embargaba, un testigo presencial de aquellos sucesos diría: “ Los últimos disgustos abatieron considerablemente su espíritu y la idea de la ingratitud se presentaba de continuaba a su imaginación, con una fuerza que no podía más que perjudicar su constitución física”

Este hombre desmoralizado y fatigado de las largas jornadas de trabajo, empeoraba producto de un viaje nada apacible, sin embargo sus enemigos no se conformaban con quitarlo del gobierno, también deseaban su muerte. En 1812 su hermano contaba: “ Ya he dicho que el doctor Moreno tuvo en esta época una influencia decisiva en la Junta. Por consiguiente, los enemigos del sistema lo señalaban como la primera de las víctimas que debía ser inmolada a su venganza”: También relataba como su hermano llevaba permanentemente un par de pistolas pequeñas en el bolsillo, mientras era integrante del gobierno, y cuando se retiraba de su lugar de trabajo por las noches acompañado por dos o tres amigos.

Las disputas entre los iniciadores de la revolución llegaba a niveles de un gran enfrentamiento, ya vimos como Saavedra también era de la idea que sus enemigos podían asesinarlo.

La salud del ex-secretario empeoraba aún más, resquebrajada por las vicisitudes del viaje y fue aquí donde comienza a jugar un papel por demás sospechoso el capitán del barco. Cuando los acompañantes de Moreno le solicitaron que desviara la marcha hacia Río de Janeiro o ciudad del Cabo para atender al enfermo, pues a bordo no había médico, el capitán sin demasiadas explicaciones se negó, pero no sólo eso sino que mantuvo al barco en una irritante marcha por demás lenta

El último hecho lamentable lo comentó Manuel Moreno de la siguiente manera: ”Su último accidente fue precipitado por la administración de un emético que el capitán de la embarcación le suministró imprudentemente y sin nuestro consentimiento”.

Existen historiadores que rechazan de plano la idea del asesinato, creemos que las pruebas son suficientes para señalar que la actitud del capitán fue criminal, pues a partir de ese momento, Moreno no volvió a pronunciar palabra hasta que murió el 4 de marzo en alta mar. En Buenos Aires al conocerse la noticia corrió el rumor que había sido asesinado por envenenamiento

Los párrafos transcriptos de Manuel Moreno fueron escritos en 1812, cuando aún se hallaba fresco el recuerdo de la muerte de su hermano, sin embargo varios años después volvió a reafirmar con mayor decisión aún, la idea del asesinato, fundamentando su pensamiento en los conocimientos que sobre medicina había adquirido en los Estados Unidos, durante su estada entre los años 1815 y 1821.

En 1836 decía: “El accidente mortal, que cortó esta vida, fue causado por una dosis excesiva de emético, que le administró el capitán en un vaso de agua, una tarde que lo halló sólo y postrado en su gabinete. Es circunstancia grave haber sorprendido al paciente con que era una medicina ligera y restaurante sin expresar cual, ni avisar o consultar a la comitiva antes de presentársela. Si el Dr. Moreno hubiese sabido se le daba a la vez tal cantidad de esta sustancia, sin duda no la hubiese tomado, pues a vista del estrago, que le causó, y revelado el hecho, dijo que su constitución no admitía sino la cuarta parte, y que se reputaba muerto. Aún quedó en duda su fue mayor la cantidad de aquella droga, y otra sustancia corrosiva la que se administró, no habiendo las circunstancias permitido la autopsia cadavérica”.

A nuestro entender existen fuertes indicios para sostener que Moreno fue envenenado, muchos más que para afirmar lo contrario. De esta forma se extinguió la vida de este revolucionario que posibilitó la independencia de su patria, sus enemigos celebraron la noticia, su patria no se arrepentirá lo suficiente pues esta vez como muchas otras  las revoluciones terminan matando a sus padres, en este caos puso fin a los días del más lúcido de los patriotas.

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