El Forjista

La Revolución según Mariano Moreno 

Capítulo 22 - La personalidad del gobernante

 

En un interesantísimo artículo aparecido en una revista histórica, el fallecido historiador Miguel Angel Scenna, transcribió la opinión que sobre Moreno tenían otros historiadores y hombres que lo conocieron, brillantemente Scenna hacía aparecer la personalidad poco común de este gobernante que en sólo 206 días comenzó a recorrer el camino que condujo a nuestra independencia. Reproducimos algunas de las citas porque pintan el cuerpo y alma del revolucionario cuya estrella iluminó aquél inolvidable 1810.            

Ernesto Palacio se expresó sobre los enfrentamientos en el seno de la Junta que llevaron a la derrota política de Moreno, con la consecuencia de poner en peligro el destino de la revolución. Dirá Palacio sobre el impulsivo estilo de Moreno: ” La fracción timorata de la Junta se escandalizaba por la audacia de esas expresiones y prefería esperar y contemporizar”:

La opción ante la cual se encontraron los hombres de Mayo era avanzar en las conquistas obtenidas, o paralizarlas y permitir, como ocurrió, que los realistas se recompusieran de los primeros golpes.            

Jorge Abelardo Ramos pintó la personalidad de secretario de la Junta en los siguientes términos: “Mariano Moreno, será la figura de rasgos más acusados; este joven enérgico, tan astuto como ardoroso, que revelará en pocos meses una intuición política asombrosa para su edad y su medio, será el mas grande revolucionario de su época, el que disfrutará más efímeramente el poder y sobre quién la gloria se ensañará como en pocos para volver irreconocible su verdadero programa”.

Ramos señala uno de los temas más graves de nuestra historia, como es su desfiguración sistemática, lo que ha motivado que los argentinos estemos impedidos de conocer cabalmente la tarea desplegada por hombres de la talla de Moreno. El liberalismo que impregna la versión oficial de la historia argentina fue expresada por Mitre y sus seguidores, los que debieron recurrir a la deformación del pensamiento de Moreno o San Martín para hacerlos aparecer como más proclives a las ideología mitrista.

Norberto Galasso también reivindicó la figura de este revolucionario: “ El Moreno de 1810 dista mucho de ser un bibliófilo ajeno a su tiempo ... Ha bebido las enseñanzas de los revolucionarios europeos en aquella rica biblioteca del Alto Perú. Peno no se enajena en ellas. No incurre en el error de esos ‘jóvenes afrancesados’ que años más tarde recitan discursos progresistas mientras traicionan el país apoyando una invasión extranjera”.            

En cambio, José María Rosa expresó un concepto totalmente contrario: “Era un intelectual del tipo de quienes tratan de amoldar la realidad a los libros: sus ideas políticas las había recogidos de lecturas que le despertaban una fe hondísima”.

Quienes conocieron a Moreno, hayan sido amigos o enemigos, no pudieron menos que quedar impactados por su fuerte personalidad, tal es el caso de su amigo Tomás Guido cuando dijo: ” Pero estaba reservado al doctor Moreno simbolizar en su persona el espíritu de una grande regeneración. Elocuente... Ardiente... republicano, gozaba de una facilidad sorprendente para la expedición de los negocios de la administración. Su vasta inteligencia abrazaba todas las peripecias de una situación erizada de dificultades... Obrero infatigable en la organización... comprendió su misión sublime y con firmeza incontrastable arrostró las preocupaciones, atacó los abusos y sentó las bases de la República Argentina”.            

Domingo Matheu era otro protagonista que lo conoció en profundidad  por haber sido compañero en la Junta, lo retrató así: “... Moreno (era) el verbo irritante de la escuela, sin contemplación a cosas viejas ni consideración a máscaras de hierro”.

Era un político práctico que no estaba atado a ninguna doctrina que no fuera el bienestar de sus patria y su gente, los criollos e indios olvidados por el viejo sistema colonial. Tradujo el Contrato Social de Juan Jacobo Rousseau, pero utilizó las enseñanzas del pensador francés sólo en la medida que le sirviesen para luchar por sus objetivos de obtener la igualdad de derechos de las colonias americanas. El capítulo referido a la religión no lo editó por considerar que Rousseau deliberaba en este tema. Profundamente católico pero enemigo de los sacerdotes que justificaban la esclavitud de los indígenas y el sometimiento de los criollos.

Aquellos que ensalzan a Moreno como el más alto exponente del liberalismo olvidan que su defensa de la libertad estaba condicionada por los intereses superiores de la Nación y del primer gobierno que asumía la representación de los criollos. Cuando editorializó sobre la libertad de escribir, remarcó que se daría esa libertad pero siempre y cuando “no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión y a las determinaciones del gobierno”.

Poco tiempo después de asumir sus funciones de gobernante, el 8 de julio, volvió a ocuparse de los indios, ese día convocó al Fuerte a los oficiales indígenas que habían servido en el cuerpo de castas de Pardos y Morenos y les comunicó que “ la junta no ha podido mirar con indiferencia que los naturales hayan sido incorporados al cuerpo de castas, excluyéndolos de los españoles. Ordenaba que se integren a los regimientos bajo sus mismos oficiales con los demás sin diferencia y con igual opción a ascensos”.

Esta decisión no ha sido evaluada en su real dimensión, pues aplicaba lo que en su época de estudiante, había sostenido en sus escritos, colocando en un mismo plano a los indígenas y criollos.            

La organización y edición de la Gaceta fue obra fundamental de Moreno, es realmente increíble la actividad desplegada en aquellos días convulsionados, su tarea como propagandista de la revolución es otra de las facetas del gobernante. La causa patriota necesitaba una voz que hiciera conocer los puntos de vistas de la Junta, el periódico que dirigió Moreno permitió que en las provincias se conocieran las medidas y opiniones del gobierno. Se publicaba dos veces a la semana y en algunas ocasiones aparecía un número extraordinario. Según cuenta su hermano Manuel, hasta su alejamiento del país, Mariano fue su exclusivo redactor.

Cuando en el mes de diciembre se dio a conocer el decreto que prohibía conceder empleos a los españoles, algunos criollos protestaron por la medida, que no alcanzaba a los que estuvieran empleados a esa fecha. Manuel Moreno opinaba que esta decisión estaba dirigida a terminar con la discriminación que existía hasta el momento, la que impedía a los criollos ocupar cargos de mayor responsabilidad, pero el decreto esta destinado a que los enemigos de la Junta se enquistaran en la administración pública para boicotear las medidas que propiciaban el cambio de sistema.            

Los 166 virreyes de Méjico, Lima, Buenos Aires y Santa Fe habían sido españoles, tan sólo cuatro habían nacido en América. Los once virreyes que gobernaron Buenos Aires habían nacido en la península. Las capitanías generales de Chile, Caracas, Santo Domingo, Cuba y otras habían sido ocupadas por 14 americanos y 558 europeos. En el clero ocurría algo similar, los obispos y arzobispos habían nacido, en su inmensa mayoría, en la metrópoli. La discriminación era evidente, por lo cual la Junta trataba de revertir esa situación, cubriendo los cargos más encumbrados con  americanos y con los españoles que habían adherido a la causa americana.

A quienes criticaban a Mariano por su intransigencia, su hermano Manuel les contestaba: “Querer una revolución sin males es tan quimérico como una batalla sin desgracias, y así los culpables de las acaecidas en Buenos Aires, que por su fortuna han sido muy raras, son los promotores de la revolución misma”.

           

Manuel Moreno marcó en la biografía de su hermano un hecho incontrastable, al cabo de los cinco primeros meses, la revolución había llegado a la frontera con el Perú, había infringido derrotas a su enemigo y la expedición del Paraguay se encontraba a las puertas de la ciudad capital., el reino de Chile había logrado su independencia y solicitaba estrecha unión con el gobierno de Buenos Aires.

Otra de las creaciones de Moreno fue la del denominado “Club” que nucleaba a los más decididos revolucionarios. Fue obra de él y se  disolvió cuando se alejó obligadamente del país, aunque sus partidarios volvieron a organizarse más tarde para devolverle el golpe a Saavedra y sus amigos. Este "Club" se constituyó en un verdadero partido morenista, tendencia dentro de la revolución que defendía la idea de profundizar el carácter transformador de la decisiones de la Junta.

Los morenistas tuvieron un auténtico proyecto de gobierno en el Plan de Operaciones, redactado por Mariano Moreno a solicitud de la Junta. Las reuniones del "Club" se realizaban preferentemente en casa particulares, casi todas las noches. Se discutían la medidas del gobierno y también las acciones que era necesario adoptar para contrarrestar las maquinaciones de los enemigos de la causa revolucionaria.

A estos hombres se les oponían los saavedristas que deseaban una mayor moderación en los actos de gobierno para no irritar a los españoles y a los criollos que no se decidían a apoyar las transformaciones que se iniciaron por el mes de mayo.            

Algunos de los que formaron parte del Club fueron: French, Berutti, Donado, Dupuy y Planes. La Junta encargó a los dos primeros a formar el regimiento La Estrella, del que fueron designados jefe y subjefe respectivamente. Precisamente los miembros de este regimiento marcharon al mando de French para acompañar a Castelli que debía cumplir con la orden de ejecutar a los complotados de Córdoba.

Avanzar o detenerse, era en gran medida la discusión que separaba a morenistas y saavedristas. Para los partidarios de Moreno paralizar el empuje revolucionario significaba, lisa y llanamente, la muerte del proceso de cambios.

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