El Forjista

La Revolución según Mariano Moreno 

Capítulo 13 - La Representación de los Hacendados

Ya en 1809, el absolutismo español era el enemigo que visualizan los patriotas y todos aquellos hombres que lo representaban en América, romper el monopolio del grupo de comerciantes significaba una mayor autonomía de los sectores perjudicados por un sistema que beneficiaba a unos pocos.

La discusión no estaba dada entre librecambistas o proteccionistas, discusión que ocupó gran parte de nuestra historia, la cuestión era si los sectores no beneficiados por el comercio exclusivo tenían posibilidades de participar en las ganancias del comercio exterior, en realidad se trataba de determinar si las colonias estaban suficientemente maduras, para manejar su propio comercio de acuerdo a sus necesidades, sin permiso de los comerciantes de Cádiz y sus agentes en América.

El planteo de Moreno tenía como fin que el estado pudiera obtener los medios para iniciar un desarrollo sostenido. "Debieran cubrirse de ignominia los que creen que abrir el comercio con los ingleses en estas circunstancias es un mal para la Nación y para la provincia: pero cuando concedamos esta calidad al indicado arbitrio; debe reconocérsele como un mal necesario, que siendo imposible evitar, se dirige por lo menos al bien general, procurando sacar provecho de él, haciéndolo servir a la seguridad del Estado".

Moreno condicionó la política al beneficio del Estado, lo que contradice esencialmente el pensamiento liberal que tiende a reducir al mínimo la participación estatal; para él como para otros patriotas, la apertura del puerto en las condiciones en que se lo hizo, era la única oportunidad del fisco de recaudar fondos que le eran imprescindibles.

Fortalecer las finanzas públicas, incentivar las exportaciones de productos nacionales y erradicar el contrabando eran los pilares sobre los que se asentaba la Representación de los Hacendados: "Desde que apareció en nuestras playas la expedición  inglesa de 1806, el Río de la Plata no se ha perdido de vista en las especulaciones de los comerciantes de aquella nación; una continuada serie de expediciones se han sucedido; ellas han provisto casi enteramente el consumo del país; y su ingente importación practicada contra las leyes y reiteradas prohibiciones, no ha tenido otras trabas que las precisas para privar al erario del ingreso de sus respectivos derechos, y al país del fomento que habrían recibido con la exportación de libre retorno".

Al asumir la defensa de los labradores y hacendados remarcaba las dificultades propias de la falta de relación con España por la invasión que esta sufría, lo que limitaba las posibilidades de comerciar con la península. A la vez remarcaba con acierto que España no había podido abastecer América, ni esta estaba en condiciones de producir todos los productos que necesitaba.

Enfrentaba la imagen empobrecida de los labradores a la de los florecientes comerciantes: "Y el viajero a quién se instruyese que la verdadera riqueza de esta provincia consiste en los frutos que produce, se asombraría cuando buscando un labrador por su opulencia no encontrase sino hombres condenados a morir en la miseria".

Interrogaba a las autoridades: "Puesto el gobierno en la necesidad de una operación que deben perjudicar a uno de los dos gremios, ¿ debería aplicarse el sacrificio al miserable labrador que ha de hacer producir a la tierra nuestra subsistencia, o al comerciante poderoso que el gobierno y ciudadanos miran como sanguijuela del Estado?".

No puede llamar la atención que Manuel Moreno dijera en la biografía de su hermano, que conocida su posición sobre los comerciantes, estos no volvieran a pisar su estudio.

Según la opinión de Mariano Moreno, los comerciantes de Buenos Aires aparecían opuestos al interés nacional, pues todos sus razonamientos contrarios  a la apertura del puerto estaban vinculados a los beneficios  que les producían, paradójicamente, el control del monopolio y el contrabando del que participaban ante la vista distraída de los funcionarios responsables de ejercer el contralor.

Porque, Señor ¿ qué cosa ridícula puede presentarse que la vista de un comerciante que defiende a grandes voces la observancia de las leyes prohibitivas al comercio extranjero a la puerta de su tienda en que no se encuentra sino géneros ingleses de clandestina introducción?".

No resulta difícil imaginar el efecto que debe haber provocado el escrito en el ánimo de Cisneros, que motivó que no fuera publicado durante su gobierno y el ofrecimiento de alejar a Moreno de estas regiones. No era poca la audacia con que enfrentaba sin rodeos al sector con más poder, aún a riesgo de afectar su situación personal y profesional.

La cuestión se agravaba si se tiene en cuenta que el que hacía aseveraciones tan criticas era un criollo, que no dudaba en mostrar a los mercaderes como enemigos del interés nacional, ningún adjetivo quedó en el tintero en el momento de calificarlos "... y un corto número de comerciantes ha mirado el benéfico plan de V.E. con un encono que nada tienen igual sino el placer con que reciben la declaración de una guerra cuando sus almacenes se hallan provistos de efectos".

El cuestionamiento avanzaba hasta el punto de poner en la picota a los comerciantes monopolistas de Cádiz, alcanzando con sus críticas a todo el sistema en su conjunto.

Reconocía y elogiaba la decisión de integrar a las colonias al dominio español, perdiendo tal carácter, pero a la vez solicitaba el mismo derecho a comerciar que España: "Si Señor, la justicia pide en el día que gocemos un comercio igual al que los demás pueblos que forman la monarquía española que integramos". Vale decir, que lo que Moreno y sus representados solicitaban no era otra cosa que la equiparación al resto de las provincias españolas que ya comerciaban con Inglaterra por los comercios firmados unos pocos meses antes.

Toda su artillería fue disparada contra la intromisión de Agüero, representante del monopolio de Cádiz  y sus comerciantes:  "... no confirmó el Soberano a V.E. la alta dignidad de virrey de estas provincias para velar sobre la suerte de los comerciantes de Cádiz, sino sobre la nuestra, trabajan en la felicidad de aquellos los encargados de sus gobiernos, que la nuestra es obra del celo del jefe superior a quién está encomendada nuestra seguridad".

Y añadía más adelante: "Era un tirano monopolio el que los comerciantes de Cádiz habían usurpado para ejercer el comercio de América con exclusión de los demás puebles de España; trata el gobierno soberano distribuir a toda la Nación las ventajas de un comercio para el que no tenía Cádiz preferentes derechos...".

Moreno respondió a cada una de las propuestas efectuadas por Agüero, este proponía solicitar un empréstito para hacer frente a las urgencias del fisco. La contestación de Moreno fue brillante, mostrando el profundo sentido nacional de su política revolucionaria, no imitada por gobernantes posteriores. Según su opinión el empréstito era un "recurso miserable con que se consuman los males que se intentan remediar" y alertaba a Cisneros sobre lo peligroso que podía resultar caer en manos de los prestamistas, señalándole que se "contendrán difícilmente en los límites de una situación respetuosa " y "los alentarán injustas pretensiones". El posterior endeudamiento externo del país y el comportamiento voraz de os acreedores nos incitan a recordar y remarcar este pensamiento morenista.

La alianza entre los comerciantes de Buenos Aires y el apoderado de Cádiz, intentaba hacer pagar las dificultades económicas a los sectores de menores recursos, tradicional mecanismo de las oligarquías, imponiendo  mayores impuestos, creando nuevos y rebajando los sueldos del personal del estado, de las milicias y de los eclesiásticos, según era la pretensión de Agüero: "Contribuciones a un pueblo que gime en la miseria, y a quién repetidas calamidades han reducido a la imposibilidad de satisfacerlas, es el medio más aparente para anticipar la ruina que se desea precaver".

En lo relativo a la disminución de los salarios, decía "¿ No sería más propia de un mercader, que aparenta tanto celo por el bien general, ofrecer al gobierno una o las dos terceras partes de sus mercaderías?".

Agüero también proponía establecer la lotería como existía en México y Madrid, a lo cual el autor de la Representación se oponía y respondía con una humorada: "Si en una tertulia privada se hubiese hecho esta propuesta algún genio festivo hubiese hecho extender la propuesta a la habilitación de pulperías, cafés, canchas".

La defensa de Moreno no se limitaba a la de sus mandantes sino que se extendía a la de otros sectores afectados por los intereses comerciales del reducido grupo que en poco tiempo había amasado fortunas de consideración y que hacía primar el lucro personal al del conjunto de la sociedad. Este sector proponía como solución a los problemas económicos y financieros, lo que hoy llamaríamos un "ajuste", el cuál estaba dirigido sobre los grupos de menor poder económico y político, para no afectar el negocio de la burguesía comercial.

 Ubicada la obra dentro del contexto en que fue concebida, deben analizarse aquellos párrafos donde el autor elogiaba a los ingleses. Teniendo en cuenta que el enemigo principal de los patriotas era el absolutismo español y no los ingleses, no puede extrañar que se refiera en los términos que veremos a continuación. Sin embargo algunas aseveraciones  deben ser criticadas, pues los acontecimientos posteriores demostraron que eran erróneas. La burla que los comerciantes ingleses hicieron de las leyes con posterioridad a la resolución de abrir el puerto, provocaron entre los patriotas, una revisión en la posición sobre los ingleses.

"... ¿ será justo que presentada a nuestros puertos esa nación amiga y generosa, ofreciéndonos baratas mercaderías que necesitamos y la España no nos puede proveer, resistamos la propuesta, reservando su beneficio, para cuatro mercaderes atrevidos que lo usurpan por un giro clandestino?  ¿Será justo que rogándosenos por los frutos estancados que ya no puede el país soportar se decrete su ruina, jurando en ella la del erario y el de la sociedad? Los ilustrados comerciantes ingleses, que tan atentamente nos observan, fijarían en Europa un general concepto de nuestra barbarie, si aquellas reconvenciones no tuviesen otro resultado que el convencimiento de hombres impenitentes en sus errores; pero yo me lisonjeo que ellas servirán de freno a los descontentos, y decidirán la superioridad al plan benéfico que la necesidad y la conveniencia pública habían preparado".

Lejos estaba Inglaterra de ser una nación generosa, su historia de conquista y piratería así lo muestran. En el momento de sellar su alianza con España buscó el máximo de beneficio aprovechándose de las necesidades producidas por la invasión napoleónica.

Moreno se refirió elogiosamente a los ingleses en varios párrafos de la Representación:  "Nada es hoy tan provechoso para España que afirmar por todos los vínculos posibles la unión y alianza de la Inglaterra. Esta nación generosa que conteniendo de un golpe de furor de la guerra franqueó a nuestra metrópoli auxilios y socorros de que en la mistad de la Naciones no se encuentran ejemplos, es acreedora por los títulos más fuertes a que no se separe de nuestras especulaciones al bien de sus vasallos. No puede ser hay día buen español el que mire con pesar el comercio de la Gran Bretaña: recrudecen aquellos fatales momentos, en que desquiciada nuestra monarquía, no encontraba en sí misma recursos que anticipadamente había arruinado un astuto enemigo ¡ Con que ternura se recibieron entonces los generosos auxilios con que el genio inglés puso en movimiento esta gran máquina que parecía inerte y derrumbada! ¡Con cuanto júbilo se celebró su alianza, y se anunció la gran fuerza que se nos agregaba con la amistad y unión de nación tan poderosa!"

 En otra parte, reiteraba las alabanzas a los británicos: "Por lo que hace a los ingleses, nunca estará más segura las Américas que cuando comercien con ella, pues una nación sabia y comerciante, detesta las conquistas y no gira las empresas militares sino sobre los intereses de su comercio".

Sin duda los británicos manejaron a lo largo de su historia, la política condicionada a sus intereses comerciales e industriales, pero de ningún modo esto excluía las conquistas militares. Moreno suponía que la reciente alianza entre España e Inglaterra, excluía el peligro inminente de una aventura militar británica en las colonias españolas.

Otro aspecto criticable del escrito lo constituye el siguiente párrafo: "Que se prohíba toda ropa hecha, muebles, coches, etc: esta es otra traba tan irregular como las anteriores: Un país que empieza a prosperar no puede ser privado de los muebles exquisitos que lisonjean el buen gusto, que aumentan el consumo. Si nuestros artistas supiesen hacerlos tan buenos, deberían ser preferidos, aunque entonces el extranjero no podría sostener la concurrencia ¿ pero sería justo que se prive comprar un buen mueble sólo porque nuestros artistas no han querido contraerse a trabajarlo bien? ¿No es escandaloso que en Buenos Aires cueste veinte pesos un par de botas bien trabajadas?...".

Aquí Moreno comete un error que debe ser señalado, como lo es la imposibilidad de comparar los productos de dos industrias con distintos grados de desarrollo, sin una protección adecuada ninguna industria puede crecer, pues la competencia con otra de mayor poderío, la destruye irremediablemente, pues los precios siempre serán más baratos los de la industria con mayor adelanto tecnológico, es decir la del país poderoso.

No depende exclusivamente de la voluntad  o pericia del artesano para realizar mejores o perores productos, sino del estado de desarrollo económico. Esta es una de las razones por la cuál los países poderosos  e  imperialistas tratan por todos los medios impedir el desarrollo industrial de las naciones más débiles. Todas las naciones industriales fueron proteccionistas en sus inicios, para convertirse en liberales cuando alcanzaron un poder suficiente para salir a "competir" con las industrias en un estado de mayor atraso.

Hasta aquí hemos trascripto los párrafos que han servido para tildar al autor de la Representación, de liberal y anglófilo, sin embargo esto sólo es posible si se aparta el texto del momento particular que se estaba viviendo, y desconociendo el contenido de las propuestas que Moreno elevó al virrey.

No era liberal, ni mucho menos anglófilo, cada paso de Moreno estaba imbuido de un profundo sentido nacional, aún los elegios al  país colonialista como Inglaterra, estaban efectuados desde una óptica en la que los intereses  de ese país coincidían con los deseos de los patriotas revolucionarios, los que tenían muy en claro en dónde se ubicaban los enemigos de la causa emancipadora.

Para salir de la crisis financiera y económica, Moreno propuso los siguientes puntos:

1)      Admisión del comercio por dos años, reservando la continuación al juicio de la suprema junta.

2)   Que los negocios se realizaran solamente por medio de españoles, bajo derechos de comisión o de pactos libremente estipulados.

3)    Cualquier persona natural del Reino pudiera ser consignataria, libre elección de los medios para las ventas y posibilidad de remitir a las provincias las negociaciones.

4)   Que la introducción de efectos pagaran los mismos derechos que para los permisos que se habían introducido anteriormente.

5)  Que el introductor estuviera obligado a llevarse la mitad de los valores en frutos del país.

6)  Que los frutos del país, plata y demás que se exportaran, pagasen los mismos derechos que las extracciones en buques extranjeros por productos de negros.

7)  Que los lienzos ordinarios de algodón que pudieran debilitar el expendio de tucuyos de Cochabamba y demás fábricas de las provincias interiores, pagaran un 20% más de los derechos, para equilibrar de ese modo su concurrencia.

Las soluciones que planteaba se diferenciaban de lo que podía ser un proyecto liberal. En principio, el comercio exterior se mantenía en manos de españoles lo cuál constituía un elemento decisivo para no quedar atados a las pretensiones de los comerciantes ingleses. Pero iba mucho más allá al plantear que cualquier persona pudiera acceder al comercio, tratando de romper el monopolio del reducido grupo de mercaderes.

Asimismo, la apertura del puerto no era permanente sino por un período de dos años que podían ser renovables sólo con la autorización de España.

Sus propuestas además, intentaban imponer la obligación de llevar la mitad de lo introducido en productos del país, buscando fomentar las exportaciones.

A pesar del párrafo mencionado anteriormente, de las propuestas surge la preocupación por defender la producción del interior proponiendo cobrar derechos más altos para las importaciones que compitieran con los productos nativos.

En definitiva, las medidas tendían a debilitar los lazos con España y tenían por objetivo central, socavar el poder del sector minoritario que imponía sus dictados al resto de la sociedad colonial.

Moreno, más allá de los aspectos criticables aquí marcados, asumió en la Representación de los Hacendados, como a lo largo de su vida, la defensa encendida de los sectores populares, a la vez que se enfrentó a los privilegios que detentaban los españoles.          

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