El Forjista La Argentina, convertida en el Titanic de Macri |
La Argentina, los argentinos, estamos transitando una de nuestras horas más aciagas, de las muchas que nos tocó vivir en el devenir histórico. Está siendo el estado nacional, (la casa de todos), conducido por el referente máximo de la patria contratista, es decir, aquellas sanguijuelas que hicieron de su forma de vida, chupar al estado (usufructuando para sí el esfuerzo de las mayorías). Un perverso que desde la hora aciaga que abrió los ojos en este mundo, lo percibió desde una orilla que representa las antípodas de las inmensas mayorías. En general nacemos buenos y nos vamos pervirtiendo en distintos grados y formas. Pero los hay de nosotros buenos donde la maldad no germina. Y también los hay perversos absolutos, como el que nos gobierna. Nació, se crió y luego perfeccionó, en ámbitos donde lo “normal” consistía en transgredir toda norma que regulase la existencia en sociedad, aquellas que todos respetamos o intentamos respetar, o nos hacemos de respetar a la vista de los demás, pues consideramos que sin el apego a ellas la vida en comunidad sería un zoológico con las jaulas abiertas y la puerta cerrada. Por eso la razón de ser del Estado, es ser garantista de que todos tengan las mismas posibilidades y derechos, debe ser el gran nivelador de la vida en sociedad. Las personas solemos equivocarnos, a veces errar el camino, en algunas oportunidades proceder mal por conveniencia propia, pero en general, sabemos diferenciar lo que está bien de lo que está mal (en el ámbito de la conciencia, en el fuero interno, el del “ser”, según Emanuel Kant) y sabemos o presumimos saber que es diferente del “deber ser” (o sea lo que nos escapa y pasa a lo público, a nuestra relación con los otros, “lo normado”). Esto hace que esa persona, en el peor de los casos, pueda al menos como quién dispone de una brújula en medio del monte cerrado, retornar al camino correcto. Pero hay otros (como el que nos gobierna), que habita las antípodas, cuya brújula propia no tiene norte ni sur, sino una flecha que marca un YO. Que habita desde siempre un mundo de valores subvertidos donde el mayor placer consiste en vulnerar sistemáticamente lo que representa un algo valioso para el resto, donde el desafío consiste en sacar el mayor provecho posible del esfuerzo del conjunto (eso es la patria contratista, matriz de este perverso), y el disfrute tener al ser humano (único e irrepetible) sometido a su arbitrio de déspota, manejarlo, chocarlo, abismarlo, llevarlo, traerlo, desmantelarlo, precarizarlo, usarlo y luego arrojarlo a un vasto basurero. Hasta la babosa en su reptar deja un rastro de plata, este inmundo deja un rastro de horror y miseria. El dinero es su dios devaluado y los seres humanos soldaditos de plomo que acomoda y desacomoda, pone y despone y luego evapora de acuerdo a sus propios y siempre mezquinos intereses. Resume en sí la hipocresía y el cinismo, la desvergüenza. En suma, lo des virtuoso. Representa los contra valores. Por eso la gravedad del momento institucional de la república. Estamos en manos de un psicópata que nos hará todo el daño posible que le permitamos extrayendo de ello la máxima satisfacción. Sin un dejo de arrepentimiento, es un ser a-consciente. Y no se detendrá por motu propio, solo los diferentes actores sociales podrán intentar hacerlo, siempre con un altísimo costo social. Y no está solo, está rodeado de otros parecidos a él, como lo estuvieron Hitler, Mussolini, Franco, Stalin, Videla. Algunos como él también arribaron por los votos, caso Hitler. Y todos se derrumbaron y pasaron, pero dejando tras de sí el rastro del horror humano. Los perversos, los que tienen subvertidos los valores, no “parecen”, no “fingen” no se “equivocan”. Son el mal mismo, no en términos demoníacos, sino socialmente hablando. En un mundo distorsionado donde solo priva el interés personal, “lo social”, “el otro”, “los otros”, “nosotros”, todos, solo conformamos devaluadas piezas de un ajedrez siniestro al antojo de la enferma cabeza de un perverso. Algunos, el 49 %, lo detectamos y supimos casi desde siempre que ese “viaje de placer hacia la felicidad y la pobreza cero” ofrecido por el Pro era el viaje del Titanic. Otros, el 51 %, siguieron el canto de sirena y hoy se agolpan en la borda olfateando el incipiente naufragio. Algunos, a último momento, se les rasgó el encantamiento y la realidad se les presentó en cueros, sin maquillaje, y desesperados saltaron por la borda prefiriendo los tiburones al horror del barco. Otros muchos de ese 51%, cegados por el elixir del odio que cada facho retroalimenta, aguantarán y negaran en cuanto puedan, aún a costa de ellos mismos, y seguirán creyendo en el gran gurú distorsionador. Y mientras todo este drama se desarrolla a bordo, la inmensa mayoría de argentinos silenciosa y desesperada verá aumentar día tras día su precarización y desesperanza. El Pro y su frente maquiavélico, cambiemos, junto a los mismos radicales que traicionaron a Irigoyen, Illía, Alfonsín y que conformaron la trágica alianza que llevó a De La Rúa al poder, transformaron a la República Argentina en el Titanic. El derrotero del barco es de horror: desocupación, endeudamiento, precarización laboral, desmantelamiento del estado, liquidación del Anses, favorecimiento de las multinacionales, transferencia de recursos de los que menos tienen al capital concentrado entre otros maléficos destinos… Y mientras esto se consolida, los poderosos, en primera clase, bailan y beben ninguneando al resto. Y el capitán del Titanic, perverso e indiferente, en medio del caos, ordena a la orquesta que siga tocando…es decir, que sigan mintiendo, que sigan negando que el barco zozobra en alta mar…mientras con un ojo mira el único bote salvavidas que él cree, en su desmesura, llegará a ocupar cuando ya todo esté perdido… Quizá nunca haya leído ni nadie le haya contado que en un lugar de España se incubó Fuenteovejuna. Y que a todo chancho le llega su gancho.
Luis Foá Torres(P) |