El Forjista
El 9 de marzo de 1812 San Martín retornó a su Patria, la que había dejado con sus padres y sus cuatro hermanos, tres varones y una mujer, cuando todavía no había cumplido seis años.
Había regresado a los treinta y cuatro años acompañado por otros patriotas que tenían la firme voluntad de liberar a la América del Sur del dominio español.
El gobierno en Buenos Aires era ejercido por un Triunvirato que le reconoció el grado de teniente coronel y le encomendó la organización de un regimiento de granaderos a caballo, una de sus primeras acciones fue la creación de la Logia Lautaro conformada por los patriotas recién llegados y los partidarios del fallecido Mariano Moreno agrupados en la Sociedad Patriótica.
El nombre de la logia se debió a un cacique mapuche que en el siglo XVI combatió el dominio español.
Precisamente luego del desplazamiento de Moreno y su muerte en alta mar, la revolución perdió el rumbo, quienes gobernaban eran proclives al acuerdo con los realistas, privilegiando los intereses de los comerciantes de Buenos Aires y desinteresándose de la suerte del resto del territorio, el primer Triunvirato estaba bajo la influencia Bernardino Rivadavia que se caracterizaba por la carencia de un espíritu patriótico.
Cuando los patriotas se cansaron de las claudicaciones del Triunvirato y vieron con horror las ejecuciones de los adversarios del gobierno, decidieron tomar cartas en el asunto, 8 de octubre de 1812 San Martín condujo a sus granaderos a la Plaza de la Victoria movilización que fue acompañada por otras unidades militares y por civiles que se congregaron convocados por la Sociedad Patriótica.
Le realizaron una petición al Cabildo para que nombrara otro triunvirato conformado por hombres con más decisión de hacer frente a los realistas, el nuevo gobierno asumió en el medio de la euforia al conocerse el triunfo las tropas comandadas por Belgrano en la batalla de Tucumán.
Este segundo triunvirato le asignó a San Martín y sus granaderos la misión de proteger la banda occidental del río Paraná desde Zárate hasta Santa Fe y convocó a un congreso que pasó a la historia como la Asamblea del Año XIII.
Montevideo seguía en poder de los realistas que poseían una escuadra naval que realizaban incursiones en el litoral saqueando sus poblaciones y bombardeando Buenos Aires.
El 17 de enero de 1813 San Martín se enteró que una escuadrilla española venía navegando por el Paraná con 11 buques y 300 hombres, el 28 de enero estaban a la altura de San Nicolás y el 3 de febrero en San Lorenzo donde desembarcaron 250 hombres y dos cañones.
San Martín los estaba esperando, su táctica consistió en atacar los flancos del enemigo con dos escuadrones de 60 hombres cada uno, a pesar que los españoles también disparaban sus cañones desde los barcos, el avance de los granaderos no pudo ser detenido y puso en fuga a los realistas que se apresuraron a regresar a los barcos, dejando en el campo de batalla 40 muertos y se tomaron 14 prisioneros, la mayoría de ellos heridos.
Los patriotas sufrieron 6 muertos y 20 heridos, el joven teniente Manuel Díaz Velez fue tomado prisionero estando herido, luego fue canjeado por un prisionero enemigo, pero falleció producto de las heridas recibidas, otro de los fallecidos fue el capitán Bermudez que comandó una de las columnas, San Martín recibió una leve herida en la cara y un brazo dislocado.
Entre los muertos también se encuentran Juan Bautista Cabral y Justo Germán Bermúdez, ellos juntos a Juan Bautista Baigorria salvaron la vida de San Martín cuando su caballo cayó herido y quedó con una pierna atrapada, Cabral dijo esas palabras con las que se lo recuerda.
San Martín le escribió al Triunvirato para que atendiera la situación de las viudas y las familias de aquellos combatientes que cayeron en San Lorenzo, lo que muchas veces era olvidado por los gobernantes. La respuesta del Triunvirato fue favorable.
En esa carta San Martín decía: “No puedo prescindir de recomendar particularmente a V.E a la viuda del capitán Justo Bermúdez, que ha quedado desamparada con una criatura de pecho, como también a la familia del granadero Juan Bautista Cabral, natural de Corrientes que, atravesado con dos heridas, no se le oyeron otros ayes que los de “Viva la patria ¡muero contento por haber batido a los enemigos”; y efectivamente a las pocas horas falleció, repitiendo las mismas palabras”
Cuando la Asamblea aprobó el Himno Nacional una de las estrofas mencionaba las páginas de gloria de las armas nacionales entre las que se menciona a San Lorenzo, que no forma parte de aquellas estrofas que se entonan actualmente, allí decía:
San José, San Lorenzo, Suipacha,
ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la colonia y las mismas murallas
del tirano en la banda Oriental.
Son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó;
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.
Fuentes:
La voz del gran jefe- Felipe Pigna
San Martín vivo – José Luis Busaniche