El Forjista

El país que quieren los dueños

2025

Alejandro Bercovich

Participan: Cecilia Rikap, Lara Bersten, Juan Odisio, Gustavo García Zanotti, Augusto Tartufoli

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Hace poco en este sitio comentamos el excelente libro del periodista español Fonsi Loaiza “Oligarcas. Los dueños de España” y me lamenté que en la Argentina de los últimos años no existiera un libro que desnudara a la oligarquía nativa como lo hace ese libro.

Tenía la esperanza que este libro fuera el que estaba esperando, pero debo decir que, aunque hay aspectos interesantes en él, dista mucho de exponer con toda su crudeza el gran mal que significa la gran clase empresaria, principal responsable de las desgracias argentinas.

Llama profundamente la atención que se exponga sobre la clase dominante sin utilizar la palabra oligarquía, ya Fonzi Loaiza advertía que sólo se califica de oligarcas a aquellos magnates de países que están enfrentados con el imperio estadounidense, por ejemplo, los rusos o los chinos, en cambio a los poderosos de Estados Unidos o europeos se los intenta presentar como emprendedores llenos de creatividad, que se merecen la fortuna que amasan.

Otra cuestión que llama la atención en este libro donde Bercovich, autor de la introducción y un artículo, utiliza gran cantidad de referencias, en ellas aparezcan pocos argentinos, y ningún pensador nacional que fueron aquellos que se esforzaron por mostrar el carácter parasitario de la oligarquía, tal como lo hicieron Jauretche, Scalabrini Ortiz, Abelardo Ramos, Hernández Arregui y otros.

No es una cuestión semántica, el término oligarca es el que mejor define a un empresariado que necesita de la pobreza generalizada del pueblo para incrementar sus ganancias ilimitadamente, mostrando su carácter parasitario, explotador y antinacional.

Otras cuestiones que quedan en evidencia es que no se hace mención a aquellos que a lo largo de la historia se enfrentaron a esa oligarquía, ya sean los caudillos federales en el siglo XIX, Perón en el XX y Cristina en el XXI.

No es verdad que no haya habido dirigentes políticos dispuestos a enfrentar a esta oligarquía como dice Bercovich,  parece desconocer que Perón estuvo exiliado y proscripto y que Cristina está actualmente con prisión producto de una mafia judicial macrista como lo sigue estando Milagro Sala, y la que debió soportar Amado Boudou precisamente por animarse a recuperar las jubilaciones para el pueblo quitándole un fabuloso negocio  a las AFJP.

Con estos deliberados silencios, Bercovich nos muestra que el antiperonismo no es exclusivo de la derecha.

Este libro también queda en deuda, porque salvo una mención a las empresas tecnológicas y su costumbre de proceder a despidos masivos, no muestra el carácter explotador de estos empresarios, en la explotación cotidiana y el maltrato que padecen quienes trabajan en esas empresas.

Sin embargo, hay algunas cuestiones para rescatar de este libro que procedemos a mencionar.

 

Alegría oligárquica

Bercovich muestra la euforia del empresariado con el gobierno de Milei, ya sea de Techint, La Asociación Empresaria Argentina, la Sociedad Rural o La Cámara Argentina de la Construcción una de las principales afectadas por la suspensión de toda la obra pública, y también expone como el gobierno fue loteado y muchas de esas empresas han logrado colocar a varios funcionarios en el gobierno.

También muestra el intento de la batalla cultural libertaria de presentar como héroes a tipos como Blaquier implicado a hechos de lesa humanidad durante la dictadura o a quienes evaden a pesar de sus monumentales fortunas.

Galperín explotando a pequeños comerciantes, o Belocopitt aumentando las prepagas a niveles astronómicos, o que nadie identifique como casta a José Luis Manzano, que pasó de diputado en el menemismo a ser uno de los empresarios más poderosos, y todo sin que el ciudadano común los vea como los corsarios que son. porque desde el gobierno y los medios son presentados como sacrificados emprendedores.

Por supuesto uno de los más beneficiados fue el empleador de Milei, Eduardo Eurnekian que también logró ubicar a varios de sus empleados en el Estado para beneficio de su empresa.

Hay un hecho que merecería más profundización, cuando nos cuenta la complicidad de la Unión Industrial Argentina con el gobierno desindustrializador de Milei, nos dice que los miembros directivos tienen más hectáreas de campos que la cúpula de la Sociedad Rural, situación que sirve para explicar porque la actual clase dominante tiene las mismas ideas retrógradas y antinacionales que la vieja oligarquía terrateniente.

Además si Bercovich no fuera tan antiperonista recordaría que Perón dijo que la Unión Industrial Argentina, no es industrial. ni argentina, lo que también explica su comportamiento actual.

 

Oligarquía off-shore

Muy interesante resulta el artículo de Gustavo García Zanotti, que muestra que una de las principales actividades de nuestra clase dominante a la que preferimos llamar oligarquía, no es producir, mucho menos mejorar la situación de sus trabajadores, sino fugar, y en sus ratos libres seguir fugando.

Su capítulo comienza señalando esa enorme estafa a los bancos nacionales y productores rurales, y a los argentinos en general consumado por los dueños de Vicentín, empresa que el pusilánime de Alberto Fernández no se animó a expropiar, porque en Avellaneda, Santa Fe decían que “todos somos Vicentín”.

Así explica el autor la maniobra que realizan todos los grandes empresarios argentinos: “A través de filiales ubicadas en guaridas fiscales, las grandes empresas y empresarios desarrollan el denominado abuso fiscal, lo que reduce significativamente los recursos tributarios que los Estados logran recaudar, achicando el espacio fiscal para desarrollar políticas”

Las distintas filtraciones como los Panamá Papers, con Macri como protagonista, las denuncias de Hernán Arbizu ex miembro del JP Morgan, y las denuncias contra el HSBC han mostrado que casi todos los grandes empresarios mantienen gran parte de sus fortunas en paraísos fiscales, la mayoría sin declarar, y sin que la corrupta justicia argentina actúe contra ya que el Poder Judicial forma parte de esa oligarquía rapaz y antinacional.

Casi todas las grandes empresas argentinas beneficiadas por políticas protectoras de gobiernos nacionales y populares, se radicaron en paraísos fiscales a los efectos de pagar menos impuestos perjudicando al país que les permitió engrandecerse y enriquecerse.

Es más, hasta algunos empresarios multimillonarios en dólares optaron por radicarse en el extranjero, como por ejemplo Galperín, regresando cuando ganaba un partido de derecha y volviéndose a ir cuando asumía un gobierno nacional y popular, vale aclarar que Galperín se benefició siempre independientemente del color del partido en el gobierno.

 

Cerebros conectados al algoritmo

Cecilia Rikap nos dice que en Argentina pasamos en promedio nueve horas conectadados a internet y que aquellos mensajes de ultraderecha son los que logran mayor repercusión, ya sea para aprobarlos o para rechazarlos.

Los algoritmos veían en Milei una mina para explorar ya que tenía gran impacto, claro que con el tiempo cuando Elon Musk compró Twitter y cuando las demás redes sociales se doblegaron ante Trump, el algoritmo dejó de ser un simple programa “impoluto” que sólo buscaba que los vieran muchas personas para devenir en Majules o Viales, es decir en operadores de la ultraderecha.

Lo que nos dice Rikap es que a pesar que se muestra a los empresarios creadores de Mercado Libre, Ualá, Globant o Despegar como geniales emprendedores, no han hecho otra cosa que copiar modelos del exterior y adaptarlos a la región, y en general han contado con apoyo financiero importante para iniciar su proyecto, la idea de un emprendimiento nacido en un garage sin recursos no aplica a estos negocios.

Por eso debe tenerse en cuenta lo que nos dice la autora cuando nos quieren mostrar a estos empresarios como genios a los cuales deberíamos rendir homenaje como hace Milei: “Pongamos al menos en duda que una empresa suya principal ventaja es haber primeriado en el mercado a partir de copiar de afuera un negocio exitoso, como Despegar o Ualá, nos hable de la capacidad creativa de sus fundadores”.

Estos “emprendedores” se han valido de la obra calificada nacional y los bajos salarios, apropiación inconsulta de los datos de los usuarios, evasión impositiva y adaptación de tecnologías de los gigantes del extranjero para hacer fortunas que muy poco derrama a la sociedad argentina.

Para finalizar con este capítulo digamos que estas empresas no dudan en despedir masivamente cuando las ganancias exorbitantes que consiguen aflojan un poco, mostrando que las empresas tecnológicas modernas no son distintas en el mal trato de sus empleados a las de las viejas industrias.

 

La Argentina que quisieron los dueños

En el artículo de Juan Odisio también se utilizan varios términos para definir a los grandes empresarios argentinos y también se gambetea la palabra oligarcas, lo que parece ser una línea editorial de la que no se apartan ninguno de los autores.

Este artículo muestra con certeza la defensa del individualismo a ultranza de estos magnates, sus constantes intentos por mostrarse como producto de la justicia meritocrática, aunque muchos de ellos, casi todos, son miembros de familias adineradas que heredaron fortunas, a pesar de lo cual insisten en que la plata la hicieron “trabajando”.

Odisio nos cuenta una historia económica donde sólo están presentes la clase dominante y los gobernantes, el pueblo está ausente, sólo aparece en la masacre consumada por la oligarquía en la Semana Trágica, también abunda en diferencias secundarias en la clase dirigente, pero están ausentes los caudillos federales, el yrigoyenismo y el peronismo, únicas fuerzas que opusieron resistencia al dominio de esta clase social.

Si hay en este artículo una detallada descripción de la historia de la familia Benegas Lynch, uno de los cuales Milei considera su sacrosanto maestro, padre del diputado Bertie Benegas Lynch que conforma la comparsa de la Libertad Avanza en el Congreso.

 

Vaca Muerta

El artículo de Lara Bersten  tiene el gran mérito de reivindicar la nacionalización de YPF, medida trascendental adoptada en la presidencia de Cristina, medida que la derecha repudia y sin embargo espera el maná del cielo que caerá sobre nuestro país por Vaca Muerta, como si la dos cosas, estatización y Vaca Muerta no estuvieran relacionadas.

Esa relación la expone claramente la autora, también expresa la difícil situación por la que atravesaba YPF producto de los desmanejos y la desinversión de REPSOL, justificando la expropiación a favor del intereses nacional.

Lo extraño de este artículo es que Bersten no dice quién fue la ejecutora de la estatización de YPF, luego de señalar las dificultades de la empresa en manos de REPSOL, la autora dice: “En este contexto, el gobierno implementó un giro decisivo sobre el sector para revertir el declino de la producción y expandir los niveles de inversión, la sanción de la Ley 25.741 de Soberanía Hidrocarburífera que permitió al Estado nacional expropiar el 51% del capital accionario de YPF, perteneciente a Repsol”

Muy de acuerdo, pero no decir que fue el gobierno de Cristina Kirchner o el gobierno peronista, suena a cierto prejuicio bercovichista.

 

La Dolce Vita de los oligarcas

Augusto Tartufoli nos cuenta sobre las costumbres y la gran vida que se dan las familias privilegiadas de nuestro país, en lugares a los que nunca tendremos acceso la inmensa mayoría de los argentinos.

Además señala algo muy cierto que es la fascinación de muchos argentinos, que podrían  ser conceptuados como los Medio Pelo de Jauretche, por la vida de estos magnates, a los que en programas de chimentos en TV o en revistas especializadas se los presenta disfrutando de una vida que según ellos se merecen por la capacidad, sin importar si su fortuna fue heredada u obtenida por malas artes.

Igual existen algunos que prefieren ser anónimos no aparecer demasiado antes las cámaras y poder transitar el país sin ser reconocidos por sus compatriotas, Yabrán fue uno de esos, por eso las fotografías de Cabezas fueron consideradas como merecedoras de un castigo.

Estos ricos fanfarronean ante los de su clase social para ver quien la tiene más larga, es decir el yate más largo y lujoso.

Pero los más interesante de esta descripción es que sigue siendo la acumulación de tierras el rasgo distintivo de esta clase social que aunque su fortuna haya tenido un inicio en el comercio o en la industria, siempre disparan para el lado de la tierra como señores feudales, y a medida que la acumulan adoptan la mentalidad de la vieja oligarquía parasitaria terrateniente.

Nos dice Tartufoli: “Es hábito y costumbre que al new rich lo conminen a adquirir algunas hectáreas – 1000, para empezar a hablar- de nuestra generosa y extensa pampa. No necesariamente para hacerlas rendir sino para tenerlas. Puede que le haya pasado a un empresario de la salud que, obediente, todavía no comprende porqué gastó miles de dólares en tierra que no sabe ni para que sirven ni donde quedan, muy distinto de Julio Fraomeni, dueño de Galeno, que explota cerca de 40.000 hectáreas”

Son ellos los que terminan creyendo que son los dueños del país y por eso tienen la misión de imponernos su voluntad al resto, y tener un nivel de vida al que los demás mortales no tenemos derechos, son sólo ellos los que pueden marcar el rumbo del país, los demás a agachar la cabeza y aceptar nuestro destino impuesto.

Mientras las mayorías no lleguen a comprender esta realidad seguiremos siendo borregos con destino de matadero, al que ahora marchamos mansamente y sin necesidad que los militares nos lo impongan a la fuerza, ahora con las amenazas desde el Norte imperial basta para que obedezcamos tal como quiere el patrón.

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