El Forjista

Sólo les queda el odio

Leyendo un artículo de Atilio Borón me enteré que el escritor y periodista británico Gilbert Keith Chesterton dijo en época de la Primera Guerra Mundial que “los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga.”

Este pensamiento es perfectamente aplicable a la Argentina de hoy en día en un contexto donde predomina una prensa canalla que está integrada mayoritariamente por periodistas subsidiados con fondos del Estado con la finalidad de ocultar la realidad y mantener al público entretenido en shows montados por un Poder Judicial corrupto servil a las grandes corporaciones, con un mecanismo persecutorio hacia quienes intentan representar los intereses del pueblo argentino.

La marcha convocada por el oficialismo para pedir el allanamiento, desafuero, encarcelamiento, ejecución y posterior eliminación de los libros de historia de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner colocó a ese periodismo mercenario tratando de mostrar esa movilización como si se fuera un acto “espontáneo” e “independiente de los partidos políticos”.

Este nuevo intento de engaño se produce porque estamos ante un oficialismo vergonzante que no se puede reconocer como tal porque no puede rescatar una sola medida adoptada en beneficio del pueblo, precisamente por eso que lo único que mantiene unido a ese conglomerado decadente y aceleradamente minoritario es ese odio que tiene en la figura de la expresidenta su principal objetivo.

Se trata de un odio de clase lindante con el racismo al que le molesta de sobremanera el ascenso o la simple mejora de los sectores más desprotegidos, ese temor que durante el primer peronismo se expresaba en el temor a la “rebelión de la servidumbre” y que ahora tiene una de sus mayores muestras en el desprecio hacia todos aquellos que reciben alguna ayuda social y hacia todos los trabajadores sindicalizados.

Ese rechazo hacia los beneficios a los sectores populares se produce entre miembros de la clase media acomodada por contagio, a través los medios de comunicación les llega el mensaje de pánico que le produce a la oligarquía tener que renunciar a alguno de sus privilegios o simplemente tener que aminorar parte de sus inmensas ganancias, presas de esa temor se lo transmiten en forma de odio a las clases medias que también son privilegiadas y que se convierte por ese contagio en militantes del odio de clase.

Recientemente el diputado representante de la ultra derecha israelí y del PRO Waldo Wolf mostró todo su desprecio por las vidas argentinas al minimizar la tremenda desgracia ocurrida en la localidad de Moreno donde una explosión de gas terminó con la vice directora y el portero de una escuela.

Mientras una gerenta del gimnasio Megatlón expresó su alegría por la muerte de una figura ejemplar como lo fue la fundadora de las Abuelas de Plaza de Mayo, Chicha Mariana, agrupación que ha sido una expresión de lucha por la justicia pero sobre todo una inmensa muestra de amor reparador.

Como se preguntaba León Gieco en su canción “El ángel de la bicicleta”, nosotros también quisiéramos saber: ¿con qué libros se educaron estas bestias?

La escritora Naomí Klein dice con total acierto que no hay que subestimar el poder del odio, haciendo uso de ese odio llegaron al gobierno Macri y Trump, mientras la ultraderecha avanza en Europa.

Además, hay que tener en cuenta que el odio que impregna la oligarquía en los espíritus de ciertos sectores de clase media es eficaz porque apela a los peores sentimientos de los seres humanos: la envidia, el egoísmo, la avaricia y el individualismo.

Muchas veces cuando discutimos con personas con ideas de derecha, tenemos la sensación que no sólo estamos ante un adversario político también nos surge la impresión que estamos ante una mala persona capaz de cualquier engaño o preceder despreciable, por supuesto que no creemos que todos los derechistas sean malas personas pero cuando vemos a gente con la actitud de Wolf, la gerenta o algunos de los manifestantes de la marcha del odio, no tenemos ninguna duda sobre sus cualidades humanas.

Esto ocurre porque el gobierno de Macri no tiene otra cosa que mostrar que su desprecio por quienes se le oponen, no pueden mencionar el incesante incremento de la inflación por eso hablan de los cuadernos.

El macrismo no puede reivindicar los tarifazos impagables que se producen para garantizarles mayor ganancia a las empresas porque los subsidios se han mantenido, por eso hablan de las lágrimas de Oyarbide.

Para ocultar los despidos en el Estado y en las empresas privadas necesitan de los shows de Stornelli y Bonadío.

Para que no se hable de la inmensa deuda externa contraída desde diciembre de 2015 es que necesitan discutir los allanamientos a Cristina.

En definitiva como dijo un ministro citado por Pagni : “Si no hay pan que haya circo”, pero estos payasos cada vez pueden convencer a menos cantidad de gente porque no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo, lo pudieron hacer en el 2015 y en el 2017 pero en la actualidad sólo les queda ese odio para mostrar.

Estamos ante un gobierno terminado al país a uno de los mayores desastres de la historia, sólo le queda el recurso de perseguir a los opositores y de ser posible encarcelarlos, sólo falta que aparezca una oposición consolidada con un claro proyecto nacional y popular, para que de una vez por todas, concluya esta pesadilla neoliberal.

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