El Forjista

Sarmiento, el prócer de la oligarquía

 

Capítulo 18 – Disfrutando la revancha

 

El coronel rosista Santa Coloma fue tomado prisionero y Urquiza ordenó que fuera degollado, Sarmiento describió el hecho de la siguiente manera: “No abusaré de mi posición actual para afear este acto, de que gusté en ese momento, cuán irregular era, porque una satisfacción dada a la vindicta pública, castigando a uno de los famosos mazorqueros que habían espantado a la humanidad con refinamientos de barbarie inaudita”.

El 4 de febrero de 1852 concurrió a la mansión de Palermo que perteneciera a Rosas, tomó asiento frente al escritorio que había pertenecido al caudillo y le escribió una carta a sus amigos. Al día siguiente se enteró que Chilavert había sido fusilado y que la división federal al mando de Aquino había sido condenada a muerte en su totalidad.

Los soldados de Aquino fueron cazados, fusilados y colgados de los árboles, Mitre y Sarmiento fueron instigadores de esta matanza, el primero de ellos escribió en una carta: “Tenemos con Sarmiento la lista de los asesinos y hemos jurado que ni uno solo ha de quedar vivo”.

El 20 de febrero Urquiza ingresó a Buenos Aires, y en lo que puede considerarse un acto vergonzoso, también desfilaron los brasileros que participaron en la batalla, el 22 emitió una proclama donde evidenció su disgusto con los porteños que habían declarado la libertad sobre el uso del cintillo rojo, escribió ahí: “se empeñan en hacerse acreedores al renombre de salvajes unitarios” los que “con inaudita impavidez, reclaman la herencia de una revolución que no les pertenece, de una victoria en que no han tenido parte, de una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición y anárquica conducta”. Este documento no es muy conocido porque cuestiona a quienes impusieron la versión liberal de la historia.

Sarmiento se sintió aludido, por lo que regresó a Chile pero antes escribió que había acelerado la decisión a irse del país porque estaba decidido a “no subscribir a la insinuación amenazante de llevar el cintillo colorado, por repugnancia a mi convicción y desdecir de mis honorables antecedentes”.

Se decidió rápidamente a declararse enemigo del nuevo líder surgido luego de Caseros, de esa manera volvía a tomar partido por Buenos Aires en su repulsa por cualquier proyecto que proviniera del Interior, en su declaración afirmó: “¡Qué Dios ilumine a V.E. en la escabrosa senda en que se ha lanzado, pues es mi convicción profunda que se extravía en ella…” Se embarcó en un buque de la escuadra brasilera que regresaba a su país.

Varios amigos concurrieron al puerto a despedirlo, entre ellos se encontraba Mitre a quién le dijo proféticamente: “Será usted el primer presidente de la República, pero recuerde que me reservo la segunda presidencia”.

El 6 de marzo de 1852 llegó a Río de Janeiro entre sus compañeros de viaje se encontraba el general rosista, Lucio Mansilla, también Máximo Terrero que tiempo después se convirtió en el esposo de Manuelita Rosas.

Sarmiento, olvidando diferencia políticas, mantuvo animadas charlas con ellos, el hijo del general comentó que trató de convencer a Mansilla para que marchara con él a Chile para organizar un ejército que enfrentara a Urquiza, el general rechazó la propuesta.

En el Brasil se entrevistó con el Emperador, desde ahí envió cartas a sus amigos en Buenos Aires indicándoles que él y el general Paz eran las únicas opciones para enfrentar con éxito a Urquiza.

En Buenos Aires se realizaron elecciones el 11 de abril resultando elegido Vicente López y Planes, mientras tanto el sanjuanino se irrita porque se había delegado en Urquiza las Relaciones Exteriores y porque éste había permitido continuar en el poder a aquellos gobernadores que simpatizaron con Rosas, es decir no aceptaba ningún proyecto que promoviera la pacificación del país.

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