El Forjista

La Resistencia Peronista

Los cuestionamientos a Cooke

 

Luego de las elecciones, el eje de la lucha pasó al plano sindical, esto no significó que desapareciera la actividad violenta, aunque existió una tendencia hacia la reducción de esos actos. El 1° de septiembre de 1957 el diario La Prensa tituló. “Estallaron bombas en varios sitios de esta ciudad”. En los baños de los cines Metropolitan, Sarmiento y Luxor; en un subte de la línea B cuando salía de la estación Carlos Pellegrini, en vías del Ferrocarril Mitre entre las calles Cramer y Arredondo, interrumpiendo el servicio y en un subte al llegar a la estación Río de Janeiro. En ninguno de los casos se informaron sobre víctimas.

A pesar de la proscripción de un gran número de dirigentes gremiales que habían participado en el gobierno peronista, la normalización sindical se realizó con el evidente triunfo de una nueva generación de sindicalistas peronistas, aún cuando los dirigentes autodenominados democráticos, lograron con la ayuda oficial, controlar algunos gremios. Confiando en el triunfo de estos últimos fue convocado el Congreso Normalizador de la C. G. T. donde quedaron explicitadas las profundas diferencias entre ambos sectores.

El Congreso se rompió y ante la notoria mayoría peronista, el gobierno no reanudó las deliberaciones. Surgieron las 62 Organizaciones, las cuales el 27 de septiembre convocaron a un paro de actividades, respondiendo el gobierno con la detención de los principales dirigentes.

Justificándose en un paro de telefónicos y telegrafistas, el gobierno decretó el Estado de Sitio por 30 días, en Capital Federal y Buenos Aires, en la reunión en la cuál se definió la medida participaron el Ministro Alconada Aramburú, el subsecretario García Puente y el jefe de la Casa Militar, Capitán de Fragata Francisco Manrique.

Según la cifras oficiales los detenidos por el Estado de Sitio ascendieron a 150 personas que fueron alojadas en los buques Paris y Washington. Entre los detenidos figuraban varios integrantes de las 62 Organizaciones, como Armando Cabo y Abdala Baluch de la UOM, Hector Rivas y Carlos Vasquez de la Alimentación, Amado Olmos de Sanidad, Imizcoz de Bancarios. El paro de los telefónicos y telegrafistas continuó a pesar de las persecuciones, los trabajadores no aceptaban una decisión de gobierno que pretendía incrementar la jornada laboral.

El presidente de la Nación explicó que el Estado de Sitio no era una medida contra los trabajadores, a pesar de la larga lista de gremialistas que dieron con sus huesos en los buques-prisión. Decía Aramburu: “Es en cambio para aquellos que quieren subvertir el país, para los agitadores y los embanderados en cuestiones políticas inconfesables”. (60)

Mientras el Poder Ejecutivo denunciaba actos de sabotaje en teléfonos de la Capital Federal, las 62 Organizaciones convocaron a un nuevo paro de 48 horas para los días 22 y 23 de octubre. La respuesta fue la intervención de varios sindicatos, entre ellos la Asociación de Trabajadores del Estado. Los representantes gremiales presentaron un petitorio a Aramburu con sus reclamos, los cuales eran la libertad de los presos gremiales, un aumento general de emergencia, la instauración del salario mínimo vital y móvil, la continuación del Congreso de la C. G. T., la derogación de los decretos contra los Convenios Colectivos de Trabajo y la reglamentación del Derecho de Huelga, y el levantamiento del Estado de Sitio.

El día anterior al comienzo del paro se efectuó una concentración oficialista en la Plazo de Mayo donde se canto la Marcha de Libertad, se vivó a Aramburu y Rojas y se coreó la consigna “Trabajo si, Huelga no”.

Al dar comienzo noviembre del 57 se levantó el Estado de Sitio, recuperando la libertad, entre otros, Atilio Antelo, Luis Araujo, Abdala Baluch, Armando Cabo y Amado Olmos. No obstante los comunicados del gobierno, los familiares de los detenidos denunciaron que sólo 25 personas sobre un total de 148 recuperaron la libertad.

Al finalizar noviembre, a unos pocos meses de las elecciones presidenciales, el Poder Ejecutivo indultó a 91 ex-legisladores peronistas que habían sido acusados “de traición a la patria”. Entre los liberados figuraban Juana Larrauri, Fernando Riera, Oscar Albrieu, Delia Parodi, Eloy Camus, Alejandro Leloir, Jose Gobelo, y Alberto Rocamora.

Aquél mes también fue testigo del Plenario Nacional de Delegaciones Regionales de la C. G. T. y las 62 Organizaciones efectuado en la localidad serrana de La Falda. El mismo adoptó un programa revolucionario que marcó indeleblemente un hito del sindicalismo peronista.

El documento emitido por el Congreso comenzaba diciendo: “El golpe del 16 de septiembre de 1955 encontró inmediata respuesta de la clase trabajadora: movilizaciones de las bases, asambleas en fábricas, huelga y sabotajes serán una constante contra el atropello impuesto por los ‘libertadores’ que intervinieron a la C. G. T., asaltaron con comandos civiles a los sindicatos, inhabilitaron a miles de dirigentes en su mayoría peronistas, e hicieron de las cárceles el destino de muchos de ellos... Todo ello lo realiza la dictadura de Aramburu para llevar adelante el Plan Prebisch, favorable a la oligarquía y los monopolios. Así se liquidó el IAPI, las empresas estatales de DINIE, se prohibió el símbolo y el propio nombre de Perón o Peronismo, se derogó por decreto la Constitución de 1949 buscando retrotraer el país a la época de la Década Infame”. (61)

Un mes antes, Perón había redactado la “Carta a los compañeros peronistas” que convocaba a mantener la línea intransigente y a desalentar cualquier intento neoperonista. Decía la Carta:” Nuestro movimiento no puede ser destruido por la fuerza o el fraude, si mantiene la resistencia insurreccional y extiende e intensifica su organización. En la lucha de voluntades triunfa quién es capaz de mantener su voluntad firme y decidida hasta el fin”.

“La conducta de absoluta intransigencia es la única compatible con la misión que nos hemos impuesto y los objetivos de nuestra causa, quienes con cualquier argumento pretenden apartarnos de ella, son traidores solapados al servicio de la tiranía. No menos traidores son los dirigentes que, en estos momentos, buscan dividir nuestras fuerzas mediante la formulación de partidos neoperonistas. Quienes trabajan para atarnos al carro de nuestros enemigos políticos, insidiosamente simulan una oposición a la Dictadura”.

También en Perón se evidenciaba el traspaso al plano sindical, del eje de la lucha, y el claro resurgimiento de la combatividad de estos sectores: “La acción gremial debe continuar su eficaz accionar de perturbación y preparar la paralización total. La acción insurreccional debe cooperar con las fuerzas gremiales, organizar la revuelta y estar listas con decisión y heroísmo. Todo llegará a su hora. El patriotismo del Pueblo trabaja incansablemente para lograrlo. El año 1957 debe ser la tumba de los tiranos”. (62)

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