El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 69 - Su vigencia

Los Movimientos Nacionales de nuestro país no pudieron resolver una gran paradoja, que tal vez por serlo no tiene solución o al menos, no tiene una solución sencilla.

Esa paradoja consiste en que, mientras estos Movimientos de masas intentan guardar ciertas reglas sus enemigos no tienen miramientos y están predispuestos a incendiar un país con tal de reconquistar el poder.

Perón se negó a matar argentinos, no así sus enemigos que no tuvieron pruritos de ningún tipo para bombardear la Plaza de Mayo, colocar bombas en lugares públicos o fusilar a sus camaradas de armas en 1956.

Los Movimientos Nacionales de la Argentina han tratado de establecer una relación lo más coherente posible entre los medios y los fines, tal vez si Perón se hubiese atrevido a matar a quienes se sublevaban contra su gobierno, no hubiese sido derrocado en 1955, pero de haberlo realizado posiblemente su lugar en la historia sería muy distinto, hoy su figura recibe el reconocimiento de millones de argentinos que aún se reconocen orgullosamente peronistas.

Cientos de calles, Unidades Básicas, agrupaciones llevan su nombre por todo el país, en tanto que el nombre de sus enemigos ha pasado al olvido, quedando apenas en las páginas de los libros de historia.

Perón cultivó como nadie el arte de convencer, esa fue una de sus mayores virtudes, aún más extraña por tratarse de un militar, profesión vertical que apela a las órdenes sin recurrir a mayores explicaciones.

Precisamente queremos concluir este trabajo citando al historiador norteamericano Joseph Page que realizó una biografía tendiente a mostrar una visión negativa del líder argentino, pero que en un agregado ubicado al final de su libro quince años después emite una serie de opiniones que puede considerarse una de las mayores reivindicaciones escritas sobre la figura de Perón, que merece ser resaltada por alguien que no ha mostrado ninguna simpatía por él.

Pareciera como si aún después de muerto siguiera convenciendo voluntades, incluso algunas que no le fueron cordiales en el pasado.

El final del libro, Page resumía muchas de las descalificaciones enunciadas largamente en su biografía: “Hay muchos elementos desagradables en la personalidad de Perón: su cinismo, el total desprecio por la verdad, la falta de principios, el egoísmo, la irresponsabilidad. Su inclinación a avalar la violencia, su costumbre de deformar la verdad hasta el punto de hacerla irreconocible y su rechazo de la responsabilidad por sus propias acciones sentaron precedentes funestos que los gobernantes militares que sucedieron a Isabel tomaron como ejemplo y duplicaron con trágicas consecuencias” (1)

Es una descomunal infamia atribuir alguna característica similar de la salvaje dictadura iniciada en 1976 con las acciones desplegadas durante el peronismo, los militares que derrocaron a Isabel no tenían nada en común con Perón, por el contrario, luego de dos décadas de depuración de elementos nacionales, la ideología de esos militares estaba infectada por la teoría de la Seguridad Nacional que convertía a los luchadores populares en los enemigos de la Nación a la vez que planteaba la subordinación absoluta a los Estados Unidos.

Cada una de las palabras en el párrafo de Page consiste en una burda difamación, una de ellas sobre la que más insisten sus detractores es la falta de principios, precisamente cuando a lo largo de su trayectoria demostró exactamente lo contrario, no sólo porque en su pensamiento estaba el siguiente concepto: “Así como no nace el hombre que escape a su destino, no debería nacer el que no tenga una causa noble para servir, porque ésa es la única forma en que se justifica una existencia”.(2)

También mostró la importancia de sus convicciones en cada uno de sus actos, de haber capitulado su vida seguramente hubiese sido mucho más sencilla y no hubiese padecido de persecuciones, de haber aceptado los acuerdos que le propusieron Braden o Lanusse, seguramente la oligarquía lo hubiese aceptado, pero el pueblo que ahora lo admira lo hubiese visto con otros ojos.

No había desconocimiento en Page, más bien un intento deliberado de descalificar a Perón y su Movimiento, no obstante, le reconocía algunas virtudes, aunque luego de la anterior descalificación todo lo demás pasaba a un segundo plano.

Page reconocía: “A su favor cuenta con el haber legitimado las aspiraciones de millones de argentinos que con anterioridad habían estado excluidos de la vida cívica. Le dio a la clase obrera una conciencia de su propio valor y un sentido de cohesión; a los pobres les hizo llegar el beneficio de la asistencia social y permitió que las mujeres percibieran en los roles que él asignó a su segunda y tercera esposas nuevas posibilidades de realización personal. En este último ítem, se alejó visiblemente del enraizado machismo de sus compatriotas”.(3)

Y también elogiaba su lucha por la Unidad de América Latina, y lo reconocía como pacifista aunque agregaba que en ciertas oportunidades utilizaba una retórica violenta.

Pero 15 años después, Page borra con el codo lo que escribió con la mano, y realiza una reivindicación de Perón que antes no sólo había escamoteado, sino que había tenido un sentido absolutamente contrario a lo que ahora sostenía.

Veamos algunas de las opiniones que 15 años después señalaba Page: “La preocupación por el bienestar de los menos afortunados había sido siempre la característica del peronismo predicado por Eva Perón y su marido había terminado siendo identificado con tal prioridad”.(4)

Además debe de reconocer que las calumnias sobre el supuesto enriquecimiento de Perón en el gobierno se derrumbaron con el tiempo: “El paso del tiempo ha sido benevolente respecto a la honestidad de Perón: las informaciones que se han hecho públicas sobre cuentas bancarias existentes en bancos de Suiza que tendrían fondos vinculados a la Alemania nazi hasta ahora no lo han implicado en enriquecimiento ilícito, a pesar de la persistencia de rumores de que tanto él como Evita habrían recibido dineros provenientes del tercer Reich”. (5)

Sorprendentemente Page, después de repetir hasta el cansancio que Perón no tenía convicciones nos dice ahora que la doctrina de Perón podía ser una opción valedera como salida a las recetas que el capitalismo salvaje propone en el mundo, “Los dictados del peronismo tradicional especifican claramente que el progreso no debe, ni puede, ser medido en términos de producto bruto nacional solamente, porque una sociedad en la cual las riquezas quedan concentradas en las manos de unos pocos, mientras la mayoría de la población ve que un estándar de  vida disminuye, no es una sociedad sana. Tal sociedad, inevitablemente, sufrirá de calamidades tales como el aumento de la delincuencia y un deterioro en la calidad de vida – los precios que hay que pagar a cambio de un capitalismo salvaje”. (6)

Entonces el monstruo tan peligroso que presentaba el historiador yanqui parecía asumir otra fisonomía, y pasaba a ser una esperanza para todos aquellos que buscaban una alternativa al pensamiento único que impone el neoliberalismo y entonces el peronismo según Page podía ofrecer un punto de partida para la creación de una economía que alentara la producción y que impidiera la injusta transferencia de ingresos de los pobres hacia los ricos.

Y quién se dedicó a calumniar en cientos de hojas concluía señalando que “En ese contexto, un peronismo remodelado puede convertirse en la conciencia del país y en el medio para alcanzar la justicia social para todos los argentinos. Esto, entonces, a largo plazo, podría ser un legado de inestimable valor que estaría asociado al nombre de Juan Domingo Perón”.(7)

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(1) Joseph Page. Perón. Una biografía. Editorial Sudamericana. Edición en e-book pag. 691 y 692

(2) Juan D. Perón. Conducción Política. Pag. 280

(3) Joseph Page. Pag. 692

(4) Idem Pag. 696

(5) Idem Pag. 700

(6) Idem Pag. 701 y 702

(7) Idem Pag. 702

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