El Forjista

Juan Domingo Perón

Capítulo 17 - Las nacionalizaciones

Por el inicio de las sesiones ordinarias en el Congreso, el 26 de junio de 1946, Perón expuso su pensamiento relacionado con el proyecto económico: “El Estado debe controlar los fundamentos de la economía nacional, quedando  a la iniciativa privada, a veces en colaboración o forma mixta con el Estado, o exclusivamente por su cuenta, el desarrollo de la producción y la manufactura de los artículos…Tradicional y dogmáticamente, nuestra política económica descansó en la convicción de que el Estado debía rehuir toda participación en el ejercicio de actividades industriales. La experiencia ha demostrado, sin embargo, la imposibilidad que las economías jóvenes y vigorosas, como la nuestra, aguarden pacientemente a que la iniciativa privada alcance la debida madurez o que, sin adoptar adecuados resguardos, se le confíen actividades o riquezas vinculadas a soberanos intereses”. (1)

Con la convicción que existía una economía que estaba en manos extranjeras y que era imprescindible restituirla para que comenzara a dar dividendos en beneficio de los argentinos, Perón continúa con las nacionalizaciones algunas de las cuales las realizara Farrell por sugerencia suya, la primera fue la Unión Telefónica que correspondía a una filial de la empresa norteamericana ITT con una larga historia de intromisiones en la política latinoamericana.

Félix Luna cuestiona el precio pagado y elogia el discurso de Frondizi que adujo sobreprecios, aquí están los que según el historiador radical coincidían con la política económica del peronismo, cada vez que se intentaba llevar a cabo una medida para recuperar el patrimonio, la oposición se oponía y ponía el grito en el cielo.

Una medida trascendental que tantas veces había reclamado Scalabrini Ortiz era la necesidad de recuperar los ferrocarriles, la construcción de las líneas férreas en Argentina habían sido diseñadas por el capital extranjero fundamentalmente inglés con la finalidad de asegurarse que Argentina fuera una semicolonia a la que le pudiera comprar sus productos agropecuarios y venderles los productos de su desarrollada industria, provocando la destrucción de las artesanías y la pequeña industria del interior del país.

Los ferrocarriles en manos de británicos y franceses eran una herramienta de dominación, su nacionalización la convertían en un instrumento de liberación, sin embargo, la oposición también buscó por todas las formas oponerse y luego de realizada negándole la importancia que tenía para la conquista de nuestra soberanía.

Félix Luna reconoce que nacionalizar los ferrocarriles era una necesidad histórica sin embargo en todo momento busca negarle la importancia al señalar que los ingleses querían sacársela de encima, según este historiador los ferrocarriles se convirtieron en un cáncer de las finanzas públicas y una muestra de ineficiencia.

Luna repetirá el argumento que utilizaron los liberales para destruir los ferrocarriles argentinos, las empresas estatales no deben evaluarse como un mero gasto, sino que debe considerarse su función social, el ferrocarril constituía un medio muy económico para los sectores más humildes de la sociedad, pero para los liberales y algunos radicales, el factor social no jugaba ningún papel.

El 13 de febrero de 1947 se firmó un acta de entendimiento de compra por 150 millones de libras, el acuerdo sería pagado por Argentina con sus exportaciones de dos años, y se recurrió a 40 millones de libras bloqueadas en Londres.

La oposición centró sus críticas a la nacionalización de los ferrocarriles en el precio pagado y el deterioro de los trenes e instalaciones, pero Scalabrini Ortiz había hecho hincapié en la importancia que tenían los ferrocarriles para el desarrollo nacional cuando dijo: “Adquirir los ferrocarriles era adquirir soberanía”, los liberales en cambio sostenían que los ferrocarriles daban pérdida y que había que dejarlos en manos privadas, pero lo que no dicen es que no dan ganancia en ninguna parte y que cuando son privados están subsidiados y se les garantiza a las empresas una ganancia con fondos del Estado y los usuarios.

Pero a pesar de los intentos opositores para denigrar esta recuperación nacional muchos fueron los argentinos que se emocionaron cuando vieron izar la Bandera Argentina en el hall de la Estación Retiro, fue el 1° de marzo de 1948 en una ceremonia a la que no pudo concurrir Perón porque fue internado de urgencia por una apendicitis, habló en la oportunidad el ministro de Obras Públicas, el general Pistarini.

Pero ni siquiera Luna se animó a cuestionar la nacionalización de la empresa de Gas para conformar Gas del Estado, porque además el gobierno realizó una obra monumental con un gasoducto que unió Comodoro Rivadavia con la ciudad de Buenos Aires, desarrollando el gasoducto más largo del mundo hasta ese momento.

Pero la labor por recuperar la Nación no tenía descanso, el gobierno conformó Aerolíneas Argentinas a partir de cuatro empresas de capitales mixtos.

También se construyó el Aeropuerto Internacional de Ezeiza que lleva el nombre de uno de los ministros de Perón.

Se impulsó la Flota Mercante del Estado que había comenzado en la presidencia de Castillo, pero que una vez finalizada la guerra se desprendió de varios barcos, para que durante el gobierno peronista adoptara un impulso formidable. Se compraron varios barcos, pasando de 90.000 toneladas en 1946 a 205.000 en 1951, además el país pasó a convertirse en constructor de barcos mediante el importante astillero de Dodero y la participación directa del Estado.

Pero además el gobierno adoptó una decisión trascendental, en los convenios comerciales firmados con otros países se incluía una cláusula para que el flete se realizara con barcos del país.

En 1949, el Estado decide comprar la empresa de Dodero que significaba la adquisición de nada menos que 380 barcos, pero Luna cuestiona esta operación por la amistad entre el empresario y Perón, como era su costumbre deja flotando la duda sin pruebas de un negociado, lo cierto fue que el Estado incrementó su flota y tuvo la capacidad de construir más embarcaciones.

En 1947 se creó Agua y Energía Eléctrica institución que se hizo cargo de las obras de riego y las usinas eléctricas, centralizando aquellas que habían sido objeto de expropiaciones anteriores, en poco tiempo se puso en funcionamiento la central de Dean Funes. Y se tendió una línea de transmisión desde Río negro hasta la ciudad capital de la provincia de Córdoba.

En nueve años se multiplicó por siete la producción de energía eléctrica con la realización de gran cantidad de obras, un hito fue la designación del ingeniero Juan Eugenio Maggi que fue el impulsor de estas obras hidroeléctricas. La prioridad fue concluir las obras iniciadas desde 1943 como los diques Escaba en Tucumán y El Nihuil en Mendoza, se terminó el dique los Quiroga en Santiago del Estero y se construyeron diques en todo el país, seis con usinas en Córdoba, seis en Catamarca, cuatro en Río Negro y tres en Mendoza, los más importantes fueron el dique F. Ameghino en Chubut, Las Pirquitas en Catamarca, Los Molinos en Córdoba y La Florida en San Luis.

Otro dato de suma importancia se dio en Córdoba con la Fábrica Militar de Aviones que tuvo como hecho trascendente la construcción del Pulqui en 1947, un avión a reacción con un diseño original, cuando sólo cuatro países habían logrado realizar algo similar, luego se construyeron el Pulqui II y III en la fábrica donde trabajaban 5000 obreros. El brigadier Juan Ignacio San Martín, gobernador de Córdoba, que fue uno de los artífices de estas hazañas fue detenido en 1955 luego del golpe de estado. También se creó IAME Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado que produjeron el Rastrojero y el tractor Pampa.

A pesar de los enfrentamientos en el Congreso, hubo una medida en la que confluyeron el oficialismo y la oposición, el 21 de junio de 1947 se logró un consenso entre los bloques para aprobar la Ley Savio que disponía el lanzamiento del Plan Siderúrgico Nacional y creaba la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina SOMISA. Frondizi realizó un gran esfuerzo para convencer a sus correligionarios que apoyaran la ley.  

El 21 de octubre de 1946 Perón presenta ante las dos Cámaras el primer plan quinquenal señalando: “Debemos pensar en la necesidad de organizar nuestra riqueza… que hasta el presente ha ido a parar a manos de cuatro monopolios, mientras los argentinos no han podido disfrutar de un mínimo de esa riqueza … ¿Y quién va a organizar nuestra riqueza? ¿Los monopolios? Se habla de economía dirigida. Y yo pregunto ¿dónde existe la economía libre? Cuando no la dirige el Estado, la dirigen los monopolios, con la diferencia que el Estado puede repartir los beneficios de la riqueza entre los catorce millones de argentinos, mientras los monopolios, lo hace para ir engrosando los inmensos capitales de sus casas matrices, allá lejos, en el extranjero”. (2)

Esta política destinada a que país pudiera liberarse de la dependencia se consolidó mediante la búsqueda de la reducción de la deuda externa mediante el pago con reservas, el 9 de julio de 1947 Perón declaró desde Tucumán la independencia económica del país.

Galasso realiza una definición totalmente acertada de lo que significó este impulso del gobierno para recuperar el control de la economía del país: “Esta ruptura del vasallaje es el punto de partida para que la Argentina pueda desarrollar una política económica nacional, con pleno empleo y redistribución del ingreso a favor de los trabajadores. Mantener los principales resortes de la economía argentina en manos de capital imperialista – que es lo que han hecho habitualmente los gobiernos- significa mantener la postración, el estancamiento y el hambre del pueblo. No hay posibilidad de alto consumo popular en una semicolonia. O, como señalaba Manuel Ugarte sosteniendo la cuestión nacional desde el socialismo “no hay proletariado feliz en un país derrotado”. (3)

Todas estas medidas estuvieron acompañadas de una protección activa de la industria nacional mediante la limitación a las importaciones de productos que pudieran competir con los nacionales, el crédito barato de los bancos estatales para promoción industrial y un deliberado impulso del consumo popular.

Los trabajadores lograron a partir de estas decisiones económicas y el fortalecimiento de la actividad sindical un incremento notable de los salarios en el ingreso nacional, acompañado por una política de pleno empleo que les permitía plantarse ante los empresarios sin el temor al despido injustificado.

Como dijimos anteriormente esto molestaba a algunos sectores, Félix Luna llama a esto “la fiesta” pero no lo dice en sentido de un motivo de alegría porque mucha gente comenzaba a vivir mejor, sino lo decía en el sentido de despilfarro, o como dijo más recientemente el también radical el economista Javier Gonzalez Fraga “esto no es normal”.

Para estos sectores que el asalariado tenga a acceso a cierto consumo es motivo de preocupación, sólo un puñado de privilegiados tienen derechos a cierto disfrute, obviamente por más que lo pretendan ocultar no son más que meras marionetas de la oligarquía nativa, que irradia un odio clasista hacia los derechos de los más humildes.

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(1) Norberto Galasso. Perón. Formación. Ascenso y Caída 1893 1955. Tomo I Colihue 2011 pag. 427 y 428

(2) Idem pag. 432 y 433

(3) Idem pag. 440

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