El Forjista

Macri y el síndrome del Patrón de Estancia

Varían los tiempos y la situación política, pero no la mirada y los modos desde dónde y cómo se ejerce el poder. La Patria, el Estado nacional, es, o  debería ser, La Casa de Todos, o al menos de la inmensa mayoría de los argentinos.

Cuando Rosas llegó a la Gobernación de Buenos Aires y luego sumó a esta la suma del poder público de la joven  nación, luego del primer golpe militar ideado por la entonces incipiente Sociedad Rural que significó el asesinato del coronel Manuel Dorrego a manos del hecho infausto de  Lavalle, Rosas nunca tomó conciencia real de la existencia de los demás estados provinciales como tales.

Solo extendió los dominios de su poder y jamás pudo desprenderse de manejar el país como un patrón de estancia. Pero tuvo un acierto  fundamental, contó con Facundo Quiroga como nexo para intentar entender de alguna manera qué y cómo pensaban en la Argentina profunda. Roto ese eslabón fundamental en Barranca Yaco con el cobarde asesinato del Tigre de los Llanos, Rosas quedaría huérfano de ese nexo fundamental con el resto de la Argentina.

Macri cree que la Casa Rosada son las oficinas de algunas de las tantas empresas fantasmas  que estuvo dirigiendo. Piensa que los ciudadanos de la república son sus empleados, que le deben infinita obediencia, silencio y total acatamiento. Ve al Parlamento como un consorcio fantasma de sus empresas que solo sirve para convalidar las decisiones del amo. Al poder judicial como los muñecos en un teatro de títeres. A las provincias como sucursales con gerentes genuflexos que deben responder a los caprichos del dueño.

Piensa que puede mentir y deformar cuantas veces quiera la realidad como lo hizo hasta el hartazgo con los socios fantasmas de sus fantasmagóricas empresas.

Y tiene una cualidad nefasta, es un Perverso:

perverso
1. que tiene o actúa con maldad intencionada una mentira perversa
2. que corrompe las costumbres o el orden de las cosas una ideología perversa

El que miente todo el tiempo y subvierte la realidad, termina sí o sí perdiendo la noción de esta. Y todos, o la inmensa mayoría sabemos que la realidad es indetenible, que no hay discurso ni maquillaje que la detenga o cambie.

Las diferencias sustanciales entre Rosas y Macri son entre otras, los diferentes tiempos en que les tocó actuar, en el tiempo de Rosas la Patria aún era un entelequia a descifrase, hoy los Argentinos ya saben qué y cómo quieren la nación. La otra y fundamental es la actitud frente a los poderes extranjeros: Rosas en Obligado arrodilló dos imperios y les hizo entender usando las palabras de San Martín, que los argentinos no son empanadas que se comen con solo abrir la boca. Macri es solo un genuflexo subordinado a poderes exógenos.

Pero esta actitud no es nueva en la historia Argentina, ya Rivadavia había incurrido durante su presidencia en el error de tratar a las provincias y a sus gobernadores como empleados suyos. A los efectos el brigadier Pedro Ferré, gobernador de Corrientes dice en sus memorias: “Rivadavia aún no había calentado la silla cuando me hace saber “que delega en mí el mando de las tropas que existían en la provincia, lo  mismo que la defensa de su territorio, hasta que él dispusiese lo conveniente”. Mi buena fe, mi ninguna ambición, y el deseo de ver constituida la república, me hizo caer en el garlito, y presté mi reconocimiento, sin advertir que no debía haber admitido en delegación lo que tenía en propiedad por ley de la provincia”.

En este espejo deberían verse los gobernadores de las provincias que más parecen perritos falderos atentos al capricho esquizoide del amo.

Luis Foá Torres(P)
Escritor-Historiador, director y editor de la revista:”Proceso a la historia oficial argentina”.

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