El Forjista

Las traiciones en el peronismo

De Tesaire a Massa y Bossio

El peronismo ha reconocido históricamente como una de sus mayores  virtudes el concepto de lealtad, precisamente el día más significativo en las efemérides justicialistas, el 17 de octubre, ha sido bautizado como el Día de la Lealtad.

Sus enemigos han tratado de desvirtuar el significado de la palabra, distorsionándolo en un intento de mostrar que sólo se trataba de subordinación al líder del Movimiento. La oligarquía y sus medios de comunicación han promovido esta distorsión para intentar identificar a los peronistas como meros seguidores de una persona.

Por cierto que esta manipulación no es desinteresada, responde a una concepción de clase, que intenta combatir todo intento de los sectores populares por tomar el destino en sus propias manos.

Por cierto que la lealtad que pregonan las causas populares no implica un seguimiento ciego a un líder, significa principalmente embanderarse con una doctrina nacional y popular, en tanto asume la defensa con los intereses de la Nación y de los sectores más desprotegidos.

Desde los caudillos federales en el siglo XIX hasta Néstor Kirchner y Cristina Fernández, pasando por Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón, los líderes populares fueron seguidos por las masas en tanto ellos han representado los intereses de esos sectores ignorados y explotados por la oligarquía en alianza con las potencias imperialistas que han sojuzgado a América Latina.

Tratamos de historiar aquí aquellas conductas que pueden considerarse como traiciones, no por discrepar con el líder, sino principalmente por asumir principios contrarios a la doctrina nacional y popular, y por haber establecido alianzas con sus enemigos irreconciliables, las clases privilegiadas y sus aliados externos, en detrimento de los trabajadores y las clases populares en general.


Alberto Tesaire

El almirante Alberto Tesaire fue un hombre de la mayor confianza del general Perón, uno de los pocos marinos que adhirió al peronismo, sin embargo cuando se produjo el golpe de estado de septiembre de 1955 que derrocó al gobierno democrático de Perón, cambió radicalmente sus postura política.

A los pocos días de asumir la presidencia el general golpista Eduardo Lonardi, Tesaire se reunió con él, para deslindar cualquier responsabilidad de lo ocurrido en los gobiernos peronistas y para trasladar la culpa al general Perón de todos los supuestos males que aquejaban al país.

Sin embargo en el momento del golpe de estado, Tesaire era el vicepresidente de la Nación, había sido elegido, poco tiempo antes,  en abril de 1954, porque el puesto había quedado vacante por la muerte de Hortensio Quijano en 1952, ocupando esa función, había sido uno de los promotores del enfrentamiento con la Iglesia que terminó siendo una de las causas agitadas por los golpistas para derrocar al peronismo.

Luego de la reunión con el presidente de facto, Tesaire renunció al partido peronista lo cual tuvo una gran repercusión en la prensa que se hizo eco de las calumnias que lanzó contra Perón, al que acusaba sorprendentemente de desertar, cuando fue precisamente Tesaire quién se convirtió en el primer desertor de la causa nacional. A los pocos días el ex vicepresidente fue expulsado del partido peronista por “deslealtad y traición partidaria”.

 

Neoperonismo y vandorismo

Miles de peronistas se lanzaron a combatir a la dictadura de Lonardi primero y luego la de Aramburu y Rojas, en una gesta heroica que fue conocida como Resistencia Peronista, esta lucha terminó con muchos militantes encarcelados,  padeciendo una  sistemática tortura y a otros a perder la vida como ocurrió en 1956 en los asesinatos producidos en Jose León Suarez y el fusilamiento  de militares patriotas como el general Valle.

Otros dirigentes peronistas, en cambio  optaron por conciliar con las dictaduras que asolaron al país desde 1955 y las pseudo democracias como el gobierno de Frondizi surgidas de la proscripción del peronismo.

A esa tendencia se la conoció como neoperonismo, que se definía como “peronismo sin Perón”, esta tendencia no sólo implicaba desconocer el liderazgo de Perón  sino que implicaba enterrar muchas de las banderas del peronismo. Este intento de ruptura del Movimiento Nacional fue claramente impulsado por las clases privilegiadas que se enquistaron en el poder desde 1955.

El neoperonismo  también se extendió a dirigentes sindicales como Augusto Tomoteo Vandor, dirigente metalúrgico, que había siso un activo militante durante la resistencia, pero que luego mutó hacia posiciones de conciliación con los enemigos del peronismo.

La postura del sector vandorista derivó en un enfrentamiento entre el líder del peronismo y el sindicalista metalúrgico el cual tuvo su mayor pico de tensión en las elecciones a gobernador en la provincia de Mendoza en 1965, en que cada uno de los bandos presentó a su propio candidato, el peronismo dividido fue derrotado pero el candidato de Perón logró imponerse al de Vandor.

Esta posición conciliadora del sindicalismo fue acompañado con una consolidación de las tendencias de burocratización, y se mostró con total impudicia cuando Augusto Vandor concurrió    a la asunción del dictador Juan Carlo Onganía que se hizo con el poder después de derrocar al gobierno pseudo democrático del radical Arturo Illia.

Sin embargo el sindicalista apodado “el lobo” luego de las elecciones de Mendoza,  asumió su derrota e hizo pública su adhesión a la conducción de Perón, sin embargo su nombre siempre estuvo asociado del sindicalismo burocratizado y conciliador con los enemigos del peronismo.


Lopezreguismo

José López Rega fue una especie de secretario del General Perón, que se acercó al líder en sus años de exilio, fue ocupando distintas funciones incluso el Ministerio de Bienestar Social cuando el peronismo retornó al gobierno, pero en vida de Perón su poder estaba acotado.

Luego de la muerte de Perón, José López Rega desplegó una actividad que convirtió al país en una orgía sangrienta, al organizar la denominada Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como triple A, donde se nucleó gente de la peor calaña de las fuerzas de seguridad y los grupos de ultra derecha del peronismo para asesinar a cientos de militantes populares, entre ellos el Padre Mugica, Julio Troxler, Rodolfo Ortega Peña,  el dirigente de izquierda Silvio Frondizi, hermano del ex presidente y muchos otros militantes comprometidos con la causa del pueblo.

La denominada triple A daba a conocer periódicamente listas de personas que habían sido condenadas a muerte por la organización, muchos artistas figuraban en esas listas negras, cuando se vio que de las amenazas pasaban a la acción directa, algunos debieron optar por el exilio para salvar sus vidas, pero muchos otros fueron víctimas de la balas asesinas de esta nefasta organización.

La conocida como masacre de Ezeiza provocada al segundo regreso del general Perón al país, el 20 de junio de 1973, fue promovida por el lopezrreguismo en la figura del militar retirado Jorge Osinde, en alianza con sectores reaccionarios del sindicalismo. Nunca se conocieron las cifras reales de las muchas víctimas, en lo que podría definirse como una emboscada contra los sectores juveniles del peronismo.

Si bien es muy difícil de comprobar, siempre estuvo la sospecha que López Rega fue insertado por algún servicio de inteligencia interno o extranjero en el entorno de Perón, sin duda el accionar de este grupo estuvo destinado a crear las condiciones para el golpe de estado y adelantó los métodos que luego utilizaría la dictadura militar iniciada en 1976 para exterminar a una generación que quería un cambio en beneficio de los sectores populares y la obtención de una definitiva liberación nacional.


Montoneros

La utilización de la violencia en la política es por cierto un concepto muy discutible, pero lo que no puede cuestionarse, según nuestro criterio,  es el derecho de los pueblos a levantarse en armas o con las herramientas que considere necesarias para enfrentar un gobierno dictatorial.

En ese sentido Montoneros enfrentó a la dictadura de la denominada Revolución Argentina que asoló al país entre 1966 y 1973 con tres presidente militares, y su accionar colaboró a restituir la democracia en nuestro país y permitir el regreso del líder que concitaba la adhesión de las mayorías, el general Juan Perón. Si bien lo que más ayudó a recuperar la democracia fueron las rebeliones populares que se extendieron en todo el país y que tuvo su mayor expresión en El Cordobazo en 1969.

Pero más allá de la idea que cada uno tenga sobre la violencia en política, hay algo que nosotros consideramos indiscutible, que es que no puede hacerse uso de las armas y de ninguna forma de violencia, cuando un pueblo elige libremente a sus gobernantes, la utilización de cualquier forma de violencia en esos casos ayuda a la desestabilización de un gobierno democrático y por lo tanto significa el desconocimiento, liso y llano, de la seoberanía pupular.

Menos aun, se puede aceptar la violencia, cuando el gobernante resulta ser un líder que pasó 18 años exiliado producto del accionar de una oligarquía rapaz, entendemos que la obligación de todo militante popular debía ser apoyar ese nuevo proceso democrático y nunca salir a competir por la dirección de un movimiento, en que Perón había sido confirmado por el 62% de los votos. No apoyar al gobierno era hacerle el juego al enemigo irreconciliable del peronismo, la oligarquía y el imperialismo.

Aun se estaba festejando el triunfo electoral de Perón cuando Montoneros cometió uno de los actos más  irracionales mostrando una absoluta ceguera política, como fue el asesinato de Rucci, el dirigente de la CGT, un hombre leal a Perón, por lo que disparar contra Rucci era disparar contra Perón.

Paulatinamente muchos militantes juveniles se fueron alejando de esa organización que asumía posiciones elitistas y alejadas del sentir popular, no pocos ya habían abandonado la vía armada, entendiendo que la llegada al gobierno primero con Cámpora y luego con  Perón debía abría nuevas expectativas para todos los argentinos.

También debe responsabilizarse a la conducción montonera de muchas de las muertes de sus integrantes quienes fueron enviados a misiones suicidas como lo fue la llamada contraofensiva delineada por la conducción  entre 1978 y 1980 donde se enviaron a militantes que se encontraban exiliados de regreso al país, lo cual se convirtió de hecho en una caza efectuada por la dictadura para exterminar lo que quedaba de la organización.

Cuando se adoptan medidas contrarias a un gobierno popular y democrático y las acciones concluyen con la pérdida de la vida de personas no se puede hablar de un simple error político, estamos ante una gravísima traición.

 

Menemismo

Pocas veces se vivió un nuestro país una estafa electoral semejante, reconocida por el mismísimo autor quién dijo que si decía lo que iba a realizar, nadie lo hubiese votado.

Este proceso al que nosotros preferimos denominar la década infame menemista, ha significado la aplicación de un proyecto que se ubica en las antípodas de lo realizado por los gobiernos peronistas, todo esto efectuado en nombre del peronismo y con  la complicidad de la mayoría de los dirigentes de ese movimiento, ya que fueron muy pocos lo que se animaron a señalar sus discrepancias.

El peronismo vivió una de sus horas más vergonzosas, porque a los pocos que se animaban se los acusaba de haberse quedado en el 45, colocando a la gesta heroica de los trabajadores el 17 de octubre de 1945 como un acto que debía olvidarse.

Menem hizo exactamente lo contrario a lo realizado por Perón, mientras en  el gobierno iniciado en 1946 se procedió a recuperar para los argentinos los servicios y las industrias en manos extranjeras para que sirvieran de impulso para desarrollo económico, el menemismo produjo una liquidación del patrimonio nacional para entregarlo al dominio externo.

La economía del país no era manejada por políticos elegidos por el pueblo quienes se convertían en obedientes sirvientes de los organismos financieros internacionales y los bancos, quienes determinaban cuanto debían dejar de consumir los argentinos para asegurar la ganancia extraordinaria de los banqueros y las multinacionales.

Mientras el peronismo fue el partido que garantizaba un mejor nivel de vida para los trabajadores y los sectores más desprotegidos, bajo la inspiración militante de Eva Perón, el menemismo significó hambre y desocupación para millones de argentinos.

Bajo la conveniente y extravagante teoría del “derrame” se prometía que había que asegurar la ganancia de los poderosos para que en un incierto futuro, apelando a la buena voluntad de los magnates, algún día las mejoras llegarían a los demás, promesa incumplida al igual que la “revolución productiva” y el “salariazo”, promesas similares e igualmente incumplidas a las que realizó el macrismo en la campaña electoral.

 

Massismo es más de lo mismo

Esta era un jingle de campaña del político jubilado Francisco de Narváez, en verdad trataba de vincular al massismo con el kirchnerismo, cuando el massismo podría ser definido con bastante precisión como una forma de neomenemismo.

La oligarquía nativa imposibilitada de aplicar el mecanismo de los golpes de estado debió recurrir a cooptar a políticos que podían acceder al gobierno mediante el voto popular para ponerlos a su órdenes y asegurarse la continuidad de sus privilegios a costa de las mayorías populares, así lo hizo con Menem y más recientemente con Sergio Massa.

La función que los medios de comunicación de la oligarquía establecieron para Sergio Massa fue la de dividir al peronismo, para que de esa forma la derecha en asociación con el radicalismo pudieran imponerse por primera vez en elecciones democráticas.

El Frente Renovador fue creado con un solo objetivo el de provocar la derrota del peronismo, imposibilitado de llegar a la presidencia, Sergio Massa se pasea con Macri, ocupando el papel de un leal servidor al proyecto neoliberal, ayudado por la matemática electoral cuyo tercer puesto lo convierte en un árbitro, obviamente ese resultado no es utilizado para defender los intereses populares sino para consolidar el proyecto colonial que representa el macrismo.

El Frente Renovador al igual que su anterior aliado De Narváez, ha incorporado a la política un panorama vergonzoso que pareciera confirmar lo que muchos argentinos piensan a la política, un ámbito para los negocios personales. El pasaje del Frente para la Victoria al Frente Renovador y visceversa, con políticos que tienen más transferencias que el jugador Silvio Carrario.

El Frente Renovador en verdad lejos está de representar algo nuevo en la política más bien parece un retorno a la viejas mañas del Partido Conservador.

Si hay algo nuevo que se cruza en el camino de Sergio Massa, son las revelaciones del Wikileaks que lo mostraban en el momento que era Jefe de Gabinete del kirchnerismo conspirando contra el propio gobierno y denostando contra Néstor y Cristina, ante inversores extranjeros y funcionarios norteamericanos.

Este último hecho tal vez sea el que mejor define a Massa, en tanto es un personaje sumiso ante la embajada norteamericana y obediente seguidor de las política del PRO,  obviamente es de esperar que apelando a su continuo oportunismo ni bien vea que el gobierno de la derecha tambalea, Massa actúe como el más implacable opositor, pero su dotes actorales no le permitirán borrar las ayudas que ya le brindó al gobierno colonial de la Argentina.

 

Bossio y los buitres

Tal vez la psicología pueda determinar qué es lo que pasa por la cabeza de estos saltimbanquis de la política, pero el ex kirchnerista Bossio se apresta a brindar la ayuda necesaria al gobierno neoliberal para que firme la rendición ante los rapaces fondos buitres, consumando el retorno  de la Argentina a su condición de colonia, ya ninguna decisión de importancia económica se tomará dentro del país, los planes llegarán desde el exterior y se deberán aplicar sin chistar, como ya ocurrió en el pasado.

Precisamente la aprobación del acuerdo vergonzoso con los buitres fue impuesto por el juez Griesa que ahora impone las condiciones al país, y que según el gobierno macrista y sus aliados massistas y ex kirchneristas, sólo cabe obedecer.

El endeudamiento será atroz, comenzando a conformarse una bola gigantesca que algún día terminará siendo impagable y nuevamente la Argentina estará en una grave crisis que tendrá serias consecuencias para los argentinos y una enorme ganancia para los banqueros.

Obviamente esta deserción de Bossio difícilmente responda a alguna convicción, más bien parece ser que las convicciones han ido a parar al tacho de la basura, sin duda Bossio ha trastocado las prioridades establecidas por el peronismo, en la nueva doctrina de este ex funcionario kirchnerista primero está su persona, después el PRO y por último la Patria.

Se han conocido algunos intercambios de mensajes entre Bossio y el jefe de la bancada del PRO donde se habla de “sanguchitos” y algunos otros beneficios que obtendrían quienes apoyen la rendición ante los buitres, todos nos preguntamos ¿Estos "sanguchitos" son el regreso de la Banelco al Congreso?.

Tal vez el temor a la injusticia macrista con sus Bonadios y Gerardos Morales disponiendo de arbitrarios llamados a indagatorias  y con detenciones ilegales, lo hayan puesto a pensar que siempre es más seguro y redituable estar del lado de los poderosos, Lanata puede dar fe de dicha cuestión.

Pero más allá de los beneficios temporales que pueda obtener con esta deserción lo cierto es que la carrera política de Bossio ha llegado a su fin.

 

Conclusiones

Qué paradoja!! Que en un movimiento que ha hecho de la lealtad su mayor virtud, se encuentren tantos casos de traiciones a lo largo de su historia.

El peronismo fue un lugar apropiado para el aterrizaje de oportunistas de toda laya que quisieran comenzar una carrera política, ya que su condición de  movimiento mayoritario significaba que muchos de sus integrantes de las listas pudieran resultar electos, pero dichos personajes carentes de convicciones procedían a una pronta retirada cuando el momento político tornara las condiciones dificultosas.

Sin duda enfrentar a los poderosos no es gratuito, ellos cuentan con medios económicos y de comunicación para comprar voluntades y enlodar a quién ose enfrentársele. Jorge Lanata lo dijo con todas las letras, Clarín, actual vocero de la oligarquía,  no soporta que no se le tenga miedo. Por eso trata de imponer su voluntad con cualquier medio, legal o ilegal, calumniará a quién no obedezca y puede llegar a meterse con tu familia, tal como hace la mafia.

Muchas personas no pueden soportar la tensión de esta constante agresión y concluyen por abandonar la lucha, pero esto no explica por sí solo el cambio de bando que es otra cosa.

Otro brazo ejecutor de las órdenes de la oligarquía es el Poder Judicial, si tenés un muerto en el placard, ellos lo encontrarán, y si no lo tenés ellos inventarán uno para que no tengas salida.

La detención de Milagro Sala o el llamado a indagatoria a Cristina Kirhcner y otros funcionarios por parte del juez Bonadío, apellido que aparecía en la servilleta de Corach cono juez dócil a las órdenes del menemismo,  muestra a las claras que están dispuestos a cualquier cosa para domesticar a los opositores.

Esto no es nuevo, Perón y Eva fueron calumniados por los diarios argentinos y les armaron montones de causa ni bien se produjo el golpe de estado, se persiguió, torturó y asesinó a los peronistas que quisieron resistir, sin duda mantener en alto las convicciones era muy difícil, sin embargo la mayoría de esos militantes salieron con la frente en alta para vergüenza de los Massas y los Bossios.

Perón también fue tentado varias veces para traicionar a su pueblo, uno de esos intentos lo realizó el embajador estadounidense Spruille Branden, la contestación de Perón  no dejó lugar a dudas: “Yo creo que los ciudadanos que venden su país a una potencia extranjera son unos hijos de puta… Y nosotros no queremos pasar por hijos de puta”.

También dejó clara su postura en un discurso realizado el 7 de agosto de 1945 en el Colegio Militar: “Para nosotros, hubiera sido mucho más fácil seguir el camino ya trillado y entregarnos a esas fuerzas que nos hubieran llenado de alabanzas. Entonces, todos los diarios nos aplaudirían, pero los hombres de trabajo estarían en condiciones iguales o peores que antes. En este sentido, he sido el receptáculo de innumerables sugestiones. Les aseguro a ustedes que si yo me decidiera a entregar el país, mañana sería el hombre más popular en Buenos Aires”.

Otros en cambio optaron por recibir los elogios de los grandes medios, pero mientras Perón ha ocupado un lugar en la historia nacional, los Tessaire o los dirigentes neoperonistas, han pasado al olvido y sólo serán recordados por algún inquieto historiador y no precisamente de la mejor manera.

Pero concluyamos este resumen de las traiciones con un concepto de un revolucionario que supo ser leal a su líder y la doctrina nacional en el momento más difícil, durante la denominada Revolución Libertadora, nos referimos a  John William Cooke quién señaló que “El peronismo es el hecho maldito del país burgués”, precisamente en la actualidad creemos que el kirchnerismo es el hecho maldito del siglo XXI en un país que ahora parece retornar a su condición colonial.

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