El Forjista

Néstor Kirchner y el arte de lo imposible

Una distorsionada definición de política la describe como “el arte de lo posible”, este significado lo escuchamos reiteradamente, sin ponernos a pensar si dicha interpretación se corresponde con la actividad que los políticos realizan cotidianamente.

En general es así, los políticos que responden a las corporaciones se escudan detrás de esa definición para no tomar medidas que puedan afectar esos intereses, la cuestión principal radica en saber quién establece qué es lo posible, lo que se oculta cuidadosamente es que son las clases dominantes quienes disponen que es lo posible y que no.

Así como los adultos les decimos a los niños “eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca”, los poderosos nos dicen a diario a los ciudadanos que tal medida “es imposible” y que lo mejor es ni intentarlo, para eso cuentan con un sistema educativo y los medios de comunicación que son la correa de transmisión de lo que el minoritario sector dominante quiere imponer a la sociedad.

Durante décadas a los argentinos nos dijeron: la deuda externa hay que pagarla religiosamente de lo contrario padeceríamos un castigo peor que las plagas de Egipto, algo similar nos ocurriría si no aceptábamos mansamente las instrucciones del FMI, también era necesario vincularnos a las grandes potencias y despreciar a nuestros vecinos, por supuesto era imposible juzgar a los genocidas en pos de una injusta y falsa pacificación y predicaban que ni nos acercáramos a la actividad política, la cual había que dejar en manos de doctores y especialistas que saben muy bien lo que nos conviene.

Pero en los países como el nuestro, cada tanto surgen líderes populares que se animan a desafiar esos imposibles y encaran la difícil tarea de romper con los esquemas impuestos, saltan las barreras y encaran proyectos que responden a los intereses de las mayorías.

En pocas ocasiones, pero sin duda hubo momentos en nuestra historia en que la principal preocupación de los gobernantes fue el bienestar de las mayorías aunque los medios de comunicación nos dijeran lo contrario.
 
Si algo se puede decir de Kichner es que fue un presidente que se animó, tuvo el coraje necesario para hacer aquello que la oligarquía estableció que era imposible, y así lo establecían porque esas medidas no eran convenientes para sus mezquinos intereses.

Kirchner recibió el país sumido en una gravísima crisis que muchos definían como terminal, se hablaba de provincias inviables y cada una de ellas había establecido su propia moneda configurando un estado caótico sumamente peligroso, como si fuera poco, los argentinos no podíamos disponer de nuestro dinero en una medida que buscaba proteger a los bancos perjudicando a los ahorristas.

A pesar de la mala memoria de muchos argentinos, es algo incontestable que la gestión de Kirchner y luego de Cristina nos sacaron a los argentinos de ese abismo que en aquél momento no perecía tener un final.

Señalar los cientos de medidas adoptadas que nos permitieron a los argentinos volver a tener un país que merezca ser disfrutado y no padecido, es más que nada labor para un libro, aquí sólo señalaremos unas pocas decisiones que consideramos esenciales.

La deuda externa

Este era un problema que se consideraba de imposible resolución, los argentinos estábamos destinados a pagar por varias generaciones y resignarnos a renunciar a mejorar la educación, la salud, los salarios y los niveles de ocupación.

La derecha nos decía que había que pagar así seríamos un país serio y creíble, los acreedores y los organismos internacionales nos llenaban de elogios y nos volvían a prestar para pagar los intereses que debíamos y así se produjo una bicicleta financiera que desembocó en la crisis del 2001 cuando la deuda se tornó impagable.

La izquierda, por otra parte, decía que la solución era no pagar, el puntano Rodriguez Saa en su corta presidencia les dio el gusto, pero el país estuvo lejos de mejorar.

Hasta que asumió Néstor Kirchner y declaró que no estaba dispuesto a pagar la deuda sobre el hambre y la sed de los argentinos, explicando que los muertos no pagan sus deudas.

Pero la cuestión no quedó en declaraciones negoció en el 2005 con los acreedores una quita de la deuda alcanzando un alto nivel de aceptación, en el 2010 cuando gobernaba Cristina Fernández se realizó una segunda renegociación.

La consecuencia de esta medida significó una reducción sustancial de la deuda externa planteada como porcentaje del PBI y de esa manera dejó de ser un problema acuciante e irresoluble para los argentinos, el kirchnerismo resolvió un problema que no era su responsabilidad, de la mejor manera para los intereses nacionales.

La soberanía económica

Todos los años los funcionarios del FMI visitaban el país en carácter de virreyes para revisar las cuentas y definir las medidas económicas que se debían adoptar.

Siempre las decisiones apuntaban hacia un solo objetivo, un ajuste que empobrecía a los trabajadores y que dejaba sin trabajo a muchos de ellos.

Los medios de comunicación le rendían pleitesía cada vez que los miembros del organismo pisaban el país, y formaban parte de la comparsa que señalaban que desobedecer al FMI era suicidarse.

Mientras la Argentina fue un alumno obediente llovieron los elogios hacia la política económica pero el paciente cada vez se encontraba más grave, inventaban nuevos medicamentos que esta vez sí serían la solución, remedios como el megacanje y el blindaje sólo significaron el pago de abultadas comisiones para los banqueros y el incremento de la deuda a niveles siderales, hasta que el paciente murió y el FMI nos dejó en la estacada.

Todos los organismos financieros que hasta el día anterior mostraban al país como un ejemplo a seguir, se lavaron las manos y dijeron que los argentinos debíamos arreglarnos solos. Países como España gobernado por un neoliberal dijo algo similar, aunque nuestro país había sido muy generoso después de la guerra civil que asoló a esa nación.

Nadie quería ayudar al país, el mejor alumno resultó inesperadamente expulsado del colegio, en ese contexto asumió Kirchner, que dispuso pagar la deuda con el FMI y de esa manera recuperó la soberanía económica, a partir de ese momento las decisiones eran tomadas en el país y no por apátridas tecnócratas.

Al igual que durante los primeros gobiernos del General Perón, era el presidente quién decidía que era lo que debía hacerse y después de mucho tiempo las medidas económicas beneficiaban a la mayoría de los argentinos.

Cuando todos nos dieron la espalda, hubo un país gobernado por un patriota latinoamericano llamado Hugo Chávez que brindó una ayuda generosa a la Argentina a pesar que la prensa canalla lo calumniaba a diario siguiendo las instrucciones imperiales.

Los derechos humanos

A pesar de algunas medidas positivas como la investigación del Nunca Más y el juicio a las Juntas Militares ocurridas en el gobierno de Raúl Alfonsín, decisiones posteriores como las leyes de Obediencia Debida y el Punto Final aprobadas por el mismo presidente luego de la extorsión de los caras pintadas y los indultos de Menem provocaron un congelamiento en las investigaciones de los horrores cometidos por los genocidas.

También sobre este tema la prensa canalla, cómplices de la dictadura, trataba de inculcar la idea que ese era un capítulo cerrado de la historia, que lo mejor era olvidar y perdonar.

Las Madres, la Abuelas y los organismos de los derechos humanos conbtinuaron con su lucha ejemplar sin que desde el Estado se escuchara su reclamo, eso siguió así hasta que un presidente enarboló esas mismas banderas posibilitando que los genocidas respondieran por sus crímenes.

Las dictaduras que asolaron a nuestro país desde 1930 habían sido consumadas para expulsar a los Movimientos Nacionales del gobierno porque aseguraron una mayor participación de los sectores populares en las grandes decisiones.

Los dictadores y sus cómplices siempre actuaron con absoluta impunidad, nadie los obligaba a rendir cuentas por sus antidemocráticas y criminales prácticas y por eso los gobiernos tiránicos se repitieron en nuestra castigada historia.

Por eso es que lucha de las Madres de Plaza de Mayo no sólo fue para conocer la verdad sobre lo ocurrido con sus hijos, su coraje permitió que la Argentina disfrute ya de 33 años de democracia.

Pero también para eso fue necesario que un presidente se atreviera a enfrentar a quienes querían sepultar el pasado para continuar con la impunidad.

La Unidad de América Latina

Durante la dictadura, los militares creyeron que por haber ayudado a los Estados Unidos y a las dictaduras en América Central para reprimir a los movimientos de liberación de esa región, el país del norte iba a devolver el favor en la Guerra de Malvinas, sin embargo el cipayismo de esos militares les impidió ver la realidad y recibieron una bofetada cuando los Estados Unidos apoyaron incondicionalmente al Imperio Inglés.

Esa lección debió ser suficiente para nuestros gobernantes, sin embargo, durante la década infame menemista nuevamente el país estableció un vínculo de sumisión que se conoció como de “relaciones carnales”, las que tampoco tuvieron un resultado favorable para nuestro país.

Con la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, la política exterior dio un giro radical, se modificó la relación de vergonzosa sumisión con las grandes potencias y se establecieron vínculos fraternales con todas las naciones de América Latina.

Varios países de la región estaban pasando por un proceso liberador similar al nuestro, en particular la Venezuela de Hugo Chávez que también había cortado una relación de dependencia que llevaba muchos años, para mirar hacia sus hermanos continentales.

Chávez y Kirchner dieron una batalla de titanes contra el imperialismo en la figura del criminal de guerra George W. Bush, mandando al carajo al ALCA e impidiendo cualquier injerencia externa en nuestras naciones.

Ambos, junto a Lula, Evo, Correa y mucho más tibiamente el Frente Amplio uruguayo, delinearon una política independiente en lo externo y de justicia social en lo interno a favor de los sectores más necesitados.

Todos ellos entendieron que para nuestras naciones no hay otro patriotismo que el latinoamericano, cualquier otra forma mezquina de nacionalismo deriva en mero fascismo racista, como estamos presenciando en la televisión argentina donde se discrimina y criminaliza a los inmigrantes.

Estos líderes latinoamericanos fueron quienes quebraron el bloqueo a Cuba que desembocó en el acuerdo de este país con los Estados Unidos.

No menos importante fue la gestión efectuada por Néstor Kirchner para acercar las posiciones en el conflicto entre Venezuela y Colombia que desembocó en la firma de un acuerdo que despejaron las tensiones en la región.

La militancia

Indefectiblemente todos aquellos que se atreven a enfrentar a las grandes potencias y a las oligarquías nativas padecen de la difamación de los medios de comunicación expresión de aquellos poderes nefastos.

Yrigoyen, Perón, Eva, Kirchner y Cristina fueron el objetivo de las operaciones de esos medios, hasta el día antes de su muerte los medios de la oligarquía sembraban todo tipo de calumnias sobre Néstor Kirchner y lo mostraban como un dirigente desprestigiado.

El 27 de octubre de 2010 una multitud impresionante donde predominaban los jóvenes los obligó a guardar silencio y cambiar, al menos por un tiempo, algunos de sus mentirosos argumentos.

Néstor Kirchner había prestigiado la política e hizo que miles de jóvenes abrazaran la militancia como el medio más idóneo para expresar la solidaridad con los semejantes y llevar alivio a quienes padecen de necesidades.

La oligarquía se sorprendió del homenaje que una inmensa cantidad de argentinos le brindaron a Néstor, esa clase de parásitos siempre se sorprende cuando el pueblo se expresa en las calles, así le ocurrió el 17 de octubre de 1945, la realidad los toma desprevenidos porque en su ecuación política nunca figura el pueblo.

A partir de ahí la militancia fue demonizada por la prensa canalla porque prefiere jóvenes idiotizados por el paco o la televisión y no concientes de la realidad del país porque pueden cuestionar el poder de esa clase.

A pesar de las políticas salvajemente neoliberales que hoy intentan destruir el empleo y el aparato productivo, podemos mantener encendida la esperanza por esos jóvenes que ingresaron a la militancia por el ejemplo de Néstor y que saben claramente cual es el camino para volver a tener un gobierno que levante orgullosamente las banderas históricas de la Justicia Social, la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Unidad de América Latina. 
     

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