El Forjista

Editorial


Las añoranzas de Mariano Grondona

Enero de 2006

Muchas personas coinciden en señalar que en nuestro país existe poco margen para la sorpresa, muchas cosas que suceden constituyen un contrasentido, no obstante lo cuál, los argentinos lo tomamos con la mayor naturalidad, acostumbrados como estamos, a esta clase de extraños acontecimientos, es así como un juez puede ser injusto, un político mudará sus ideas al día siguiente de ser elegido, un sindicalista abogará por la patronal, un empresario se negará a arriesgar su capital y pretenderá vivir del estado, y hasta Mariano Grondona intentará darnos clases de democracia.

Militante aguerrido del antiperonismo durante los gobiernos de Perón, funcionario de la dictadura de Onganía y celoso defensor de la dictadura autoproclamada de Reorganización Nacional junto a su inseparable compañero, por aquellos tiempos felices para ellos, Bernardo Neustad. Con este inmaculado currículum vitae ahora, desde las páginas de La Nación, nos entrega semanalmente su sentencia sobre qué es democrático y qué no lo es.

Es cierto que el diario fundado por Bartolomé Mitre tiene escasos lectores, y que los pocos que aún continúan seguramente sentirán sus oídos endulzados por las ideas de Grondona. También su programa televisivo, en el canal de Hadad y Moneta, se encuentra en un cómodo cuarto puesto del rating, superando solamente al deslucido canal estatal.

La decadencia de Grondona no es consecuencia solamente de las ideas que defiende: antiperonista, defensor de los Estados Unidos y las multinacionales, crítico de la democracia y liberal sólo en la economía. Su crisis también es atribuible a lo anacrónico de sus argumentos. Si Neustad ya está archivado y debe limitarse a un programa en un canal de cable, es posible que el futuro de Grondona siga los pasos de su coequiper de otros tiempos.

Veamos algunas de las opiniones de Grondona desde las páginas de la Nación:

Recurre a argumentos vetustos para denostar al peronismo, se remonta a calificativos como el de “personalismo”, el cuál fue utilizado primero contra el yrigoyenismo y luego contra el peronismo, o sea contra los Movimientos Nacionales del siglo XX, por aquellos sectores oligárquicos e imperialistas que los enfrentaron y los derrocaron.

Veamos la ‘originalidad’ de Grondona: “El político personalista alberga, en cambio, una dimensión dictatorial que debe ser contenida, limitada, por las instituciones democráticas. Cada uno con su estilo, varios herederos de Perón han prolongado la orientación personalista inicial del fundador del movimiento justicialista. Por ejemplo, Menem y Kirchner”

Pero ya veremos que la crítica a Menem no incluye su política económica entreguista a la que Grondona admira. Para rematar su argumento, nos dice: “El político personalista no podría prosperar sin la adulación y hasta la obsecuencia de quienes lo rodean. A veces uno no sabe de qué asombrarse más, de las vocaciones personalistas que siguen floreciendo en contradicción con nuestro sistema democrático o de las amplias reservas de obsecuencia que contiene nuestro escenario político.”

Cuando Grondona se refiere a la obsecuencia ¿incluirá a la pareja que formaba con Neustad que reiteradamente lamieron las botas de nuestros dictadores militares?. ¿O será que sólo hay obsecuentes durante los gobiernos democráticos?.

Aquellos buenos años del menemismo

Como dijimos Grondona tiene añoranzas de la eral menemista: “Ese nuevo problema al que ahora habría que anticipar no será el tipo de cambio ni el déficit fiscal. ¿Podría ser, quizá, la escasez de grandes inversiones? No hablamos aquí de las pequeñas inversiones de corto plazo para responder a una demanda aún en ascenso, porque ellas están ocurriendo. Las que no están ocurriendo son las grandes inversiones estratégicas como las que hubo en los años 90 para ampliar nuestra infraestructura de energía, transportes y comunicaciones y de las cuales todavía estamos viviendo.”

Para continuar en su defensa del menemismo y de las empresas privadas, diciendo: ”Como no hemos tenido grandes inversiones en materia de hidrocarburos durante los últimos años, la Argentina será un importador neto de petróleo en pocos años. Como seguimos expulsando compañías internacionales como las francesas, ya no vienen los grandes capitales. La Argentina se aísla y debilita en el concierto de las naciones. ¿Podremos cubrir este vacío con pequeños capitales privados nacionales y con débiles intentos estatales como Enarsa?”

Tanto Grondona como Neustad fueron los predicadores de las privatizaciones, las que se concretaron durante el menemismo de la peor manera posible, con un grado espectacular de corrupción, pero eso no preocupa al doctor, que ahora olvida que esos sectores que menciona están en manos privadas, y que son precisamente las empresas privadas las que no realizaron ningún tipo de inversión, incumpliendo, la mayoría de las veces, los contratos firmados durante la privatización.

Lo que ocurre es que Grondona se coloca del lado de las empresas privatizadas a las que defiende en su política de saqueo del país, su preocupación no está, ni en el interés nacional, ni en el de los usuarios, se centra solamente en si las empresas extranjeras tuvieron una ganancia suficiente.

Siguiendo con Grondona: “En qué quedamos entonces? El Gobierno, ¿quiere o no quiere atraer grandes inversiones externas? Si no puede o no quiere retener a los capitales que están, ¿cuál será su argumento para atraer a los capitales que no están? Estos capitales, cuando sean convocados, ¿no tendrán en cuenta cómo les fue a sus desilusionados antecesores? Las empresas privatizadas en los años noventa han iniciado 36 demandas internacionales contra el Estado argentino por 20.000 millones de dólares (el 40 por ciento de las que hay en el mundo) debido al incumplimiento de los contratos que en su momento las atrajeron. ¿Es éste un clima apropiado para la campaña de inversiones que anuncia el Gobierno?”

A Grondona sólo le preocupan los supuestos incumplimientos del Estado, nunca el probado incumplimiento de las privatizadas, que como bien decía el doctor en el párrafo anterior no efectuaron ningún tipo de inversión, sólo que él acusa al Estado por no hacer lo que no le corresponde.

Sin duda es una mezcla de malabarista y mago que distorsiona los hechos sin ningún tipo de vergüenza, tal es así que nos enteramos que nunca gobernaron los liberales, en cambio le achaca todos los males al populismo, ¿que es esto para Grondona?, ni más ni menos que un gobierno que hace lo que el pueblo le reclama, pero en labios del Doctor esto es una herejía, en realidad cualquier programa de gobierno que se aparte de lo que las multinacionales reclaman, es una herejía para Grondona : ”El resultado a largo plazo de esta multiplicación del populismo ha sido, como era de prever por la persistente falta de aliento a los capitales, la insoportable multiplicación de la pobreza que hoy padecemos porque el populismo, benéfico en el corto plazo, pero letal en el largo plazo, nunca fue moderado por períodos auténticamente liberales, capaces de restaurar el equilibrio, que exhiben por doquier las democracias exitosas.”

Con un pase de magia descubre que, ni Martinez de Hoz era liberal, ni Domingo Cavallo, un habitué de sus programas, ni Menem, ni María Julia, todos ellos eran unos reverendos populistas.

Un monstruo recorre América Latina

Su editorial del 16 de octubre de 2005 se titulaba ¿Seguirá Kichner las huellas de Chavez?. Cabe señalar que el presidente venezolano se ha granjeado la antipatía de todos los liberales argentinos, que lo han convertido en una especie de monstruo que amenaza las democracias latinoamericanas, no es suficiente que haya ganado las elecciones en las que se presentó, es decir que cuente con el apoyo de la mayoría del pueblo venezolano, los doctores del tipo Grondona han dictaminado: “También es posible, como lo muestra Chávez, que un gobernante se convierta en dictador pese a su origen democrático“.

Obviamente ni Grondona, ni los medios de Hadad, que diariamente atacan a Chavez son originales, todas las argumentaciones que también se concretaron en acciones golpistas, provienen del Imperio del Norte.

Pero el doctor Grondona nunca olvida su reciente espíritu democrático y ha descubierto que la actual democracia no es suficientemente cristalina, por ejemplo nos dice: “Desde el momento en que nuestro Poder Ejecutivo domina al resto de los poderes, tampoco diríamos que la Argentina actual es republicana, sino más bien autoritaria. Como se vio claramente en las elecciones del último domingo, la Argentina no es una autocracia ni una democracia republicana. Es un régimen híbrido al que podríamos denominar democracia autoritaria

Cuando da ejemplos de autocracia sólo se le ocurre mencionar a Cuba y China, no incluye por ejemplo a los gobiernos títeres de Afganistán o Irak, en cambio entre las democracias republicanas incluye a los Estados Unidos, no importa su estado de beligerancia permanente contra países débiles, la sistemática tortura de prisioneros, las prisiones clandestinas a las que no puede ingresar ninguna entidad de Derechos Humanos, o el espionaje interno a ciudadanos norteamericanos que ha sido denunciado recientemente.

Por supuesto, el acontecimiento que más enojo produjo en Grondona fue la Cumbre de Mar del Plata, donde aparecen como protagonistas su ídolo Bush y nuevamente el denostado monstruo, el presidente venezolano: “El máximo ejemplo de demagogia lo dio el presidente venezolano Hugo Chávez. La suya es una demagogia de izquierda porque reitera la falsa promesa del populismo según la cual todo lo que queda por hacer es repartir lo mucho que se supone que hay y en realidad no hay, en vez de educar al pueblo en dirección de las políticas que le abrirían el acceso a los frutos reales del crecimiento de largo plazo, guiándolo como un nuevo Moisés a la tierra prometida del desarrollo”

Pareciera que una de las cuestiones que más irritan a nuestro doctor es que un gobierno elegido por el pueblo cumpla con su mandato y desarrolle políticas que beneficien a los sectores populares, seguramente prefiere a gobernantes que como Menem, al día siguiente de asumir comenzaron a realizar exactamente lo contrario de lo prometido en la campaña electoral. Grondona prefiere las políticas a largo plazo, como la teoría del derrame, esas que nunca llegan porque antes, el país estalla como en el 2001, Cavallo mediante.

Como no podía ser de otra manera, Grondona asumió la defensa del sumiso Fox, presidente de México, que defendió al ALCA y se enfrentó a los países del MERCOSUR, en realidad lo que el doctor siempre defiende, más allá de las personas, es la sumisión a los Estados Unidos, pero en el caso de Fox los resultados son muy escasos, poco tiempo después de su genuflexión, el gobierno de Bush endureció su política de inmigración lo que perjudica en particular a los mexicanos.

¿De que dependencia me hablan?

Siguiendo la línea de pensamiento de Grondona, los latinoamericanos, que somos resentidos, hemos inventado la teoría de la dependencia para echarle la culpa a los Estados Unidos de nuestras propias incapacidades, es difícil encontrar un argumento más reaccionario y autodenigratorio que éste, si bien el doctor reconoce que algunas culpas tiene Estados Unidos, por ejemplo en relación al robo de territorio a México.

Este es el único caso de “error” norteamericano que se le ocurrió mencionar a nuestro erudito doctor, cuando la historia de ese imperio está plagada de invasiones a países latinoamericanos, sin ir muy lejos, recordemos las invasiones a Guyana por el argumento de que estaba gobernada por un amigo de Fidel Castro, o a Panamá por tener un presidente narcotraficante, que antes había estado a sueldo de la CIA.

También financiaron la Contra para derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua, y sostuvieron gobiernos genocidas como en El Salvador y Honduras, donde militares argentinos retirados realizaron parte del trabajo sucio. Cortamos acá lo que podía ser un libro sobre las atrocidades norteamericanas en todo el continente, sin embargo para Grondona, la dependencia es producto del resentimiento y la incapacidad latinoamericana.

“Las grandes potencias no se han caracterizado nunca por el ejercicio de la caridad. Frente a ellas, lo que les corresponde a las pequeñas potencias no es culparlas para eximirse a sí mismas de toda responsabilidad, sino aprender de ellas para emularlas, alcanzándolas eventualmente un día en su grado de desarrollo. Así lo están haciendo hoy decenas de naciones europeas y asiáticas, y hasta una tímida vanguardia de naciones latinoamericanas”

Lo que Grondona no quiere entender a pesar de sus títulos, es que precisamente nosotros estamos así porque ellos hicieron lo que Grondona no se anima a explicar, que si son ricos es porque nos han saqueado.

Su supuesta genialidad que aplaudirán los pocos lectores de La Nación termina con la frase: “Las ideologías son anteojeras que nos escamotean la realidad. Si se suman al resentimiento, resultan explosivas. Después de medio siglo de sombría vigencia, la teoría de la dependencia se ha convertido en un anacronismo al que rechazan sus propios creadores. Mirar a Chávez, como seguir mirando a la ideología de los años setenta, es mirar atrás. Dios, empero, no nos puso los ojos en la nuca, sino en la frente.”

“Todavía hoy, la reacción antiliberal continúa vigente a través de la demonización de los años noventa, que indujo a muchos argentinos a pensar que todo lo ocurrido en ellos fue negativo. La difusión de este furor maniqueo impide por ahora practicar un balance equilibrado de lo que ocurrió en tiempos de Menem. Impide, sobre todo, evaluar con ecuanimidad lo que pasó en los inicios de la década del noventa, cuando la hiperinflación monetaria y el colapso total de los servicios públicos fueron superados a través de una política de inclinación liberal, con su desconfianza en el estatismo y su confianza en el mercado.”

Como podemos ver, en esta editorial del 4 de diciembre de 2005, Grondona se encuentra preocupado por lo que él llama reacción anti-liberal, que no ha sido otra cosa que la reacción del pueblo argentino contra los ajustes interminables impuestos por el FMI y los ministros de economía, que como Cavallo visitaban semanalmente el programa Hora Clave, que ciertamente se constituyó en el vocero del liberalismo mas reaccionario y impopular.

La irritación de Grondona en realidad debería dirigirse contra el pueblo argentino que llegó al hartazgo en los tiempos del “que se vayan todos”, incluso ciertos periodistas que desde los diarios y la televisión siguen predicando el ajuste y más beneficios para las multinacionales.

Patti te quiero

Pero si algo terminó de enervar al doctor, fue la “ofensa” a las instituciones democráticas que realizó el Congreso al no permitir, por ahora, la jura del ex -comisario Luis Patti, acusado de acciones lesivas a los Derechos Humanos. Como ya todos sabemos el ámbito de los Derechos Humanos no forma parte de las preocupaciones del Grondona, más bien parecería sugerir que ese es un tema para “izquierdistas”.

Para defender a su amado comisario, el doctor se despacha con argumentos cargados del más furibundo maccartyismo, muy parecido al utilizado por la última dictadura, comienza señalando que al gabinete de Kichner se han incorporado varios funcionarios que fueron montoneros, para luego señalar que el principal impugnador de Patti fue el diputado Miguel Bonasso, también ex - militante montonero, con lo cual el argumento grondonista concluye que se trata, ni más ni menos, que de una revancha montonera.

Esta argumentación casi calcada de algún expediente policial de los años de plomo, choca con un punto crucial, casi todas las bancadas apoyaron la propuesta de Bonasso y de otros diputados, incluyendo la bancada del PRO, el Ari, los radicales, socialistas y otras agrupaciones muy alejadas del pasado montonero. Tan sólo las bancadas de Rodríguez Saa, de Rico y de Bussi que sumaron en total 8 votos, defendieron a Patti, contra 212 que votaron por analizar en Comisión las acusaciones contra Patti.

¿Qué diría Grondona si el acusador fuera Estados Unidos o Israel y el acusado un nazi? Señalaría como corresponde, que los delitos de “lesa humanidad” nunca prescriben.

Escuchemos nuevamente al enfurecido abogado: ”Si el pueblo tiene el poder, ¿vale menos su voluntad de consagrar diputado a Patti con casi cuatrocientos mil votos que la discriminación ideológica de la que el ex comisario y ex intendente electo de Escobar fue objeto por parte de doscientos diputados? Esta última afrenta es quizá la más grave de todas las que hemos visto en estos días, porque supone que el pueblo, cuando vota, lo hace ad referéndum de lo que decida la Cámara. ¿Quiénes tienen, entonces, el poder en nuestra democracia? “

También Grondona sabe muy bien que si Patti no ingresa, lo reemplazará un diputado de su propio partido, de tal manera que las proporcionalidades que la gente votó no se verán afectadas.

Pero la defensa de Patti no se limitó a una sola de sus editoriales, al parecer es uno de más graves sucesos de la democracia, que implicó el inicio de la etapa “jacobina” del kichnerismo: “La segunda fase de su presidencia comenzó con la exclusión de Luis Patti, quien, pese a ser votado por 375.000 argentinos después de cumplir todos los trámites de ley, fue proscripto lisa y llanamente por una amplia mayoría en la Cámara de Diputados. El promotor de esta maniobra antidemocrática, nuestro pequeño Robespierre, fue el diputado kirchnerista Miguel Bonasso. Las características autoritarias de Bonasso se vieron confirmadas cuando, hace diez días, sus guardaespaldas golpearon con saña al ciudadano Sergio Bolotnikoff, según este mismo lo denunció en los medios.”

Pero los peligros contra la democracia no se terminan con los que le sucedió al pobre Patti: ”Desgraciadamente, el ejemplo de Bonasso no es el único. En una decisión insólita, el consejo directivo de la Facultad de Derecho de la UBA excluyó al profesor José María Dagnino Pastore, un economista respetado y renombrado, por el pecado aparentemente imperdonable de haber ocupado el Ministerio de Economía en tiempos militares”.

Si, doctor Grondona, ser funcionario de una dictadura es un pecado imperdonable y no sólo aparentemente, además lo de respetado y renombrado, corre por su cuenta, viendo las desastrosas condiciones en que quedó el país en 1983 luego de la dictadura.

Qué es lo que le pide Grondona a Kichner? Que abandone esta etapa jacobina e inicie la etapa termidoriana, ¿que significa esto?, lo que Grondona le pide a Kichner es que abandone esta etapa supuestamente revolucionaria y que inicie el camino que emprendieron los gobernantes democráticos anteriores, especialmente Menem, es decir traicionar el mandato popular y recostarse sobre los grandes grupos económicos y así obtendrá el beneplácito de periodistas como Grondona.

Consejos anti - kichneristas

Lejos estamos de creer que la actual situación política constituye una revolución, ni mucho menos, es más si de criticar la gobierno se trata, aprovechamos la oportunidad para hacerle llegar al doctor Grondona algunas sugerencias sobre aspectos donde se debería asumir, a nuestro entender, la crítica al kichnerismo:

1) El cuento chino, significó una monumental patraña, sobre la cual aún estamos esperando algún mínimo resultado, además de la autocrítica del gobierno por haber generado falsas expectativas sobre la generación de puestos de trabajo.

2) La desastrosa política de Transporte, especialmente de los ferrocarriles, cualquier solución en este rubro debería comenzar con la renuncia del Secretario de Transporte. Este gobierno ha incrementado los subsidios a las empresas privadas para que la gente viaje cada día en peores condiciones. Pero dudamos que los pasajeros de la línea Sarmiento del ferrocarril puedan concentrar el interés del doctor Grondona, es más, creemos que es incompatible la lectura del diario La Nación con viajar en esa línea de trenes.

3) El apoyo del gobierno argentino para que uno de los impulsores de la guerra en Irak, Paul Wolfowitz ocupara la presidencia del Banco Mundial. En una de sus últimas resoluciones da vía libre para construir las papeleras en el Uruguay se evidencia que a estos amigos de Bush muy poco les interesa la ecología y mucho los buenos negocios.

4) La inactividad del kichnerismo ante los oligopolios que aumentan los precios internos, sin aplicar ningún tipo de sanción, a pesar que esos incrementos implican condenar a la pobreza a mayor cantidad de personas. Se firman acuerdos que los empresarios no cumplen, y que tienen sólo fines propagandísticos.

5) La política de inmediata privatización de aquellas empresas que habiendo estado en manos privadas concluyeron con un fracaso, el gobierno de forma apresurada y sin licitación vuelve a entregar dichas compañías a manos privadas, nuestra opinión es que deben quedar en manos del estado, luego de comprobar el desastre privatizador. En este sentido la mentalidad kichnerista, no difiere en demasía de la menemista.

6) La decisión de prorrogar por diez años las concesiones a emisoras radiales y televisivas, por la cuál se benefició fundamentalmente al grupo Clarín, medio muy complaciente con el gobierno, y al grupo Hadad, que en un cambio propio de Borocotó, transformó sus críticas en elogios apenas disimulados. Baste ver las estadísticas que aparecen en Infobae, como los reportajes que realizó Gonzalez Oro al presidente, que como es sabido es muy renuente a ser reporteado por periodistas independientes que puedan hacer preguntas incómodas. De este pacto Hadad-Kichner, el opositor Grondona no ha deslizado una sola palabra, ¿tal vez porque Hadad sea su patrón?.

7) Presentarse como representante de la “nueva política” y denostar contra los viejos métodos, a la vez que se presenta en la Casa Rosada a un oportunista político renegando a sus anteriores ideas para acercarse al poder, es un acontecimiento que sólo puede explicarse por la soberbia que parece embargar al gobierno luego del triunfo del 23 de octubre. Pero seguramente no podrá ser ni Grondona, ni su compañero Neustad quienes puedan lanzar la primera piedra en eso de arrimarse al poder.

Sólo señalamos algunas de las cuestiones que nos parecen criticables de este gobierno y que demuestran que lejos estamos de la temida revolución con la que Grondona asusta a los lectores de La Nación y los escasos televidentes de Hora Clave.

Lo que no nos parece aceptable bajo ningún aspecto, y a lo que debemos oponernos con todas nuestras fuerzas, es a los intentos de los sectores reaccionarios de volver a los tiempos menemismo y el delarruismo, donde el país fue entregado vilmente, proceso que concluyó con el estallido del 2001, ambos periodos contaron con un mismo mandamás de la economía, el nefasto Domingo Cavallo, habitué de los programas de Grondona.

Mucho menos podemos permitir el regreso a los tiempos de la dictadura militar que tantas añoranzas provocan en el doctor Grondona. Combatir esas reaccionarias ideas es una necesidad para que nuestro país no deba pasar nuevamente por períodos tan obscuros, donde no existieron ni la democracia, ni la soberanía, ni la justicia social.

No nos dejaremos engañar por señores que estuvieron comprometidos con aquél pasado, aún cuando traten de disfrazarse de defensores de la democracia, la única democracia válida es la que permite la participación de las mayorías y restringe el poder de la oligarquía y sus socios extranjeros. La democracia sólo es posible con justicia social y soberanía nacional, cualquier otra opción no son más que mentiras de ilustrados, sin ningún tipo de sensibilidad social, más preocupados por defender a las empresas privadas que al interés nacional y al postergado pueblo argentino.

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