El Forjista

Las razones de Eva Perón

Capítulo 25 - El renunciamiento

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Cuando se acercaban las elecciones de 1951, tanto la CGT como sectores del Congreso, entre ellos Héctor J. Cámpora, propusieron la candidatura de Eva Perón a la vicepresidencia.

Por otro lado hubo sectores militares afines al gobierno que venían solicitando que se limitara la participación de Eva en los asuntos políticos, el general Sosa Molina, Ministro de Guerra fue el vocero de esas resistencias machistas a la participación de Eva, el presidente tuvo la audacia de resistir esas presiones y permitió que continuara con su incansable actividad.

El empresario peronista Jorge Antonio le contó a Felipe Pigna lo siguiente: “Yo era muy amigo de Lucero, Ministro de Guerra, y él me dice: ‘Mire, Jorge Antonio, a usted el Presidente lo escucha mucho y sería muy importante que le hiciera llegar nuestra preocupación por la candidatura de la señora para vicepresidente. Eso va a caer muy mal en el Ejército y a mí me cuesta un trabajo bárbaro parar ese malestar, como también me cuesta hablarlo con Perón’”.

También la Iglesia se oponía a esa candidatura, sus prejuicios no muy cristianos no veían con buenos ojos a los hijos naturales ni a las actrices, a quienes consideraba por fuera de sus parámetros morales y posiblemente tampoco les agradara ser gobernados por una mujer.

La CGT convocó a un Cabildo Abierto  para lanzar la fórmula presidencial Perón-Perón el 22 de agosto de 1951 en la avenida 9 de julio. Una impresionante concurrencia inundó la avenida desde la Avenida Corrientes hasta Belgrano, Espejo el líder de la CGT leyó una resolución en la que proclamaba la fórmula.

Luego habló Eva que dijo: “Mi General: aquí en este magnífico espectáculo vuelve a darse el milagro de hace dos mil años. No fueron los sabios, ni los ricos, ni lo poderosos los que creyeron; fueron los humildes. Ricos y poderosos han de tener el alma cerrada por la avaricia y el egoísmo; en cambio, los humildes., como viven y duermen al aire libre, tienen las ventanas del alma siempre expuestas a las cosas extraordinarias. Mi General: son los descamisados que os ven a vos con los ojos del alma y por eso os comprenden, os siguen, y por eso, no quieren más que a un hombre, no quieren a otro: Perón o nadie”.

Pero Eva no hizo mención a la aceptación de la candidatura que era lo que había convocado esa inmensa muchedumbre, por eso una vez finalizada la alocución de Eva, Espejo volvió a tomar el micrófono y le solicitó que aceptara la candidatura, ella pide cuatro días para contestar pero la multitud irrumpió en gritos que articulaban un estridente ¡No!, pedían al unísono que aceptara en ese mismo instante.

A continuación se produjo un diálogo entre Eva y la multitud, la esposa del presidente insistió varias veces en que se le permitiera tomarse unos días para pensar la respuesta pero la masa inconmovible insistía. 

Eva dijo su inmortal frase: “Compañeros: No renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores. Yo me guardo, como Alejandro, la esperanza, por la gloria y el cariño de ustedes y del General Perón”.

Pero la multitud no resignaba su insistencia, Eva dijo entonces: “Compañeros, les digo a todos ustedes que ya tenía tomada otra posición, pero haré al final lo que el pueblo diga. ¿Ustedes creen que si el puesto de vicepresidenta fuera una carga y yo hubiese sido una solución, no hubiera ya contestado que sí? Es que, estando el General Perón en el gobierno, el puesto de vicepresidente no es más que un honor, y yo aspiro nada más que a honor del cariño de los humildes de mi Patria. Mañana, cuando…”.

La multitud pedía una definición ese mismo día: “Compañeros: se lanzó en el mundo que yo era una mujer egoísta y ambiciosa; ustedes saben muy bien que no es así. Pero también saben que todo lo que hice no fue nunca para ocupar ninguna posición política en mi país. Yo no quiero que mañana un trabajador de mi Patria se quede sin argumentos cuando los resentidos, los mediocres que no me comprendieron, ni me comprenden, creyendo que todo lo que hago es por intereses mezquinos…”.

Ante cada nuevo reclamo Eva improvisaba: “Compañeros: por el cariño que no une, les pido por favor que no me hagan hacer lo que no quiero hacer. Yo les pido a ustedes, como amiga, como compañera, que se desconcentren”.

¡No!  ¡No! Era la contunden respuesta de una marea que no resignaba su deseo.
“Compañeros: yo se que ustedes lo hacen porque son un pueblo agradecido. Si estuvieran en mi corazón, verían cuánto se lo agradezco y ustedes me darían la oportunidad para que yo pueda pensarlo”.

La respuesta eran miles de No, y Eva dijo “El pueblo es soberano, yo acepto…”, lo que fue entendido como una aceptación por lo que se multiplicaron las expresiones de júbilo, pero no habían dejado finalizar la frase por lo que debió aclarar: “¡No, no, compañeros! Yo acepto las palabras del compañero Espejo y mañana a las 12 del día…”.

El diálogo continuó un poco más, Eva pidió que le dieran algunas horas para contestar esa misma noche a las 21:30.

Espejo por fin tomó el micrófono y dijo: “Compañeros: la compañera Evita nos pide dos horas de espera. Nosotros esperaremos aquí su resolución. No nos moveremos hasta que no nos de una respuesta favorable a los deseos del pueblo trabajador”.

Eva concluyó su intervención sollozando y diciendo: “Compañeros: como dijo el General Perón, yo haré lo que diga el pueblo”. Una ovación interminable cerró la noche.
Ciertas versiones indican que en reiteradas oportunidades, mientras se producía este diálogo histórico, Perón solicitó que se pusiera fin al acto.

No hubo respuesta esa noche, pero la muchedumbre se retiró con la sensación que Eva había aceptado la postulación, pero 9 días después, el 31 de agosto a las 20:30 horas anunció por la cadena nacional su “irrevocable decisión de renunciar al honor que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron conferirme en el histórico Cabildo Abierto del 22 de agosto”.

También explicó que: “No tenía entonces, ni tengo en estos momentos, más que una sola ambición, una sola y gran ambición personal: que de mí se diga, cuando se escriba el capítulo maravilloso que la historia seguramente dedicará a Perón, que hubo al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle al Presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertía en hermosas realidades, y que a esa mujer el pueblo la llamaba cariñosamente: Evita”.

La historiadora Marysa Navarro expuso la idea que posiblemente haya sido Perón quién la convenció de que renunciara por la situación política, sobre lo que no hay mucha coincidencia es sobre si Eva quería o no ocupar la vicepresidencia.

Lo que si queda descartada que haya sido la salud de Eva el impedimento para la postulación, la elección del candidato para acompañar a Perón recayó en Hortensio Quijano que tenía un cáncer que no le permitió asumir en el cargo porque falleció el 3 de abril de 1952, recién el 25 de abril de 1954 se eligió vicepresidente a Alberto Tessaire, quién tuvo una actitud indigna luego del golpe de estado de 1955.  

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