El Forjista

Las convicciones de Erich Fromm

Capítulo 37 - El arte de amar

Cuando escribió el libro “El arte de amar” se propuso convencer a sus lectores que cualquier intento de amar está condenado al fracaso a menos que se desarrolle una personalidad total que signifique adquirir una orientación productiva y se llegue a comprender que el amor individual sólo es alcanzable si también se es capaz de amar al prójimo con humildad, coraje y disciplina.(1)

Antes de introducirse en el tema específico decía que era importante abordar la cuestión de la comunicación entre los seres humanos, pues hay un claro déficit en la sociedad moderna que puede verificarse en la conversación superficial y anodina que abarca gran parte del tiempo en que nos contactamos con los demás.

Es en la conversación diaria o sea en la comunicación rutinaria donde deberíamos elevar el nivel de nuestro intercambio con la finalidad de mejorar las relaciones y el entendimiento con las otras personas. Sobre este aspecto explicaba que: “Un auténtico diálogo no se propone convertir al otro a las propias ideas ni contender con él, sino establecer un intercambio. No se trata de saber quién tiene razón, ni tampoco de si lo que se dice es tan extraordinariamente importante. De lo que se trata es de que sea auténtico”.

La conversación también es un arte y sólo podrá ser recuperada por los hombres cuando en nuestra cultura se supere el modo de vida orientado al logro de fines, la actitud que necesitamos es que la única finalidad sea expresarnos de tal manera que predomine la orientación de ser y no de tener.

Tiempo atrás cuando no existía la televisión, o aún antes cuando no había ni radios ni  automóviles, es decir cuando había mucho menos que comprar aún para las clases adineradas, la conversación formaba parte de la vida cotidiana de las personas, esta costumbre se fue perdiendo a medida que se dedicó más tiempo a los aparatos modernos, que paradójicamente nos permiten comunicarnos con personas que se encuentran lejos, pero paralelamente nos incomunican con quienes están en la cercanía. (2)

Comenzando con el tema del amor digamos que la mayoría enfrenta esta cuestión como si el problema estuviera circunscripto a ser amado¸ y no a que seamos nosotros los que amemos, es decir no se tiene en cuenta la propia capacidad de amar, esta actitud provoca que el asunto se encasille en si somos dignos de ser amados o sea en lograr que se nos ame. Para el caso de los hombres el camino parece estar estrechamente relacionado con ser exitoso, poderoso y rico, en tanto que para las mujeres la cuestión se centra en ser atractivas interviniendo el cuidado del cuerpo y la ropa.  Ultimamente los varones también han incrementado su preocupación por la vestimenta y la apariencia en general.

La relación así establecida parece tener bastante de transacción comercial, según el concepto imperante en este sistema dos personas se enamoran cuando han encontrado en el mercado el mejor objeto disponible dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio.

Dicho sin tapujos, Fromm  mostraba como el amor en el capitalismo tendía a convertirse en una actividad comercial más. “En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y trabajo”.

El camino que nos sugería si tenemos intención de no caer en esas transacciones comerciales-amorosas era el de tomar conciencia que el amor es un arte igual que el de vivir, por lo cual si queremos adquirir la capacidad de amar debemos hacerlo de igual manera que para aprender cualquier otro arte como la música, la pintura, etc.

Conocer un  arte implica interiorizarse tanto de la teoría como de la práctica, a pesar del anhelo de lograr ser amado dedicamos más tiempo a cualquier otra cosa, a la que en definitiva le otorgamos una mayor prioridad, tal como obtener éxito, prestigio, poder o dinero; nos dedicamos gran parte de nuestra vida a estas cuestiones y muy poco a desarrollar el arte de amar.(3)

En las sociedades capitalistas modernas muchas personas suponen que no son amadas porque no son suficientemente “atractivas”,  considerando parámetros que se establecen en base a la apariencia: la ropa, el dinero, la posición social, la inteligencia, el prestigio, etc. No consideran que el problema real no consiste en la dificultad de ser amado sino en la imposibilidad de amar, uno sólo puede ser amado si es capaz de amar.(4)

Fromm tendía a darle al amor una significación que excedía la mera relación con otra persona, decía que se trataba por sobre todas las cosas de una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de ese individuo con el mundo. Si alguien  ama a otro ser pero le resulta indiferente el resto de sus semejantes, no se puede considerar amor sino que se podría definir como una relación simbiótica, sin embargo Fromm no ignoraba que la mayoría de las personas creen que el amor se relaciona con el objeto y no con la facultad.(5)

Existen formas inmaduras de amar como es mediante una relación simbiótica, esta situación se da generalmente entre la madre y el feto, son dos personas sin embargo conforman una sola. El feto es parte de la madre y recibe de ella todo lo que necesita, lo alimenta y protege. Pero cuando se habla de una relación simbiótica psíquica, los dos cuerpos son independientes pero psicológicamente existe el mismo tipo de relación donde la forma pasiva de la vinculación simbiótica es el masoquismo y la sumisión.

La persona masoquista escapa de su sentimiento de aislamiento convirtiéndose en parte de otra que la dirige, gobierna y protege, el individuo masoquista nunca adopta decisiones, de esa manera no asume riesgos.

La forma activa de la relación simbiótica es la dominación y se vincula con el sadismo, los sádicos escapan de la soledad convirtiendo a otra persona en parte de sí misma y también son dependientes de aquellos a los que someten.

A diferencia de una relación simbiótica, el amor cuando es maduro se preocupa por preservar la propia integridad y la del ser amado, es decir la de ambas individualidades. El amor permite superar el aislamiento y vincularse con otra persona pero permitiéndole ser él mismo.(6)

La envidia, los celos y la ambición son pasiones, el amor es una acción, es la práctica de un poder del ser humano que sólo puede realizarse en libertad y nunca como el resultado de una compulsión, al ser una actividad no puede ser considerado como un afecto pasivo, el carácter activo del amor se describe fundamentalmente mediante la acción de dar más que con la de recibir.

Mucha gente entiende que dar es renunciar a algo, es decir sacrificarse, el carácter mercantil que es muy habitual en nuestra sociedad capitalista sólo está dispuesto a dar si a cambio recibe algo que intuye de idéntico valor, de lo contrario lo considera una estafa.

Pero para aquellas personas con un carácter productivo eso no es válido, el sólo acto de dar implica la aplicación plena de mis poderes y riqueza humana, eso sólo debería llenarme de dicha, dar produce más felicidad que recibir pero no porque se considere una privación sino porque al dar experimento mi vitalidad. (7)

Hay distintas formas de amor, no obstante hay ciertos elementos básicos que son comunes a todas, tales son: el cuidado, la responsabilidad, el conocimiento y el respeto. El cuidado es claramente notorio cuando se trata del amor maternal, en palabras de Fromm: “El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos”.

El cuidado y la preocupación de por sí indican la responsabilidad que significa estar dispuesto a comprometerse, la vida de un hermano la asumimos como propia, nos sentimos responsables de su seguridad. La responsabilidad podría degenerar en dominación si no se incorpora el respeto que no significa temor sino el interés porque la otra persona crezca y se desarrolle tal cual es, para que exista respeto es imprescindible la libertad.

Para respetar a alguien es necesario conocerlo, obviamente hay distintos niveles de conocimiento, el que constituye un aspecto del amor no es el más superficial sino el que llega a la esencia de la persona.(8)

Si nos detenemos en las distintas clases de amor, el primero que resalta es el maternal que tiene la particularidad  de ser incondicional, no hay que hacer nada para hacerse acreedor a él, nos aman por lo que somos sin más. El amor infantil en cambio sigue el principio por el cual “amo porque me aman”, el amor maduro en tanto debería responder al precepto “me aman porque amo”. El amor inmaduro responde a la consigna “amo porque te necesito”, el amor maduro en tanto podría decir “te necesito porque te amo”.

Los niños a medida que crecen se hacen más independientes, aprenden a caminar, a hablar, a explorar el mundo sin ayuda, la relación con la madre va perdiendo paulatinamente su significación vital y la que lo vincula con el padre se torna más importante.
 El padre tiene menor relación con el niño en los primeros años, si bien esto fue cambiando con la mayor participación de los padres en la educación de los niños, pero nunca su importancia puede compararse al de la madre.

El padre no representa al mundo natural como es la madre sino que es la expresión de la sociedad, es la representación de la ley y el orden o sea tiene asignado su papel de introducir el concepto de disciplina, es el encargado de enseñarle al niño a conducirse en el mundo.

Cuando la propiedad privada comenzó a tener una importancia primordial en la sociedad, el padre designaba al hijo que iba a heredar, elegía al mejor dotado para conservar y aumentar los bienes. El amor del padre a diferencia del maternal, es condicionado hay que ganárselo y también puede perderse si no se procede de acuerdo a lo que se espera de él.
De esa manera podría decirse que el amor materno da seguridad en la vida en tanto que el paterno es el que guía para la solución de los problemas que va presentando la sociedad.(9)

El amor materno es la reafirmación de la vida del niño a través del cuidado y la responsabilidad para su crecimiento y simboliza el amor por la vida. Suele ser desigual porque existe alguien, la madre quién da su amor, y otro que lo recibe, es altruista y generoso  por lo que todas las sociedades lo han considerado como la forma más elevada y sagrada del amor.

 No obstante existe un componente narcisista en el amor maternal, al ser el hijo parte de la madre, las realizaciones del hijo también son de ella, pueden evidenciar un deseo de posesión de la madre si es una mujer dominante.(10)

 El destino del amor materno es que el niño crezca y en un determinado momento se separe de ella, la madre debería alentar y desear esa separación del hijo, aunque sin duda es una tarea difícil que requiere generosidad y capacidad para darlo todo sin esperar nada a cambio, salvo la felicidad del ser amado, pero en este paso es donde muchas madres fracasan si son posesivas y narcisistas.(11)

Cuando una persona siente que no ha podido dar sentido a su propia vida intenta dársela a sus hijos, esta presión muchas veces tiene como consecuencia que fracase tanto en su vida como en la de sus hijos, además es necesario comprender que cada uno debe resolver los problemas de su propia existencia y no puede otorgarse un poder para que otro lo haga en su lugar.(12)

El amor fraternal es aquel que señala la Biblia cuando dice “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, está indicando el amor a todos los seres humanos por lo cual es una clara expresión de la solidaridad y se caracteriza por la ausencia de exclusividad.(13)

Fromm avanzaba en el tema al decir: “Sin embargo, el amor al desvalido, al pobre y al desconocido, son el comienzo del amor fraternal. Amar a los de nuestra propia carne y sangre no es hazaña alguna. Los animales aman a sus vástagos y los protegen. El desvalido ama a su dueño, puesto que su vida depende de él, el niño ama a sus padres, pues los necesita. El amor sólo comienza a desarrollarse cuando amamos a quienes no necesitamos para nuestros fines personales”.(14)

El amor fraternal debería extenderse también a aquellos que no pertenecen a nuestra intimidad o ámbito de mayor cercanía, es a éste al que Fromm le asigna una especial consideración, porque sólo si somos capaces de amar al extraño nos mostraremos predispuestos a practicar la solidaridad y daremos claras muestras de que podemos renunciar al egoísmo.  

Una creencia generalizada pareciera inducir a pensar que amarse a sí mismo es cuestionable, se lo considera de igual forma que el egoísmo, para Calvino era pecado y para Freud era narcisismo, en cambio Fromm decía que si debe amarse al prójimo como a sí mismo, no hay razón alguna para pensar que amarse a uno mismo deba ser un vicio en vez de una virtud.

La persona egoísta sólo se ocupa de sí mismo, no siente ningún placer en dar sino exclusivamente en tomar, el mundo exterior sólo existe en tanto y en cuanto pueda obtener cosas que les sean útiles, carece de interés por las necesidades ajenas y no tiene respeto por la integridad y dignidad de los demás. Las personas egoístas muestran una incapacidad de amar no sólo a los demás sino también a sí mismos.(15)

El amor a Dios depende de las características matriarcales o patriarcales de la religión, cuando hay predominio de los aspectos patriarcales el amor a Dios tiene similitud al amor al padre, eso significa que será justo y severo, que recompensa y castiga.
Cuando predominan los aspectos matriarcales, no importa cuán pecador o pobre sea el creyente, Dios siempre lo amará de igual forma que al resto, no estableciendo ningún concepto jerárquico o clasificación ente mejores y peores. Al igual que el amor de una madre será incondicional y estará dispuesto a amar y perdonar.(16)

 Al amor erótico generalmente se lo asocia al deseo sexual, creyendo que se ama cuando se desea físicamente, el amor puede inspirar deseo sexual, pero si el sexo no está asociado con el amor conduce a una unión transitoria que deja a los participantes tan separados como antes.(17)

Fromm discrepó con Freud en cuando a la importancia que le otorgaba este último al tema sexual, por eso señaló que amor no es el resultado de la satisfacción sexual, por el contrario la felicidad sexual es la consecuencia del amor.  El amor sólo como satisfacción sexual recíproca o como refugio de la soledad constituye dos formas de desintegración del amor.(18)

Muchas veces se tiene la ilusión que el amor implica la ausencia de conflictos, otras veces son la forma de ocultar los problemas reales, pueden aparecer como desacuerdos sobre asuntos superficiales. Los conflictos reales pueden no ser destructivos y conducir a aclarar ciertos aspectos de la relación, producen una catarsis donde ambas personas emergen con mayor conocimiento.

El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de su existencia, constituye un desafío constante no un lugar de reposo sino una plataforma para crecer juntos, que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza puede ser secundario.(19)

Todo arte, y el amor lo es en la concepción frommiana, tiene sus requisitos independientemente de las condiciones necesarias para un arte en particular, la práctica requiere de una disciplina que debe ser racional y voluntaria con la finalidad de darle un cierto orden y evitar que el proceso de aprendizaje se torne caótico.

La concentración es un elemento indispensable para el dominio de un arte, pero suele ser rara en nuestra sociedad, por lo general solemos hacer varias cosas a la vez, somos ansiosos y consumidores predispuestos a tragar cuanto nos ofrecen: películas, bebidas, información, etc. La falta de concentración se manifiesta en esa incapacidad a estar solos con nosotros mismos.

Otro aspecto importante para desarrollar un arte es la paciencia, la cual es necesaria para encarar cualquier proyecto, nuestra sociedad alienta la rapidez pero pocas veces se obtiene resultados rápidos cuando se debe aprender un arte. De igual manera es fundamental la dedicación, si se pretende dominar cualquier disciplina hay que dedicarle la vida.

De lo que venimos diciendo se concluye que para lograr la capacidad de amar necesitamos tener disciplina, estar concentrados y tener paciencia en todos los aspectos de la vida.(20)

La condición fundamental para el logro del amor es la superación del narcisismo, que como vimos anteriormente consiste en experimentar como real lo que son nuestros deseos e ilusiones, mientras que la realidad exterior se percibe o bien como peligrosa o como algo que sólo nos interesa en tanto nos es útil a nuestros fines. Lo opuesto al narcisismo es la objetividad que es la capacidad de ver a la gente y las cosas tal cual son y  no de acuerdo a nuestros deseos o temores.(21)

 Mientras tememos no ser amados, en realidad tenemos miedo de amar, aún cuando esa actitud sea inconsciente, en tanto amar implica comprometerse sin garantías, entregarse con la esperanza de producir amor en la persona amada, en este contexto amar constituye un acto de fe.

Una actitud indispensable para la práctica del arte de amar es la actividad, esto significa el uso productivo de nuestros propios poderes, si amo estoy en constante estado de preocupación activa por la persona amada, pero no sólo por ella.

La capacidad de amar exige un estado de intensidad, de estar despierto, que sólo puede ser el resultado de una orientación productiva y activa en muchos aspectos de la vida, de tal forma que si no se es productivo en otras esferas de la vida tampoco se lo puede ser en el amor. Sobre todo no hay posibilidad de establecer una división del trabajo en el amor entre los más cercanos y los más lejanos, asumir esto significa un cambio drástico en nuestras relaciones.(22)

Cerremos el capítulo con una nueva cita: “Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al ‘crecimiento’ del hombre. El amor y la unión a alguien o algo fuera de uno mismo permite trabar relación con otros, sentirse uno con otros, sin reducir el sentido de integridad e independencia. El amor es una orientación positiva, para la cual es esencial que se hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de unión”.(23)

(1) El arte de amar, pag. 7
(2) El amor a la vida, pags. 147 a 150                                                                       
(3) El arte de amar, pags. 13 a 17
(4) Psicoanálisis y religión, pag. 115
(5) El arte de amar, pag. 52
(6) Ob. Cit., pags. 28, 29 y 30
(7) Ob. Cit., pags. 31 y 32
(8) Ob. Cit., pags. 34 a 37
(9) Ob. Cit., pags. 46 a 49
(10) Ob. Cit., pags. 54, 55 y 56
(11) Ob. Cit., pags. 56 y 57
(12) Ob. Cit., pag. 100
(13) Ob. Cit., pags. 52 y 53
(14) Ob. Cit., pags. 53 y 54
(15) Ob. Cit., pags 62 a 65
(16) Ob. Cit., pags. 70 y 71
(17) Ob. Cit., pag. 59
(18) Ob. Cit., pags. 88, 89 y 94
(19) Ob. Cit., pags. 101 y 102.
(20) Ob.. Cit., pags. 105 a 108
(21) Ob. Cit., pags. 114 a 117 
(22) Ob. Cit., pags. 123 y 124
(23) El humanismo como utopía real, pag. 132

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