El Forjista

Las convicciones de Erich Fromm

Capítulo 27 - Idolatría y narcisismo

Un principio compartido por todos los humanistas es el de combatir la idolatría, ésta se entiende en el sentido de rendir culto a aquellas cosas que son producto de la mano del hombre y a las que éste concluye rindiéndoles pleitesía.

Una de las misiones fundamentales de los profetas del Antiguo Testamento fue el de luchar contra los ídolos de piedra o de madera, pero el concepto que Fromm introduce es el de señalar que el mundo moderno ha construido sus propios ídolos en la forma de líderes, o de instituciones como el estado, la nación, la producción, la ley y el orden, etc.

Un principio fundamental del humanismo es que la solidaridad entre los hombres y la lealtad a la vida y la Humanidad deben anteponerse a la lealtad a cualquier grupo en particular. Si amo a mi país este amor debe ser también de amor por la Humanidad, si no es así se trata de una adhesión basada en la incapacidad de ser independiente y por lo tanto se convierte en una manifestación de idolatría.(1)

También son ídolos modernos el consumo, la familia, la fama, la bandera, incluso la veneración oficial de Dios, el tema es que en la actualidad no se los reconoce como tales. No hay ninguna diferencia entre los sacrificios humanos de la antigüedad y los sacrificios que se producen en las guerras modernas en nombre del nacionalismo, la religión o el estado.(2)

Un hombre alienado es un adorador de ídolos, se ha empobrecido a sí mismo transfiriendo sus poderes a cosas que están fuera de él, a las que reverencia para conservar una porción de identidad. La lucha contra la idolatría puede unificar a los hombres de todas las religiones con aquellos que no tienen ninguna, la Humanidad puede unirse en la negación de los ídolos en una fe común no alienada, esa era la esperanza de Fromm.(3)

Creyentes y no creyentes deberían emprender un combate contra todas las formas de idolatría, también entre los idólatras hay creyentes y no creyentes, estos creyentes han convertido a Dios en un ídolo, un poder omnisciente y omnipotente aliado con aquellos que detentan el poder en la Tierra y que pretenden seguidores obedientes, sin capacidad para generar pensamientos propios. Por otra parte existen no creyentes que terminan adorando a otros ídolos: la raza, el estado, el partido, el dinero, la producción, algún líder, etc.(4)

 A medida que los hombres son miembros de una determinada institución u organización, o adoptan un determinado estilo de vida o de consumo, comienzan a convertir en ídolos a esos productos que son el objeto de sus propias manos, paralelamente las instituciones y sus miembros, que le dan una determinada estructura, se resisten firmemente a realizar cualquier cambio o establecer algún tipo de reforma que adapte la organización a los nuevos tiempos.(5)

Un jefe o un estado se convierten en ídolos cuando el individuo proyecta sus potencialidades en ellos. En el fascismo y el stalinismo el individuo enajenado rinde culto al líder, pero también aquella persona que se entrega de un modo exclusivo a la satisfacción de su pasión por el dinero, convierte a éste en su ídolo.(6)

Por su parte el narcisismo puede corresponder a un individuo o también aplicarse a un grupo, de hecho el narcisismo colectivo es el único que se pueden permitir los pobres, mientras que los ricos tienen realidades vinculadas con el poder y el dinero que  respaldan su narcisismo individual, aquellos que tienen escasas posesiones o ninguna tienen la posibilidad de participar del narcisismo colectivo que les permite hacerse la ilusión de formar parte de una nación o grupo poderoso.

También puede hablarse de un narcisismo de clase, la familia encierra una cuota importante de él porque influye para que uno se mantenga en los límites de su propia clase, es difícil que las personas se casen con alguien de una clase diferente, más allá de lo que los teleteatros muestran. (7)

El tema de la lucha contra el narcisismo es un aspecto central en las enseñanzas del cristianismo, el budismo y el judaísmo, como así también la de cualquier planteo humanista, para el cual vencer nuestro narcisismo es el principio de todo amor y fraternidad. Todo individuo que se proponga mejorar y desarrollarse debe avocarse a la tarea de reconocer su narcisismo y hacer el esfuerzo por superarlo.(8)

Buda enseñaba que el hombre debe dejar de lado sus falsas ilusiones y estar despierto, en tanto en las tradiciones hebrea y cristiana la meta de vencer el narcisismo se expresa en “ama al prójimo como a ti mismo”, el Antiguo Testamento va más allá al pedir amor por el extraño, es decir por aquel individuo que no forma parte de la familia, clan o nación.

Aunque el concepto de Dios es la negación del narcisismo y la idolatría, Dios también se convirtió en un ídolo y la religión se constituyó en expresión del narcisismo de grupo.(9)

Utilizando los términos de Freud puede decirse que el desarrollo del individuo se define como la evolución desde el narcisismo absoluto hasta adquirir la capacidad para el razonamiento objetivo y el amor. La persona madura es aquella que ha logrado reducir al mínimo su narcisismo sin que desaparezca por completo.(10)

Una persona narcisista no escucha lo que dicen los demás, cuando habla, aún diciendo cosas triviales, cree estar expresando cuestiones fundamentales, y por lo general demuestra desinterés por lo que ocurre en el mundo exterior.

Un narcisista no toma necesariamente a toda su persona como objeto narcisista, puede centrarlo en un aspecto en particular como su personalidad, su honor, su aspecto físico, su inteligencia, etc.  Hay personas cuyo yo está representado por sus posesiones por lo cual una amenaza a sus pertenencias significan un ataque a su vida.(11)

Por cierto que una cuota de narcisismo es necesaria, nos puede proveer de la energía necesaria para la supervivencia. Pero una cosa es esto y otra muy diferente es abusar de ello, que sea necesario para la supervivencia se refiere a un nivel óptimo y no máximo, es aquel que es compatible con la cooperación social.(12)

De acuerdo a lo señalado en el párrafo anterior se puede considerar que hay una forma benigna de narcisismo y otra maligna, la primera es producto del esfuerzo personal, por ejemplo es sentirse orgulloso por un trabajo. La forma maligna no es por algo que la persona realiza sino por algo que posee, ya sea su apariencia, su riqueza, etc.; si el individuo se considera importante por algo que tiene, no necesita realizar ningún esfuerzo, ni tampoco relacionarse con los demás. (13)

En cuanto al narcisismo social o de grupo la Iglesia Católica ha sido un ejemplo de humanismo pero también de narcisismo religioso violento. En los siglos XV y XVI Nicolás de Cusa predicaba la tolerancia religiosa, Marsilio Ficino enseñaba que el amor es la fuerza de toda creación, Erasmo reclamaba tolerancia y Tomás Moro defendió y murió por los principios del universalismo y la solidaridad. Pero frente a ellos se levantaron las fuerzas del fanatismo tanto en el seno de la Iglesia como en Lutero. Fromm nos dice que el triunfo correspondió a los fanáticos que desencadenaron las persecuciones y las guerras religiosas que concluyeron en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) que significó un golpe al humanismo en Europa. (14)

Mientras crecía el narcisismo de grupo también lo hacía el humanismo, con Spinoza, Leibniz, Rousseau, Herder, Kant, Goethe y Marx  se desarrolló la idea que la Humanidad  es una sola y que cada individuo lleva dentro suyo a toda la Humanidad, esto significa que no debe haber grupos privilegiados que se atribuyan alguna superioridad sobre los demás. La Primera Guerra Mundial significó un duro golpe para el humanismo y desató el narcisismo de grupo en el nazismo, el stalinismo, el fanatismo religioso o el anticomunismo  norteamericano.

La evolución del pensamiento científico es un antídoto para el narcisismo grupal, el método científico requiere objetividad y realismo, implica ver al mundo tal cuál es y no deformado por el prisma de nuestros deseos y prejuicios.(15)

Fromm estimaba que una forma de superar el narcisismo de grupo es cambiar el objeto del mismo, si en vez de serlo la nación, la raza, la religión o un sistema político, lo fuera la Humanidad se estaría ante una situación muy diferente. Si la educación destacase los logros obtenidos por la Humanidad en vez de  realizarlo con una nación en particular los hombres se sentirían orgullosos de serlo.

La Humanidad tiene una ardua tarea que encarar por la cual puede mostrar un narcisismo benigno del que sentirse orgulloso en la lucha contra las enfermedades, el hambre y las desigualdades, o en la difusión del saber y el arte.(16)

El narcisismo fue uno de los grandes descubrimientos de Freud, y agregaba Fromm que es posible que no haya nada más importante en el origen de la enfermedad mental, en tanto es una actitud por la cual lo subjetivo, los sentimientos y las necesidades tienen mayor realidad que lo objetivo, lo exterior. (17)

El narcisismo tal cual lo entendía Freud es muy distinto a la vanidad y el egoísmo, si bien el egoísta puede tener cierto grado de narcisismo, pues no tiene demasiado interés en el mundo exterior no obstante puede tener una idea certera de la realidad. Por otra parte el vanidoso no es narcisista, es simplemente una persona insegura que necesita confirmar sus aptitudes. Al narcisista en cambio no le importa lo que opinen de él porque sólo es real y valedero lo que opina él de sí mismo. 

La consecuencia directa del narcisismo es la deformación de la objetividad y el juicio, otra consecuencia es la falta de amor porque sólo se interesa por sí mismo. Para Freud hay ciertas relaciones que pueden tener la apariencia de amor, puede ocurrir con los hijos o con la pareja que se convierten en una vinculación narcisista en tanto sólo se piensa en los beneficios que puede ocasionar dicha relación.(18)

Aquí concluimos la sección que dedicamos a mostrar algunos males individuales y sociales que afectan a las sociedades modernas y que en la visión de Fromm debía   intentarse superarlos con el objetivo puesto en lograr una mejor salud mental en lo individual y lo colectivo.

(1) La revolución de la esperanza, pags. 135 y 136
(2) Y seréis como dioses, pags. 47 y 48
(3) Ob. Cit., pags. 48 y 49
(4) Ob. Cit., pags. 195 y 196
(5) ¿Podrá sobrevivir el hombre?, pag. 19
(6) Psicoanálisis en la sociedad contemporánea, pag. 107
(7) El arte de escuchar, pags. 191 y 192
(8) Ob. Cit., pags 194 y 195
(9) El corazón del hombre, pags. 101, 102 y 103.
(10) Ob. Cit., pag. 70
(11) Ob. Cit., pags. 77, 78 y 79
(12) Ob. Cit., pags. 81 y 82
(13) Ob. Cit., pags. 86 y 87
(14) Ob. Cit., pags. 92 y 93
(15) Ob. Cit., pags. 94 y 95
(16) Ob. Cit., pags. 103 y 104
(17) La patología de la normalidad, pags. 105 y 106
(18) Ob. Cit., pags. 106 y 107

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