El Forjista

Editorial

 

El fenómeno 6,7,8

Mayo de 2010

Que los oligopolios propietarios de los medios de comunicación desconozcan de manera deliberada ciertos sucesos que no son favorables a sus intereses económicos, no significa que dichos acontecimientos estén impedidos de tener una considerable repercusión y aceptación. El programa 6,7,8 que se emite por la Televisión Pública se ha convertido en uno de los fenómenos comunicacionales más importantes surgido en épocas democráticas.

Pero la calidad de este producto televisivo no es un hecho aislado debe considerárselo como parte indisoluble del muy buen nivel que muestra el canal público en estos últimos tiempos. No debemos olvidar que no hace mucho en esos mismos estudios se partían manzanas y se mostraban los almuerzos de la tilinguería, en tanto en la actualidad el canal presenta un interesante equilibrio entre los espacios culturales, artísticos y aquellos que sólo tienen por objetivo el simple pero necesario entretenimiento.

También merece un lugar destacado el brillante contenido del Canal Encuentro que demuestra que la televisión puede ser una poderosa herramienta cuando se coloca al servicio de la educación y la cultura, y no como mecanismo de embrutecimiento que los canales privados muestran en muchos de sus ciclos.

Obviamente nada de este se refleja en los medios concentrados que cada vez más ensimismados en la defensa de sus poderosos intereses económicos han dejado de lado la información y han bastardeado el significado de la diversión.

Pero aún con el silencio o con el ataque directo no pueden ocultar la extraordinaria repercusión de este programa que ha conseguido que muchas personas se sintieran plenamente identificadas con el contenido que se difunde en dicho ciclo. Precisamente su éxito consiste en que su mensaje ha llegado a muchas voluntades que eran olímpicamente ignoradas por los grandes medios, los cuales están afrontando una acelerada pérdida de credibilidad. Esta invisibilidad con que las empresas de la comunicación han intentado marginar a amplios sectores de la población cuyas inquietudes nunca aparecen en sus pantallas y páginas, es lo que realza la función que cumple este programa.

Durante la resolución 125 por las Retenciones Móviles y el tratamiento de la Ley de Medios Audiovisuales los periodistas estrellas han perdido la cordura, como señaló sabiamente un conocido conductor radial "están bajo emoción violenta", han dejado de razonar para concentrarse en una escandalosa defensa de sus patrones, liquidando los últimos vestigios de objetividad.

También han olvidado estos periodistas, muchos de los cuales son más empresarios que periodistas, que este gobierno, les guste o no, ha sido votado por una amplia mayoría y que faltarle el respeto, calumniarlo o ningunearlo, también es hacerlo con sus votantes.

En este marco la función casi jauretcheana de 6,7,8 ha sido la de mostrar crudamente los verdaderos intereses que se mueven detrás de las opiniones e ideas de esos periodistas estrellas y aquellos políticos opositores que se han convertido en sumisos repetidores de los cuestionamientos gestados desde los poderosos grupos económicos.

Podríamos decir que 6,7,8 no sólo nos muestra la marioneta, también nos deja ver los piolines y al titiritero que dirige los movimientos. Es esto lo que ha provocado la reacción enfurecida de los representantes de los grandes grupos, Gustavo Sylvestre del Grupo Clarín, Luis Majul del Grupo Vila-Manzano-De Narvaez y Magdalena Ruiz Guiñazú del Grupo Prisa ha saltado a pedir la censura de este programa, en una muestra más que su cacareada "libertad de prensa" se termina ni bien les deja de convenir a ellos y sus patrones.

6,7,8 ha gestado como hecho casi inédito dos magníficas concentraciones populares, una en defensa del proyecto del gobierno nacional, y la segunda en apoyo a la Ley democrática de medios, que está paralizada por la actuación de jueces mendocinos, territorio donde impera el grupo Vila-Manzano. Por cierto que ninguna de las masivas manifestaciones fueron registradas por los grandes medios, salvo cuando debieron informar de alguna calle cortada, estos actos también mostraron que no toda la clase media se encuentra alienada por la contaminación mediática quen impone Clarín y sus satélites.

Cabe destacar que este programa no hubiese tenido la repercusión que logró si no tuviera el sustento de un gobierno que aún con contradicciones, intenta llevar adelante un proyecto nacional y popular, y que cuenta entre sus más enconados adversarios a los enemigos históricos de los trabajadores y los demás sectores populares.

Este programa oxigenó el espacio televisivo contaminado con tinellis, sofovichs, los almuerzos pacatos y otros productos lamentables; su claro compromiso con los Derechos Humanos, contra toda forma de discriminación, el apoyo a las organizaciones sociales, la batalla contra el clima de temor que quieren imponer los periodistas empresarios, son elementos que justifican con creces el amplio apoyo y entusiasmo logrado en sus fieles televidentes.

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