El Forjista

Clase media y antiperonismo

 

La Argentina oligárquica 

A mediados del siglo XIX dos batallas definieron el diseño del país para las décadas siguientes, la batalla de Caseros que tuvo lugar el 3 de febrero de 1852 significó la derrota del rosismo y la batalla de Pavón que se libró el 17 de septiembre de 1861 con la derrota del Partido Federal y el establecimiento del poder de una oligarquía con asiento en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, que implementó una política económica agro exportadora para un país dependiente con características de semi colonia.

El dominio de esa clase social no se limitó a lo económico, sino que tuvo su correlato en la educación y la cultura de tal forma que era muy poco lo que quedaba fuera de su dominio, hasta impuso su versión tergiversada de la historia para impactar las mentes de los que aún no habían nacido.

La clase dominante asume el papel de representación de toda la sociedad, por eso hay sectores que adoptan y aceptan mansamente ese predominio, copiando los lenguajes, gestos, conductas e imitan las pautas establecidas, el sector de la clase media que busca el ascenso social individualmente, por lo general refleja el pensamiento de esa clase dominante, por supuesto que no todos se someten a esos mandatos y se resisten, aunque esa resistencia suele tener un costo.

La oligarquía acumulaba inmensas extensiones de las tierras más feraces del mundo que obtenía a través de favores políticos y a principios del siglo XX se daba un nivel de vida que le permitía “tirar manteca al techo”, viajar a Europa reiteradamente con la vaca incluida para poder tomar leche fresca, la niñera si había niños que cuidar y hasta el cocinero, para poder agasajar a los amigos europeos.

Por el contrario, la mayoría del pueblo argentino padecía de las necesidades más elementales, en 1934 el médico Pedro Escudero escribió un libro titulado “Alimentación” donde señalaba que muchos jóvenes convocados al servicio militar obligatorio tenían problemas por deficiencias en la alimentación: “… se deduce que el 30% de todos los conscriptos militares del país son defectuosos físicamente. De ese enorme grupo de enfermos el 34 % presenta signos de degeneración física como consecuencia de la subalimentación de sus padres y abuelos”.

Para esa misma época mientras el promedio de vida en Londres era de 53 años, en Buenos Aires descendía a 38, pero en una provincia como San Juan bajaba a 24 años y 8 meses.

La clase media

Ese sistema económico liberal que privilegiaba a una minoría dedicada al comercio exterior de materias primas, también dio lugar a una reducida clase media empleada en las empresas relacionadas al comercio exterior, los bancos, el comercio, etc.

Esta clase media se supo privilegiada, desde un inicio, en un país que mayoritariamente vivía en la pobreza y que maltrataba de manera salvaje a los criollos y los pueblos originarios, si como dijo Jauretche el caudillo era el sindicato del gaucho, su persecución y aniquilación implicó que el gauchaje quedara indefenso, como bien se relata en el Martín Fierro de José Hernández, quien también fue un combatiente de la causa federal.

Esa oligarquía triunfante se caracterizó por un acendrado racismo que vio en todo lo que tuviera que ver con lo nacional un vínculo con la barbarie, en tanto que todo lo que viniera del extranjero en particular de Europa era asociado con el progreso, de ahí la fórmula sarmientina Civilización o Barbarie, que también servía para deshumanizar a los enemigos de la elite, para poderlos exterminar sin culpa de ningún tipo, así fue como se arrasó con el Paraguay en la guerra de la Triple Alianza.

La clase media al saberse privilegiada en un país que despreciaba al nativo, se percató inmediatamente que se ubicaba en un sitial que debía cuidar y por eso era conveniente llevarse bien con los de arriba y para que eso fuera convincente no estaba demás mostrar cierto desprecio hacia los de abajo.

La conveniencia de llevarse bien con los de arriba, quedó claramente establecida desde el principio con el tratamiento que la elite dispensaba a los intelectuales, que tenían las puertas abiertas de los diarios y las editoriales para publicar sus trabajos, siempre que santificaran el sistema establecido, en tanto quienes mostraban signos de rebeldía quedaban marginados y sólo los esperaba el olvido y el silencio de sus compatriotas.

Así explicaba el proceso Arturo Jauretche: “Del dominio económico surge el dominio cultural, la gran prensa es el instrumento más efectivo para sembrar entre la ‘gente culta’ el ideario conveniente que es facilitado por las comprobaciones del éxito inmediato, que parece evidente, de la teoría del progreso ilimitado a lograr por esos carriles: sólo se necesita mantener como dogma indiscutible los enunciados liberales impuestos después de Caseros , y que constituyen el fondo común del pensamiento ilustrado de la Universidad, la escuela y el libro”.

También los profesionales universitarios pudieron comprobar que los puestos mejores remunerados se podían obtener en las empresas extranjeras, así que para llegar a esos lugares, era necesario mostrar una conformidad con el sistema liberal que permitía abultadas ganancias a las empresas foráneas.

La inmigración

Ese desprecio de la oligarquía hacia el criollo implicó tratar borrar todo rasgo propio de nuestra población trayendo inmigrantes preferentemente de Europa, una porción de esa inmigración pasó a formar parte de la clase media ya sea que se radicaba en las ciudades para abrir comercios y talleres o para instalarse en el campo en calidad de chacareros, otros inmigrantes fueron los que integraron la naciente clase obrera argentina originando los primeros sindicatos.

Entre 1857 y 1914 ingresaron al país 3.300.000 inmigrantes, la gran mayoría nunca regresó a sus países de origen, para 1914 los habitantes del país llegaban a 7.885.000 y el 30% era extranjero, pero en la ciudad de Buenos Aires más de la mitad era extranjera.

En 1887 casi el 80 % de los comercios y de los establecimientos industriales de la ciudad de Buenos Aires estaban en manos de extranjeros, en tanto que en 1878 se registra la primera huelga obrera en el país.

Esa inmigración que tuvo una nueva oleada con las guerras mundiales que sacudieron Europa, trajo sus pocas pertenencias y también sus ideas, sus proyectos de vida que de alguna manera aún hoy nos siguen influenciando y marcando nuestro carácter nacional.

Por un lado, estaban los que conformaron una pequeña burguesía en las ciudades y el campo, que veían en su esfuerzo individual y familiar la única forma de lograr una vida digna, el ascenso social estaba en su mira como uno de los objetivos fijados al arribar al nuevo mundo.

Pero hubo otros que llegaron con proyectos muy diferentes, los anarquistas o con otras ideas vinculadas a la izquierda política, que no concebían otra mejora de su situación que no fuera inmersos en un proyecto colectivo, fueron ellos los que conformaron los primeros sindicatos con una premisa que era la solidaridad de los trabajadores.

Esa mentalidad que levantaba las banderas de la solidaridad se integró durante el peronismo con la que mantenían aquellos criollos maltratados por la elite económica y que fue la que sostuvo la clase obrera argentina que hizo su aparición política decisiva en octubre de 1945.

La mentalidad de clase media

La mentalidad de clase media intentó ser instalada desde afuera por la misma oligarquía como forma de separar a ese sector de la clase obrera, porque la unión de ambas clases ponía en peligro su dominio.

El yrigoyenismo fue una expresión de la clase media urbana y rural, los hijos de los inmigrantes pudieron acceder a puestos claves en el Estado que hasta ese momento la oligarquía había considerado de su exclusivo dominio, sin embargo nunca el radicalismo puso en cuestión el sistema económico oligárquico, pero sin duda este movimiento nacional significó una contrariedad  para esa clase, que alentó el golpe de Estado de 1930, dando inicio a la Década Infame, una época signada por la corrupción y la entrega de la soberanía.

Explica Ezequiel Adamovsky que la mentalidad de clase media lejos estaba de deberse a cuestiones meramente objetivas, por el contrario, era alentada por la oligarquía porque implicaba incentivar ese individualismo, el desprecio por la solidaridad y la búsqueda de un éxito que le permitiera diferenciarse claramente de la parte más humilde de la sociedad.

Siguiendo con Adamovsky explica que "Asumir una identidad de clase media tiene sentido para todos aquellos que se habían sentido de algún modo invadidos por la plebe peronista y ofendidos por los discursos del gobierno que situaba al trabajador - y no a ellos- como el "argentino ideal". La identidad de clase media, con sus supuestos implícitos - la decencia, la cultura y la 'blancura' (que quedaba bien en claro por la insistencia en su origen inmigratorio y no criollo)-, les parecía diferenciarse de la despreciable masa de seguidores de Perón."

En tanto que Jauretche explicaba lo que podríamos llamar la falta de conciencia de clase de la pequeña burguesía argentina: “La clase alta y la clase obrera (la oligarquía y el pueblo) conocen el tamaño de sus intereses; poco propensas a la metáfora, acostumbran llamar a las cosas por su verdadero nombre. Rara vez yerran en la elección del instrumento para alcanzar sus objetivos; distinguen en lo más confuso del entrevero cuál es el verdadero aliado y cuál el meramente ocasional. La clase media en cambio, colindante en sus extremos con las otras dos, actúa bajo la presión que le imponen ambas en la beligerancia que las enfrenta”.

Clase media y peronismo

Durante el peronismo se vio claro la preocupación de la clase media porque los obreros ocuparon espacios que antes les estaban vedados y le permitían a la clase media disfrutarlos con exclusividad, así fue como los balnearios, los restaurantes, los cines, los teatros se llenaron ante la mirada entre sorprendida y despreciativa de una porción de la clase media.

Puede haber habido algún tema puntual en que el peronismo haya perjudicado a algún sector  reducido de la clase media, pero en general no se puede decir que ese movimiento haya tenido una política que le produjera perjuicios, lo que sí es indudable que cada vez que los liberales gobernaron hicieron todo lo posible por horadar el nivel de vida de esta clase, lo realmente extraño es que sin embargo, muchos integrantes de la clase media terminaban responsabilizando a los humildes de sus desgracias, a través de epítetos descalificadores como “vagos” y más recientemente como “planeros”.

Algo que es necesario decir es que el antiperonismo o el antikirchnerismo es una manera de aporofobia, que es el desprecio hacia los pobres, esta es una modalidad del odio tan nefasta como el racismo, la xenofobia, la misoginia o la homofobia, pero que ahora cunde desde los medios de comunicación que intentan naturalizarla.

La clase media, en su gran mayoría, fue reacia al peronismo que gobernó entre 1946 y 1955, pero durante las décadas del 60 y 70, y ante el fracaso de los gobiernos que surgieron luego del derrocamiento de Perón en 1955, y con la “Noche de los Bastones Largos” durante la dictadura de Onganía, amplios sectores de clase media, incluso algunos que venían de hogares francamente antiperonistas, se acercaron al peronismo adoptando los valores más cercanos a la clase trabajadora mientras cuestionaban decididamente al sistema liberal oligárquico.

Durante el primer y segundo gobierno de Perón gran parte de la intelectualidad era contraria al peronismo, eso cambió de manera significativa, las muestras de apoyo a los gobiernos kirchneristas de muchos intelectuales fue algo notorio, también hubo un vuelco de jóvenes a la política durante esos gobiernos, muchos de ellos provenientes de hogares que no simpatizaban con el peronismo, ese proceso también se vio entre los profesionales, no fue casualidad que Mauricio Macri atacara en su gobierno de manera brutal e injusta a los abogados laboralistas.

A partir de esas décadas del 60 y 70 de cambios significativos la heterogénea clase media argentina osciló entre esos dos mundos diferenciados y enfrentados, una que sólo veía una salida individual y despreciaba lo colectivo, y la otra que creía que la Patria es el Otro, repitiendo una frase de Cristina Fernández de Kirchner, que junto a su fallecido esposo, formaron parte de esa generación que vio con otros ojos y otra mentalidad a la clase trabajadora y su visión solidaria que buscaba una sociedad más justa, como consecuencia de lo cual despertó el odio de la oligarquía y esa porción de la pequeña burguesía que sigue siendo prisionera de la elite económica y sus medios concentrados.

Ahora parece ser en el periodismo donde se encuentran esas almas en venta dispuestas a servir a la elite económica, porque desde que los dueños de los medios de comunicación integran esa oligarquía que domina el país, vemos un panorama de periodistas y comunicadores, dispuestos a cualquier engaño para satisfacer los deseos de sus patrones, ya sea apoyando a un gobierno neoliberal corrupto o desestabilizando a un gobierno popular con difamaciones y actuando en conjunto con el Poder Judicial mafioso.

La liquidación de los sueños

La búsqueda individual de la movilidad social ascendente de la clase media, se daba a través de la educación, el título universitario es el principal medio para que un integrante de la clase media pudiera mejorar su situación económica, la obra de teatro de Florencio Sánchez “M'hijo el dotor” reflejaba esa aspiración.

Julio Mafud en su estudio sobre la clase media señala que en la medida que se obtenía el buscado ascenso social era necesario mostrar la conformidad con el sistema imperante que había posibilitado ese ascenso, a la vez que se rechazaba todo lo que implicara un cambio.

La elite económica convenció durante mucho tiempo a la clase media que si se esforzaba y se capacitaba podrá ascender socialmente, de alguna manera esa era la zanahoria que recientemente adquirió el nombre de meritocracia, lo que se sobreentendía pero que no se decía era que además había que mostrar una conformidad con el sistema económico impuesto por el liberalismo.

Sin embargo, algo vino a romper con ese fututo idílico que le vendieron a la clase media con aspiraciones de ascenso, las continuas crisis del proyecto oligárquico fueron minando la confianza de la clase media en un futuro venturoso.

Con el “rodrigazo” del lopezreguismo, las políticas aplicadas por la dictadura, que entre otras cosas significaron una inflación desbocada con salarios deprimidos y la quiebra de empresas nacionales, las hiperinflaciones de Alfonsín y Menen, la profunda y casi terminal crisis del 2001, pulverizaron muchas veces los ahorros de la clase media, liquidaron talleres y comercios que habían construido y mantenido por generaciones.

Defendiendo otros intereses

Esas crisis periódicas que asolaron al país pulverizaban los ahorros y los sueños provocando una situación de inseguridad, acompañada de angustia y sobre todo temor.

Como señalaba el pensador humanista Erich Fromm “No tener un anclaje en un ‘nosotros’ en esa sociedad es caer en la soledad y el aislamiento.”

Esa situación dispara una agresividad que la mayoría de las veces se dirige injustamente hacia las clases bajas que no tienen poder de decisión en vez de hacerlo hacia la responsable que es la oligarquía que detenta el poder aun cuando no tenga a sus representantes en el gobierno.

Esta es lo que se conoce habitualmente como la falta de conciencia de clase del sector medio de la sociedad que termina apoyando a los responsables de sus desgracias, situación que es incentivada por los medios de la elite económica que distorsionan la realidad y desinforman de tal forma que se evite ver a los verdaderos responsables de los males que aquejan al país.

Veamos algunos ejemplos donde se advierte claramente actitudes de sectores de la clase media defendiendo otros intereses que no son los suyos:

Cuando el gobierno de Alberto Fernández amagó con nacionalizar la empresa Vicentín, cuyos dueños promovieron un fraude monumental que afectó a los proveedores y al Banco Nación, surgieron manifestaciones en contra de la medida, y se hizo viral la foto de un auto destartalado con un cartel que decía “Todos somos Vicentín”.

Cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dispuso un impuesto a los autos de alta gama, muchos integrantes de la pequeña burguesía mostraron su malestar, aunque algunos posiblemente no estuvieran en condiciones de comprar y mantener un auto de esas características.

Otra particularidad de esa clase media individualista es la de imitar el comportamiento de las clases altas cuando su situación comienza mejorar un poco, y para eso nada mejor que recurrir a Jauretche para que nos relate una anécdota.

El pensador nacional cuenta en uno de sus libros una anécdota de su amigo Darío Alessandro que fue intendente de Rojas, en esa ciudad se recibió de maestra una chica muy humilde, el intendente le consiguió un empleo y la posibilidad de unas vacaciones de Mar del Plata porque nunca había salido del pueblo, pasaron 10 años y el intendente se encontró con la madre de la maestra y le preguntó si la chica seguía yendo a Mar del Plata la respuesta fue: “No, ahora va a Punta del Este, a Mar del Plata va cualquier clase de gente”.

Cuando los trabajdores mejoran

No ha sucedido con muchos gobiernos pero cada vez que los de abajo mejoran su situación  como ocurrió con el peronismo y el kirchnerismo, sectores de la clase media se molestaban, a veces a niveles de enorme crispación, así lo razonaba Jauretche: “Molesta solamente al escalón inmediato superior, a esa clase quiero pero no puedo de la pobreza vergonzante, a quien parece disminuir socialmente el ascenso de los que estaban un poco más abajo, porque se alteran sus jerarquías rutinarias de la importancia social”

Mientras sectores de clase media reverencian y admiran la riqueza de aquellos que hicieron fortuna perjudicando al país, sin embargo se enfurecen cuando ve a un humilde trabajador que mejora, cuando lo único que debería evaluar es su propia situación y no fijarse en los demás,  como ya dijimos, en general ni el peronismo, ni el kirchnerismo perjudicaron a la clase media.

Veamos el caso más reciente del gobierno de Cristina Kirchner donde gran parte de la clase media y sectores del sindicalismo de los trabajadores con mejores salarios, pusieron como tema central el Impuesto a las Ganancias, muchos de los cuales votaron luego al macrismo que prometió eliminar el impuesto para los asalariados, cosa que no cumplió pero que consiguió que más trabajadores lo pagaran, sin embargo el tema prácticamente desapareció de las agendas de los medios como de los sindicatos, mostrando que había otros temas mucho más importantes para los trabajadores.

Equivocando el enemigo

Existen situaciones particulares en que aquellos defensores de la salvación individual explotan y por un tiempo dan la impresión de comprender la necesidad de soluciones colectivas, eso ocurrió en el 2001 cuando el gobierno de la Alianza con la dirección de Domingo Cavallo le confiscó los ahorros para salvar a los bancos, ahí la clase media salió a la calle y se escuchó en algunos barrios porteños gritar “Piquete, cacerola, la lucha es una sola”, pero cuando mejoró la situación, en esos mismos barrios arreciaron las quejas contra los piqueteros por los problemas de tránsito.

Por eso nos dice Julio Mafud que cuando a la clase media le va bien suele inclinarse hacia la clase alta y cuando le va mal hacia la clase baja, o como decía Jaureche: “La clase media cuando está bien vota mal y cuando está mal vota bien”.

Una de las formas que usa la oligarquía para azuzar a la clase media contra los gobiernos populares es a través de la denominada “moralina”, Jauretche afirmaba que la moral podía ser un gran negocio, detrás de la furia porque un funcionario de un gobierno popular pasa una factura por un café con leche, se esconde la enorme expoliación de la que es víctima toda la Nación, muchas de las veces a través de un endeudamiento que somete a varias generaciones, pero que muchos ignoran y silencian porque se saben cómplices por haber apoyado esas políticas.

En tanto Jorge Abelardo Ramos escribió al referirse a la clase media antiperonista: “Todo su ‘moralismo’ proviene de esa inestabilidad que la hace odiar las revoluciones y el desorden, la industrialización y la inflación que inevitablemente acompaña a aquella. Gana más dinero, en realidad; de un modo u otro mejoró sus condiciones de vida, pero no en las proporciones que su memoria recuerda … Está furiosa y no sabe hacia donde volcar su furia, la burguesía comercial ligada al imperialismo, moviliza a la pequeña burguesía contra Perón y reduce la terapéutica de los males que la aquejan a la supresión del gran culpable”

El odio de la clase media hacia Perón en 1955, y antes a Eva y después a Cristina, sin duda está manipulada desde arriba por una clase que no quiere perder sus privilegios que mantiene por generaciones.

El proyecto nacional necesita a la clase media

La necesidad de que la clase media deje de estar subordinada a los intereses de la derecha antinacional, como se puede comprobar en Córdoba y la ciudad de Buenos de Buenos Aires, debe encararse en tres planos: el educativo, el cultural y el de los medios de comunicación.

Si bien en los últimos años hubo un cambio en la educación pública rompiendo con la tradición sarmientina de desprecio por todo lo nacional, aun existen ciertos  reductos, en particular en algunos colegios privados que parecen educar con programas que no responden a una necesidad de incentivar la creatividad y una conciencia nacional y democrática de los alumnos.

Reiteradamente escuchamos las declaraciones discriminatorias de la ministra de Educación de la ciudad de Buenos Aires, educada en un colegio en Bariloche de la colectividad alemana que era regenteado por el genocida nazi Erich Priebcke, lo más grave es que a la ministra se le nota en sus declaraciones y decisiones esa educación antidemocrática.

Aún existen colegios privados donde la democracia no parece haber llegado, ni tampoco en colegios religiosos donde perduran prejuicios retrógrados que más tarde o más temprano adoptan la forma tenebrosa del odio.

En la ciudad de Buenos Aires la mitad del sistema educativo primario es privado con una cantidad creciente de chicos y chicas que todos los años quedan sin vacantes en las escuelas públicas ya son cerca de 20.000, en tanto que en Córdoba la mitad de los alumnos en el nivel secundario concurren a colegios privados.

En un país con la pobreza que existe en Argentina, la solidaridad debería ser incentivada, todos los colegios deberían promover proyectos solidarios para acercar ayuda a los sectores más castigados, hoy vemos como muchas personas pasan sin inmutarse ante un indigente obligado a vivir en situación de calle, eso debe cambiar y es mediante la educación donde debe comenzar.

En lo relativo a la cultura, es imprescindible que existan revistas y editoriales donde los más jóvenes puedan expresar sus ideas e inquietudes a nivel masivo, publicar un libro en la Argentina es toda una hazaña, teniendo en cuenta la escasez de productos culturales como pueden ser las revistas que en otros tiempos proliferaban en nuestro país.

En cuando a los medios de comunicación está demás explicar la necesidad de la aprobación de una Ley de Medios, durante su discusión en el gobierno de Cristina Kirchner quedó suficientemente explicitada la necesidad de la misma, sólo la complicidad con los sectores oligárquicos puede justificar una negativa a aprobarla.

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Fuentes:
Julio Mafud, Sociología de la Clase Media, Distal 1985
Ezequiel Adamovsky, Historia de la clase media argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919 – 2003, Planeta, 2009
Arturo Jauretche, LOS profetas del odio y la yapa la colonización pedagógica, Peña Lillo Editor 1975
Arturo Jauretche, El medio pelo en la sociedad argentina, Peña Lillo Editor, 1974
Jorge Abelardo Ramos, La era del Bonapartismo, Plus Ultra 1974
Jorge Abelardo Ramos, La bella época, Plus Ultra 1973

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