El Forjista

Editorial

 


 Un charlatán en la Argentina

Noviembre de 2005

Francis Fukuyama es norteamericano y estuvo en Buenos Aires participando del Seminario “Explicando la brecha EEUU. – América Latina” organizado por la Universidad Di Tella y patrocinado por la Fundación Daniel Chávez Morán y el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Nación, la Revista Ñ y el Malba.

El visitante escribió en 1992 un libro titulado “El fin de la historia”, desde el mismo título se podía detectar la patraña de este ideólogo del liberalismo, precisamente el fin de la historia según Fukuyama, ocurrió luego de la caída del Muro de Berlín y la consecuencia era el triunfo definitivo del lib0eralismo que se impondría por todo el mundo.

Esa teoría implicaba también el fin de las ideologías, quedando en pie una sola, por supuesto el neoliberalismo, por cuya aplicación se produciría un efecto derrame que llevaría el bienestar a amplios sectores de las sociedades. A su vez el Estado dejaba de jugar un rol de importancia y por lo tanto, aquellos países que aún no lo hubiesen hecho, deberían comenzar su proceso privatizador. Ambas ideas fueron implementadas por el menemismo y el delarruismo en nuestro país con el consabido resultado catastrófico.

Los atentados a las Torres Gemelas del 11 de septiembre del 2001 también derrumbaron el frágil esquema ideológico montado por Fukuyama, a partir de ese momento se convirtió en una especie de hazmerreír de intelectuales con algún grado de mayor seriedad.

También la debacle del delarruismo en la Argentina, mostró a las claras el efecto devastador de esas políticas en los países débiles como el nuestro. Pero si faltaba poco, también los hechos ocurridos en Nueva Orleans por el Huracán Katrina, donde se evidenció el desprecio del gobierno de Bus por los sectores humildes, como así también la rebelión de los inmigrantes en París, demostrando hasta que punto estas políticas lejos estaban de beneficiar a las mayorías.

Como nos enseñara Jauretche, el mecanismo con estos gurúes es muy sencillo primero los medios de difusión tratan de convertirlo en un personaje importante, para que luego su opinión parezca también importante. Pero aún cuando existan Universidades y Fundaciones argentinas que están dispuestas a gastar su dinero invitando a estos devaluados intelectuales, esto no modificará en nada el desprestigio del charlatán en cuestión.

En el plano económico, en la Argentina estamos cansados de esos gurúes que siempre se equivocan, pero como su opinión coincide con los dueños de los medios de comunicación, siguen estando en esos medios y se los sigue consultando, como si supieran.

Lo que no siempre se dice, es que Fukuyama fue funcionario del Departamento de Estado norteamericano y aunque ya no lo sea sus opiniones, tienden a la defensa del gobierno de su país, lo cuál no está mal, siempre y cuando no se nos trate de mostrar sus opiniones como las de un intelectual desinteresado.

Últimamente tiene un grado mayor de humildad y se encuentra en un proceso autocrítico, reconoce un mayor papel del Estado y la desigualdad en la distribución del ingreso, pero eso no cambia para nada los errores garrafales del pasado que implicaron políticas destructivas en la mayoría de los países. Así que le podríamos decir a Fukuyama, tarde piastes.

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