El Forjista

Ramón Carrillo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ramon Carrillo

Los argentinos somos muy afectos a emocionarnos cuando  un médico o religioso europeo se interna en la selva africana para ayudar a los habitantes de esa región, tal decisión la recibimos como ejemplo de desprendimiento y sacrificio. Sin embargo, si practicáramos más asiduamente la costumbre de mirar hacia adentro de nuestras fronteras podríamos recalar en la inmensa figura de Ramón Carrillo, responsable de la Salud Pública durante el gobierno del General Perón, pues en su gestión se combatieron enfermedades que asolaban al país, particularmente a los hogares más humildes.

Por esa costumbre según la cual la historia la escriben los que ganan, la autodenominada Revolución Libertadora y los gobiernos que la sucedieron trataron de ocultar y silenciar la descomunal obra de Carrillo, quién tal vez tenga el honor de ser el argentino que salvó más vidas de compatriotas.

Nació el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero, fue el primero de los 11 hijos que tuvieron María Salomé Gómez y Ramón Carrillo. Su padre fue profesor, periodista y político.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela Normal “Manuel Belgrano” en su ciudad  natal, rindió libre los dos últimos grados lo que le permitió ingresar al Colegio Nacional a los 12 años.

A los 16 años presentó un trabajo histórico sobre el caudillo santiagueño “Juan Felipe Ibarra: su vida y su tiempo” que fue premiado en su provincia y también escribió “Glosa de los servidores humildes” donde comenzaba a mostrar su preocupación por la protección de la vejez.

En 1923 egresó del bachillerato con medalla de oro y al año siguiente comenzó a estudiar en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, donde obtuvo el título de médico a la edad de 22 años.   

En 1930 sus altas calificaciones le permitieron ganar la Beca de la Universidad de Buenos Aires que consistía en tres años de perfeccionamiento en Europa que lo llevaron a Holanda, Francia y Alemania.

Regresó al país en 1933 y por instrucciones de los destacados profesionales Balado y Arce se le encargó la organización del Laboratorio de Neuropatología del Instituto de Clínica Quirúrgica.

Durante los primeros ocho años luego de la graduación dedicó su tiempo a la investigación y al estudio de las materias relacionadas con la neurología, manteniendo estrecha relación y consulta con los profesionales que desarrollaban su tarea en los hospitales que luego se llamarían Moyano y Borda.

Transcurrían los años de oprobio de la Década Infame, surgía FORJA agrupación con la que Carrillo simpatizaba, manteniendo un fluido contacto con uno de sus integrantes y comprovinciano Homero Manzi.

También se sintió atraído por ese mundo tan acogedor que representaban los bares de Buenos Aires donde se discutía de la vida, de los amores y las tristes realidades de aquellos años, en ese ambiente trabó amistad con los hermanos Discépolo.

En 1937 recibió el Premio Nacional de Ciencias y dos años después se hizo cargo del servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar. Esta función le permitió conocer a fondo la realidad sanitaria del país, ya que por esos años muchos jóvenes eran  rechazados del Servicio Militar por no tener la aptitud física para encarar las actividades militares, en la mayoría de los casos esas enfermedades estaban relacionadas con la pobreza, muy particularmente en aquellos que provenían del Interior.

Realizó algunos trabajos estadísticos donde llegó a conclusiones alarmantes, el país contaba apenas con el 45% de las camas necesarias pero en algunas regiones esa disponibilidad era nula.

La situación de los hospitales públicos era por demás deficiente y no dependían de una política estatal de servicio público sino que quedaba librada a la buena voluntad de la caridad de algunas instituciones. Carrillo era consciente que la salud no podía depender de la caridad sino de una política de estado por eso declaró: "La caridad es una virtud cristiana admirable, pero no puede ser la base de una doctrina para el gobierno de la salud pública". 

En 1941 fue designado profesor adjunto de la Cátedra de Neurocirugía, y al año siguiente al morir su maestro Manuel Balado, titular de la Cátedra, se presentó al concurso para reemplazarlo logrando el nombramiento a los 35 años.

Al asumir su cátedra sostuvo ante sus alumnos: “…los más nobles sentimientos se pervierten en el vaso impuro del corazón humano si un ideal altruista y de trabajo no lo embalsama, purificándolo del mal de las codicias y de la convicción materialista de que la vida es botín legítimo del más fuerte". 

En 1944 conoció en el Hospital Militar al coronel Juan Domingo Perón, con quién mantuvo una serie de conversaciones sobre la realidad nacional pero fundamentalmente se concentraban en analizar las falencias del sistema sanitario, poniendo el acento en los sectores más necesitados a los que no llegaba la atención médica. Carrillo vio con mucha simpatía las actividades desarrolladas por Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.

A comienzos de 1945 la Escuela de Medicina designó a Carrillo como su representante en el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires.

Perón fue electo presidente en los comicios del 24 de febrero de 1946, el nuevo gobierno mostró de inmediato que estaba dispuesto a encarar la resolución de los principales problemas de los más humildes. En esa dirección creó la Secretaría de Salud Pública en la que fue nombrado Carrillo, cargo que sumiría el 4 de junio de ese año y que ocupó hasta el 16 de junio de 1954, con la reforma constitucional de 1949 la Secretaría se transformaría en Ministerio.

A poco de asumir Carrillo pudo vislumbrar las muchas necesidades por la que atravesaban los servicios de salud en el país: instalaciones deficientes, falta de camas, equipo médico, insumos y personal capacitado.  

Siguiendo los lineamientos definidos por Perón, Carrillo desempeñó con patriotismo y sentido del deber su labor cumpliendo estrictamente los lineamientos definidos por el presidente que esencialmente establecían que todas la personas tenían  igual derecho a la vida y a la salud, que no podía desarrollarse una política sanitaria sin una política social, y ésta no era posible sin una economía al servicio de las mayorías, y finalmente, que de nada sirven los adelantos de la medicina si los mismos no llegan al pueblo.

Además Carillo desarrolló su función prestando particular atención a tres pilares sobre los cuales se construyó su política y que no habían sido tenidos en cuenta por gobiernos anteriores. Ellos eran la medicina social, la medicina preventiva y la atención materno-infantil.

Desarrolló un plan monumental que contenía más de 4000 páginas al que denominó “Plan Analítico de Salud Pública”. Este documento contemplaba hasta los más mínimos detalles incluyendo las funciones de todos los actores intervinientes en el funcionamiento de una política social de la salud, y definía aspectos como la actividad en las lavanderías, la administración, la contabilidad, etc.

Hasta la llegada del peronismo se trababa de mantener como elementos independientes a la enfermedad y la pobreza, Carrillo terminó con esa concepción oligárquica y lo ubicó en su justo lugar, así decía: "Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas". 

La gestión de Carrillo fue realmente espectacular en cuanto a los resultados, su increíble capacidad de trabajo le permitió demostrar hasta qué punto es posible construir cuando se tiene un arraigado espíritu solidario y un gobierno popular dispuesto a apoyar y desarrollar la actuación de este médico. Obviamente Carrillo no podría haber sido funcionario sin la presencia de las masas populares en la vida política.

Infinidad de enfermedades castigaban los hogares argentinos pobres, pero las mismas no eran consideradas ni combatidas como enfermedades sociales. La tuberculosis o el paludismo castigaban la salud de la población. “Hasta ese momento, la medicina era considerada tradicionalmente como una profesión y actividad privada, destinada al enfermo individual. La creación de instituciones hospitalarias para atender a los grupos marginales o desprotegidos se inspiraba preponderantemente en la idea de la caridad y también se consideraba, en principio, una actividad de asociaciones privadas, en la cual el Estado sólo intervenía subsidiariamente”.

También se ocupó por el diseño arquitectónico de los nuevos hospitales y centros de salud en general, preocupándose porque los mismos fueran espaciosos y luminosos.

Puso la atención en un desarrollo federal de la salud, dividiendo el país en regiones y preocupándose por los problemas específicos de cada zona. Esto permitió que las vacunas antivariólicas y antidiftéricas llegaran a los lugares más distantes y aislados.

Durante los gobiernos de Perón la inversión en políticas sociales y en salud pública se incrementaron sustancialmente comparados con los anteriores gobiernos y también con los posteriores. Los liberales, que combatieron al peronismo incluso recurriendo a los militares para su derrocamiento, siempre consideraron estas inversiones, primordiales para la mayoría de los argentinos, como meros “gastos” que eran mejor evitar.

La medicina preventiva no fue considerada en el país hasta la llegada de Carrillo a la función pública, así la definía:  "La medicina moderna tiende a ocuparse de la salud y de los sanos y el objetivo principal es ya no curar al enfermo sino evitar estar enfermo". "La medicina no sólo debe curar enfermos sino enseñar al pueblo a vivir, a vivir en salud y tratar que la vida se prolongue y sea digna de ser vivida". 

Una concepción ideológica que privilegiaba lo social sobre el lucro individual permitió avanzar en planos tan importantes como por ejemplo, la mortalidad infantil que del 90 por mil en 1940 bajó por obra del peronismo y su Ministro de Salud al 56 por mil en 1955. En tanto que la tuberculosis de 130 cada cien mil en 1946 a 36 cada cien mil en 1951. Cifras por demás demostrativas de la política de salud de aquellos años.

Decía Carrillo: “Actualmente no puede haber medicina sin medicina social y ésta no puede existir sin una política social del Estado. ¿De qué sirve a la medicina resolver científicamente los problemas de un individuo enfermo, si simultáneamente se producen centenares de casos similares por falta de alimentos, por viviendas antihigiénicas –que a veces son cuevas – o por salarios insuficientes que no permiten subvenir debidamente las necesidades? Los problemas de la medicina, como rama del Estado, no podrán ser resueltos si la política sanitaria no está respaldada por una política social”.

Antes de Perón, Eva y Carrillo la vida de las plantas y los animales eran mucho más importantes que la de los seres humanos. Existía la Dirección Nacional de Sanidad Animal y Vegetal que dependía del Ministerio de Agricultura y que tenía mayor rango que el Departamento Nacional de Higiene de quién dependía ocuparse de la salud de la personas. Esa política de la oligarquía gobernante al pre-peronismo tenía como resultado que fuera más importante la lucha contra la garrapata que contra el paludismo, la tuberculosis o el Mal de Chagas.

En 1928 el Doctor Carlos Chagas, oriundo de Brasil y descubridor del mal, le envía una carta al argentino Doctor Salvador Mazza, y en ella le señala: "Si desea investigar esta enfermedad, tendrá todos los gobiernos en contra. A veces pienso que más vale ocuparse de crustáceos y batracios que no despiertan la alarma de nadie". 

Desde la gestión de Carrillo se comenzaron a cumplir normas sanitarias incorporadas en la sociedad argentina como las campañas masivas de vacunación (antivariólica y antidiftérica) y la obligatoriedad del certificado para la escuela y para realizar trámites. Se implementaron campañas masivas a nivel nacional contra la fiebre amarilla, las enfermedades venéreas y otros flagelos.

Carrillo combatió y triunfó contra el paludismo con núcleos de agentes sanitarios que recorrían rancho por rancho y casa por casa, la salud llegaba a los rincones más remotos de la patria. Aún subsisten como testigos de la obra de Carrillo los institutos, hospitales, centros, etc.; creados por aquella época con un sentido auténticamente federal, llegando a lugares como Clorinda, Tartagal, Diamante o Río Grande donde se crearon hospitales para una atención integral de la población.

También la política desplegada por Carrillo permitió que algunos medicamentos pudieran venderse en las farmacias a precios populares.

Plasmó en su función su mirada humanista: "Mientras los médicos sigamos viendo enfermedades y olvidemos al enfermo como una unidad biológica, psicológica y social, seremos simples zapateros remendones de la personalidad humana.” ”Debemos pensar que el enfermo es un hombre que es también un padre de familia, un individuo que trabaja y que sufre; y que todas esas circunstancias influyen, a veces, mucho más que una determinada cantidad de glucosa en la sangre. Así humanizaremos la medicina". 

Carrillo con el apoyo de Eva Perón creó los Torneos Infantiles Evita que promovían el deporte como forma del desarrollo de una política de salud pública ya que se le realizaban estudios médicos a todos los chicos intervinientes.

Enfrentado con otros miembros del gabinete Carrillo renunció en 1954 y Perón lo envía a los Estados Unidos, partiendo el 15 de octubre de ese año, dio una serie de conferencias en la Universidad de Harvard.

Al producirse el golpe de estado que derrocó a Perón se encontraba en los Estados Unidos, consigue trabajo en una empresa minera norteamericana que desarrollaba su actividad en el Amazonas.

La dictadura decidió congelar todos los bienes de quienes fueron funcionarios peronistas, él le envió un telegrama a Lonardi para ponerse a disposición para ser investigado, pero nunca obtuvo respuesta, sin embargo son interdictas dos propiedades la cuales fueron  allanadas y se le secuestran cuadros y libros, iniciándose una causa por “enriquecimiento sin causa”.

Una hermana de Carrilllo se presentó ante Junta Nacional de Recuperación Patrimonial  para demostrar la legitimidad de los bienes.

Cuando venció su contrato con la compañía norteamericana permaneció en el nordeste brasilero en Belem do Pará ejerciendo como médico rural, atendiendo de manera gratuita hasta que un accidente cerebro vascular le provocó la muerte el 20 de diciembre de 1956, se encontraba en la mayor de las pobrezas. En 1972 sus restos fueron repatriados y enterrados en Santiago del Estero. Los argentinos aún estamos en deuda con él.

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Fuentes:

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