El Forjista

La Revolución según Mariano Moreno 

Capítulo 19 - La Economía del Gobierno Revolucionario

 

Equivocadamente se ha señalado que la política económica de la Primera Junta era de corte liberal. Nos oponemos a rotular las políticas de acuerdo a los modelos europeos o norteamericanos pues en muy poco se asemejan a las realidades latinoamericanas. La estrategia de la Junta, y en especial la del partido morenista, estaba regida por el un patriotismo pragmático que podía recurrir a ideas externas en tanto fueran útiles a las necesidades nacionales. En lo económico, el gobierno desplegó una política acorde a la realidad del momento con importantes rasgos proteccionistas, contrarios a la rigurosidad liberal.

Los historiadores liberales han cantado loas a Mariano Moreno pues entendieron que su actuación en el gobierno se basó en la  Representación de los Hacendados, así lo expresó Levene cuando afirmaba: “Moreno, una vez en el gobierno, comenzó a aplicar sin reservas los principios económicos que había sostenido en la Representación de los Hacendados y Labradores no adoptados en el decreto de  comercio con los ingleses del 6 de noviembre de 1809. Así, el 5 de junio se establece una nueva escala de derechos de exportación de frutos del país, disminuyéndolos en más de un cien por ciento, mencionándose en los considerandos ‘las restricciones y trabas’ del Reglamento del 6 de noviembre”.

El liberalismo oculta o desconoce la existencia del Plan de Operaciones, proyecto de gobierno que nada tenía de librecambista. Al levantar la Representación y ocultar el Plan de Operaciones, evidencian una necesidad de amoldar a los próceres a sus propias ideas. Olvidan que la Representación fue escrita con el objetivo de repudiar el accionar de los comerciantes porteños, principales beneficiarios del sistema colonial, por lo cuál, Moreno estaba muy lejos de instrumentar medidas que favorecieran a esos mismos intereses que había fustigado en el escrito.

Por otra parte, algunos historiadores revisionistas, intentaron convertir al secretario de la Junta en el chivo expiatorio de los males que el país sufrió más tarde cuando fue atado a la telaraña económica tendida por el imperio inglés. Aclaremos sin embargo, que historiadores como Palacio, Puiggrós, Ramos, Galazo o Scenna, enrolados en distintas vertientes del revisionismo, no dudaron ubicar a Moreno en el lugar histórico del que se hizo merecedor por su patriotismo revolucionario que inició el camino de nuestra independencia.

Las medidas de gobierno que sirvieron para justificar las acusaciones o los elogios aquí señalados, estuvieron centrados fundamentalmente en dos decretos que la Junta dictó poco tiempo después de asumir.

El 5 de junio se redujeron a la mitad los derechos de exportación de algunas materias primas que eran de gran importancia para la economía de la época. El cuero, el sebo y otros productos de la ganadería resultaron beneficiados por la resolución. Esta medida tendía a favorecer la exportación, favoreciendo a los hacendados que Moreno había defendido un año antes. No puede considerarse que esta medida, que impulsaba las exportaciones, pudiese ser rotulada de carácter eminentemente liberal, porque otros gobiernos de diferentes ideologías recurrieron a resoluciones similares, ya sea bajando impuestos o subvencionando las exportaciones.

La otra decisión económica que suscitó grandes polémicas fue la del 14 de julio, por la cual se permitió la extracción de metálico previo pago de los derechos correspondientes. La decisión permitía que los comerciantes extranjeros pudieran cobrar en oro y plata. Irazusta señaló que estos dos decretos fueron los responsables de arruinar el comercio local.

A pesar de estos dos decretos, la Junta continuó con varias de las restricciones al comercio que ya eran aplicadas por los españoles, así fue como no se bajaron los derechos de importación, factor fundamental para proteger al artesanado de las provincias. Los comerciantes ingleses elevaron un memorial a la Junta marcándole lo excesivo que a sus entender eran los derechos de aduana que debían abonar.

El Triunvirato fue el que derogó la obligación de consignar las importaciones a comerciantes locales y permitió a los extranjeros vender al menudeo y al por mayor, estos demuestra que en los aspectos claves, las decisiones del primer gobierno patrio se dirigían a proteger la actividad interna, más que a permitir la libre competencia extranjera con las pequeñas artesanías e industrias locales.

Recién en 1812 se suprimió el monopolio estatal sobre el tabaco y en 1811 cuando los ingleses residentes en Buenos Aires se agruparon en un club al cuál los nativos no tenía acceso, como ocurría en la India. Todas estas actitudes adoptadas luego de la renuncia de Moreno, muestran a las claras la falta de responsabilidad de Moreno en la pérdida del rumbo nacional y el acercamiento hacia la Gran Bretaña.

El 17 de octubre de 1810 se dictó el  decreto que obligaba a los prestamistas a recibir el trigo al precio de plaza, tratando poner fin a la usura con un artículo de primera necesidad que en esos momentos escaseaba, estas como otras decisiones de la Junta harían poner el grito en el cielo a los actuales defensores de la “libre empresa”.

La Junta  dispuso la constitución de un fondo permanente para auxiliar a la industria minera el 26 de octubre y otro para fomentar la creación de montes con fecha 17 de noviembre. A instancias de Moreno se mostró preocupación por abrir los puertos de Maldonado y Río Negro en el mes de julio y el de Ensenada en octubre.

Cuando se habilitó el puerto de Ensenada, Moreno adoptó una auténtica medida revolucionaria para evitar que se especulara con las tierras cercanas a ese puerto, que con la inauguración aumentarían considerablemente su valor. Fijaba límites para los terrenos y a los propietarios que superaran esas dimensiones se los obligaba a vender a cualquier comprador que lo solicitara, el precio no lo podía fijar el vendedor sino un perito, el comprador a su vez estaba obligado a construir un edificio en el plazo de dos meses.

Decimos que esta ordenanza era revolucionaria, teniendo en cuenta que los gobernantes que lo sucedieron se caracterizaron por conceder amplias posesiones de tierras fiscales a precios irrisorios, permitiendo una acumulación descarada de extensos campos en pocas manos, campos que permanecieron improductivos por décadas. Tal vez Moreno haya sido el único o uno de los pocos en aquella época que visualizaba la peligrosidad del acaparamiento y especulación con tierras, lo cual ha constituido un mal permanente de nuestra economía.

Otro aspecto que preocupó a Moreno fue el del contrabando, actividad que negaba a fisco recursos importantes y que sólo producía beneficios a un puñado de comerciantes. El nuevo gobierno persiguió el tráfico ilegal como pocas administraciones españolas lo había hecho.

El 12 de julio su pluma volvió a correr para atacar el contrabando y a quienes se enriquecían con él: “El contrabando, ese vicio destructor de los estados, se ejercía en esta ciudad con todo descaro, que parecía haber perdido ya toda deformidad”.

Y más adelante apuntaba: “¡Con qué rubor debe recordarse la memoria de esos gobiernos, a cuya presencia brilló el lujo criminal de hombres que no conocían más ingresos que los del contrabando que protegían! Odio eterno a esos hombres mercenarios que insensibles al honor, y al bien general del estado han arruinado el comercio, corrompido las costumbres y sofocado las semillas de nuestra felicidad”.

A renglón seguido se refería al comercio con los ingleses: ”...se veía arrastrado al contrabando; porque por las vías legítimas no podía sostener la concurrencia, con el que las había burlado anteriormente, el pago de derechos, subiría el precio de los efectos, y al mismo tiempo que imposibilitaba sus ventas, las desacreditaba  con el principal de los hombres, por los mayores gastos que debía cargar a sus negociaciones, no quedándoles elección entre imitar al vil contrabandista o ser triste espectador de las ventajas que por mil caminos disfrutaba aquél impunemente”.

Pero así como justificaba a los comerciantes ingleses no dudó en tomar las medidas pertinentes para concluir con la actividad clandestina de estos mercaderes. Informaba Moreno en la Gaceta  que el gobierno al tomar conocimiento que el barco inglés Jane contenía contrabando a bordo, realizó el examen del mismo  y al comprobarse el delito se decomisó la mercadería que no había pagado derechos de aduana. En otro caso similar, el de la goleta Juliet, que al ser intimada intentó resistirse a su registro, Moreno se expidió en forma rotunda: “Un pueblo lleno de entusiasmo y celosos de sus derechos no puede mirar con indiferencia aquél movimiento que a primera vista se presentó con todos lo caracteres de un atentado público”.

Más allá de los términos indulgentes con que se refirió a los ingleses, debe destacarse la firme actitud de la Junta, que en estos casos actuó con mayor decisión que los gobiernos coloniales.

Moreno se mostraba preocupado por la situación del erario público, cuyos fondos eran imprescindibles para solventar los gastos de las campañas militares, paralelamente criticaba las medias de libre comercio adoptadas un tiempo antes por el virrey, pues habían sido burladas por los comerciantes, consecuencia de lo cual no habían tenido los beneficios esperados. Decía al respecto: ”... y la aniquilación del erario, que después de un año de Comercio Libre no ha podido reparar los apuros que motivaron su establecimiento”.

Finalizaba el escrito del 12 de julio, reafirmando la voluntad del gobierno de no permitir que sus leyes fueran infringidas, así tuvieran que entrar en colisión con la mayor potencia marítima:  “La Junta ha resuelto curar en su raíz todos estos males; el comerciante honrado no será confundido con el contrabandista; éste será perseguido con igual energía que protegido aquél; y por pronta providencia ha mandado la Junta que la firma de este consignatario no se reciba en la Aduana, no en el Real Consulado, para ninguna consignación ni negocio extranjero, esperando el último resultado del proceso, para hacer entender al comerciante inglés que el violador de las leyes del país no ha de recibir en él la generosa acogida que con tan buena voluntad se dispensa a los honrados comerciantes y vasallos de la nación inglesa”.

Ni anglófilo, ni liberal, un político patriota que advertía a los comerciantes británicos que no estaban dispuestos a someterse a las leyes del país. O se avenían a pagar los derechos de aduana o les serían aplicadas las medidas que la Junta determinara. Así actúa un gobierno soberano que no está dispuesto a permitir maniobras de mercaderes con ambiciones desmedidas.

La preocupación de Moreno por establecer relaciones comerciales libres con los ingleses no estaba determinada por una supuesta ideología liberal, sino para fortalecer las arcas del estado y en última instancia para pertrechar a un ejército que se disponía a llevar la buena nueva a todos los rincones del continente.      

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