El Forjista

La Revolución según Mariano Moreno 

Capítulo 17 – La conspiración contra la Revolución

 

La gesta revolucionaria del 25 de Mayo generó la inmediata respuesta de los sectores colonialistas, quienes comenzaron a tomar contacto entre sí para coordinar las acciones tendientes a retornar al antiguo orden. Se necesitaba una firme decisión para frustrar estos planes reaccionarios, es en ese difícil  momento donde la figura de Moreno alcanzó niveles extraordinarios.

Dentro y fuera del Virreinato comenzó a tejerse una maraña que tenía por fin atrapar a los revoltosos de Buenos Aires que habían tenido la osadía de derogar los privilegios absolutistas y establecer iguales derechos para los americanos.          

Buenos Aires también fue foco de la reacción absolutista, primero la Audiencia junto al derrocado virrey y luego el Cabildo, encabezaron la conspiración. Desde Córdoba, Montevideo, el Alto Perú y Lima los españoles pusieron en movimiento sus ejércitos. Hasta la infanta Joaquina Carlota desde la Corte del Brasil intentaba volver por sus fueros queriendo coronarse en Buenos Aires, en definitiva, un poder colosal se alzaba contra los patriotas, sólo un poder similar podía concluir con la conspiración y a eso se abocó Moreno.

La circular del 26 de mayo estaba firmada por el mismísimo Cisneros, en ella se informaba de su renuncia y del llamado al Congreso General al que las provincias debían enviar sus diputados. Al día siguiente, la junta redactó otra circular que envió al interior, informaba que todas las instituciones de la ciudad habían reconocido a la Junta que gobernaba en nombre de Fernando VII, y les solicitaba que reconocieran al nuevo gobierno y procedieran a enviar sus diputados al congreso que sesionaría en la capital.         

Cisneros, contra el cual no se había tomado ninguna medida, comenzó en el mismo momento de su obligada renuncia, a conspirar, tomando contacto con los realistas de las provincias. Se comunicó por carta con Liniers al que autorizó a preparar la contrarrevolución en Córdoba, así mismo envió una nota al gobierno e Montevideo señalándole que la circular del 26 de mayo le fue impuesta por la fuerza y le instaba a no reconocer a la Junta.

De esa manera comenzaban las medidas hostiles contra Buenos Aires, el 6  de junio el Cabildo de Montevideo juró lealtad al Consejo de Regencia y ordenaba ocupar Colonia y Maldonado, ciudades que habían sido las primeras en reconocer a la Junta.         

Desde Buenos Aires, las primeras respuestas adoptaron un tono claramente conciliador. Se intentó una negociación para lo cuál se envió a Juan José Paso a Montevideo y a Mariano Irigoyen a Córdoba, pero ambas misiones fracasaron rotundamente. El poder español que durante trescientos años había dominado a la América, se resistía de desaparecer sin lucha, la Junta no tardó en comprender esto y tomó las medidas necesarias para asegurar su supervivencia.

El 20 de junio el gobierno cordobés reconoció al Consejo de Regencia. Por todas partes crecía la conspiración y la resistencia frontal al poder del gobierno revolucionario. En Asunción del Paraguay el Congreso General decidió también reconocer al Consejo de Regencia.        

El ultrareaccionario virrey de Lima se preparaba para escarmentar a los patriotas, de la única manera que estos personajes acostumbraban hacerlo, con derramamiento de sangre. Un ejército se alistaba desde el Perú en connivencia con el gobernador-intendente del Potosí, Francisco de Paula Sanz, partidario de la esclavitud indígena y enemigo a muerte de las juntas. En su época de estudiante, Moreno había conocido a estos realistas a los que aborrecía por su pensamiento y comportamiento contrario a los criollos.

En Buenos Aires también se pusieron en movimiento los colonialistas, pero los patriotas también estaban alertas, mientras que los primeros se nuclearon en torno de la Audiencia y a Cisneros, los otros no tardaron en ver a Moreno como el más lúcido exponente del partido revolucionario, a partir de estas circunstancias es posible hablar del partido morenista, pues los más decididos e intransigentes se agruparon alrededor del secretario de Guerra y Gobierno de la Primera Junta.        

Los jóvenes que se reunían en el café de Marco estaban totalmente identificados con el nuevo gobierno, también en la casa de Rodríguez Peña tenían lugar reuniones de forma permanente como había ocurrido en los días previos al 25. Castelli que vivía ahí se convirtió en uno de los más cercanos hombres de Moreno.

La ciudad estaba al tanto de ebullición, el fiscal Caspe, partidario del virrey fue sorprendido en la calle y apaleado por un grupo de jóvenes. Esta no era la primera golpiza que recibía el fiscal mientras caminaba por la calle, ya en 1807 fue tratado de igual manera por oponerse a la destitución de Sobremonte. Los oidores protestaron y acusaron a French y Berutti de capitanear a un grupo de 50 muchachos que planeaban en la casa de Rodríguez Peña la ejecución de acciones para la defensa del gobierno.       

Nadie permaneció quieto, salvo los temerosos, que los había entre los criollos que suponían que más tarde o más temprano, los españoles volverían a tomar el poder y todos los comprometidos en planes revolucionarios serían severamente castigados. En los primeros días de la revolución, dos partidos actuaban en la ciudad, los realistas y los patriotas, las divergencias anteriores al 25 y las que más adelante desembocaron en la separación de Moreno, aún no estaban a la luz. La Junta permaneció unificada en torno a Moreno, quién más trabajaba para consolidar la revolución.

La Audiencia de Buenos Aires envió una nota a Córdoba informando de la constitución en España del Consejo de Regencia y solicitaba su reconocimiento. El 22 de junio, Cisneros y los integrantes de la Audiencia fueron citados al Fuerte. Castelli y Matheu les informaron que para cuidar de su seguridad deben abandonar la ciudad con rumbo a las Islas Canarias. La Junta comenzaba a limpiar el camino atestado de enemigos, la demora en la aplicación de estas medidas drásticas ponía en peligro todo lo conseguido hasta el momento.      

La expulsión de la Audiencia estaba plenamente justificada pues era el centro del poder español, que mostraba su más radical negativa a avalar las transformaciones en las colonias. Se había opuesto al cambio de Sobremonte, igual actitud asumió ante el intento de reemplazar a Liniers y nuevamente se resistió a aceptar la Junta instaurada el 25 de mayo. Conjuntamente a la expulsión de la Audiencia y de Cisneros, se prohibió al obispo Lué que concurriera a la iglesia, así cortaban todas las posibilidades de reacción española en la ciudad.

En Córdoba, donde el gobierno había reconocido al Consejo de Regencia, se envió una nota a Buenos Aires solicitando se dejara sin efecto el envío de una expedición que se dirigía hacia la ciudad mediterránea. Moreno no tardó en responder en nota del 27 de junio, cursada a los gobernantes y Cabildos del interior, les señalaba: “La Junta cuenta con recursos efectivos para hacer entrar en sus deberes a los díscolos que pretenden la división de estos pueblos que es hoy día tan peligrosa: los perseguirá y hará un castigo ejemplar que aterre a los malvados”.

Así continuaba la política comenzada con  la expulsión del último virrey, consistía en reprimir toda forma conspirativa, pues a esa altura no había lugar para medias tintas, estaba en juego la vida o la muerte de la revolución.

Un  plan descubierto en poder del hermano de Liniers, cuando intentaba pasar a la Banda Oriental, mostraba la combinación entre los distintos focos realistas. Cuyo proyecto consistía en un articulado sobre Buenos Aires, entre las tropas de Montevideo y las de Córdoba, a la retaguardia iría el ejército comandado por Nieto que partiría desde el Alto Perú, mientras la escuadra española en Montevideo bloquearía el puerto de Buenos Aires, de esta forma, se desataría sobre la ciudad rebelde un conjunto de fuerzas que pondría fin al intento revolucionario.       

El embajador del gobierno español en Río de Janeiro, Casa Irujo, había convencido al comandante de la flota de Montevideo para el bloqueo a Buenos Aires, a la vez que obtuvo el apoyo del comandante inglés Elliot.

Varias cartas que los realistas se cursaron entre sí, fueron interceptadas por los patriotas, apareciendo ante sus ojos, con total claridad la confabulación contra el nuevo gobierno. Una carta de Paula Sanz dirigida a Cisneros cuando éste ya marchaba rumbo a las Canarias se refería en los siguientes términos: “El delito que ha cometido esa desgraciada ciudad en la actualidad, con la deposición del mando a que han obligado a V.E. sustituyendo a su alta autoridad, la de una junta subversiva que con título de Provisional se dispone  prepara a la instalación de otra general o suprema de Estas Partes..., abusando y aún prostituyendo el respetabilísimo Nombre de nuestro Augusto Suspirado Monarca, como lo han hecho los insurgentes de los Pueblos subvertidos para alucinar con él a los vasallos ignorantes e incautos”.      

Las respuestas a la contrarrevolución surgieron de la mente y la determinación de Moreno, el 31 de julio, la Junta dio a conocer un decreto en que se ordenaba la prohibición de ausentarse de la ciudad a cualquier persona sin permiso del gobierno, se prescribieron penas a los dueños de buques que transportaran pasajeros sin la autorización correspondiente, se preveían castigos que llegaban hasta la pena de muerte para aquellos que fueran sorprendidos con armas, ya que con anterioridad se había ordenado la entrega de las mismas. También se amenazaba con la muerte para quienes tuvieran en su poder correspondencia de gente de otros lugares y en las que tendiera a fomentar la división. Todas estas decisiones tenían por destinatarios a los complotados, desarmándolos y prohibiéndoles el contacto con enemigos de otras ciudades.

Desde la Gaceta, Moreno respondió a las acusaciones de los realistas, explicaba la situación política y sacaba a la luz las maquinaciones de los españoles comprometidos en la conspiración. No ahorró adjetivos para calificar a los funcionarios españoles que habían tomado el comando de la lucha contra la Junta, a la que buscaban aplastar como medida ejemplificadora para el resto de las ciudades americanas.   

En sucesivos Artículos de fines de julio y principios de agosto, respondió a una proclama del representante español en el Brasil, el marqués de Casa Irujo,  que se había expresado en términos descalificantes para los rebeldes de Buenos Aires, en su respuesta Moreno afirmó: ”La desgracia de ser reputados los americanos poco menos que bestias, por hombres que apenas son algo más que caballos, influye siempre alguna preocupación aún entre personas de razón y buen juicio”.

Luego se preguntaba sobre las distintas escala de valores de los españoles en su país y en las colonias, pues mientras en la península surgían juntas en casi todas las ciudades, en América eran consideradas como atentatorias contra el orden colonial, tanto liberales como realistas retaceaban la participación americana en la vida económica y política del Imperio: “¿Es posible que las juntas de España han de seguir tranquilamente, y que han de reputar un crimen la continuación de la nuestra?”.      

En respuesta directa a Casa Irujo decía: “No, señor marqués, ni sus esfuerzos, ni sus proclamas, ni la conspiración de los mandones separarán a la América de sus deberes”.

El 13 de agosto se informó en una proclama de la Junta, sobre la determinación de cortar toda relación con Montevideo y se explicaba la situación en que se encontraba la Banda Oriental y de las medidas hostiles hacia el gobierno de Buenos Aires. La comunicación se refería  ala ocupación de Maldonado y Colonia que habían reconocido a la Junta y de los permanentes reclamos de Montevideo a la Corte de Brasil para que se le envíen tropas y auxilios de dinero para atacar a la ciudad de la otra orilla, la corte no respondió a esa solicitud.       

La habilidosa pluma de Moreno, no cesaba de producir escritos que no sólo de difundían en Buenos Aires, sino que también a gran parte del interior dado que varios ejemplares de la Gaceta eran enviados a las provincias, así era transmitido el pensamiento de los patriotas que intentaban contrarrestar la vasta propaganda reaccionaria.

El 6 de septiembre, Moreno perdió la calma al conocer las noticias que llegaban desde el Alto Perú, los integrantes del Regimiento de Patricios que habían sido enviados en 1809 al mando de Nieto a reprimir a los patriotas altoperuano, celebraron  con júbilo la instalación de la Junta de Buenos Aires. Nieto no tardó en apresarlos y condenarlos a trabajar en las minas o en las panaderías, a la par de los indios, Moreno era conciente de lo que significaba esa pena, casi similar a una condena a muerte, así ocurrió con varios patriotas que terminaron sus días en los socavones de las minas.

Por eso no puede extrañar que se expresara del siguiente modo: “ Este vejamen inaudito ha sido un desahogo propio del soez, incivil, del indecente viejo Nieto. Este hombre asqueroso, que ha dejado en todos los pueblos de la carrera, profundas impresiones de su inmundicia, se distingue en la exaltación por una petulancia y osadía, que nada tienen igual sino el abatimiento y bajeza con que conduce en los peligros”.

Los que antes eran amos absolutos eran duramente señalados y criticados por la pluma del secretario de la Junta, algunos no tardaron de caer también bajo las armas de la revolución.      

Pero en el mismo artículo en donde se descargaba sus epítetos contra Nieto, se encuentran también algunos de los párrafos más hermosos  de los escritos por Moreno: “¡No, generosos peruanos! Vuestra ilustración está muy acreditada para que os dejéis alucinar por pretextos tan ridículos: uníos estrechamente a vuestros hermanos de Buenos Aires, que no quieren dominaros sino romper vuestras cadenas. Todos reconocemos un mismo monarca, guardamos un mismo culto, tenemos unas mismas costumbres, observamos unas mismas leyes, nos unen los estrechos vínculos de sangre y de todo género de relaciones, ¿por qué, pues, pretenden los déspotas dividirnos?. Si la causa es justa. ¿por qué temer que los pueblos la examinen?. Si nuestras pretensiones son injuriosas a los demás pueblos, ¿por qué impiden que éstos se impongan en ellas? Abrase la comunicación, déjese votar a los pueblos libremente, consúltese su voluntad, examínense los derechos de la América, consúltese por medios pacíficos la ruta segura que debe seguir en las desgracias de España, y entonces, retiraremos nuestras tropas, y la razón, libres de prestigios y temores será el único juez de nuestras controversias. Pero si las hostilidades de los mandones continúan, continuará igualmente la expedición, libertará a los patriotas peruanos de la opresión que padecen, y purgando al Perú de algunos monstruos que la infestan, será llamada por nuestros hijos la expedición de Teseo”.

Dos conceptos fundamentales se desarrollaban en el escrito, en primer término planteaba la necesidad de la unidad de los americanos basada en igualdad de ideas, religión, costumbres, etc. Este pensamiento fue defendido posteriormente por los libertadores americanos. Por otra parte, defendía la participación popular en las grandes decisiones de la nación, concepción que aún hoy resulta revolucionaria para los países de América Latina, donde las mayorías fueron desplazadas de las determinaciones políticas, económicas, culturales y sociales. Esto ocurre aún en aquellos países con regímenes elegidos por el voto, muchos de los cuales una vez en el poder no garantizan la plena participación del pueblo.           

En el mes de septiembre respondió a Abascal, virrey del Perú, desde las páginas de la Gaceta. Abascal declaró a las provincias dependientes de Buenos Aires bajo su jurisdicción, en abierta declaración de guerra a la Junta, el virrey no dejaba pasar oportunidad para denigrar a los americanos señalándolos como “hombres destinados por la naturaleza para vegetar en la oscuridad y abatimiento”.

La certera mano de Moreno fue la encargada de responder a tamaña provocación, aprovechando la oportunidad para asentar su pensamiento sobre España y la decisión de los americanos de seguir su propio camino: “Trescientos años de pruebas continuadas has enseñado a nuestros monarcas que las Américas estaban más seguras en el voluntario vasallaje de sus hijos, que en las fuerzas de sus dominadores. El español europeo que pasaba en ellas, era noble desde su ingreso, rico a los pocos años de residencia, dueño de los empleos, y con todo el ascendiente que da sobre los que obedecen, la prepotencia de hombres que mandan lejos de sus hogares. El curso de las vicisitudes humanas reduce la España a esclavitud, todos los pueblos libres de la Monarquía recobran sus derechos primitivos, y cuando los naturales del país parecían destinados por la naturaleza misma de las cosas a subrogar el rango de sus dominadores, se ofenden éstos de la moderada pretensión con que aquellos se contentan, de que seamos todos iguales: y aunque se reconocen sin patria, sin apoyo, sin parientes, y enteramente sujetos al arbitrio de los que se complacen de ser sus hermanos, les gritan todavía con desprecio: americanos, alejáos de nosotros, resistimos vuestra igualdad, nos degradaríamos con ella, pues la naturaleza os ha criado para vegetar en la oscuridad y abatimiento. Aturde semejante atentado; y aturde muchos más que en la gran ciudad de Lima se haya fulminado este insulto públicamente”.       

Este párrafo muestra el esfuerzo de los patriotas americanos para ser considerados en un pie de igualdad con los nacidos en la península y el rechazo de éstos a tal posibilidad pues los consideraban como seres inferiores. Así lo demostraba la triste frase de Abascal y las expresadas en el Cabildo del 22 de mayo por el obispo Lué y Riega, estas provocaciones decidieron a los patriotas a buscar la independencia como única camino hacia la dignidad.

El escrito de Moreno continuaba “... podemos afirmar que el gobierno antiguo nos había condenado a vegetar en la oscuridad y abatimiento; pero como la naturaleza nos había criado para grandes cosas, hemos empezado a obrarlas, limpiando el terreno de la hoja de tanto mandón inerte e ignorante, que no brillaban sino por los galones con que el ángel tutelar había cubierto sus vicios y miserias”.      

De nada podía acusarse a los americanos ya que la responsabilidad del atraso era de los que gobernaban sin permitirles posibilidades de  crecimiento económico y cultural. Veladamente se empezaba a vislumbrar la idea de independencia en las palabras escritas por el responsable de la Gaceta: ”... ya es tiempo que salgan a la luz las virtudes que el despotismo ocultaba en la oscuridad, por no tener valor para soportar su presencia”.

En el número de la Gaceta del 25 de septiembre informaba de un acto hostil de los marinos españoles de Montevideo que cuatro días antes habían disparado un cañonazo sobre el Retiro para huir luego, ya Buenos Aires sufría del bloqueo de su puerto.       

En el mes de octubre, la junta revolucionaria debió hacer frente a otra confabulación, esta vez surgió en el mismo corazón de Buenos Aires. El Cabildo, conformado por hombres contrarios a la junta y temerosos del castigo de España, decidió reconocer al Consejo de Regencia jurándole lealtad, esta traición se completó con el envío a Montevideo de una nota denostando al gobierno de Buenos Aires. Moreno propuso actuar con el máximo rigor, pero Saavedra se opuso, llegándose al acuerdo de desterrar a los capitulares. El 23 de octubre la Gaceta informaba sobre estos sucesos ocurridos el 17, Moreno acusó a los miembros del Cabildo señalando que “nuestra sangre era el principal objeto de sus empeños. El 18 de octubre el Cabildo, con otra formación, dejaba sin efecto el reconocimiento del Consejo de Regencia.

En la circular del 3 de diciembre, al Junta ordenaba no conceder empleos a los españoles, se exceptuaba a los otros europeos y extranjeros cuyos países no estuvieran en guerra con Buenos Aires. A la vez se garantizaba el trabajo de aquellos españoles empleados a esa fecha e incluso les aseguraba la posibilidad de obtener ascensos. Esta ley no podía extrañar pues de hecho se estaba en guerra contra España, por lo cual se tomaron las medidas precautorias contra el enemigo, aquellos, que dieron muestras de estar definidos por la causa americana no sufrieron de esta nueva legislación que sólo estaba dirigida a evitar el accionar de los enemigos.

Hemos visto hasta aquí, la confabulación contra la revolución: La tarea de hacer frente a esas fuerzas era poco menos que titánica, no resultaba fácil enfrentar conjuntamente a los ejércitos de Montevideo, el Alto Perú, Lima y Córdoba, todos unidos para exterminar a los rebeldes, de igual manera que un año antes los habían hecho en le Alto Perú. Como si fuera poco esta latente la posibilidad de una invasión portuguesa.

Moreno contestó desde la Gaceta a la propaganda de los enemigos de la revolución, pero también los patriotas se vieron obligados a responder con las armas.

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