El Forjista

El golpe de estado en Brasil

El Golpe de Estado consumado en Brasil por el empresariado, los medios de comunicación, políticos corruptos y el poder judicial corrompido, contra Dilma Rousseff quién hace poco más de un año fue elegida por el pueblo brasileño, demuestra que el poder económico es esencialmente antidemocrático, porque es mediante estas maniobras que usurpa el gobierno desconociendo la voluntad popular.

No es el primer golpe "blando" que padece un gobierno progresista en Ameríca Latina, en Paraguay la oligarquía de ese país derrocó a Fernando Lugo en 2012, es un mecanismo al que apela la derecha carente de votos pero con dinero para comprar políticos y jueces.

Mientras el gobierno de Mauricio Macri mantuvo una posición vergonzosa ante el golpe de estado, los presidentes progresistas se han manifestado con total claridad repudiando el derrocamiento de Dilma, la actitud de Macri no puede extrañar porque su partido pudo llegar gobernar la Ciudad de Buenos Aires derrocando al Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, haciendo uso político de una tragedia como fue la de Cromañón, hoy los muertos producto de la irresponsabilidad y los negocios del PRO son tal vez superiores a los muertos por Cromañón, pero cuenta con el silencio y la complicidad de la prensa canalla.

Pero hay otros presidentes muy distintos a Macri y con una honorabilidad que aquél desconoce, por eso Nicolás Maduro fue contundente al repudiar al golpe de estado en Brasil, así se expresó al mostrar los intereses detrás del golpe antidemocrático: "Los Estados Unidos quieren impedir que en Latinoamérica continúen los gobiernos progresistas y revolucionarios elegidos democráticamente para bienestar de los derechos fundamentales del pueblo". Para concluir "Sé que ahora vienen por Venezuela", ya el expresidente ultraderechista de Colombia, Álvaro Uribe, ha llamado a derrocar a Maduro.

Mientras que Evo Morales señaló: "Como las Fuerzas Armadas de América Latina tienen una nueva doctrina basada en los pueblos y no pueden hacer golpes de Estado, ahora los procapitalistas, proimperialistas y conservadores emplean el órgano judicial y congresal para atentar contra la democracia".

Mientras que el presidente ecuatoriano Rafael Correa expresó la “profunda preocupación” de su gobierno y respaldó a Rousseff, “legítima depositaria del mandato popular expresado en las últimas elecciones democráticas, y contra la que no pesa, hasta el momento, una sola imputación”.

En cambio la canciller argentina Susana Malcorra declaró para deshonra de nuestro país: "Respetamos el proceso institucional en Brasil" y el Ministro de Hacienda Prat Gay indicó: "Es una oportunidad para refundar el Mercosur".

El presidente surgido de la maniobra antidemocrática es Michel Temer sobre el que nos hemos enterado que tiene vinculación con la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA) y que ya ha anunciado la implementación de un ajuste contra los sectores populares como el implementado por Macri en la Argentina.

Si el golpe de estado contra Dilma es una canallada efectuada por la oligarquía brasileña, la actitud del gobierno argentino sólo puede calificarse de igual manera, los canallas con dinero actúan de igual forma en todo el mundo, abren sus cuentas offshore para pagar la menor cantidad de impuestos posible y para ocultar dinero obtenido de manera ilegal, además que establecen alianzas con potencias extranjeras en contra de los intereses nacionales.

Existe una internacional del poder económico mundial que mueve los hilos desde los Estados Unidos y donde se le permite jugar un papel subordinado a los magnates de estas tierras como Macri, quién ya ha mostrado todo su orgullo por haber jugado partidos de golf con Donald Trump y por su amistad con el multimillonario inglés Joe Lewis.

La derecha ultra conservadora raramente puede llegar al gobierno mediante elecciones, tampoco necesita hacerlo, tienen dinero para comprar políticos que administren el Estado sin molestarlos y para que les consiga los negocios más jugosos, utilizan sus millones para comprar a la justicia, y son los dueños de los medios de comunicación, sólo necesitan tomar el gobierno cuando algún gobierno democrático pretende actuar en beneficio de la mayorías y no de sus mezquinos negocios.

Alguien dirá con razón, en Argentina la derecha llegó al gobierno en elecciones libres, y es verdad, pero se trató de una inmensa estafa electoral en la que se juró que no se iba a hacer lo que se hizo en definitiva, que fue aplicar un salvaje ajuste y gobernar en exclusividad para los más ricos, y con una parte del electorado contaminado por los engaños de los medios de comunicación, cómplices del desastre en que se encuentra la Argentina.

La derecha no puede recurrir a los militares para dar aquellos tristemente recordados golpes de estado, ahora debe pagar por algo que antes los militares hacían gratis, deben invertir en medios, en políticos y jueces para crear las condiciones para el asalto al poder de los grandes grupos económicos.

En nuestro país comienza a avizorarse una resistencia creciente ante el proyecto neoliberal, seguramente los hermanos brasileros iniciarán el mismo camino para evitar la consolidación del poder corrupto y antidemocrático que usurpa el gobierno en Brasil.

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